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LA PELEA POR EL AGUA

Pese al control de sus principales ríos que hace Brasil, sin consulta alguna con nuestro país, la Argentina es uno de las naciones más ricas en agua pero sólo por ahora. Por ello, es urgente incrementar obras en su preservación ya que las futuras guerras en el mundo no serán por el petróleo sino por el agua. Un texto con historia y los ojos en las nuevas generaciones.

Por Emiliano Vidal

Después de la batalla de Caseros, la Argentina se convirtió en un eslabón más del mercado inglés. En plena gestación del modelo agroexportador criollo, el entonces presidente de la Confederación, Justo José de Urquiza, firmó el 10 de julio de 1852 tratados con Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, que establecían el libre tránsito de los ríos Paraná y Uruguay.

La Constitución nacional sancionada un año después tutelaría para siempre esa libre navegación.

Hasta la caída de Juan Manuel de Rosas el 3 de febrero de 1852, los ingleses estaban con la sangre en el ojo tras la resistencia naval de la Vuelta de Obligado, el 20 de noviembre de 1845. Así, naufragaban las aspiraciones de Inglaterra y Francia de internarse por el río Paraná hasta el Paraguay.

La sanción de la Constitución nacional de 1853, completó el plan inglés y de su principal socio, el imperio del Brasil, basado en la libre navegabilidad de los ríos.

Una década más tarde, la Argentina de Bartolomé Mitre, Brasil y Uruguay armaron en conjunto una guerra de Triple Alianza contra el moderno Paraguay.

El 11 de junio de 1865 se libró la batalla naval más grande de América en un río. Fue en el sitio donde desemboca el curso de agua llamado Riachuelo, situado en la desembocadura del río Paraná en su conjunción con el río Paraguay.

Una vez más el poder de las aguas quedó para la corona inglesa y su socio principal, Brasil.

Para que el agua dulce siga siendo fundamental para la supervivencia de la humanidad, hay que proteger y cuidar el curso de los ríos. Siempre se trató de ellos, los ríos. Alrededor de 300 y 400 millones de habitantes del mundo carecen en la actualidad de agua potable.

Si los ríos del planeta no son protegidos, en el año 2025 la existencia de entre 1.200 y 1.500 millones de personas se verá amenazada por una grave escasez. En la Argentina, la mayor parte del caudal de los ríos se localiza en las cuencas del Plata; Noroeste, Cuyo, las Sierras Pampeanas y la Patagonia. Las dos terceras partes de la superficie de la Argentina sufren acentuados problemas de aridez.

La erosión es uno de los mayores, igual que la desertificación de los suelos. El artículo 41 de la Constitución nacional, incorporado en la reforma de 1994, tutela –es un modo de decir- la preservación del medio ambiente y los recursos naturales. Sin embargo, la norma no insta al Congreso de la Nación la sanción de una ley de presupuestos mínimos para ejercer un control legal del agua y las cuencas. El mandamás jurídico en esta materia es el Código Civil, combinado con algunas leyes antiguas.

Preocupaciones

Héctor Dalmau, es un especialista en problemática ambiental que ocupó bancas parlamentarias y cargos ejecutivos. Desde décadas, Dalmau pregona por el cuidado de los ríos, las represas y el control del agua, haciendo hincapié en el manejo que hace Brasil sobre buena parte de la Cuenca del Plata, la quinta cuenca hidrográfica más grande del mundo integrada por la Argentina, Bolivia, Brasil y Uruguay y la totalidad del territorio de Paraguay.

“Desde hace más de dos décadas la Argentina sufre una dependencia hídrica que cada año se acrecienta”, dice Dalmau. Alude al Paraná y Uruguay, que luego vierten sus aguas en el Río de la Plata.

Otra opinión en el mismo sentido. “No sólo es primordial pensar en el petróleo, las comunicaciones, los transportes, la producción agrícola y minera, entre otras actividades porque es fundamental cuidar el agua”, dice Ricardo Mascheroni, un abogado, ambientalista, docente de la Universidad Nacional del Litoral, encargado de coordinar del área de Medio Ambiente y Modelo Productivo de la CTA.

“Somos ricos en agua, ya que los 6.000 millones de personas que viven en el resto del mundo, deben conformarse con apenas el 60% del recurso. Esta situación genera cada vez más conflictos entre los países”, sostiene.

Desde que se modificó la ley de Ministerios el 24 de mayo de 2003, el organismo encargado de controlar el agua es la Subsecretaría de Recursos Hídricos, que pasó a depender del Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios. Un organismo de consulta permanente es el Instituto Nacional del Agua. Raúl Lopardo es su presidente. “Lo importante –explica el funcionario- es trabajar por la calidad del agua. Nuestro país tiene regiones donde abunda este recurso, otras en las que falta, donde hay grandes problemas de irrigación.

