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GRAN ESTAFA DEL GAS EN TIEMPOS DE MACRI

El gas no estaba subsidiado en tiempos previos a Mauricio Macri. El costo era bajo, incluyendo el importado, y lo pagaban los usuarios Una mentira fue decir lo contrario para justificar un tarifazo impuesto por el entonces ministro Aranguren con pleno apoyo del Presidente. Todo un despojo.

Por Marcos Rebasa

El tarifazo en los servicios públicos tiene luces y sombras, según qué servicio afecte, pero hay uno que no tiene remedio: es el del gas, un gran despojo a los usuarios residenciales, a las pymes, a las organizaciones de la sociedad, a las industrias y también al Estado nacional.

El despojo comenzó cuando el tándem Aranguren-Macri estableció un plan gas por el cual le fija a toda la producción de gas natural nacional un precio de entre 5 y 7,5 dólares por MMBTU (millón de BTU). La variación depende de si se trata de yacimientos tradicionales o convencionales y de su complejidad técnica.

Junto a ello el dúo fijó un sendero de precios de traslado de esos valores a los usuarios, dolarizando así el sistema tarifario energético. Eso encareció el costo del gas para los usuarios de todo tipo.

El Gobierno justificó esa medida con el argumento que el gas estaba subsidiado.

Una falsedad.

¿Por qué la afirmación sobre la falsedad? Porque el costo de producción del gas convencional, nunca aclarado por el Gobierno, no superaba 1,80 dólares a comienzos de la gestión de Macri y Aranguren. Y la mayor parte de la producción de gas natural en el país (un 80 por ciento) tenía como máximo ese costo. El importado, más caro, modificaba apenas el costo promedio: una diferencia de poco menos de 3 dólares.

Los usuarios pagaban en diciembre de 2015 el costo real del gas que consumían. No había subsidios. En la factura de ese momento el producto gas significaba el 70 por ciento del total. El resto era transporte y distribución. Con algún subsidio en estas franjas. Pero se pagaba por el gas lo que valía realmente. No menos. costo.

Con el pretexto del subsidio, Aranguren y Macri incrementaron las tarifas para poder retribuir a las empresas petroleras-gasíferas al precio de entre 5 y 7,5 dólares el MMBTU por todo el gas producido.

Con el paso del tiempo el gas no convencional de Vaca Muerta, el shale-gas, inició una producción ascendente, que ya venía ocurriendo. Se incrementó hasta llegar al presente a cerca de un 10 por ciento del total del país. Al mismo tiempo el tight gas, un gas no convencional de menor complejidad técnica y costo, representa hoy casi un 20 por ciento del total.

Ese 30 por ciento es remunerado a 7,5 dólares el MMBTU, como si el tight-gas fuera lo mismo que el shale-gas, lo que no es cierto.

Mientras tanto el 70 por ciento restante de gas convencional es producido por los yacimientos tradicionales a un costo menor a 1 dólar el MMBTU al día de hoy. ¿Por qué? Porque los costos en pesos de esa producción tradicional no siguen el valor del dólar, que se ha disparado de manera incontrolable.

Al mismo tiempo, el costo de los yacimientos no convencionales de Vaca Muerta ha disminuido. Variaba según las empresas entre 3 y 4 dólares el MMBTU. El costo bajó por la devaluación. Sin embargo, a los usuarios les siguen cobrando alrededor de 5 dólares el valor del gas que consumen, cuando el promedio de aquellos valores es actualmente sustancialmente menor. La diferencia se la llevan las petroleras-gasíferas.

 Más aún: la diferencia entre esos valores que pagan los usuarios y el de los 7,5 dólares en el caso del gas no convencional lo paga el Estado a las petroleras, subsidiándolas sin ninguna justificación con el dinero de todos.

Como consecuencia de esos valores, el precio del gas que paga la generación eléctrica se ve incrementado también por medidas discrecionales y artificiales que lo encarecen sin fundamento con el fin de asegurar la renta de las petroleras, trasladando también a las tarifas eléctricas un sobrecosto injustificado.

Esta ganancia adicional que se le otorga a la industria petrolera-gasífera no encuentra sustento: éste es un sector de alto riesgo pero también de altísima renta.

