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YACIRETÁ, EL DIABLO ESPERA EN LA CUEVA

Esta nota se publicó mientras se avecinaba otro trabajo del mismo autor sobre la necesidad de una represa que una las dos orillas del Plata para evitar que las vitales aguas dulces se pierdan en el mar. ¿Hay acaso otra alternativa para evitar que millones de personas queden a merced de la sequía?

Por Héctor Dalmau

El Complejo Hidroeléctrico Yacyretá-Apipé (Yaciretá, en guaraní, quiere decir lugar donde brilla la luna ) es un conjunto de obras civiles de la Argentina y Paraguay sobre el curso del río Paraná, que conforman un extenso embalse de más de 100.000 hectáreas.

El embalse, creado por la construcción de varias represas de arena, arcilla y roca tiene una longitud de coronamiento  de unos 67 Km. Y más allá del aporte de unos pequeños cursos hídricos mesopotámicos y paraguayos, sus aguas provienen de lo que deja pasar la represa Itaipú (su nombre en guaraní significa Piedra que canta) y las del también  represado río Iguazú.

Desde hace trece años, Brasil sufre una de sus más duras sequías en la alta cuenca de lo que abajo es el Río de la Plata. Esa región brasileña tiene más de 110 millones de habitantes, que en veinte años sobrepasaría los 170 millones de brasileños, según las proyecciones.

De modo que es y resultará una necesidad imperiosa de Brasil cerrar las compuertas de restitución de los volúmenes al cauce inferior, o sea a la Argentina.

En este marco de una realidad que está a la vista, existe un proyecto de ampliación del complejo de Yaciretá, denominado Añá Cuá, que en guaraní, quiere decir Cueva del diablo. Dicen que permitirá incrementar la capacidad de producción hidroeléctrica en un 15 por ciento.

Nuestros legisladores saben – o mejor: deben saber- que la obra en caso de concretarse será de una tremenda inutilidad porque las aguas que necesita no bajarán como se desprende de la simple observación de los volúmenes existentes hoy en Yaciretá.

Gastar más de 600 millones de dólares, sin tener en cuenta la realidad, resulta incalificable. Y más en tiempos de ajustes extremos contra trabajadores, jubilados, desamparados y humildes de nuestro pueblo, tarea en la que está empeñadoel gobierno, que pronto se hallaras sometido a mayores exigencias del FMI al cual acudió como de rodillas por errores graves de su gestión.

El hecho de ser un declarado opositor a Macri y del peor equipo de gobierno que yo conozca no invalida las razones expuestas al manifestar mi oposición contra esa obra, formulada con conocimiento de causa, de la cual diría los funcionarios carecen.

En 2018, o sea ahora, Yaciretá abastece el 22 por ciento de la demanda eléctrica argentina y representa el 45 por ciento del total de la energía hidroeléctrica producida en el país.

* Datos históricos

El proyecto y la construcción de la represa Yaciretá fueron objeto constante de críticas, tanto por las consecuencias ecológicas, como económicas.

Entre las primeras, Yaciretá afectó el ecosistema, anegando un bioma que condujo a la aparición de numerosas enfermedades endémicas; y entre las segundas, la gestión del emprendimiento, cuyo presupuesto original de 1.500 millones de dólares se excedió casi siete veces al llegar a la suma de l1.500 millones, lo que dio origen a múltiples denuncias de corrupción, en ambos países.

La represa fue inaugurada el 7 de julio de 1998 por los presidentes de Argentina Carlos Menem y su par de Paraguay Juan Carlos Wasmosy, con la puesta en marcha de sus veinte turbinas, cometido que en diez años incrementó la producción en un 37,7 por ciento.

A los veinte años que se cumplen ahora el balance arroja que, como se dijo, fueron más los males que produjo que los beneficios. Otro de esos males es la condena a muerte aguas abajo del Río de la Plata, la que colaborará Aña Cuá, que quiere decir Cueva del Diablo.

La cueva no preocupa pero sí preocupa mucho el diablo.