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NO SE TRATA SÓLO DE TENER UNA VIVIENDA

La familia, su hogar y hábitat reclaman la activa participación del Estado para enfrentar un grave problema generado desde su origen por el reparto de tierras y en la actualidad por la fuerza del dinero que impone el mercado. La población se concentra en las ciudades, de las que los pobres son expulsados. Las decisiones que se han tomado en los últimos años contra esta desigualdad.

Por Roxana Mazzola y Cecilia Larivera (*)

El acceso justo al hábitat es algo más complejo que la construcción masiva y estandarizada de viviendas y parte de un recurso primario que es el suelo. Una familia necesita suelo urbanizado, una parcela con agua y cloaca en la cual levantar su vivienda.

Se han implementado varias políticas que inciden en la problemática habitacional, pero éstas se vieron acompañadas de fuertes especulaciones en el precio del suelo y alzas en los materiales de la construcción por los monopolios existentes.

Si el suelo es una mercancía en la cadena productiva de la ciudad, la desigualdad social se acentúa. El Estado tiene que actuar rápidamente, con un bagaje de instrumentos que acompañen una toma de decisión política donde primen los derechos ciudadanos por sobre los intereses de los mercados.

* Mal de origen

Uno de los ganadores de la desigualdad parte de la desigualdad patrimonial. Esta se remonta al pasado colonial y al predominio de las familias terratenientes de fines del siglo XVIII, que aspiraban a la riqueza proveniente del trabajo de la tierra y su acumulación para el arriendo. Su vinculación con la inserción agroexportadora del país es directa y ha sentado los cimientos de un modelo territorial nacional excluyente.

Con la desindustrialización y especulación financiera impulsada por la dictadura de 1976 se apuntaló también un proceso de mercantilización del suelo. Indujeron su despliegue los parámetros establecidos por los códigos de uso de suelo y los sucesivos códigos de edificación que modificaron el carácter de su valorización al cambiar su uso, densidad y ocupación. A fin de cuentas, una valorización selecta en el acceso a los beneficios de la ciudad que excluyó a los más débiles.

La expulsión de la población de la Capital Federal al conurbano fue una de las tantas medidas desplegadas.

En los noventa la fragmentación socioterritorial se profundiza con el incipiente desarrollo inmobiliario, acrecentado en el crecimiento de la periferia.

El modelo de urbanización instalado ha sido el de los barrios cerrados, especialmente en el corredor noroeste de la Región Metropolitana de Buenos Aires, fomentado en gran medida por la inversión en la extensión y ampliación de vialidades, los parámetros especulativos de densidades y tamaños de lotes que se posibilitaron a partir del decreto-ley 8912/77 de la provincia de Buenos Aires.

De esta forma quienes no podían acceder a la oferta del mercado se vieron limitados en el acceso a una vivienda digna, por ende acudieron a soluciones alternativas en zonas vulnerables, donde los beneficios de la ciudad no siempre se hicieron presentes.

Otra medida que se desplegó fue la privatización de los servicios de infraestructura básica, sumado a una desinversión en la extensión de servicios públicos, por ejemplo de empresas como Aguas Argentinas, que dejaron de invertir aduciendo escaso recupero.

Así el slogan “merecer la ciudad” se fue consolidando especialmente en las grandes ciudades, en desmedro de los derechos colectivos.

Sólo en el interior es posible ver una mayor integración urbana, aunque no en todos los casos –hay excepciones, como Comodoro Rivadavia, la ciudad más cara del país–.

Cuando el Estado volvió a tomar protagonismo a inicios del nuevo milenio, y recuperó empresas como AySA se genera un plan de extensión de redes de agua y saneamiento y se desarrollan otras políticas que empiezan a incidir sobre este sendero de desigualdad.

* Derechos

A inicios del siglo XXI el desafío es aún mayor. Las ciudades reflejan la desigualdad social y en su crecimiento contribuyen a reproducirla o incluso la refuerzan y profundizan.

Más del 90 por ciento de la población del país vive en zonas urbanas y el 39 por ciento se concentra entre la CABA y el conurbano bonaerense. Las elites se localizan en conos de alta renta, y los pobres en la periferia sin servicios o en zonas devaluadas. Modificarlo es complejo. Nadie cede el poder gratuitamente.

Políticas públicas como el Procrear y la sanción de la reciente Ley 14.449 de Acceso Justo al Hábitat en la Provincia de Buenos Aires favorecen condiciones diferenciales para el acceso al techo propio y a la ciudad en sus dimensiones más amplias.