En el caso del gas importado es razonable que parte de ese costo lo paguen los usuarios. Pero en el caso de los ricos yacimientos de Vaca Muerta, ¿por qué los usuarios tienen que hacerse cargo de la inversión de riesgo con sus tarifas?

¿Cuál es el motivo de asumir esos costos impagables que, además, arruinan la industria nacional, cuando las empresas petrolero-gasíferas extraerán en su momento una renta impresionante de sus yacimientos, que desde ya no trasladarán a los usuarios?

¿Desde cuando los usuarios, la población en general, deben hacerse cargo del riesgo empresarial?

¿Es éste el sistema capitalista que queremos?

El riesgo de las empresas no convencionales de Vaca Muerta debe ser asumido por las mismas firmas. El usuario solamente debe pagar por el gas el precio del gas tradicional, convencional, más una proporción del importado. Al día de hoy es difícil de medir cuánto. Pero seguramente el valor será mucho menor a los 3 dólares en total. Y debería disminuir en proporción al incremento en la cotización de esa moneda.

La diferencia que pagamos es la gran estafa del gas.

No vaya a ocurrir aquí como en el complejo agropecuario. Supuestamente puede alimentar a 400 millones de habitantes pero hay argentinos que pasan hambre o el alimento está cada vez más lejos de su alcance. Y entonces, si la fantasía de producción descomunal de gas para el mundo se concreta, no vaya a ser que la tarifa para los argentinos sea impagable. Porque hoy es impagable para muchos.

Por eso el gas debe bajar. El Gobierno debe pesificar su valor. Si no, llegará un momento en que los usuarios lo dejarán de pagar.

(*) Director del Observatorio de Tarifas de la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo.

Título: La gran estafa del gas

Fuente: Página/12, 3/9/18.

  • Escrito por Naomi Klein
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LOS CONTAMINADORES TENDRÁN QUE PAGAR

Por Naomi Klein

Las ganancias de las compañías de combustibles fósiles son moralmente ilegítimas. La sociedad tiene derecho a apropiarse de esas ganancias para corregir el desorden que han provocado.

Las empresas de combustibles fósiles, que desde hace tiempo son tóxicas para nuestro entorno natural ¿están volviéndose tóxicas también para el entorno de las relaciones públicas?

Cuando llegó la llamada de que la Universidad de Glasgow había votado desprenderse de su dotación de 153 millones de libras de las compañías de combustibles fósiles, me encontraba en una habitación llena de activistas por el clima en Oxford.

Inmediatamente irrumpieron en aplausos. Hubo un montón de abrazos y algunas lágrimas. Se trataba de algo grande, la primera universidad de Europa que hacía un gesto como éste.

Al día siguiente hubo más celebraciones en los círculos climáticos: Lego anunció que no renovaría su relación con Shell Oil, un largo acuerdo de marca compartida que hacía que los niños llenaran sus vehículos de plástico en las gasolineras Shell de juguete.

"Shell está contaminando la imaginación de nuestros niños", declaraba un video de Greenpeace que alcanzó gran difusión en la red con más de 6 millones de visitas.

Actualmente se está presionando a la Tate Modern de Londres para que corte la larga relación del museo con BP.

* ¿Qué sucede?

Galvanizados por la investigación de la Iniciativa de Rastreo de Carbono, que demostraba que estas empresas tienen muchas más reservas de carbono de las que nuestra atmósfera puede absorber de forma segura, el ayuntamiento de Oxford, Inglaterra, ha votado desinvertir; también lo ha hecho la Asociación Médica Británica.

A nivel internacional, hay cientos de campañas activas de desinversión de combustibles fósiles en los campus universitarios, así como las dirigidas a los gobiernos municipales, fundaciones sin fines de lucro y organizaciones religiosas.

Y las victorias van siendo cada vez más grandes.

En mayo, por ejemplo, la Universidad de Stanford, en California, anunció la desinversión de su dotación de 18.700 millones  procedente del carbón. Y en la víspera de la cumbre climática de Naciones Unidas de septiembre, en New York, una parte de la familia Rockefeller, un nombre sinónimo de petróleo, anunció que iba a desprenderse de las participaciones de su fundación en combustibles fósiles y ampliar sus inversiones en energías renovables.

