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BELGRANO, SUS ESCUELAS Y EL EXTRAÑO DEBATE

Una nota de Pablo Calvo en Clarín del 14 de marzo de 2003, abrió la cuestión en torno del legado de Belgrano sobre cuatro escuelas. La inició con una frase del ilustre General:  "No hay nada más despreciable para el hombre de bien, para el verdadero patriota que merece la confianza de sus conciudadanos en el manejo de los negocios publicos, que el dinero o las riquezas". Belgrano hablaba de las recompensas que acababa de recibir de la Asamblea de 1813, las que donó para cuatro escuelas. La discusión es si era para construirlas o mantenerlas. Aquí, entrevistan a un militar historiador -vicepresidente del Instituto Nacional Belgraniano, que cita a Mitre entre sus fuentes para afirmar que no hay deuda alguna con el querido prócer. 

Por Mariano De Vedia

"El legado de Belgrano no era construirEn 1813 donó el premio de 40.000 pesos fuertes, que había recibido de la Asamblea General Constituyente, para el sostenimiento de cuatro escuelas públicas y no para su construcción. Y ese legado se cumplió religiosamente".

Con convicción y contundencia, el general (R) Isaías J. García Enciso, historiador y vicepresidente primero del Instituto Nacional Belgraniano, enciende la mecha de la polémica y niega que la Escuela N° 452, inaugurada el martes pasado en Jujuy por el ministro de Educación, Daniel Filmus, haya sido el postergado cumplimiento del legado belgraniano, después de 191 años de espera.

Según el historiador, el legado de Belgrano habla de "la dotación de cuatro escuelas". Pero el tiempo llevó a interpretar esa voluntad como "la donación de cuatro escuelas".

García Enciso refuta, así, una "leyenda alimentada sistemáticamente por distintos gobiernos en los últimos 35 años, que por razones políticas inauguraron escuelas en Tarija, Tucumán y Jujuy invocando el mandato del creador de la Bandera".

La escuela inaugurada en Jujuy lleva, precisamente, el nombre Legado Belgraniano, lo que fue defendido por el ministro Filmus, al desestimar la teoría sostenida por el historiador.

En diálogo con La Nación, García Enciso citó las fuentes documentales que sustentaron la publicación de su libro Manuela Belgrano, la hija del general (Sudamericana, 2003), en el que dedica un capítulo a clarificar los mitos que encierran las famosas "escuelas de Belgrano".

Entre esos aportes se encuentra la Historia de Belgrano y la Independencia Argentina, que Mitre escribió en 1856.

Allí se transcribe la nota dirigida por Belgrano a la Asamblea, en la que expresa su deseo de "destinar los expresados cuarenta mil pesos para la dotación de cuatro escuelas públicas de primeras letras [...] en cuatro ciudades: Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero".

El propio Belgrano fijó condiciones para el cumplimiento de su legado en un reglamento fechado el 25 de mayo de 1813.

Le pidió al Cabildo la provisión de locales para el funcionamiento de las escuelas -no que financiaran su construcción- y le asignó a cada una un capital de 10.000 pesos para que "del rédito anual de quinientos que produjese se pagara al maestro un sueldo de 400 pesos, destinando el resto para proveer de libros y útiles a los niños pobres o emplear una parte en premios, si alcanzase la cantidad". "En ningún momento se transfiere al gobierno nacional la responsabilidad de construir edificios para hacer funcionar las escuelas. Podían funcionar perfectamente -y así fue- en una modesta sala. En ese momento no se pensaba en grandes edificios", afirmó García Enciso.

En su interpretación, Filmus sostiene que en esa época no había escuelas públicas en las cuales aplicar el deseo de Belgrano. "Había que edificarlas sí o sí. El legado era mantenerlas, pero llevaba implícito la misión de construirlas", justificó.

Según el historiador García Enciso, no era la primera vez que Belgrano tenía un gesto de desprendimiento. Ya había renunciado al sueldo de 3000 pesos que le correspondía como vocal de la Primera Junta y había declinado percibir la mitad de los haberes que se le habían asignado como jefe del regimiento de Patricios.

Estaba dispuesto a "subsistir con la ración de un soldado".