Por un lado, el Procrear permite acceder a créditos hipotecarios a bajas tasas, garantizando transparencia y confiabilidad en la elegibilidad de los beneficiarios por su adjudicación a partir de sorteos realizados por Lotería Nacional, además incrementa la generación de empleo en la construcción, en proveedores de nuevos servicios urbanos, y amplía la actividad del mercado de la construcción, sumado al significativo hecho de concretar el sueño de la casa propia.

Actualmente, a lo largo y ancho del país, se encuentran en marcha 113.327 viviendas, de las cuales 79.333 corresponden a líneas tradicionales de crédito hipotecario y otras 33.994 se enmarcan en la construcción de 104 desarrollos urbanísticos.

La inversión total estimada es de más de 40.000 millones de pesos.

Por otra parte, la Ley de Acceso Justo al Hábitat de la Provincia de Buenos Aires, que resulta de una conquista social de lucha sostenida por años por parte de organizaciones sociales y especialistas, establece lineamientos para el fortalecimiento de la regulación pública sobre el suelo urbano ocioso con la finalidad de desalentar prácticas especulativas, utilizando instrumentos de recuperación y redistribución social en la valorización de los inmuebles.

También impulsa la generación de un banco de tierra fiscal para futuros desarrollos urbanísticos e incorpora una lógica de desarrollo integral que no sólo contempla las viviendas, sino la integración sociourbana de esas unidades en un loteo que incluye jerarquía vial, dotación de espacio público y ejecución de equipamiento sociocomunitario, entre otros puntos.

A ello se agregan la pluralidad en la oferta de soluciones habitacionales, la promoción de la participación de la población beneficiaria en los procesos de re-urbanización, así como la producción social del hábitat a través de procesos que cuenten con modalidades de autogestión y/o autoconstrucción individual o colectiva y la integración sociourbana de villas y asentamientos precarios.

Muchos han sido los avances en materia habitacional, pero aún persisten grandes deudas sociales y se siguen generando nuevos desafíos.

En el caso del Procrear, uno de ellos ha sido el aumento especulativo de valores del suelo, de las viviendas a estrenar y materiales de construcción.

El control de precios, el control del monopolio en algunos insumos y disponibilidad de stock de productos, y la oferta de oficios especializados se han convertido así en desafíos centrales.

Para contrarrestar algunos de estos obstáculos, se lanzó el registro de comercializadores y empresas que permite nuclear la oferta de inmuebles, se trabaja con los diversos niveles de gobierno para agilizar circuitos administrativos, así como con el programa Precios Cuidados. En el caso de la ley de hábitat se esperan grandes retos, tras su reciente reglamentación.

* Desafío urbano

El barrio donde se vive no sólo significa pertenencia sino también oportunidades para progresar. Desde la planificación urbana, se deben orientar los parámetros de crecimiento de las ciudades, y consolidar nuevos polos de desarrollo e inversión, donde el Estado debe ser el gran conductor y regulador del proceso.

Esto es vital en la reducción de la desigualdad social, que sin dudas tiene un anclaje territorial.

Actualmente no se juzga la escasez de suelo, por el contrario, falta sostener una política de inversión en redes de infraestructura, y una mayor definición en los parámetros de crecimiento de la urbanización, que no sólo atiendan la expansión sin límites sino la densificación de suelo creado.

En este contexto, la selección de predios debería estar orientada a sitios próximos a los centros y subcentros urbanos para el mayor aprovechamiento racional de las inversiones en equipamientos y redes de servicios.

También es necesario atacar con medidas correctivas el suelo ocioso y generar una nueva modalidad de lotes con servicios (agua y cloacas, pavimento, drenajes urbanos, espacio público, transporte, equipamiento sociocomunitario) a valores subsidiados que complementen la unidad habitacional.

Una nueva práctica urbanística redistributiva se constituye en un ángulo estratégico en la solución de la desigualdad. Al igual que otros recursos estratégicos como el agua y el petróleo, el suelo y la vivienda deben ser preservados y regulados de tal forma que se impida la especulación con ellos.

Si son los mercados de suelo los que definen la organización de la ciudad, sin dudas la fragmentación urbana avanzará.

(*) Especialistas en Política Social y en Desarrollo Urbano y Territorial. Cedep.

Volanta, título y bajada:  Planificación urbana, inversión en infraestructura y viviendas/ Derecho a la ciudad/ El suelo urbano y la vivienda deben ser preservados y regulados de tal forma que se impida la especulación. Si los mercados definen la organización de la ciudad se profundizará la fragmentación urbana.