Algunos observadores se muestran escépticos.

Señalan que nada de esto va a perjudicar a las empresas del petróleo o del carbón. Otros inversores se apoderarán de sus existencias y la mayoría de nosotros continuará comprando sus productos. Al fin y al cabo nuestras economías siguen enganchadas a los combustibles fósiles y las opciones asequibles de renovables están demasiado a menudo fuera de alcance.

Así pues, estas batallas respecto a inversiones y patrocinios en combustibles fósiles ¿son sólo una farsa? ¿una manera de limpiar nuestras conciencias, pero no el ambiente?

Esta crítica pasa por alto el poder más profundo y el potencial de estas campañas. Fundamentalmente todas apuntan a la legitimidad moral de las compañías de combustibles fósiles y de los beneficios que generan.

* Negocio que mata

Este movimiento está diciendo que no es ético asociarse con una industria cuyo modelo de negocio se basa en desestabilizar a sabiendas los sistemas de soporte de la vida del planeta.

Cada vez que una nueva institución o marca decide cortar sus vínculos, cada vez que se hace público el argumento de la desinversión, se refuerza la idea de que los beneficios de los combustibles fósiles son ilegítimos, que "estas industrias son actualmente industrias canallas", en palabras del autor Bill McKibben.

Y esta ilegitimidad es la que tiene el potencial de romper el punto muerto de una acción climática significativa. Porque si esos beneficios son ilegítimos y esta industria es ruin, ello nos lleva un paso más cerca del principio que lamentablemente ha faltado en la respuesta climática colectiva hasta el momento: el que contamina paga.

Tomemos los Rockefeller. Cuando Valerie Rockefeller Wayne explicó su decisión de desinvertir, dijo que precisamente porque la riqueza de su familia se hizo a través del petróleo tenían "una mayor obligación moral" de utilizar esta riqueza para detener el cambio climático. Eso es, en pocas palabras, la esencia del principio de "el que contamina paga". Sostiene que cuando la actividad comercial crea un daño considerable a la salud pública y al medio ambiente, los contaminadores deben asumir una parte significativa de los costes de reparación. Pero no puede limitarse a las personas y las fundaciones, ni el principio cumplirse de forma voluntaria. Tal como exploro en mi libro Esto lo cambia todo, las empresas centradas en los combustibles fósiles se han comprometido desde hace más de una década a utilizar sus beneficios para hacer la transición fuera de la energía sucia. BP se ha rebautizado a sí misma como "Beyond Petroleum" – para luego desentenderse de las energías renovables y apostar por los combustibles fósiles más sucios. Richard Branson se comprometió a gastar 3.000 millones $ de las ganancias de Virgin para encontrar un combustible verde milagroso y luchar contra el calentamiento global, para luego disminuir sistemáticamente las expectativas mientras aumentaba significativamente su flota de aviones. Es evidente que los contaminadores no van a pagar por esta transición a menos que se vean obligados a hacerlo por ley. Hasta principios de los años 80 había todavía un principio rector de la legislación medioambiental en América del Norte. El principio no ha desaparecido totalmente – es por ello que Exxon y BP se vieron obligados a hacerse cargo de una gran parte de las facturas después de los desastres del Valdez y Deepwater Horizon. Pero desde que la era del fundamentalismo de mercado se afianzó en la década de 1990, las normas y las sanciones directas a los contaminadores han sido sustituidas por un giro hacia la creación de mecanismos de mercado complejos e iniciativas voluntarias para minimizar el impacto de la acción medioambiental de las empresas. Cuando se trata del cambio climático, el resultado de estas supuestas soluciones que benefician a todos ha sido una doble pérdida: las emisiones de efecto invernadero han aumentado y el apoyo a muchos tipos de actividades a favor del clima se ha reducido, en gran parte porque las políticas se perciben – correctamente - como una forma de pasar los costes a los ya sobrecargados consumidores mientras que los grandes contaminadores corporativos se salen de rositas. Es esta cultura del sacrificio desigual la que tiene que acabarse y los Rockefeller, curiosamente, muestran el camino. Gran parte del trust Standard Oil, el imperio que John D. Rockefeller cofundó en 1870, se convirtió en Exxon Mobil. En 2008 y 2012 Exxon obtuvo alrededor de $ 45 mil millones en beneficios, lo que sigue siendo el mayor beneficio anual jamás registrado en los EE.UU. por una sola compañía. Otras compañías derivadas de Standard-Oil incluyen Chevron y Amoco, que más tarde se fusionarían con BP. Los beneficios astronómicos que estas empresas y sus cohortes siguen obteniendo de la excavación y la combustión de combustibles fósiles no pueden continuar vertiéndose en las arcas privadas. Hay que instar, en cambio, a que ayuden a desplegar las tecnologías limpias y las infraestructuras que nos permitan ir más allá de estas fuentes de energía peligrosas, así como a que nos ayuden a adaptarnos al mal tiempo en el que nos encontramos ya encerrados. Un impuesto mínimo sobre el carbono cuyo precio puede ser transmitido a los consumidores no puede sustituir a un verdadero encuadramiento de «quien contamina paga», no después de que décadas de inacción han hecho el problema inconmensurablemente peor (la inacción garantizada, en parte, por un movimiento de negación del cambio climático financiado por algunas de estas mismas corporaciones).

