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HELIOS RISKIN, MODELO DE EMPRESARIO

El dolor por la muerte de un ser excepcional como Helios Riskin se acrecienta por tratarse de un empresario pyme, de esos que tienen un ojo en la producción, otro en las cuentas y los dos en cada uno de sus trabajadores. Una vida con acciones inolvidables que son ejemplo para todos.

Por Armando Vidal

Helios Riskin, un empresario modelo comprometido con el desarrollo de la industria nacional y el bienestar de sus obreros y empleados, acaba de morir. Era un hombre bueno, inteligente, solidario y comprensivo. Tenía 85 años, dos hijos, varios nietos. Y un biesnieto que lo conmovía.

 

Tras una serie de factores físicos complotados que lo retuvieron en la casa varios meses, se detuvo su generoso corazón. Sucedió el 10 de enero en el Hospital Británico, en cuya guardia padeció lo contrario de lo que él predicó e hizo por otros.

Quedaron en pie sus sueños por la Argentina amada y la expresión de ellos encarnados en Clevers SRL, una pyme, que bien puede representar a tantas otras buenas firmas asociadas a una familia y a sus conductas.

Helios Riskin había nacido en Marcos Juárez, Córdoba.

Su infancia coincidió con el transcurrir de la década infame y su juventud con la irrupción del peronismo, en cuyos tiempos iniciales trabajó en el ferrocarril hasta ser jefe de estación. En esos años edificó su propia educación, misión de autodidacta devenida del placer de aprender, motivo por el cual impulsaba la fundación de bibliotecas.

Creó algunas al paso del tren y de las estaciones en las que iba rotando.

Un día, lo tentó Buenos Aires, adonde llegó ya vinculado con una actividad que lo llevaría a ser gerente de transporte pesado de Decarbón para luego tener su propia empresa años después.

Hijo de un hogar humilde, aunque no hablaba nunca de ello, pasó privaciones de chico, lo que explica que desde los tiempos iniciales en todas las empresas que participó como empleado como dueño se preocupase de que antes de iniciar las tareas el personal desayunara.

Con el mismo rigor, siempre fue el primero en llegar: lo estremecía sólo pensar que los trabajadores lo estuvieran esperando a él, por ejemplo bajo la lluvia o ateridos de frío en el invierno. O cualquier otro malestar que pudieran sufrir.

Lo recordó Graciela, la primera empleada, mientras acariciaba el cajón en el que descansaban los restos de ese jefe que fue como un padre para ella, lo mismo que para el resto del personal.

Muchos de esos trabajadores estuvieron en el velatorio, como en el cementerio de La Tablada, comenzando por Ramón, a quien Helios llamaba “eximio tornero, artista de los que ya no hay”. Y amigo también de la primera hora.

Más que un patrón fue un compañero porque trabajaba a la par y hasta podía entreverarse en alguna discusión. “O te vas vos o me voy yo”, recuerda Graciela que le decía en algunos de esos cruces, tras lo cual… se iba él.

Al rato volvía como si nada hubiera pasado.

Cantaba tangos, recitaba poemas (que también escribía) y evocaba viejas canciones para que Graciela se las recordara a su mamá.

Solía incursionar por el taller como quien se ofrece a atender algún problema. Quien lo necesitara, allí lo tenía. Él lo escuchaba, le hablaba y si se trataba de algún problema de salud le recomendaba algún yuyo como hacía con su propia salud con una tozudez que no le permitía averiguar de qué se trataba.

También podía pasar para darle una palmada de afecto a alguien y seguir su camino.

Quizás por ese modo de sentir la vida, Helios, enfermo, parecía iluminarse cuando veía a Francisco por televisión. “Me gusta ese Papa”, decía, moviendo la cabeza en señal de aprobación, su gesto característico.

En la misma fábrica trasladada hace una década a Mataderos, sus hijos –Emilio e Isabel, hijos de su primera mujer, Fanny, fallecida en 1983- y la compañera de muchos años que estuvo con él hasta el final, Raquel, en 2012 le festejaron los 83 años.

Rodeado de todo el personal y sus amigos, Helios pudo disfrutarlo en la plenitud de sus facultades físicas, que luego manifestarían su crisis.

Cantaron para todos Pablo Novak y Chico Novarro, hermano de Fanny y por tanto cuñado de Helios.

Clevers, por su lado, cumplió ya 25 años.

Fue fundada por Helios y su hijo Emilio Riskin, un economista formado en la UBA y que heredó los rasgos de su padre ejercidos con otro estilo.

Lo que para Helios fue olfato y mucha calle, para Emilio fueron lecturas desde la econometría en épocas que no había calculadoras hasta los clásicos, que hoy Emilio rescata leyendo a Axel Kicillof, a quien tuvo de profesor en un curso de posgrado.