Para dar una idea de la materia en cuestión hay que subrayar que para producir un kilogramo de soja se necesitan 2.300 litros de agua. Dicen los expertos que la totalidad de producción agrícola del país en un año equivaldría a todo el caudal del río Paraná.

Si se suman las actividades de las fábricas pasteras, curtiembres, metal mecánicas, industrias, la conclusión se impone por sí misma: el agua va camino a convertirse en otra especie en extinción.

* Orden y progreso

Pedro II fue depuesto el 15 de noviembre de 1889 por el general Deodoro da Fonseca, quien se convertiría en el primer presidente de la reciente República Federativa del Brasil. Si bien, el entonces Imperio brasileño se había beneficiado en el manejo de los aguas tras la guerra de la Triple Alianza, para la década del XX del siglo pasado, la Argentina era el país fuerte de esta parte de América y tenía la capacidad de absorber casi todo el desarrollo comercial sureño.

Esa fortaleza provenía de sus ferrocarriles que unían a los dos océanos y transportaban hacia sus puertos toda la producción de Chile, Bolivia y Paraguay. En esa etapa bisagra que fue el segundo período de Perón y su caída, en 1955, el peronismo había sido fundamental para el triunfo electoral de Getulio Vargas en Brasil, lo que permitió esbozar el frustrado pacto del ABC (Argentina, Brasil y Chile).

Un esquema geopolítico que sino aseguraba la hegemonía argentina en la región impedía al menos su actual sumisión en materia de aguas con el país del norte. Pero Vargas fue derrocado y comenzó la construcción del Brasil actual, que pasó a ser amo y señor de las aguas.

“Si Argentina no reacciona y obliga a Brasil y al Paraguay a respetar el derecho internacional público que establece que el país de aguas arriba no debe afectar al de aguas abajo, nuestro futuro estará signado por la carencia de agua. Esto significará que la Argentina no podrá sostener la operabilidad de sus puertos más importantes y quedará obligada a importar y exportar, por puertos brasileños”, sentencia Dalmau.

Actualmente, con más de cincuenta represas, Brasil “cortó” los ríos Paraná, Iguazú y Uruguay y todos sus afluentes reteniendo miles de millones de metros cúbicos de agua. La construcción de la represa Itaipú completó la tarea que se inició con la derrota de Rosas, la Triple Alianza y las caídas de Perón y Vargas. La vieja idea de crear la represa Libertad con Paragüay, quitándole el manejo de las aguas del río Paraná a Brasil, se esfumó para siempre.

De allí el apuro de Brasil de construir Itaipú en los sesenta, antes de que Perón volviera a la Argentina como en efecto pasó a comienzos de los setenta. Esto también mide el grado de capacidad que tenían los estrategas militares de la llamada Revolución Argentina. Raúl Lopardo cree que “si bien funcionan casi sesenta represas brasileñas, no hay que dejar de lado que Brasil es un país de aguas arriba y Argentina de aguas abajo”. Y añade, por temor a no ser bien interpretado: “pero esto no afecta al país”.

El tema preocupa porque estos dos ríos, Paraná y Uruguay no aportan volúmenes normales al Río de la Plata, con lo cual no podrán navegar buques de gran calado. La inoperabilidad de los puertos argentinos por falta de los caudales es perfecta a los intereses de Brasil, teniendo en cuenta los ferrocarriles gerenciados por empresas de ese país. Pero Lopardo no teme y dice que “no nos desfavorece la relación con Brasil con quien trabajamos en conjunto hace décadas.

Además –remarca-, la responsabilidad del cuidado de los ríos es de las provincias y no de la Nación. En lo personal, creo que el agua une, no desune”. Mencionó como ejemplo el acuerdo que hizo Israel con Palestina para un uso común de las aguas del río Jordán en 1981.

* Conclusiones

La Revolución Argentina, que comenzó su dictadura tras derrocar al radical Arturo Illia, por resolución ministerial de 1970, dispuso que el 31 de cada mes de marzo se conmemore el Día Nacional del Agua.

Aproximadamente el 82% del caudal de los ríos de Argentina se localiza en la cuenca del Plata; mientras que la Patagonia cuenta con el 13% de los recursos hídricos superficiales y el noroeste, Cuyo y las sierras pampeanas el 5% restante,. Las dos terceras partes de la superficie de la Argentina sufren acentuados problemas de aridez.

Desde el mes noviembre de 2006, funciona el Plan Nacional Federal de los Recursos Hídricos, concebido para mejorar la provisión de agua potable y enfrentar inundaciones (cuando Brasil abre las compuertas de Itaipú) y las sequías (cuando Brasil las cierra).

La República Argentina requiere políticas hídricas diseñadas con participación de las provincias, preservando los ecosistemas naturales y considerando al agua como un bien nacional.

Es una tarea que tiene la urgencia de todo ser humano al que le falte el agua, fuente de la vida. /