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DESDE LOS INDIOS A LA INVASIÓN DE TURISTAS

Considerado el historiador más prolífico de Tierra del Fuego, el autor  hace una reseña geográfica e histórica de la isla, con un detalle sobre sus primitivos habitantes separados por la cordillera. Colonizadores, misioneros y, ahora, los contingentes de turistas como parte de una misma atracción.

Por Arnaldo Canclini (*)

Como todos saben, la actual provincia de Tierra del Fuego es esencialmente la mitad de una isla en el extremo sur de la Argentina, cuya otra mitad pertenece a Chile, así como todas las islas que, en buen número, se encuentran más allá del canal Beagle, límite austral de la República, exceptuando, claro está, la Antártida.

El territorio tiene dos zonas tan claramente diferenciadas que ello ha influido en el desarrollo separado del norte y el sur en todos los aspectos, incluso en el que aquí nos ocupa. La zona norte tiene cierto parecido con la Patagonia continental, aunque sus onduladas llanuras son mucho más fértiles.

En ella se desarrollaron, a su tiempo, las industrias lanera y petrolífera. Diríamos que tardíamente surgió allí la ciudad de Río Grande, en la zona donde se había desarrollado la esforzada acción misionera de la congregación salesiana. Está naciendo actualmente una segunda población junto a la bahía San Sebastián, con ese nombre.

El trozo final de la cordillera de los Andes separa ambas regiones. Es interesante destacar que allí la cadena montañosa tuerce su trazado Norte-Sur para tomar el rumbo Oeste-Este. De paso, señalemos que por ello Ushuaia es la única capital argentina que está más allá de los Andes. La división está marcada además por el gran lago Fagnano, el segundo en extensión en el país.

En ese punto existe la pequeña localidad de Tolhuin, aún relativamente poco desarrollada. En la zona austral, se levantó la primera ciudad fueguina, que llegó a ser la capital del territorio. Ushuaia tiene un enorme recurso en su potencial turístico, hoy de importancia internacional; en la época inicial, se desarrolló allí la industria maderera y años después buena parte de la que se produjo por las ventajas impositivas otorgadas a la industria en la isla.

Cerca de la capital provincial, está surgiendo la nueva población de Almanza. Esta brevísima descripción debe servir para remarcar la existencia de dos zonas que durante mucho tiempo han estado casi totalmente aisladas la una de la otra lo que, como consecuencia, ha influido en la producción periodística hasta la actualidad.

* Pueblos indígenas

Desde varios miles de años antes de Cristo, toda la isla estaba poblada por diversos pueblos indígenas, en un número que quizá llegara a los diez mil individuos. La cordillera separaba a las dos etnias características, cuyo origen aún es motivo de debate. En la zona Norte, habitaban los onas, denominación que cubre a tres grupos diferentes: los chonkóiunka, en el extremo Norte; los selk’nam en las llanuras centrales; y los haush, en el extremo oriental.

El nombre de los segundos es usado hoy erróneamente para denominar a todos. Eran individuos de físicoatractivo, quizá relacionados con los tehuelches patagónicos. Vivían de la caza y eran nómades, aunque divididos en clanes que ocupaban cada uno un territorio específico llamado haruwen.

Dentro de ellos, iban de un lugar a otro, en fila india, los hombres adelante con sus arcos y flechas por si eran atacados o aparecía la caza, y luego las mujeres y los niños, acarreando sus pocos enseres, incluso la carpa de pieles desarmable. Eran muy distintos los que vivían en los canales del Sur, que fueron denominados “yaganes”, por ser el Yahga (hoy Angostura Murray) el centro de su hábitat.

Se los conoce como canoeros, porque toda su vida transcurría en sus pequeñas embarcaciones familiares, con las que iban de un lado al otro, de acuerdo con la caza que pudieran conseguir. Aunque armaban chozas provisorias en la costa, nunca penetraban en tierra firme, salvo para perseguir algún guanaco.

Eran de físico endeble y su vida era muy dura.

