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GRACIELA OCAÑA, DESPUÉS DE LOS KIRCHNER

En uno de sus habituales y largos reportajes, Jorge Fontevecchia entrevista a la ex conductora de Pami y después ministra de Salud Graciela Ocaña. Este es el tramo específico en el que se refiere al poder del kirchnerista Hugo Moyano y la relación, a través de su mujer, del espuro negociado con los medicamentos, incluyendo los remedios truchos, que investiga la Justicia y que desde hace meses tienen en prisión a Juan José Zanola, titular de la Asociación Bancaria. Héctor Capaccioli, jefe en su momento de la Supeintendencia de Servicios de Salud y recaudador de la campaña electoral de Cristina, en 2007, también cae bajo su picota. 

— ¿Se arrepiente de haber formado parte del Gobierno?

 — Tuvo un gran costo personal. Recuerde que era senadora electa y renuncié para hacerme cargo del ministerio. Pero también pienso que si no hubiera estado ahí, la mafia de los medicamentos seguiría funcionando y muchas de las cosas que combatí en la Argentina seguirían tal cual. En ese sentido creo que no es para arrepentirme.

— Seguiría siendo senadora hasta diciembre del año que viene. ¿Volvió a hablar con la Presidenta?

 — No. Con esta lógica de amigo/enemigo, evidentemente, yo debo estar en el lugar de los enemigos.

— ¿Habla aún con Alberto Fernández?

 — Hace bastante que no hablo. Es una persona muy valiosa, tengo un afecto personal importante.

 — ¿Le comentó alguna vez a la Presidenta la responsabilidad de Moyano en el tema de medicamentos adulterados?

— No quiero personalizar. Lo que sí le expresé fue que la Administración de Programas Especiales no usaba los recursos eficientemente, la compra que se hacía por cada obra social permitía que existieran estas droguerías truchas o especializadas en proveer la compra social. Propuse un formato de compra distinta, un poco lo que nosotros impusimos en el PAMI. Básicamente, era que las obras sociales no compraran más estos medicamentos de alto costo y que se manejara a partir de una licitación única, que las obras sociales manejaran las recetas de los pacientes, que los pacientes los retiraran de las farmacias para evitar todo este manejo extraño de que les llegaban a las casas y que tuviéramos un profesional que fuera a revisar la despensa. Y trabajar en la posibilidad de auditar, porque lo que haría la Administración de Programas Especiales no sería tramitar cientos de expedientes, sino auditar lo que las obras sociales prescribieran y auditar a los profesionales, los tratamientos. La primera llamada en contra que tuve fue del director médico de Camioneros. Está claro que mientras muchos decían que sí, ellos lo querían hacer fracasar, y no lo pude hacer. Lo que es peor, nada ha cambiado. Para que la gente tenga una idea, durante mi gestión se descontaron cerca de cien millones de pesos, y durante los años anteriores esa cifra no llegó nunca a los cinco millones. Obviamente, no tenía admiradores dentro del sindicalismo. También nosotros actualizamos los nomencladores por los cuales las obras sociales les pagan a los hospitales públicos. En muchas provincias, incluso en la de Buenos Aires, los nacimientos se efectúan en hospitales públicos, y mientras se pagaba por cada nacimiento a la obra social 500 pesos, la obra social le pagaba al hospital por la atención 150 pesos. Nosotros cambiamos todo esto, adaptamos los nomencladores que estaban bastante desactualizados, y las obras sociales también tuvieron que reconocer más dinero que fue a los hospitales. Casualmente, una de las obras sociales que mayores descuentos recibió por esto fue Camioneros. Bueno, todo esto hizo que no tuviera demasiada gente que hablara bien de mí en Olivos o en la Casa Rosada.

 — Ese primer llamado del director médico de Camioneros, ¿le hizo sentir que quien encabezaba las alianzas del Gobierno contra usted era Moyano?

— Sí. Además, desde su sector, su propio hijo, los últimos meses, lo decía públicamente.

 — ¿Fue la causa por la cual crearon las condiciones para que renunciara? ¿Su poder es tan grande?

