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MEMORIA OBRERA Y ESA PRESENTE IMPUDICIA

Como jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri compró el edificio de la ex fábrica Alpargatas donde construyó lujosos lofts y como Presidente alquiló cuatro de ellos al gobierno de su sucesor. En ese escenario de Barracas hay una historia gremial al margen de tanta impudicia del presente.

Por Armando Vidal

A Barracas, la de los obreros de Alpargatas, Piccaluga y de las calles con olor a galletitas y chocolate de Bagley, Canale, El Aguila y Noel, la condenaron antes de nacer los liberales del siglo XIX y la fueron matando de a poco cada una de las versiones golpistas del siglo pasado (1930, 1955, 1962, 1966 y 1976).

También en democracia la condenaron las claudicaciones después de las urnas de Carlos Menem, y las intenciones camufladas antes de las urnas de Mauricio Macri.

La nota de Martina Noailles (Sur Capitalino, octubre), que detalla que a la vieja Alpargatas la compró Macri a través de un fideicomiso para construir lujosos lofts, cuatro de los cuales ahora alquila el Ministerio de Seguridad de la ciudad, muestra a un Presidente incapaz de diferenciar los intereses públicos de los privados.

Si los medios son el mensaje que recortan y modelan la cultura según sus intereses, ponderado sea un grito contra el silencio.

Hoy, Barracas es el escenario de lo que fue; igual que el país todo por imposición de Buenos Aires, la reina de la plata. Y si la industria liviana igual nació y creció hasta donde pudo fue por obra de empresarios audaces y factores externos que la posibilitaron.

Para tomar en real medida la indiferencia del poder conservador y reaccionario hay que señalar que el único debate sobre la industria se produjo en 1876, en el gobierno de Nicolás Avellaneda, y como consecuencia de una interpelación al ministro pro británico de Hacienda, Norberto de la Riestra.

Volvamos a Alpargatas, nacida en 1883 –primer gobierno de Julio A. Roca, genocida comprobado en 1878/9 si se lo compara con Adolfo Alsina en la lucha contra el indio- empresa que produjo en gran escala el calzado popular que cubrió el pie con lona y lo protegió con suela de yute, todo con el nombre de una galleta de campo.

La crisis financiera internacional de 1929, el clima prebélico y la segunda guerra mundial impulsaron la industria textil cuyos trabajadores, a mediados de los treinta, rondaban los 80 mil en todo el país y seguían creciendo.

Con el peronismo, los trabajadores de esa fábrica, como los de Piccaluga y otras de Barracas, quedaron agrupados en la Asociación Obrera Textil, uno de los grandes sindicatos que sostuvo el gobierno fundacional de Juan Domingo Perón.

La situación social no era un lecho de rosas. Se sintió con la crisis del comienzo de los cincuenta, otro ramalazo externo que sufrió la Argentina, con gran impacto en la clase trabajadora, lo que incentivó al conflicto y las protestas, resistidas por las conducciones gremiales que no querían realizar huelgas contra su propio gobierno.

Evita era la gran aliada de esa posición.

Por primera vez, en gran escala, los trabajadores peronistas pelearon entre ellos por la conducción de sus respectivos gremios, en lugar de hacerlo contra socialistas y comunistas, clásicos rivales.

Las elecciones de los textiles estaban previstas para el último trimestre de 1952. Un peronista de la fábrica Piccaluga debía enfrentar a la fuerte fórmula alineada con el gobierno.

Difícil ganarle a un binomio integrado por un gremialista flamante diputado nacional peronista, acompañado por un morocho de sonrisa gardeliana, secretario general de una seccional del conurbano de la CGT que tenía 20 mil obreros textiles, y había participado de la unificación con la FOTA (congreso de trabajadores de ambos sindicatos, con Evita y el gobernador Domingo Mercante presentes, Quilmes, 1949).

Pero el 26 de julio de 1952 falleció Evita, con lo cual los que defendían con fe religiosa al gobierno perdieron su enorme sostén.

Desconozco cuál fue el resultado en Alpargatas (10 mil obreros) pero en esa elección entre la lista Azul (oficialista) y la Verde (opositora) doy por seguro que en la fábrica Piccaluga (3000 obreros) ganó el candidato desafiante.

Lo mismo pasó en todos los grandes sindicatos, verdadera muestra de democracia sindical.

En el caso de la AOT, el triunfador entraría a la historia: el Negro Andrés Framini, quien diez años después ganaría la elección a gobernador de la provincia de Buenos Aires, triunfo no reconocido por el gorilaje militar que pondría fin de inmediato al gobierno de Arturo Frondizi., quien de la Casa Rosada saltó a la isla Martín García, preso.

Framini murió hace quince años en brazos de otro textil que luego fue un importante dirigente metalúrgico, Avelino Fernández (Plan de lucha de la CGT, 1964).

Del diputado Hermida, lo único que se es que no pudo terminar su mandato por el golpe de 1955 y que su compañero de fórmula, el morocho quilmeño de la sonrisa, José Armando Vidal, falleció hace 25 años para vivir en el corazón de sus hijos.

Alpargatas, memoria obrera no apta para cualquiera.

Volanta, título y bajada: Del palco a la calle/ Memoria obrera/ Adquirida por Mauricio Macri y devenida en lujosos lofts, la fábrica Alpargatas tiene una historia de lucha gremial que también atraviesa el barrio de Barracas.

Fuente: www.surcapitalino.com.ar, noviembre de 2016.