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EL NARCOTRÁFICO Y LA POLÍTICA

"Gobernado por las drogas" fue el título de un artículo publicado en un medio alemán que Bayer aquí analiza y pone en contexto para aludir a la expansión del narcotráfico en territorio de la Argentina. El miedo a que la política desmadre un negocio hasta semejar al país con México.

Por Osvaldo Bayer

Desde Bonn, Alemania

El diario alemán Frankfurter Rundschau, en su edición del 9 de marzo pasado, trae la doble página central de su edición con una nota titulada nada menos que “Gobernado por las drogas”, y el subtítulo es “La Argentina en la pasada década se convirtió en el centro de encuentro del comercio internacional de drogas”. Y se pregunta: “¿Y qué hace la política?”.

Y se responde: “Mirar pasar”. La nota es algo así como un cachetazo en el rostro de todos los argentinos. Debo aclarar y responder. Sí, hay droga en mi país como en todos los países del mundo, pero ese comercio no es administrado por ningún gobierno ni es aceptado ese vil comercio por la gran mayoría de sus habitantes.

El periodista Wolfgang Kunath, autor del escrito, comienza su nota con la frase: “El miedo viene del aire” y trae como primer testimonio el del presidente del Aeroclub de San Francisco, Roberto Alberto, en la provincia de Córdoba.

Dice el nombrado: “Nosotros miramos todo el tiempo al cielo y vemos cosas muy raras, aviones que descienden de noche y desaparecen rápidamente”. Y da el ejemplo de un avión desconocido que descendió en pleno día. “Y no hago un chiste –agregó– pero el piloto, con acento boliviano, dijo al bajar: ‘Bajo sólo para orinar’”.

Y agrega el autor de la nota: “El cielo es el camino más seguro para el transporte de la droga”, declaró Oscar Repetto, de la asociación de 400 clubes argentinos de aviadores, al diario La Nación.

Junto a los pasajeros que traen droga escondida, los aeroclubes temen ser robados. En el último tiempo les fueron robados ocho aviones. Ante todo los atrae el Cessna 182. “Cuando se quitan los asientos se puede cargar hasta media tonelada de drogas”, declara Repetto.

Por eso, cada vez más los aviadores cargan menos gasolina y se quita la batería cuando abandonan la nave. El periodista alemán denuncia que en la Argentina existen más o menos 1500 pistas aéreas secretas para importar droga de Bolivia, Paraguay y Perú, declara Claudio Izaguirre, quien dirige en Buenos Aires una asociación civil antidroga.

Aunque los aeropuertos no sean algo fundamental en el negocio de la droga: sólo un octavo de la droga es traída por ese medio. Otro octavo viene a través de los ríos y más de tres cuartas partes a través del camino por tierra. Y aquí viene el ejemplo de un niño de siete años que fue sorprendido en la frontera argentino-paraguaya con una mochila llena de droga. Tres cuartas partes de la droga llega por tierra a nuestro país, remarca la experta en drogas Laura Etcharren.

El autor de la nota trae también las declaraciones del papa Francisco, quien no hace mucho declaró: “Ojalá podamos detener la mexicanización de la Argentina”.

Estas declaraciones provocaron indignación en México y el Papa tuvo que corregirse. En México han muerto ya 120 mil personas en la guerra de drogas. Señala el autor que la Argentina se ha convertido en el tercer exportador de cocaína en el mundo y señala que “si bien la coca no crece en territorio argentino este país se ha constituído en un gigantesco laboratorio de producción”.

Del Perú, Bolivia y Colombia se trae la pasta de cocaína que es tratada en los laboratorios argentinos.

Son las llamadas “cocinas”. Aquí es donde reinan los más bajos precios. Por otra parte, la marihuana crece en el Norte argentino y en Paraguay. El periodista Kunath señala además que el primero de los capos grandes de la droga que descubrió a la Argentina fue el mexicano Armando Carrillo Fuentes. El compró en la década del ’90 campos y departamentos en la Argentina para lavar su dinero.

Pero el “rey del aire”, lo llamaban así por tener una flota de Boeing que transportaba la cocaína a Estados Unidos, murió en México, en 1997, en una operación por transformar su rostro.

“En aquel entonces, la Argentina aceptaba con gusto sin preguntar de dónde venía la mercadería. Y vale como cierto –continúa el diario alemán– que la criminalidad organizada tiene bien en sus manos este comercio. Aunque los delincuentes no tienen en sus manos el poder como en México, pero sí están presentes”.

Después da detalles de cómo los carteles peruano y paraguayo de la droga dominan la villa 1-11-14 de Buenos Aires y explica: “Una villa de pobreza situada enfrente del club de fútbol San Lorenzo de Almagro, club cuyos socios son prominentes partidarios del papa Francisco”. “Los mexicanos –continúa– y colombianos conforman más bien pequeñas células y colaboran con bandas locales”. “En los puertos del Río de la Plata –dice– son cargados gigantescos envíos a puertos africanos de donde son llevados a través del Sahara y de allí a Europa. Sudáfrica y Mozambique se han convertido en estaciones internacionales hacia Asia, que se ha abierto a la cocaína”.

 “¿Por qué la Argentina?”, se pregunta el autor y responde la socióloga argentina Laura Etcharren: “En los ’80, Argentina era todavía casi virgen y aquí había un pequeño consumo. Pero en los ’90 los narcos internacionales la adoptaron como campo de acción. Con la crisis económica argentina de 2001 se convirtió en un buen sitio para la droga. Y las bandas trajeron también otras formas de criminalidad en competencia”.

En fin, un panorama verdaderamente desastroso cuyo título lo dice todo: “Gobernados por la droga”.

Sí, la Argentina como casi la absoluta mayoría de los países sufre actualmente el comercio de la droga, según esta nota en Alemania. A la acusación “Gobernados por la droga” respondemos: “No, luchamos contra la droga”.

Por eso sería importante que el Ministerio del Interior diera a conocer un documento oficial acerca de todas las medidas que se están tomando en nuestro país en la lucha contra la droga. Y a partir de allí darle una especial importancia en la información de las medidas que se están tomando en esa lucha. 

Cintillo y título: Opinión/ No gobernado por las drogas

Fuente: Página /12, 16/3/15.