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CUANDO NI SIQUIERA LAS AGUAS BAJEN TURBIAS

Las aguas no se manejan desde la desembocadura, tal como lo está demostrando Brasil, señala el autor, ex subsecretario de Medio Ambiente de la Nación,  quien dada la proliferación de represas espera la muerte del Río de La Plata.

Por Héctor H. Dalmau

Muy pocos preclaros argentinos han entendido en nuestra corta historia lo que representa estar ubicados geográficamente debajo de una nación que, a fin de este siglo, podrá llegar a tener cerca de ochocientos millones de habitantes, sino más.

Sin dudas tres de esos pocos, Belgrano, Rosas y Perón, se amargarían en alto grado si pudieran observar lo que por culpa de esa situación padece el país por el cual lucharon tanto.

Se amargarían en especial por la ceguera de sus gobernantes, que no entendieron ni entienden que cada país piensa primero en si mismo y luego en supuestas hermandades.

Basta preguntar: ¿puede Brasil, que padece desde hace décadas una severa falta de aguas dulces, debido a la tala de miles de kilómetros de las selvas que la producían, dejar pasar cientos de millones de metros cúbicos de ese elemento que tanto necesita, para que luego de recorrer el territorio argentino se salinice en el Atlántico?.

Si lo hiciera; ¿como atendería las necesidades de sus más de cien millones de habitantes que ubicados en la región cuenca platina, donde nacen esos cursos, sin aprovechar hasta la última gota?.

De esas aguas dependen miles de industrias, cientos de millones de hectáreas de plantíos, millones de animales de cría y la navegación de 2.000 kilómetros.

Sin dudas le sería imposible, y por lo tanto desde la fundación de Brasilia ha desarrollado un amplio sistema de retención de caudales de todos los ríos que a partir de esoa se deslizan hacia el Amazonas, el Atlántico y al Plata.

A esta altura ya tenemos en nuestra cuenca en común 52 represas capaces de producir bajantes mucho más graves que la que actualmente paraliza con la varadura de cientos de barcos al Paraná, y que pronto afectarán al río de Solís, el cual como sus colectores al bajar sus niveles absorberá hasta casi secar las aguas del Delta y sus demás afluentes.

Ante esta perspectiva; ¿qué hace la Argentina?. Fiel a su historia no hace otra cosa que profundizar el problema.

Y así, movida por Brasil, encara tres nuevas represas, una en el Paraná (en guaraní Padre del Mar), que es Corpus y dos en el Uruguay ( Panambí y Garabí) con estudios muy avanzados. Con ellas, la muerte del Río de la Plata será una realidad en pocas décadas, tal como ocurriera con el mar Aral en Kazajstán, que se secó por tan solo dos represas en sus ríos proveedores.

A mi no me preocupa la falta de lluvias, ya que con un plan serio de forestación masiva, podremos generar las evaporaciones que mejoren nuestros volúmenes pluviométricos, eso si fuéramos inteligentes lo podremos hacer los argentinos en nuestra Argentina.

Lo grave es no entender que sufrimos una tremenda dependencia hídrica, por parte de un Brasil que necesita y necesitará todas las aguas. Son aguas que nacen en su territorio y riegan a la postre el nuestro.

Con las represas sobre el Bermejo, planificadas en territorio boliviano, se completaría este cuadro.. “Rosas se equivocó, quiso manejar los ríos desde las desembocadura” dijo una vez la geopolítica brasileña Teresinha de Castro.

La actual realidad nos muestra que Brasil sabe muy bien desde donde se manejan.