 — Sí, y porque a Moyano nadie le dice que no, y yo le dije que no.

— ¿Qué opinión le merece la investigación que tiene a cargo el juez Bonadío contra la obra social de Moyano?

— La origina el sindicalista de La Plata Juan Pablo Medina en 2006 y la denuncia es bastante amplia. Creo que el juez está haciendo un trabajo de recolección de pruebas bastante difícil, porque cada una de las medidas es cuestionada por los abogados de Moyano, tratando de invalidar las medidas y las pruebas. Hubo una publicación de este diario, en la causa por los medicamentos, en donde aparece el titular de la droguería que le provee a Moyano, que es Droguería Urbana, pidiendo los troqueles truchos. El juez está haciendo una auditoria sobre ese tema, pero quizás haya muchas más, porque la droguería Del Plata, que está procesada en la causa que lleva adelante Oyarbide, era proveedora de Camioneros, y aún el propio Lorenzo, hasta 2006, proveyó a Camioneros. Habrá que profundizar esa investigación, sobre todo en lo que tiene que ver con el enriquecimiento de Moyano, es decir, el manejo de los recursos que hacen las empresas que dan los servicios para la obra social. Allí hay una cuestión: la casa donde vive Moyano está a nombre de una sociedad que es su familia y cuyo único servicio es el que presta su obra social. Del dinero que los trabajadores de Camioneros aportan, ¿dónde queda la ganancia?, ¿en la obra social o en la sociedad que pertenece a la familia de Moyano?

— Moyano dice a su entorno que cree que detrás de la reactivación de esa causa, que estaba dormida, hay una intención política de Kirchner de demostrar quién maneja la batuta. ¿Qué opina?

— No sé. Se decía que el Gobierno estaba buscando presionar por la excarcelación de Zanola y sigue preso.

— ¿Notó que la causa estuviera dormida y que de repente se reactivó, o siguió el curso normal de cualquier causa, independientemente de la influencia del Poder Ejecutivo sobre la Justicia?

— No sé si la causa estaba dormida, pero tenía un desarrollo no tan público como el que ha tomado en los últimos meses. Me parece que ha seguido el tránsito normal, y quizás las personas que estaban involucradas pensaron que nunca llegarían a ningún lado. Hay 400 causas como las que dieron origen al procesamiento actual de Lorenzo, Zanola y otros dirigentes. Lo que es cierto es que el abogado de Moyano está tratando de que el juez no pueda avanzar y que se derive la causa al doctor Oyarbide.

— ¿Existe una tensión entre Kirchner y Moyano, o Kirchner intenta ponerle límites por temor a su poder?

 — Lo ha condicionado Moyano a Kirchner. Y lo que es peor es que Kirchner lo ha ayudado a construir un poder tan grande. Moyano está construyendo un imperio económico y líneas políticas importantes. Eso puede condicionar no solamente a Kirchner, sino a quien sea el próximo presidente, o gobernador, como condiciona actualmente a los intendentes. No hay que olvidar la empresa que hace Moyano de Covelia, y que no tiene que ver con los intereses de los trabajadores, sino con intereses empresariales. Covelia, en los 19 distritos del Conurbano bonaerense, está atendiendo total o parcialmente. Este avance lo tuvo en los últimos tres años, aparece como monopólica y están desapareciendo empresas históricas como Cliba.

— ¿Kirchner no se anima a pelearse con Moyano porque piensa que todavía lo maneja o porque cree que ya no lo maneja más y no puede pelearse?

— No lo sé.

— ¿Moyano no le va a plantear una batalla a Kirchner, o su ambición puede llegar a disputarle el poder?

— Lo que creo es que le ponen muy pocos límites dentro del Gobierno al señor Moyano.

— -¿La esposa de Moyano, Liliana Zulet, gerenciadora de la obra social de Camioneros, ¿puede quedar implicada en esa causa?

— Podría, porque es la obra social que contrata a las droguerías. Entre ellas, Urbana y San Javier.

 — ¿Sigue en contacto con alguno de los ministros?

—No.

 — ¿Los ministros no pueden tomar contacto con usted porque sería casi como tomar contacto con el enemigo?