Fuente: Suplemento Cash, Página /12, 10/8/14.

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CENTENARIO DEL SUEÑO DE JUAN B. JUSTO

Columnista de historias con asiento porteño descorre el telón aquí al edificio Juan B. Justo, de Av. Martín García y Bolívar, con motivo de su centenario y por ser la primera vivienda colectiva de El Hogar Obrero, emblemática institución que superó su profunda crisis en la era menemista.

Por Eduardo Parise

Para muchos de los que ocupan sus departamentos, el edificio es un ejemplo de que el trabajo colectivo siempre puede lograr más que la acción individual. Y lo piensan ahora, cuando la construcción está cumpliendo su primer centenario, un festejo previsto para mañana (NdE: 9/7/13).

La historia dice que fue la primera casa colectiva de El Hogar Obrero, una cooperativa que ya tenía casas individuales pero que con ese edificio marcaba el punto de partida para construcciones similares que después se harían en otros lugares de la Ciudad.

Aquel 9 de julio de 1913, el discurso de cierre en la inauguración estuvo a cargo de un personaje que hizo historia: el médico y diputado socialista Juan Bautista Justo.

Ubicado en la avenida Martín García 473, en el barrio de Barracas, el edificio de un siglo estaba pensado para que los trabajadores pudieran convertirse en propietarios, algo difícil en aquellos años.

Por eso fue que, ese día, el propio Justo se encargó de resaltar en su discurso lo que se podía lograr cuando el dinero era “manejado por y para el pueblo”.

La idea de construirlo había empezado en 1910 cuando la cooperativa –fundada por hombres como Justo (nacido en San Telmo en 1865) o Nicolás Repetto– compró ese terreno en un remate público.

A los nueve meses se hizo la licitación y la construcción quedó a cargo de la Sociedad de Artes y Oficios, otra cooperativa que cumplía con ese espíritu de trabajo colectivo.

El proyecto lo realizó el arquitecto Julio Molina y Vedia, quien se encargó de dirigir la obra en los primeros meses de trabajo, pero después renunció.

De todas maneras se desarrolló de acuerdo con lo que había pensado desde un principio: una planta baja destinada a almacén (tenía un sótano para usarlo como depósito); un entrepiso y cuatro pisos altos con 32 departamentos que se destinaban a los socios de El Hogar Obrero. También incluía un patio y una gran terraza.

Hacia 1930 empezaron las mejoras cuando se agregaron calefones y cocinas a gas en todos los departamentos, ascensor, lavadero y juegos para los chicos que allí vivían.

Aquella construcción fue la primera. Pero el sueño de muchos era tener más departamentos para más gente. Eso recién pudieron cumplirlo en 1938 cuando la cooperativa compró también el terreno de la esquina, algo que anhelaban desde un principio.

Así se hizo un edificio anexo que incluyó otros 15 departamentos y dos casas individuales. La entrada del nuevo edificio quedó en Bolívar 1856. También esa vez se aprovechó la construcción para darle un criterio único a la fachada que quedó con un estilo racionalista.

La inauguración se realizó en un festejo del Día de la Cooperación, el 2 de julio de 1938.

Ese mismo día, el conjunto fue identificado como “Edificio Juan B. Justo”, en homenaje a aquel dirigente que había muerto el 8 de enero de 1928.

Ahora, la gente del edificio está de festejo. Y mañana, desde las 10, esa fiesta tendrá algo especial: durante una hora y media se harán visitas guiadas en el lugar.

En el cierre de la conmemoración, está previsto descubrir en el hall una placa que recuerde la inauguración y la proyección de un video que preparó la gente de El Hogar Obrero.

Será una forma de evocar a aquellos que tuvieron un espíritu destinado a mejorar la calidad de vida de la gente.

También será una buena ocasión para recorrer las calles de Barracas, un barrio especial, y descubrir otras construcciones que, desde un punto de vista arquitectónico, también tienen lo suyo.

Por ejemplo el edificio de lo que fue la empresa textil Piccaluga. Restaurada y reciclada en 2008, la gran fábrica de estilo Art Noveau se luce junto al pasaje Lanín. Vale una visita y una mención.

Pero esa es otra historia.

