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LULA Y SU SELLO CON AMÉRICA LATINA EN 2003

Trece años después de lo que pensaba Lula apenas asumió su primer gobierno, la región siente el cimbronazo del golpe institucional contra su heredera, Dilma Rouseff y el triunfo de Mauricio Macri en la Argentina. Estas eran las intenciones de quien puede volver a ser presidente del Brasil.

Por  Luiz Inacio Lula Da Silva

Brasil es un gran país, con más de 170 millones de habitantes y una economía que está entre las diez más importantes del mundo. Desde 1930 hasta 1985, Brasil tuvo un crecimiento extraordinario, pero hace dos décadas entró en un estancamiento que agravó las profundas desigualdades sociales que caracterizaron nuestro desarrollo en el siglo XX.

Es cierto que, desde 1985 en adelante, con el fin del régimen militar, y en 1988-89, con la nueva constitución y el regreso de las elecciones libres, comenzó un prolongado ciclo democrático en nuestro país. Pero también es cierto que la crisis social por la que atravesamos durante ese largo período —fruto de desastrosos experimentos económicos— terminó convirtiéndose en una potencial amenaza para la democracia.

Algunas decisiones en materia de políticas económicas hicieron que nuestro país fuera mucho más vulnerable a nivel internacional. Los últimos líderes brasileños malinterpretaron la situación internacional y creyeron que el hecho de que nuestra economía estuviera subordinada a los flujos de capital de las finanzas internacionales aportaría más ventajas que dificultades.

Pero eso no ocurrió.

Hoy, nos enfrentamos a la necesidad de atacar la pobreza y la miseria que aflige a decenas de millones de brasileños. Un cambio del modelo económico no puede implementarse de un día para otro. Llevará tiempo, sobre todo porque no queremos volver a caer en la inflación y porque estamos firmemente dispuestos a mantener un equilibrio fiscal —como siempre tuvieron los gobiernos municipales y estatales del Partido de los Trabajadores— para respetar contratos y asegurar las condiciones internas que resulten atractivas para las inversiones nacionales e internacionales productivas.

En otras palabras, tendrá que haber un período de transición, durante el cual toleraremos los límites que le impusieron las políticas pasadas a la economía brasileña.

Al mismo tiempo, estoy decidido a iniciar los cambios económicos, sociales y políticos que anhelan los casi 53 millones de personas que me votaron. Para lograrlo, es necesario cambiar la posición de Brasil en el mundo. La prioridad de la política exterior brasileña será América latina.

Tenemos una frontera común sin conflictos jurisdiccionales con casi todos los países de la región. Hace varios años, creamos con Argentina, Uruguay y Paraguay el proyecto Mercosur, al que más tarde se unieron Chile y Bolivia.

Esta experiencia, que se inició con grandes expectativas, tuvo una evolución desalentadora. Las enormes disparidades macroeconómicas entre Brasil y Argentina frenaron el progreso del Mercosur. En consecuencia, algunos propusieron poner fin al proyecto o regresar a una simple zona de libre comercio.

* Apuesta fuerte

Nuestra propuesta es diferente. Queremos que el Mercosur sea algo más que una unión fronteriza. Queremos que se transforme en un área de convergencia en el frente industrial, agrícola, social y científico-tecnológico. Y queremos que promueva un verdadero acercamiento cultural, una unión entre nuestras universidades y centros de investigación.

Para desarrollar el Mercosur en profundidad, debemos contar con instituciones sólidas que resuelvan las controversias y un nuevo ministerio que pueda implementar una coordinación político-administrativa eficiente y desarrollar una visión estratégica de integración.

Yo propuse a los presidentes de la región establecer un parlamento del Mercosur que sea elegido directamente por los votantes de nuestros países. De esa manera, nuestros ciudadanos podrían participar en el proceso de integración regional.

El Mercosur debería lograr una coordinación macroeconómica entre sus bancos centrales, una condición sine qua non para llegar a una moneda común. También debería intentar atraer a otros países de la región.

Cuando existan diferencias en aranceles aduaneros, por ejemplo, deberíamos crear alternativas que permitan avanzar con la integración. Habrá que iniciar rápidamente la construcción de puentes comunes.

Un Mercosur sólido y expandido debería contar con una política exterior común que nos permita establecer un diálogo con la Unión Europea y Estados Unidos, sobre todo en el proceso de negociación para la formación del Acuerdo de Libre Comercio para las Américas (ALCA).

La extensión de nuestras exportaciones es fundamental para estimular un nuevo dinamismo dentro de nuestro sistema de producción, así como para equilibrar nuestras deudas externas.

En este sentido, la apertura del mercado norteamericano a los productos brasileños es esencial. Nuestro interés en la creación del ALCA está fundamentado. Sin embargo, se topa con tres dificultades. La primera está vinculada a la disparidad entre la economía estadounidense y las economías del resto del hemisferio. Si no se establecen medios de compensación, estas disparidades aumentarán. La segunda dificultad es el resultado de las barreras proteccionistas no aranceladas que impuso Estados Unidos y que afectan profundamente las exportaciones de Brasil.

La tercera es que Estados Unidos actúa selectivamente cuando propone que algunas cuestiones problemáticas para el ALCA sean discutidas en la Organización Mundial del Comercio (OMC). Y, al mismo tiempo, acelera la discusión de temas más complejos que todavía no se discutieron en la OMC en el ALCA. Nuestro gobierno pretende reexaminar esos problemas.

También tendremos un papel más activo dentro de la OMC, donde se deciden cuestiones de suma importancia. Más allá de estas cuestiones, Brasil ampliará sus relaciones bilaterales con Sudáfrica, India, China, Rusia, México y otros países cuyas respectivas regiones son económica y geopolíticamente importantes. Con ellos, será posible llevar adelante iniciativas comunes en organismos multilaterales.

Mi gobierno trabajará en la reforma y el fortalecimiento de las Naciones Unidas, que está formando una nueva configuración en su Consejo de Seguridad. Esta política de democratización de los organismos multilaterales será una constante de nuestra política exterior.

Queremos un mundo más equilibrado en el terreno económico y social, libre de las amenazas de la anarquía financiera internacional que afecta, más que nada, a los países en desarrollo.

Es necesario un acto de solidaridad con Africa, como parte de un esfuerzo global en favor de la paz y la justicia social.

La lucha contra la pobreza y la exclusión representa un papel importante en la guerra contra el terrorismo y las guerras civiles que asuelan a tantas regiones del mundo.

Finalmente, la lucha por la paz es la prioridad absoluta. Por esa razón, estamos a favor de una política de desarme —sobre todo, de desarme nuclear— y defendemos las soluciones negociadas a los conflictos que afectan hoy a la humanidad.

Sección, título y bajada:  Opinión/ La prioridad de la política exterior de Brasil será América latina Para llevar adelante los cambios por los que los brasileños votaron masivamente en octubre, es necesario modificar la posición de la nación en el mundo. 

Fuente: Clarín, 13/2/03