— Puede ser. No quiero molestar, y con el único con el que me cruce algún mail, pero los primeros meses, fue con Aníbal Fernández.

— ¿Su sucesor le hizo alguna consulta?

 — No. Lo llamaron de Gobierno mientras teníamos una charla y tuvo que dejar la reunión. Quedamos en volver a hablarnos, pero nunca más me requirió. Está claro que hay áreas que no maneja por lo que le pasó con la Administración de Programas Especiales: puso una persona que tuvo que renunciar a las 24 horas para que Moyano pusiera a su esposa.

— Cuando era ministra de Salud, ¿alguna vez le dijo a la Presidenta o a Néstor Kirchner lo que estaba pasando con los medicamentos y con La Bancaria y Néstor Lorenzo?

— Sí, en marzo de 2009 le conté, y la reacción no fue la que yo esperaba. Por lo tanto, decidí ir a fondo y presenté todas las pruebas en la Justicia. Todas las denuncias las hice mientras estuve en el Gobierno.

— La primer respuesta de una persona es de sorpresa, queda shockeada porque preferiría que tal cosa no sucediera… ¿A partir de esa reunión de marzo volvió con el tema?

—No la vi demasiadas veces a la Presidenta después de marzo. Y la reacción no fue ni de sorpresa ni de shock. Recién se intervino La Bancaria cuando el juez, a gritos en la puerta de Comodoro Py, se lo requirió al Poder Ejecutivo, y tardaron como 48 horas en tomar la decisión. Zanola era un hombre con muchos privilegios, producto de las alianzas sindicales con el Gobierno. Mucha gente, antes de marzo, me advertía que con Zanola no se podía meter, aun dirigentes sindicales importantes que no tenían relación con él.

— ¿Tuvo aliados dentro del Gobierno en este tema de los medicamentos?

— Algunos, y no totalmente. Me ayudaron Sergio Massa, Aníbal cuando le pedí algo... La pasé mal porque tuve amenazas cuando comenzamos con lo de las droguerías, y en esos momentos sí tuve apoyos. Incluso de la Presidenta. Las amenazas no fueron sólo por mí: las personas que habían trabajado también sufrieron aprietes y amenazas. Por otra parte, casi todas fueron despedidas.

— ¿Quiénes ponían palos en la rueda dentro del Gobierno?

— No quiero decir quién los ponía, pero tuve una gran disputa con Capaccioli, que apañaba estas prácticas, y también tengo que reconocer que la Presidenta le pidió la renuncia.

— ¿Y los laboratorios?

— La relación fue bastante ambivalente. La Argentina tiene un gran desarrollo de laboratorios privados, en su mayor parte, en las provincias, son muy buenos, en San Luis, en Formosa, el de Santa Fe, el de las Fuerzas Armadas. Nosotros articulamos una red pública, y por primera vez el Estado compró medicamentos a la red pública. Aparte, firmamos un convenio con la ministra de Defensa para que pudiéramos crear un organismo independiente. Defensa tiene que comprar, y como por los mecanismos históricos del Estado nunca iba a tener los insumos, el Ministerio de Salud estaba dispuesto a poner los primeros fondos para llevar adelante la producción. Por supuesto, no cayó muy bien en los laboratorios nacionales, no sé por qué, porque muchos de ellos están exportando, y me criticaron bastante. También trabajamos mucho con los laboratorios de Córdoba, con la Universidad, que genera medicamentos para la hemofilia y hemoglobina, pero a veces no tiene sangre humana para desarrollar estos productos a través del plasma. ¿Y qué es lo que pasaba en las Fuerzas Armadas? Son grandes recolectores de sangre porque hacen campañas, y esa sangre terminaba en el sector privado. Estas son las cosas que yo empecé a cambiar y, por supuesto, a tocar intereses.

— Con sus denuncias, ¿cuál fue la actitud de los laboratorios?

— Nunca me apoyaron. Muchos laboratorios internacionales importantes, que veían que sus productos eran adulterados o robados, fueron grandes ganadores al eliminar esta mafia.

— ¿No encuentra complicidad de los laboratorios con la mafia de los medicamentos?

