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ROCA, ESTATUAS Y LA MISMA DEPENDENCIA

Abogado y periodista, el autor habla de Julio A. Roca en los tiempos del esplendor británico en nuestro país. Lo hace a la luz del revisionismo histórico. Sostiene que si la Argentina vive hoy de la soja como ayer lo hacía del trigo y la carne, algo más habrá que hacer aparte de bajar estatuas.

Por Emiliano Vidal

Tras el reciente Congreso Iberoamericano de Revisionismo Histórico, vale analizar la figura de Julio Argentino Roca, constructor destacado de la política nacional entre 1870 y 1900 a través del Ejército de la Nación y también del partido Autonomista Nacional.

Hombre bajo, ojos claros, tucumano, Roca se hizo merecedor de motes contrastantes como Zorro, en su ejercicio de la política y genocida por su acción impiadosa en la llamada Conquista del Desierto, con la cual la Argentina consolidó su dominio sobre la Patagonia.

Buenos Aires, Santa Cruz y La Pampa fueron sus escenarios.

En mayo de 2013, en una ceremonia cargada de emoción en la ciudad santacruceña de Puerto Deseado, con la presencia del infatigable antiroquista Osvaldo Bayer, periodista y escritor, se quitó el nombre de Roca a una de las avenidas principales del lugar.

Se lo hizo con quien, además de jefe de Estado, se erigió en uno de los protagonistas –si no el mayor- del último cuarto del siglo XIX, el que, dentro de la división internacional del trabajo, definió el perfil agroexportador de la Argentina, el mismo que hoy tenemos, dato insoslayable que desde entonces compromete a varias generaciones de militares y políticos, de empresarios, periodistas y pensadores.

También se borró el nombre de Roca en la localidad pampeana de General Pico y todo indica que la tarea de bajarlo de las estatuas continuará en otros pueblos de la Argentina.

* ¿Qué hizo Roca?

Roca supo construir un protagonismo a partir de su prestigio militar. Jamás fue herido en combate, ni siquiera en la Guerra del Paraguay donde perdieron la vida su padre, José – quien había combatido al lado de San Martín- y su hermano Celedonio, todos soldados. Soldados para la independencia. O no tanto, en el caso de Julio Argentino, según sus críticos. Tuvo gran habilidad política para acomodarse a las exigencias de la época, sujeta al predominio de los intereses británicos en la región y en particular en la Argentina.

Por un lado, Roca obligaba a la ciudad/puerto de Buenos Aires a ceder parte de su hegemonía ante el peso político y militar de las provincias y, por el otro, sostenía la paz interior en cada una de ellas. Y sin que Buenos Aires dejara de atender a los barcos ingleses que llegaban cargados de artículos industriales y se iban cargados de trigo y carne.

Esa fue la razón de la extensión de la frontera agraria, cometido iniciado con otros métodos pero con la misma finalidad por Juan Manuel de Rosas en tiempos -1843- que nacía Roca. Sólo que en los años de Roca la Argentina ya era una pieza clave de la corona británica en el confín de América, con hombres formados en tal cometido que no trepidaron en enfrentar a las delegaciones norteamericanas en los foros internacionales de aquellos momentos.

Aunque brutal como confesión, no fue menos cierto lo que diría el hijo de Roca, también llamado Julio Argentino, en plena Década Infame, cuando integraba un gobierno oligárquico y fraudulento, remora grosera y tardía de los años de la Organización Nacional.

Ese Roca, presidente del Senado de la Nación, dijo que la Argentina era una de las perlas de la corona británica.

La identidad de un pueblo está directamente vinculada con su formación, por lo cual el trabajo del historiador es intensificar el interés por el pasado para entender el presente. Exagerando una interpretación de Benedetto Croce podría decirse que la historia es siempre presente.

 En este primer Congreso Iberoamericano de Revisionismo Histórico, organizado por el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego, participaron cuatrocientos hombres y mujeres, entre ellos distinguidos intelectuales de Uruguay, Brasil, Venezuela, Cuba, Chile, Perú, México y Argentina.

La conclusión fue que había que cambiar los programas de enseñanza de Historia en las escuelas nacionales, lo cual que generó polémicas afuera, ambiente un tanto caldeado desde el fallo de la Corte Suprema de Justicia a favor de la constitucionalidad de la ley de medios audiovisuales. 

* Debate entre revisionistas

El historicismo en su versión revisionista empezó a fines del siglo XIX como un desafío al relato oficial de Bartolomé Mitre después de la batalla de Caseros y por tanto en los años de esplendor de Roca. Para eso también Mitre fundó el diario La Nación en 1870, el mismo que hoy.

Por lo tanto, esa historiografía de los vencedores coincidió en que Roca fue el gran organizador de un Estado nacional inspirado y formado ideológicamente por el liberalismo, una vez derrotados Rosas y los caudillos federales, con la deserción del entrerriano Justo José de Urquiza que se alineó con Buenos Aires y pagó por ello con su vida.

Así, la corriente revisionista comenzó a exponer sus propias discrepancias respecto de la valoración de Roca en el devenir histórico.

Hay autores del revisionismo clásico como José María Rosa, Fermín Chávez y Ernesto Palacio que sostienen que Roca integró estructuralmente el proyecto modernizador agroexportador, oligárquico y librecambista a partir de “disciplinamiento” interior federal y el establecimiento de relaciones económicas viscerales con el Imperio inglés.

Otros revisionistas, en cambio, tan disímiles y convergentes a la vez como Arturo Jauretche y Jorge Abelardo Ramos, rescatan aspectos positivos de su obra.

Volvamos a José María Rosa, considerado maestro de historiadores revisionistas y homónimo nieto del entonces ministro de Hacienda de Roca y luego del presidente Roque Sáenz Peña.

