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PLAN DE DUCHA EN LA BOCA

La Boca es un receptorio de la marginalidad, empujada por intereses económicos  y abandonada por quienes nacieron políticamente desde ese popular barrio y su emblemático club. Aquí, un plan de lucha por...una ducha para chicos en edad escolar  condenados a la suciedad. 

Por Armando Vidal

Agua caliente, como lluvia divina y jabón perfumado como caricia purificadora es lo que no tuvieron los hijos de los conventillos de La Boca, que hoy son abuelos, sin hablar del baño compartido entre muchas familias.

Tema de amargo recuerdo en cada evocación de aquella infancia.

Que también tuvo sus rasgos gratos, como la tranquilidad en las calles y el placer para los varones, los domingos, de ver y acompañar hasta la parada del colectivo a más de un crack xeneize, bolsito en mano, luego del partido.

Semejanzas y contrastes con el pasado del barrio más popular de la Argentina y de mayor renombre internacional.

Pero un hombre de ambos tiempos, Miguel Vayo, médico psiquiatra, uno de los siete miembros de la comuna 4, compuesta por La Boca, Barracas, Parque Patricios y Pompeya, quiere atenuar en algo la falta de higiene que padecen los chicos que van a la escuela.

Y que tampoco es como la de antes: cúmulos de errores gubernamentales de distinto signo y origen, a lo largo de décadas, la han transformado en una especie de guardarrails antes de la ladera. Vayo piensa en un primer paso, elemental y posible, como sería conseguir un lugar para instalar duchas por lo menos para que puedan ser empleadas por los alumnos de las escuelas primarias de la zona. Un cometido que demanda organización y solidaridad por parte de la gente y apoyo mínimo y elemental por parte del estado porteño.

Lo más dificultoso hasta ahora es encontrar el ámbito físico. Uno, al menos, para usar de modelo y continuar con otros.

Este hombre sereno y reflexivo, que soslaya caer en pequeñeces que tanto enturbian la práctica política, ya verificó, igual que todos los comuneros, cuán grande es la desproporción de los sueños de mejorar las condiciones de vida de los vecinos con las posibilidades concedidas para hacerlo.

Como lo padecen todos, cualquiera sea el barrio y el partido político al que pertenezca, Vayo confía en contar con el apoyo de sus colegas (son cuatro comuneros macristas y dos kirchneristas) con quienes tiene buena relación, quizás, además de los méritos que se le reconocen, por pertenecer a Proyecto Sur, una fuerza menor.

 Vayo es el mismo médico que hace unos años llevó adelante un plan piloto de salud mental, que funcionó entre comienzo de la democracia recuperada y comienzo de las privatizaciones entregadas, o sea entre Alfonsín y Menem.

Cientos de chicos y adultos participaron de esa experiencia cuyo resultado significó para muchos el hallazgo de un camino, la solución de un problema y la conciencia de cuán curativo es el uso de la palabra. Gratis, sin recursos, una obra de puro corazón, que también fue un dique de contención contra la droga y su comercio, lo cual generó entonces reacciones y, entre ellas, las surgidas de estructuras de punteros partidarios de otras épocas.

“Caminé, hablé con los chicos, con autoridades y maestras, anduve por clubes” dice Vayo en diálogo con Sur Capitalino, café por medio, en un bar de la zona.

Cuenta que el sondeo entre sus pares comuneros fue positivo, que quedan ajustes y presiones por efectuar, tarea en cuya elaboración se encuentra porque debe lograr con un proyecto fundamentado y viable, mover desde abajo toda una estructura para lograr la convalidación legal por parte de la Legislatura. Dice que no importa quien lo impulse sino alcanzar un objetivo concreto y factible.

 “Si no somos capaces de hacer algo así entre todos, nada de lo comunero tendría sentido” señala.

Hay en camino otros aportes relativamente afines planteados desde otra óptica como la del diputado macrista Oscar Moscariello, vicepresidente de Boca Juniors, quien alienta la construcción de baños públicos pagos en las plazas porteñas, aunque de entrada barata, al estilo de las grandes capitales turísticas europeas.

Eduardo Cichero, el pediatra de casi medio siglo del Hospital Argerich y que ordena la memoria según el lugar donde tenía su consultorio en La Boca, recuerda todavía hoy lo que medio siglo atrás le dijo una madre que le llevaba a su pequeña aseada y vestida de un modo impecable y a quien él elogiado por eso:”Si viera doctor qué difícil es ser limpio en la zona donde yo vivo”.

Sí, claro, también es un problema de educación.

Fuente: surcapitalino.com.ar, agosto, 2012