Y ahí es donde entran estas victorias aparentemente simbólicas, desde Glasgow a Lego.

Los beneficios del sector de los combustibles fósiles, obtenidos a base de tratar, a sabiendas, nuestra atmósfera como un vertedero de aguas residuales, no pueden ser vistos únicamente como tóxicos, algo de lo que se distanciarán naturalmente las instituciones con mentalidad pública. Si aceptamos que esos beneficios son moralmente ilegítimos, también deben ser vistos como odiosos - algo que puede reclamar la propia sociedad-, a fin de arreglar el desastre que estas empresas han dejado, y continuan dejando, atrás.

Cuando esto suceda, por fin comenzará a levantarse la sensación generalizada de desesperanza frente a una crisis tan amplia y costosa como el cambio climático.

(*) Naomi Klein es autora, entre otros libros, de La doctrina del shock y No Logo. Traducción para www.sinpermiso.info: Anna Maria Garriga.

Aclaración de la fuente. Sinpermiso electrónico se ofrece semanalmente de forma gratuita. No recibe ningún tipo de subvención pública ni privada, y su existencia sólo es posible gracias al trabajo voluntario de sus colaboradores y a las donaciones altruistas de sus lectores

Fuente: www.sinpermiso.info, 2/11/14. 

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LA ILUSIÓN DE VACA MUERTA

Este reconocido especialista trata aquí el temible uso del método fracking por parte de las petroleras, en particular Chevron en Vaca Muerta y anticipa las resistencias que vendrán, como está pasando  en Rumania y España. Dice que Vaca Muerta es una ilusión para los argentinos.

Por Félix Herrero (*)

Son recientes las noticias que hacen al rechazo en Rumania de Chevron, la quinta petrolera anglonorteamericana que se beneficia con la invasión a Irak, y a la prohibición del fracking en España, en la región cantábrica.

El Partido Popular que gobierna la Comunidad Autónoma de Cantabria promulgó una ley votada por unanimidad prohibiendo el fracking en la región; hay que recordarle a varios partidos políticos argentinos que los populares cántabros mantienen irreductiblemente esta posición, en contra del Partido Popular que en el orden nacional acaba de dictar la autorización para que Repsol comience al prospectar con las líneas sísmicas en zonas que, incluso, alcanzan a la Cantabria.

También hace pocos días continuaron en Rumania las demandas populares, a pesar de que han sido salvajemente atacados por la policía nacional y las policías privadas que en este país están dirigidas por el general norteamericano West Clark, que fuera comandante de la OTAN en la invasión y creación como país autónomo de Kosovo (con la segunda mina de carbón más grande de Europa) y también ejecutivo de Petróleos BNK en el fracking de Polonia, donde fue definitivamente prohibida la fractura hídrica.