Título y bajada: El Hogar Obrero, pero en altura /Hace 100 años la cooperativa abría la primera casa colectiva pensada para trabajadores

  • Escrito por La Nación
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PROYECTOS Y APARIENCIAS EN RETIRO

Proyectos que no se tratan sobre la Villa de Retiro y acciones para cubrir apariencias del gobierno porteño ante la total indiferencia frente al problema de parte del gobierno nacional. Nada lo justifica, ni siquiera la pelea entre esos gobiernos que bien se han entendido en otros asuntos de negocios.

Por La Nación

Infructuosos debates sobre qué hacer con las villas 31 y 31 bis, un proyecto de ley de la Legislatura para urbanizarla y otras iniciativas que duermen en el olvido. Todo esto posibilita que más de 35.000 personas vivan hoy en el hacinamiento y el riesgo latente.

El 3 de diciembre de 2009 la Legislatura porteña convirtió en ley un proyecto que obliga al Ejecutivo a urbanizar las villas 31 y 31 bis, aunque los terrenos pertenecen al gobierno nacional.

La Ciudad debía llevar adelante la urbanización, según un plan que debía elaborar una comisión integrada por funcionarios nacionales, legisladores locales, delegados vecinales y especialistas en urbanismo.

Ese plan se confeccionó y precisó pautas concretas por ser cumplidas, entre ellas, la integración de la villa con la ciudad, la apertura de calles, la creación de espacios públicos y el traslado de gente que vive hacinada.

Estos lineamientos se convirtieron en un proyecto de ley que hasta hoy la Legislatura porteña no trató.

 "El crecimiento de la villa sólo se frenará con la urbanización y la mudanza dentro del mismo lugar de personas que hoy viven hacinadas. Pero nada de esto se hace", dijo a La Nación la legisladora Rocío Sánchez Andía (Coalición Cívica), integrante de la Comisión de Vivienda y una de las más involucradas en la problemática.

La ley prevé que los habitantes paguen los servicios de luz, gas y el ABL.

Hasta hoy el consumo de energía eléctrica -que es altísimo- lo absorbe el gobierno porteño.

 "Este problema tiene dos caras: una, el gobierno de la ciudad que sigue poniendo parches en la villa 31. Y la otra es que el gobierno nacional, el dueño de las tierras, tampoco se hace cargo. Ya que el macrismo y el kirchnerismo firmaron acuerdos políticos para poner al servicio del negocio terrenos ferroviarios de Caballito y Liniers, por ejemplo, se podrían poner de acuerdo para urbanizar la villa 31", dijo Sánchez Andía.

Y agregó: "Los trabajos que hoy se hacen son puro maquillaje, porque asfaltan calles que no tienen cloacas, por ejemplo".

 Según el gobierno porteño, en 2012 realizaron 35 obras bajo el programa Mejoras de la Villa 31 y 31 bis. Y en lo que va del año se han ejecutado 18 obras y están programadas otras 40 más.

"Las villas 31 y 31 bis están divididas en nueve sectores y con un consejero y un delegado por manzana. En mesas de trabajo que se realizan con la Ciudad, ellos aprueban las obras necesarias para cada barrio. Vale aclarar que por un decreto de Macri sólo pueden ejecutar las obras en la villa las cooperativas con domicilio y personal del barrio", dijo Gonzalo Mórtola, coordinador general del programa de Mejoras para la Villa 31 y 31 bis.

En ese plan está la colocación de cloacas y la reparación de calles. En su momento, el Ministerio de Ambiente y Espacio Público lanzó un plan para pintar fachadas y se preveía colocar toldos a las casas, pero la idea naufragó.

Título y bajada: Proyectos varios que duermen en el olvido/ Una ley de la Legislatura ordenó en 2009 la urbanización de la villa

Fuente: La Nación, 2/6/13.

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VILLA 31: INMOBILIARIA DE NARCOS

Nota sobre la Villa de Retiro que complementa otras en esta misma sección. Si bien no profundiza, hay una conclusión que la justifica. Que aquí todos pierden, con una excepción: el narcotráfico. "Vengo del barrio..., barrio de droga y carnaval" cantan todas las hinchadas futboleras del país derrotado. 

Por Luis Moreiro

Es el fracaso de todos y todas. Eso es lo que representa la villa 31. El fracaso de los políticos de todo el arco, desde 1930 hasta la fecha.  Y tal vez, también el fracaso de una sociedad que no supo -o no quiso- encontrar el camino para transformarla en un sitio digno.

