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RÍO PARANÁ, LA OLA DEL PUEBLO

El curso de los días orientará el de los hechos en torno del río Paraná, con relación a su dragado y balizamiento en aguas perdidas por el desastre ecológico en Brasil al abatir bosques y selvas que terminaron con las lluvias. Entre  puertas cerradas se decidió insistir con las concesiones, cuando los servicios privatizados hace treinta años dan clara muestra del escaso interés que tienen por el bien público. PEN, ahora el Congreso de la Nación. Falta el pueblo.

Por Armando Vidal

No sólo el Paraná es un río lastimado por una empresa sin control estatal durante un cuarto de siglo, un río explotado por depredadores, contrabandistas y narcotraficantes, un río casi muerto hoy por la sequía sino también la esperanza de ser la vía de transporte límpida de la producción agropecuaria nacional, el impulsor de la industria naviera y un articulador clave de la geopolítica regional. A partir del 1º de julio y por doce meses, la Administración General de Puertos se hará cargo del cobro de peajes, mientras pone fin a la gestión de la empresa responsable, que sigue a cargo  por la prórroga de contrato por noventa a partir del 30 de abril. Y la AGP se ocupará de llamar a una licitación corta para las tareas de mantenimiento para luego llamar a otra licitación larga con la inclusión de nuevas obras. Y acá, al parecer, no ha pasado nada. Pero pasó como ha pasado y pasa con otros servicios concesionados. El gobierno nacional es ajeno a la política de los noventa pero no de sus consecuencias y procederes.

Todavía, pese a la envergadura del desafío, las fuerzas que reclaman la recuperación de esos servicios por el Estado, desacreditados por una prensa interesada y compactada con el menemismo en su momento, están desarticulados y fue tardía su reacción, parte de las cuales  lanzaron la proclama del 20 de junio, Día de la Bandera, que incluye legisladores, dirigentes sindicales, dignos representados agrarios y otros exponentes como periodistas, entre ellos el chaqueño Mempo Giardinelli, que tuvo el acierto de parangonar en su campaña en Página/12 la causa del río Paraná con la de las Malvinas.

Son los integrantes del Grupo 25 de Mayo,  voces en muchos casos con audiencia propia a favor de la estatización del servicio (ver aparte la proclama). 

¿Y los gobernadores involucrados de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Misiones, Formosa y Chaco? El único que se hizo notar fue el gobernador bonaerense Alex Kicillof.

Gravita sobre el Paraná el peso de su propia historia, transitado por conquistadores y piratas, con la épica de la resistencia a la embestida militar anglofrancesa a sangre y fuego el 20 de noviembre de 1845. O la batalla triunfal en Esquina, Corrientes, del almirante Guillermo Brown contra el derrotado mercenario italiano José Garibaldi al servicio del imperio brasileño, tres años antes. O en 1813, con el combate de San Lorenzo y la espada de San Martín con el febo asoma, ya sus rayos.

El Paraná, río argentino con más historia presente que  el mismísimo Río de la Plata, cuyas aguas alimenta y que terminan perdiéndose en el mar.

Un río que ahora mueve al Congreso de la Nación y empujó para que sea por unanimidad que kirchneristas peronistas y aliados, con radicales macristas en ambas Cámaras creasen una comisión bicameral de seguimiento de lo que que hizo, hace y hará el ministro de Transporte, Alexis Guerrera, con las potestades concedidas por el PEN con el  DNU Nº 949 para una resistida nueva licitación, a lo cual se suma la Administración General de Puertos y, en especial, la subsecretaría de Puertos, Vías Navegables y Marina Mercante como timón operador.

Agrava la inquietud el doble antecedente generado por el presidente Alberto Fernández al decir una cosa y hacer otra en esta cuestión como antes con la empresa de defraudadores seriales, Vicentin, respecto de su expropiación, desestimada luego de súbito.

Envuelto en una estrategia de negociación y silencio, la misma comisión de seguimiento, que nació por una iniciativa de la senadora K de la provincia de Santa Fe, María de los Ángeles Sacnun, titular de la comisión de Asuntos Constitucionales en la Cámara que conduce Cristina Kirchner, aparece como una rueda de auxilio del Estado para controlar y fiscalizar lo que hace el PEN (con la AGP y subsecretaria) y la empresa que se ocupe, sea la actual belga Jan de Nul del dragado y su socia argentina que se encarga del balizamiento y las que vayan a sucederlas.

Pero ni las palabras ni las buenas intenciones alcanzan en política si no tienen la fuerza del consenso y participación popular para su ejecución en un asunto de tamaña envergadura y cuya transparencia todavía no se visualiza. Será por eso que la Argentina no imita, tampoco con el gobierno del Frente de Todos, lo que hacen las potencias mandantes, caso de Estados Unidos hoy, ayer Inglaterra, en sus propios territorios.

Buenos Aires, la reina del Plata, es ducha en operaciones en tinieblas como pasó con las privatizaciones, concertadas después del voto de los peronistas al riojano de las patillas Carlos Menem y antes de la precipitada entrega del gobierno de Raúl Alfonsín, obligado por un golpe financiero y protestas sociales provocadas.

Ducha  también en acciones a las luz del día. ¿No lo hizo acaso con la reforma del Estado, la primera ley del Congreso de la Nación, después de declarar la ley de emergencia económica, con el aplauso entonces del diputado Alvaro Alsogaray y el voto de los peronistas que no sabían que votaban en el primer paso del gobierno de Menem?

Eso fue a mediados de 1989,  ayer para quienes lo protagonizaron y también para los que lo vieron y contaron.

“No hay ningún antecedente en el mundo que un río interior haya sido entregado al extranjero" dijo Mempo.

Linda frase para quienes sueñan con una ola del pueblo cuando llegue el momento.