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LOS QUE LE TEMEN A BELGRANO

Manuel Belgrano es un ejemplo para imitar por parte de las nuevas generaciones, que es lo que siempre se ha temido tratándose de un civil que tomó las armas en defensa del sueño de una Nación y que bregó infatigablemente por la educación de su pueblo. Por primera vez el Estado asume el compromiso de promover la verdad en contra de la versión oficial de nuestra historia.

Por Emiliano Vidal (*)

Desde hace tiempo la historia argentina es también un campo de batalla por la verdad pero ahora con el compromiso del propio Estado en dirección contraria al pasado.

Por un lado, la línea liberal, impulsada en su origen por Bartolomé Mitre y sostenida cada día por el diario La Nación, tradicional aliado de académicos afines.

Por otro, la línea nacional y popular, abierta por un honesto estudioso como Adolfo Saldías, encomendado por el propio Mitre a escribir y cuya obra profundizarían militantes como José María Rosa, Arturo Jauretche y Jorge Abelardo Ramos.

 

Para la primera, Manuel Belgrano es un ícono acotado a la creación de la bandera. Y así lo desean para siempre: quieto.

Pero la segunda, Belgrano es mucho más de lo que le fue conferido por los triunfadores de Caseros. O sea, un ejemplo para imitar.

Con la llegada de Néstor Kirchner y Cristina Fernández a la Casa Rosada, por primera vez el revisionismo como corriente histórica pasó a contar con el apoyo del gobierno de la Nación.

Una decisión política orientada a saber quién es quién en la Historia.

Una decisión clave para comprender la pertinaz oposición al desarrollo de una nación libre, justa y soberana, lo que luego fue su correlato en el esplendor de los prolongados festejos populares del comienzo del Bicentenario el 25 de Mayo de 2010.

No en vano la lucha parió una República el 9 de julio de 1816, senda ahora también cargada de historia hacia ese Bicentenario.

Abogado, periodista, educador, economista, Belgrano fue un hombre que desde su primer cargo político en el Secretariado de Consulado, en 1793, promovió el progreso de los hijos de esta tierra para lo cual, por ejemplo, creó las Escuelas de Dibujo, de Matemáticas y Náutica.

Fue un civil educado, sensible y valiente que carente del saber del arte de la guerra, no dudó en ponerse al frente del Ejército del Perú para defender la Independencia y los ideales de la Revolución de Mayo.

Obligado por las circunstancias a convertirse en lo que no era, fue uno de los escasos generales que al calor de la batalla frente al enemigo español, promovió escuelas, bibliotecas y aprendizajes de diversos oficios.

Belgrano abrazó con pasión la política y la economía, siendo uno de los vocales de la Primera Junta y uno de los ideólogos del pensamiento de Mayo.

Como periodista, difundió su pensamiento en publicaciones como el Semanario de la Agricultura o el Telégrafo Mercantil. Junto con su colega de leyes, el también periodista y secretario de la Junta, Mariano Moreno dio forma al Plan de Operaciones, el gran proyecto de una nación sudamericana, como lo que proclamó el Congreso de Tucumán en 1816, del que Belgrano formó parte, revindicando lo americano autóctono y los derechos los pueblos originarios.

Manuel Belgrano resume al hombre que se construye a sí mismo y a un pueblo que con muchos como él construyen un país con un ideal político.

Belgrano es una referencia inevitable, un legado a todos los jóvenes que se acercan a la política. Tenía 42 años, cuando en 1812, el poder central reemplazante de la Primera Junta, el Triunvirato, le encomendó el mando del Ejército del Norte.

Tuvo la misma convicción, al izar el pabellón patrio por tercera vez, frente a los cuestionamientos porteños –la primera fue en la ciudad de Rosario y luego en la provincia de Jujuy- que había creado, tras prestar juramento a la Asamblea General Constituyente convocada por el Segundo Triunvirato.

“Este será el color de la nueva divisa que marcharán al combate los defensores de la Patria”, dijo.

La historia oficial lo dejó ahí: no quiso imitadores ni continuadores de Belgrano y por eso lo escondió.

Su proyecto fue negado, traicionado, desvirtuado por los dirigentes de la llamada Organización Nacional.

Murió un 20 de junio de 1820, pobre y olvidado. Y permaneció allí como parado, quieto, junto al mástil de la enseña patria.

Los mismos que ya no temen al Ché, que quedó como la expresión universal de un grito de protesta, saben que en la Argentina habrá miles y miles que seguirán a Belgrano, al hombre que trasciende al prócer y que un día escribió.: “Mucho me falta para ser un Padre de la Patria, me contentaría con ser un buen hijo de ella”.

Miles y miles de buenos hijos vienen en camino y más vendrán cuanto más se lo conozca a Manuel Belgrano. Eso es lo que temen los que le temen.

(*) Abogado y periodista.

Título: Los hijos de Belgrano

Fuente: Télam, 19/6/11.