Hubo, desde aquella lejana década en la que nació, intentos de todo tipo. Hubo miradas para otro lado mientras se ocupaban los terrenos. Hubo asistencialismo infame a cambio de votos. Hubo planes para erradicarla a fuerza de topadoras. Hubo cientos de promesas de urbanización incumplidas. Y también hubo miles de vidas que transcurrieron miserablemente dentro de esos límites, mientras la política atendía su juego.

La villa 31 -espejo de la Argentina de hoy- pasó de tener 12.204 habitantes en 2001 a más de 35.000 en 2013.

En una década, ganó casi el 150% de moradores. Aunque esa cuenta, tal vez, resulte incómoda al relato. Siempre en el hipotético caso de que el relato quiera asumirla como propia.

El gobierno de la ciudad declama que su política es la de urbanizar. Pero no tiene potestad sobre los terrenos, que son de la Nación. El gobierno porteño lleva cloacas y pavimento. Pero fracasa a la hora de controlar el ingreso de materiales para la construcción, que, al menos, evitaría el crecimiento sin control del asentamiento.

La villa 31 ocupa los terrenos más caros de la ciudad. Sueñan con ellos inversores inmobiliarios. Despotrican contra sus habitantes no pocos porteños que pagan religiosamente sus impuestos y que no reciben ni un colchón, o padecen interminables trámites burocráticos para recuperar lo que las frecuentes inundaciones les llevan.

Mientras tanto, la villa 31 sigue creciendo. Ahora, hacia arriba.

Construcciones de seis pisos y cotización en dólares de las propiedades. La tan argentina "marginalidad al palo".

Los funcionarios del gobierno Pro dicen que el objetivo no es controlar la villa como bastión político. Afirman, en ese sentido, que nadie la controla. Ni Pro ni La Cámpora ni la militancia de extrema izquierda.

Puede que sea cierto. Pero allí adentro hay otro actor. Silencioso, con dinero y ávido de poder e impunidad. El narcotráfico. Que gana terreno, mientras los políticos, aun con buenas intenciones, siguen solamente atendiendo su juego.

 Título: El escenario El fracaso de todos... y toda

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EL NEGOCIO DE LA VILLA RETIRO

Quizás no haya tanto para decir sobre el déficit habitacional en la Argentina como su significado en el campo de la marginalidad y la delincuencia. No son los tiempos del querido padre Carlos Mujica, defensor de sus habitantes hace cincuenta años. Aquí, un retrato del fracaso de todos.

 Por Pablo Tomino 

La Nación

"Vendo monoambiente en planta baja, en zona exclusiva de la Capital, a metros del Patio Bullrich, Sheraton Hotel, Marriot Plaza, Four Seasons hotel y calle Florida. Servicios. A pasos de subte, tren y 30 líneas de colectivos. Valor: 150.000 pesos. Sólo efectivo".

El hipotético y tentador aviso clasificado podría atraer a curiosos, porteños y extranjeros. Inversores, no tanto... Se trata de una propiedad de apenas 20 metros cuadrados con una habitación estrecha, donde la luz se filtra por una pequeña ventana con rejas, un baño diminuto y kitchenette.

Eso sí, ofrece una característica que escasea en el barrio: "Tiene agua fría y caliente", agrega a La Nación el vendedor. La ubicación: está enclavada en el playón este de la villa 31, en Retiro. Por aquí, donde se multiplican las construcciones irregulares de cinco pisos -y hasta una ya se apresta a sumar el sexto-, el metro cuadrado se cotiza cerca de los 1000 dólares.

Y hay propiedades por las que piden 200.000 pesos.

Los alquileres también rozan lo inverosímil: una pieza en la villa, donde un inquilino comparte el baño con la familia propietaria, oscila entre los 1000 y 1500 pesos por mes.

En el vecino barrio de Recoleta -donde el m2 se paga entre 2300 y 3100 dólares- el alquiler de un monoambiente arranca desde los 2300 pesos.

En la villa 31, sobre terrenos usurpados desde 1930, viven más de 35.000 personas, según estimaciones del gobierno porteño. Dos veces más de las que había en 2001, cuando se censaron 12.204 habitantes.

Hay 6198 viviendas que crecen en la precariedad, al tiempo que la ley para urbanizarla duerme en los despachos oficiales. Quien quiera comprar una vivienda deberá saber que la operación es sin escritura. El interesado sólo podrá hacerse de "un boleto de "compraventa".

Así lo dijo a La Nación el propietario de la casa en venta, que intentó tranquilizar a su presunto comprador con un guiño de confianza: "Olvidate. Comprás la casa y la alquilás. Nadie te va a molestar. Acá somos todos conocidos...".