Fue él quien resaltó que “Julio Argentino Roca constituyó el auténtico jefe de un régimen donde las minorías se consagraron a gozar de la riqueza material despreocupándose de otra cosa y donde la política quedó en manos de pocos, y donde la Argentina se transformó en una factoría, en un emporio mercantil”.

Para dicho autor, este régimen (1) “surgió con el asentimiento general, y donde los partidos provinciales terminaron entregándose a un presidente que les garantizaba estabilidad contra las revoluciones locales”.

La sanción de la primera ley de educación primaria –la número 1420- en 1884 es uno de los aportes que Fermín Chávez, discípulo de José María Rosa, rescata de la primera gestión roquista en su libro Historia del país de los argentinos.

En su obra sobre Roca y el sistema del librecambio, Ernesto Palacio señala que “el prestamista extranjero, el inversor de capitales que venía a hacer su negocio, no era para los hombres del roquismo, el mero mercachifle del que había que desconfiar para mantenerlo en sus justos límites, sino ante todo, un benefactor y un civilizador que merecía agradecimiento y reverencia”.

Si bien el revisionismo clásico concuerda en que el roquismo contribuyó a consolidar una república dependiente, Fermín Chávez llama a la reflexión.

“El país se desarrolla, crece, pero al mismo tiempo se endeuda. ¿Cuál es la razón? Tal vez cabe ella en una frase: Europa quiere de nosotros trigo, carne, lanas y cueros, y Roca organiza al país de acuerdo a esa división del trabajo. Crea un país de cereales y ganados sin industrias extractivas y de transformación. Somos lo que se llama una economía subsidiaria: la provincia-granja de un imperio”, enseña Fermín.

También señala que “luego de transferir el cargo a Juárez Celman, se trasladó a Inglaterra. Banqueros y comerciantes británicos, agradecidos por su política económica a la medida de la metrópoli financiera, lo esperaban agradecidos. Y el 9 de julio de 1887, la casa Baring y otros financistas le ofrecieron en el Richmond un estupendo banquete cuyos pormenores -menú incluido- están retratados en un folleto, que anda por ahí, titulado “El Teniente General Julio A Roca y el comercio inglés”.

* Otras miradas

Desde el sector más lejano de la misma vereda, pensadores como Jauretche consideraran a Roca como gestor de ciertas políticas de carácter nacional. Para el autor de Manual de Zonceras argentinas, la creación de un ejército moderno y profesional y ciertas medidas de índole económico impulsadas durante su gobierno constituirán pasos efectivos que posibilitarán un incipiente desarrollo industrial.

Por sus lado, perteneciente a un revisionismo planteado desde unar la corriente de la izquierda nacional, Jorge Abelardo Ramos reflexiona: “Así como no se puede entender a Perón sin comprender a Yrigoyen -importante caudal de yrigoyenistas ingresó en 1945 al peronismo ya que veía reivindicada, ese año, una lucha amarga contra el alverarismo- tampoco puede comprenderse realmente a don Hipólito sin rastrear los orígenes del radicalismo en las huestes del roquismo moribundo”.

Ramos proclamará que si “cubrió treinta años de la vida nacional, no se debió a sus mañas o astucias políticas sino a la evidencia que grandes fuerzas de la vieja sociedad argentina se encontraron representadas en Roca”.

En la polémicas Campañas al desierto revestidas luego como “ gesta roquista” y que significaron el genocidio de miles de habitantes de los pueblos precolombinos, hoy caratulados como originarios, el autor de Revolución y contra revolución, defiende a Roca echando mano, incluso, al Martín Fierro para explicar la formación de un Estado nacional.

“La oligarquía terrateniente que se apoderó de las tierras de indios y gauchos, condenó a ambas corrientes del pueblo a sufrir un destino aciago, pero es justo consignar que la conquista del desierto realizada por Roca y el Ejército de su tiempo no solo establece un principio de soberanía en ese tiempo harto dudoso, sino que libera al gaucho retratado por José Hernández del martirio inacabable del fortín en la frontera”, explica.

Para Ramos, si bien Roca podrá ser considerado un caudillo liberal, es “liberal nacional ya que encarnó el progreso histórico y llevó el presupuesto nacional hasta el último rincón de las provincias” y, además, “creó todas las estructuras modernas del Estado, restableció aranceles proteccionistas e impulsó las grandes obras con las que el país cuenta todavía”.

* Hacia el futuro

Casi en las vísperas al Bicentenario de la Independencia nacional de 1816 y aún con los recuerdos latentes de hace tres años por los festejos del de la Revolución de Mayo, en el país que busca su identidad a treinta años de la recuperación de la democracia, la figura de Julio Argentino Roca también hay que ponerla en su lugar. Eso no impone desconocer que ayer dependíamos del trigo y la vaca y hoy de la soja.

Hay que replantear las bases de la Historia como materia que no debe excluir que para el tiempo de Roca, sin ir más lejos, los ingleses explotaban aquí el desarrollo industrial que habían alcanzado, lo cual acompañaban con el tendido de sus ferrocarriles vinculando las áreas del interior con los recursos y materias primas que necesitaban con el Puerto de Buenos Aires, desde donde sus barcos se las llevaban.

Revisar para entender que tanto ayer, como hoy y mañana no hubo, hay ni habrá país fuerte sin industria capaz de explotar sus grandes recursos naturales.

Obras consultadas:

Jauretche, Arturo: Ejército y política. Paz, Carlos: La concepción de la historia y el Pensamiento Nacional. Revista Proyecciones del Pensamiento Argentino (a 40 años de la Comunidad Organizada). Fermín Chávez: Del país de los argentinos. Publicaciones de Francisco Pestanha, pensador que enseña. Colección de la Revista Qué (1947/1957).