Un rasgo sorprendente de los yaganes es su idioma; el misionero evangélico Tomás Bridges compiló un diccionario con nada menos que treinta y dos mil vocablos, muchos más de los que usa cualquiera de los hispanohablantes. No había intercambios ni contactos entre onas y yaganes, salvo por algunas incursiones de los primeros, que conocían pasos en la cordillera. En los dos casos, se los ha considerado los más atrasados de la Tierra, junto con los aborígenes australianos.

Tenían unos pocos rasgos comunes, como el nomadismo y la dieta, que era casi estrictamente de carne. La diferencia básica era que los onas no navegaron ni siquiera en los ríos y, al contrario, los yaganes solo se movían por el mar. Pero las similitudes de ambos pueblos eran elementos negativos, ya que no tenían escritura, producción de cerámicas u otros objetos (salvo las armas y algunos utensilios), organización social o política, ni culto, ideología o tradición orgánica, aunque algunos antropólogos hayan tratado de demostrar lo contrario.

Sin embargo, tanto onas como yaganes tuvieron una notable riqueza de leyendas que transmitían de forma oral. Lógicamente, no tenían nociones históricas, incluso porque puede decirse que, hasta que comenzaron a ser visitados por naves europeas desde el siglo XVI, su vida fue siempre idéntica época tras época.

* Llegan los colonizadores

En 1520, Hernando de Magallanes no solo descubrió el paso del Atlántico al Pacífico, sino que legó a la isla el nombre que aún lleva y que es, así, a la par que la más joven de las provincias, la que tiene la denominación más antigua.

Si consideramos que la historia implica una sucesión de hechos encadenados como causas y consecuencias y con sentido trascendente, nuestro concepto es que de Tierra del Fuego comenzó con las expediciones hidrográficas inglesas de 1826 en adelante, comandadas primero por Philip Parker King y luego por Robert Fitzroy, este con la famosa circunnavegación en la nave Beagle, que dio su nombre al canal que ellos descubrieron.

En ese viaje, regresaron tres fueguinos que habían sido llevados a Inglaterra con el fin de impartirles las normas de la civilización y el evangelio; los nombres que recibieron (York Minster, Jemmy Button y Fuegia Basket) han quedado como una especie de íconos, mucho más allá de sus escasos méritos.

También viajaban en la nave el joven naturalista Charles Darwin y el misionero Richard Matthews, cuyo empeño solo logró un rápido fracaso. Pero en esa época Tierra del Fuego no sería fácilmente olvidada. Tenía importancia geopolítica marítima como paso del Atlántico al Pacífi co, así como religiosa por el recuerdo de la expresión de Jesucristo de que su mensaje debía ser llevado “hasta lo último de la tierra” (hasta hoy los fueguinos reiteran estar en “el fin del mundo”).

Así surgió la notable empresa evangelizadora de la Sociedad Misionera de Sud América, fundada por el marino retirado Allen F. Gardiner y continuada luego de su muerte mártir por hambre y frío en el sur fueguino.

En 1859, nueve misioneros fueron muertos por los salvajes en la bahía de Wulaia, isla Navarino. No obstante, diez años después, Waite H. Stirling se radicó en *El primer hombre blanco Ushuaia, ciudad a la que dio nombre, y constituyó así en el primer hombre blanco que vivió en la isla.

Sus sucesores alcanzaron un notorio éxito al lograr la radicación sedentaria de buena parte de los yaganes, en lo que llegó a ser un pueblo. Un hombre notable como Tomás Bridges era el director de la Sociedad Misionera, mientras que varios otros, especialmente Juan Lawrence y Roberto Whaits, se ocupaban de distintas tareas civilizadoras y cristianas. En 1881 se fi rmó el tratado de límites entre la Argentina y Chile.

Era tal el desconocimiento que había de lo que existía más allá de las costas en cuanto a Tierra del Fuego que se decidió trazar una línea recta de norte a sur, de modo que quedara para cada país la mitad de la isla. Y como también se dieron graciosamente a Chile todas las islas al sur del canal Beagle, en realidad este país se quedó con el doble de superficie.