Las calles serpentean en la villa entre casitas sin revoques, donde la cumbia es un himno cotidiano.

Día tras día, este lugar con mayoría de extranjeros crece en altura ignorando los escasos controles a la edificación y a la prohibición del ingreso de materiales. Una caminata por el corazón de la 31 permite verificar que la construcción está en auge.

Los bolsones de arena descansan en las puertas de las casas. "Es lógico que la villa esté cada vez más grande. Si sos de aquí y se te casa un hijo, le hacés la casita arriba de la tuya. Y así, todo va para arriba, porque para el costado no hay lugar", cuenta María Martínez, consejera del barrio, y quien hace 39 años vive en la 31.

Otros sostienen que la villa no es sólo una morada de vecinos que se multiplican, sino también una tierra de inversores atentos a la gran demanda habitacional.

 "Hay propiedades que se alquilan y que son de un solo dueño, por ejemplo. ¡Y vive en España! Te lo digo porque soy conocido del que le junta el dinero y se lo deposita todos los meses en una cuenta", dice José Manuel Osorio, vecino del barrio YPF, quien no revela la identidad del mandadero inmobiliario.

Es intensa la actividad sobre los techos de las casas.

Los obreros apilan un ladrillo sobre otro. Lo hacen con la misma paciencia con que una vecina cuelga la ropa para secarla al sol. Lo ilegal es tan común que pasa inadvertido.

Como el grupo de jóvenes que fuma paco en un rincón de la canchita de fútbol, mientras, a pocos metros, juega una niñita.

"Como el control de ingreso de materiales es el medio de vida de los carreteros, invitamos a las cooperativas a que los contraten para sus obras de asfalto y colocación de cloacas, por ejemplo. También para que recojan la basura por donde no pueden ingresar los camiones. Así se desalienta el tráfico de materiales", cuenta Gonzalo Mórtola, coordinador general del programa de Mejoras para la villa 31 y 31 bis.

Mientras habla Mórtola, que goza de la popularidad de la vecindad y hasta le piden posar para fotografiarse con él, se tapa un caño cloacal y los efluentes inundan la calle bautizada El Playón.

* Peligros

El peligro está a cada paso. El centenar de casas cuyo único techo es la mismísima autopista Illia es atravesado por madejas de cables que bien podrían ocasionar un incendio. "El interior de los bajo autopista son de telgopor. Imaginate si esto se enciende. Acá no hay escapatoria", dice otro asesor de la Ciudad.

Cuando La Nación preguntó por qué razón no se controlaba a todos los vehículos que entraban a la villa, fuentes de la Policía Metropolitana reconocieron que era "imposible" hacerlo. "Si parás un camión, te cortan la calle. Si parás una obra, también. Se hace lo que se puede para mantener el orden y conciliar. Es así", reconoció un funcionario policial.

En el interior hay dos corralones ilegales que venden materiales de construcción hasta un 400% por encima de su valor. Se tarda entre 15 y 20 días en "levantar" una habitación de 16 m2.

Hay terrenos que se ganaron a los tiros.

 "Acá vienen muchos de Perú y de Paraguay, porque el pasaje de colectivos les cuesta dos pesos, se bajan y se cruzan a la 31. Pero acá ya no entramos más. Necesitamos que la urbanicen y que nos den más privilegios a los que estamos desde hace mucho", cuenta Omar Benítez, de 53 años, que recuerda haberse afincado cuando amenazaban las topadoras del intendente Osvaldo Cacciatore, en 1976.

Hoy, en las precarias casas de la 31, donde en el 67% de las viviendas vive más de una familia, llega la televisión por cable. Algunos pagan 70 pesos por mes por 56 canales; otros tienen DirecTV. La villa posee su propia señal de aire, el Canal Comunitario 5.

Cintillo, volanta, título y bajada: Urbanismo/ Crecimiento desmedido/ En la villa 31 se venden casas a US$ 1000 el metro cuadrado/ Los tratos se cierran con boleto de compraventa y sin escritura, el barrio creció un 150% desde 2001; como todos los terrenos están ocupados se están construyendo edificios de hasta seis pisos. 

Nota: En la página La Nación.com se publica, además, otro resumen. Dice: Un mundo dentro de un predio de 15,5 hectáreas, en los terrenos más caros de la Capital, y que se rige con reglas propias ante los eternos parches y olvidos de los gobiernos.

Fuente: La Nación, 2/6/13.