— No del laboratorio como parte de la red delictiva. Sí puede ser que haya personas infieles que venden estos medicamentos.

— ¿Cree que es una medida excesiva tener a Zanola en Marcos Paz, o a Gabriel Brito, quien se quejaba de que no le daban los medicamentos para la diabetes?

—Todos los detenidos deben tener las mismas condiciones. Ahora, Gabriel Brito tiene una condición especial, es un “arrepentido”, si bien nunca comercializó medicamentos, sino que hacía la auditoría. Fue el único que declaró, que trató de darle pruebas al juez.

— ¿Qué cree de estas golpizas que denuncia?

— Lo veo con mucha preocupación, y así se lo expuse al juez. La corrupción es muy difícil de probar y, muchas veces, en la Argentina hubo gente que, siendo parte del delito, declaró y esclareció hechos. En la causa de venta de armas, la declaración de Sarlenga fue esencial para poder imputar a Yoma y a Menem.

— ¿Cree que debería estar libre?

— Sí. Espero que la Cámara lo determine.

— Implica un modelo para futuros arrepentidos.

— Exactamente. La legislatura debería avanzar en alguna figura que lo permita. También se puede ver como una forma de coacción para los que no testimoniaron. Capaccioli debe ir a declarar, hay bastantes pruebas, la propia Cámara Federal así lo establece. Si los fondos no los puso Brito, como él mismo dice, ¿de dónde salieron? Y en el mercado se conocía muy bien quién era Lorenzo.

 — ¿Debería estar preso?

— Hay elementos como para llamarlo a indagatoria. El juez le ha puesto fecha y está también analizando documentación.

— El jefe directo de Capaccioli era Alberto Fernández. ¿Hay una responsabilidad de su parte en todo esto?

— Yo no soy la defensora de Alberto Fernández, pero me parece que no, y no está en la causa.

— ¿No hay una responsabilidad penal pero sí una responsabilidad política?

— Tengo una mirada sobre Capaccioli que no coincide con la que tiene Alberto. Estos hechos que se sucedieron en la Superintendencia, por lo menos de 2005, como dice el juez que puede probar, estaban a la vista. Yo no fui una iluminada que llegué al ministerio y me di cuenta. Simplemente hice un análisis y vi cómo se manejaban estos grupos. Pero lo que más me llamó la atención fue que todos los grupos que había denunciado estuvieran actuando en las obras sociales sindicales. Hay que desarticular esta mafia que ha matado a gente, porque personas con enfermedades muy graves no recibieron la medicación, y ese dinero se lo llevaron a los bolsillos algunos de estos vivos.

 — Hoy que está lejos de la política, ¿cómo son sus ingresos económicos?

— No estoy alejada de la política. Soy una militante y voy a seguir haciendo política. Estamos con un grupo de trabajo tratando de llevar adelante políticas públicas, generar mecanismos de control y aportar desde ahí. También estamos viendo el tema de narcotráfico: es imprescindible generar redes que puedan dar una batalla contra estos sectores. Aparte, estoy haciendo algunas consultorías. He mandado muchos currículums, pero es muy duro cuando se da una batalla tan grande como ésta. Tenía un ahorro que voy consumiendo a partir de las necesidades.

— ¿Trabajaría en el ámbito público o privado?

— No tengo problema.

— ¿Qué haría en el privado?

— Soy politóloga y durante muchos años me he ganado la vida con eso. He trabajado mucho en comercio exterior. También estoy organizando unos cursos contra el lavado de dinero. En la Argentina hay muchos circuitos aceitados para esto.

—¿Sigue sufriendo amenazas?

— No les doy importancia. No tengo una custodia acá. Pero bueno, esas son las cuestiones. A mí lo que me parece importante es mirar para adelante.

— Miremos para adelante. En las próximas elecciones presidenciales, ¿le interesaría participar por algún cargo?

— Por supuesto. Uno habla con dirigentes políticos y encuentra muchas coincidencias en lo que se quiere hacer. Pero muchas veces, se pone más énfasis en las diferencias.

Fuente: Perfil, 29/8/10