 "Se ha hablado mucho de que el legado no se cumplió por muchos años, pero Mitre escribió en el capítulo 22 de su Historia de Belgrano que esos estipendios se pagaron religiosamente", dijo el historiador, que aclaró que la recompensa entregada al prócer no fue en efectivo, sino en tierras del Estado que habían sido confiscadas a los jesuitas.

* Idas y vueltas

García Enciso explicó que hubo un período en el que la obligación dejó de ejecutarse, pero la provincia de Buenos Aires, durante el gobierno de Martín Rodríguez, puso orden en las finanzas y en 1822, al crear el Banco de Buenos Aires, reconoció la deuda del Estado para con las escuelas de Tarija, Jujuy, Santiago del Estero y Tucumán.

Así, detalló las condiciones en que funcionaron las cuatro escuelas: El 5 de septiembre de 1822 se habilitó la escuela de Santiago del Estero en una sala del Convento de Santo Domingo. El envío de fondos se cumplió hasta el 1° de enero de 1878, cuando la provincia percibió en una última entrega todo el capital disponible (7100 pesos fuertes) y los intereses correspondientes (533 pesos).

Para Filmus, esa escuela sólo funcionó hasta 1826.

El 16 de julio de 1825 se dispuso la apertura de la escuela de Tarija. La última referencia registrada sobre la recepción de los fondos, antes de que esa localidad pasara al territorio boliviano, es que el dinero se remitió hasta el 14 de septiembre de 1829.

La escuela de Tucumán comenzó a funcionar en 1813, aunque sólo a partir de 1832 se registran certificaciones del envío de fondos, que se mantuvieron hasta 1870.

En el caso de Jujuy, los aportes para la asistencia de los maestros son regulares a partir de 1825 y se extienden hasta 1856, según registra Mitre en su Historia de Belgrano y la Independencia Argentina.

Pero según el ministro Filmus, esta escuela funcionó sólo tres años, desde 1825, con fondos propios del Cabildo de Jujuy.

Sin tener en cuenta estos antecedentes, el general Juan Carlos Onganía, durante su presidencia (NdE: presidente  de facto entre 1966 y 1970, primer tramo de la autollamada Revolución Argentina, iniciada con el golpe al gobierno del radical  Arturo Illia, el 28 de junio del año ya señalado), dispuso construir en Tarija -que ya pertenecía a Bolivia- una escuela, inaugurada posteriormente en 1974.

También el presidente Carlos Menem recurrió a la teoría del incumplimiento del legado de Belgrano para potenciar en 1998 el anuncio de la construcción de la "escuela pendiente" de Tucumán e iniciar los trabajos de la de Jujuy, que acaba de inaugurar el gobierno de Kirchner. García Enciso atribuyó estas "refundaciones" a motivaciones políticas y a los lamentos de los gobiernos provinciales por conseguir que el Estado nacional financiara nuevas escuelas.

Al desestimar las explicaciones del vicepresidente del Instituto Belgraniano, Filmus explicó que prefiere manejarse con la teoría del historiador Felipe Pigna, que en su libro Los mitos de la historia argentina (Norma, 2004) advierte que hasta 1870, al reconocer el Estado bonaerense la deuda con el legado de Belgrano, no se habían girado los fondos para la construcción de las escuelas.

Su postura es respaldada por el presidente de la Academia Belgraniana, Jorge Gulló, que celebra la apertura de la escuela de Jujuy y no considera conveniente reactivar "un debate que poco podría aportar".

* Otro legado , pero más incómodo

El reglamento de Belgrano daba instrucciones que hoy difícilmente se pondrían en práctica, como la admisión de azotes a los alumnos que cometieran faltas graves, a pesar de que en el siglo anterior el propio prócer había prohibido este castigo en las escuelas del Consulado.

También insiste en la enseñanza de "nuestra sagrada religión y la doctrina cristiana" y en la obligación del maestro de concurrir a misa con sus alumnos.

Si se quisiera cumplir con todo el legado de Belgrano, ¿habría que esperar disposiciones en ese sentido? "No. El sostenimiento y las normas de funcionamiento están regulados por otras leyes y un legado no puede ir contra una ley", explicó Filmus. .

Volanta y título: El legado de la discordia/ Afirman que Belgrano no donó escuelas

Fuente: La Nación, 12/7 /04