La combinación de ambos rasgos y mucho esfuerzo colectivo dieron amplio resultado, reflejado en la calidad de la producción y en la estupenda planta de la Av. Larrazábal 1949 (ver www.clevers.com.ar).

* Gaucho judío

Helios no vendía: ganaba amigos por presencia, simpatía y cálida voz. Caía siempre bien porque era sincero, espontáneo, generoso y, como se dijo, siempre dispuesto a ayudar.

Por esas cosas de la vida, un día de 1978 llegó a la casa de un periodista, en un edificio de la calle Alsina cerca de Combate de los Pozos.

Era un único amplio ambiente de un cuarto piso que, en la parte delantera, tenía una mesa con cuatro sillas, luego una biblioteca divisoria –estantes sobre ladrillos de construcción- y, atrás, la ventana a la calle, un sofacama cerrado a un costado y, enfrente, un escritorio con una Olivetti portátil.

En el medio, una cuna con un bebé.

El periodista escribía en un diario sobre temas internacionales y Helios, que todavía distaba de transformarse en el empresario que fue, atravesaba un trance personal muy difícil (la enfermedad de su esposa).

Por eso pensó que podía distraer algunas horas en una tarea que le permitiera leer mientras esperaba clientes interesados en la compra de un departamento como ése que estaba en venta. Era el vendedor enviado una mañana de una flamante firma con sede en la Av. Pueyrredón, cuyo nombre componían dos palabras que sonaban a chino (algo así como Ching y Chang) y que hacía una profusa publicidad. 

El primer día hablaron, el segundo también y, al tercero, Helios le dijo al periodista:

 - ¿Por qué no lo vendés directamente vos? Esta empresa no es confiable, son unos delincuentes. Andá, retirá la venta y vendelo vos.

- Pero vos vas a perder la comisión…

- Yo voy a perder la comisión pero vos vas a perder el departamento.

El periodista le hizo caso y a los pocos días, dos patrulleros aparecieron en la foto que dio cuenta en los diarios del allanamiento a esa inmobiliaria de estafadores que terminaron presos.

Helios, que estudió y aprendió todo lo que le interesaba, tuvo un tiempo dedicado a las filmaciones con las que dejó infinidad de testimonios, además de sus viajes.

En 1996, por iniciativa propia, filmó el último acto político en la desaparecida Confitería El Molino.

Fue la presentación del libro El Congreso en la trampa, de su periodista amigo.

Si bien era un lector de Clarín, el diario con el que parecía sentirse más cómodo era Página /12, entre otras razones porque era un gran admirador de Osvaldo Bayer, de quien hablaba maravillas por el modo con que un día lo recibió.

De Clarín, también merece destacarse, Riskin elogiaba a los avisos clasificados.

Varias veces envió colaboraciones publicadas en Cartas al País en Clarín por temas de interés social y en suplementos de Página /12.

Es que, además, escribía muy bien y sus textos, a mano, tenían la belleza extra de una letra de otro tiempo.

* Festejo, al revés

En 1999, Helios cumplió 70 años y lo celebró con una gran fiesta en la que él agasajó e hizo regalos a cada invitado.

A todos, además, les dedicó generosas palabras para explicar el motivo de su actitud, como a su hermana mayor o a sus amigos del club Macabi, en el que había desarrollado una intensa actividad a favor del fútbol infantil. O a Michi, que vivía en Mar del Plata y era su amigo desde la infancia.

También, incluyó a fieles clientes transformados en amigos como Marcelo y Roberto Martínez, los Travagini, hasta el legendario y vigente Cacho de Warnes, referentes insoslayables en materia de repuestos automotor y de otros vehículos. El periodista y su mujer fueron distinguidos por él con aquel recuerdo que los había unido para siempre.

A fin de año, fue uno de los primeros en saber que aquel bebé de la calle Alsina era padre y que en cuanto se pudiera le iban a llevar al bebé para que lo conociera.

Contó Isabel, su hija, que antes de morir Helios dijo: “Mañana quiero dormir todo el día”.

Contó Olivia, la joven mamá peruana, que lo cuidaba los fines de semana, que Helios,  tomándole la mano y acariciándola, dijo: “Vino un señor a buscarme: era mi papá”.

En el velatorio había hojas en las que el asistente podía escribir sólo tres palabras sobre Helios.

Alguien escribió: “Nunca te olvidaremos”.

Otra persona escribió: “Ejemplo de amor”.

Borges, como en el poema Despedida, quizás hubiera escrito: “Entristecerá tu ausencia”.

Gracias querido Helios.

Difícil no lagrimear.