Solo en 1884 la Argentina pudo tomar posesión efectiva de su parte. Una escuadrilla naval, al mando del coronel de marina Augusto Lasserre, fue primero a la Isla de los Estados, donde instaló un faro que se inauguró el 25 de mayo. Después se dirigieron a Ushuaia, donde entablaron una feliz relación con los misioneros, que fueron los invitados de honor para la inauguración de una subprefectura el 12 de octubre, lo que erróneamente suele señalarse como fundación de la ciudad. De hecho, el contacto con la civilización no fue propicio para los indios, ya que cayeron víctimas de las enfermedades que llevaron los blancos y que los diezmaron hasta casi desaparecer.

En esa zona, no ha habido acusaciones de matanzas o hechos similares. El mismo año fue creado el Territorio Nacional de Tierra del Fuego, cuyo primer gobernador fue el capitán Félix M. Paz. Los primeros tiempos fueron muy turbulentos y las autoridades se sucedieron irregularmente, hasta que ocupó el puesto el progresista Pedro Godoy. El norte de la isla seguía de hecho fuera de la autoridad del Gobierno. Ante la posibilidad de que existiera en ellas oro en abundancia, las islas australes se llenaron de aventureros provenientes, en su mayoría, de Chile.

En el Norte, actuó un personaje muy peculiar, el rumano Julio Popper, un hombre culto y emprendedor, que en medio de sus negocios y aventuras, encontró tiempo para la literatura. Los gobernadores fueron ocupando su puesto, entre ellos es dable mencionar a Manuel Fernández Valdés, designado cuatro veces desde 1905 hasta 1917; período en el que la población había crecido proporcionalmente con buen número de negocios, y que casi coincidió con los primeros balbuceos periodísticos.

* El presidio

Pero lo que le dio mayor empuje fue la instalación de un presidio, del cual vivía, de hecho, la población, que recibió muchos beneficios del trabajo de los reclusos. Su presencia como tal terminó en 1948, para dar lugar a la base naval. Entre tanto, el Norte había comenzado a desarrollarse.

En 1887 llegaron allí los salesianos, debido a un sueño de Don Bosco, su fundador, y al empuje de monseñor José Fagnano. Su trabajo fue muy esforzado y llegaron a ser, para los onas, lo que habían sido los anglicanos para los yaganes.

Merecen mencionarse sacerdotes como José Beauvoir, Maggiorino Borgatello, Juan Zenone, Fortunato Griffa, Guillermo del Turco y muchos otros. La fertilidad de la tierra atrajo a los estancieros, entre quienes se destacó el asturiano José Menéndez, que organizó establecimientos de gran envergadura.

Ese movimiento hizo que en 1921 el Gobierno nacional creara una colonia en la desembocadura del río Grande, que evolucionó hasta llegar a ser la segunda ciudad del territorio y base de su economía, por lo que hasta hoy se declara como la capital económica de la provincia.

Con pocas alternativas destacables, quizá con poca atención del Gobierno central, la isla no tuvo hechos realmente notables hasta que en 1943 fue creada la Gobernación Marítima, o sea que fue puesta a cargo de la Marina nacional, teniendo en cuenta su situación estratégica en tiempos de guerra, estatus que perduró durante quince años.

Un importante hecho social fue la radicación en Ushuaia de unos cientos de inmigrantes italianos, de gran empuje, que dieron una nueva fi sonomía a la capital. En el Norte adquirió un desarrollo importante la explotación petrolífera.

La condición de territorio nacional —que ahora incluia la Antártida y los archipiélagos usurpados por Gran Bretaña— perduró desde 1955 hasta 1992. Se destacó entonces el gobernador Ernesto M. Campos, que logró un gran desarrollo en la región y que estaba plenamente identificado con todo lo fueguino, al extremo de pedir que a su muerte fuera enterrado en Ushuaia.

Fue importante la promoción del turismo, que ha llegado a ser la principal base de la economía de la zona austral.

(*) Arnaldo Canclini es historiador, docente y miembro de la Academia Nacional de la Historia. En 2009 fue distinguido por el Congreso de la Nación como uno de los mayores notables argentinos por sus aportes al país y es ciudadano de honor de Ushuaia. Otros de sus libros son Como fue civilizado el sur argentino, Historia de la Tierra del Fuego y  Julio Popper, Quijote del oro fueguino, además de 400 años de protestantismo argentino y El  correr de los años.

Fuente: El periodismo en Tierra del Fuego. - 1a ed. - Buenos Aires, 2011.