Chevron tuvo que suspender dos veces sus trabajos de exploración ante el levantamiento del pueblo de Pungesti, que mantiene cercado el área concedida a la petrolera mientras, en diciembre, la policía oficial y la privada cercaron al pequeño pueblo.

El presidente Víctor Ponta es un socialdemócrata que ganó la elección prometiendo la prohibición del fracking y una vez en el gobierno urdió lo contrario, o sea que hizo la gran Beder Herrera.

Dificultades las hay y habrá: el poder financiero-petrolero no dejará que se les escapen los beneficios de una actividad de corta duración (burbuja petrolera) pero que recibe amplios subsidios.

La disputa debe basarse en la unidad. Son devastadores los efectos de los que quieren una pureza que impide la tarea común, por la cual nada que provenga de otros orígenes es aceptable.

En la prolongada batalla antifracking deben participar todos, como en Estados Unidos, donde productores (como Josh Fox) y periodistas (como los de The New York Times) dieron vuelta el estado de conciencia norteamericano.

* Las mentiras de las petroleras frackineras

Las frackineras están preocupadas. Por eso gastaron millones de pesos en una solicitada del Instituto Argentino del Petróleo y Gas (IAPG), que funciona como una cámara empresaria de debate y de elaboración de silogismos petroleros, pero que también se dedica a ser generosa, no solo en su pensamiento sino también en argumentaciones técnicas.

Debe recordarse que son socias del IAPG las compañías Chevron, Apache, YPF, Repsol y Schlumberger.

La publicación aparecida en los más importantes órganos de prensa en función del tiraje del país, (algunos consideran que sobrepasan el número de 35 publicaciones) de una solicitud a doble página (1 y 2 de setiembre), y acompañada por otra de una página de YPF, la “nunca terminada por nacionalizar”, muestra que el desarrollo del pensamiento nacional es indetenible en la opinión de la gente.

Las petroleras frackineras centran sus argumentaciones en dos grandes falsedades que como dioses falsos intentan imponer en el mundo petrogasífero actual:

a) La riqueza en Vaca Muerta es infinita, y si no se extrae el gas y el petróleo se renuncia a grandes ganancias que podrían dar fin a la falta de escuelas, hospitales, clubes, etc. que todo el país sufre.

b) Los efectos de Vaca Muerta son remediables, como lo serían en todas las cuencas shales de Estados Unidos si se dispusieran alrededor de 30.000 millones de dólares para la remediación.

Ambas novelas son “sostenidas” por apreciaciones sin ninguna base ética ni estadística.

Se trata de confundir recursos con reservas, lo que es una falacia pocas veces vista.

La conversión de recurso en reserva (ya sean probadas, probables o posibles) exige dos condiciones que no existen en Vaca Muerta.

I) la medición de los recursos (cuantificar en derecho minero),

II) medir de tal modo que sean se trate de bienes comerciables (valorizarlos) teniendo en cuenta el precio de venta, los costos de extracción y comercialización, y la ganancia obtenible). Nada de esto existe en Vaca Muerta.

Un economista petrolero adscripto al Centro de Economía Energética del la Fundación Bariloche calcula que solamente el 1‰ (uno por mil) de Vaca Muerta está cuantificado y valorado en este sentido. ¡En base a esto se construye la novela!

O sea, se quiere crear una gran ilusión, mientras las multinacionales angloamericanas harán de Vaca Muerta una retención o depósito para los inciertos futuros petroleros que se esperan en el mundo.

Respecto a la segunda mentira se quiere ignorar que la generación de sismos y la infección de las aguas subterráneas que con las superficiales constituyen un sistema inseparable, y no se dice que la roca contenedora aflora en Loma de la Lata (o sea, en Vaca Muerta).

El ex embajador Estrada Oyuela en un diario porteño (17 de septiembre) enfáticamente niega el doradismo que afirman algunos artículos que responden a los frackineros, y el mismo día, el Financial Times de Londres nos dice que el fracking no constituyo un El Dorado, y puede quebrar en su columna vertebral el negocio por no ser lucrativo (obviamente si no se otorgan ultramillonarios subsidios).

La batalla del fracking está perdida fuera de Estados Unidos.

En un escrito más largo que el presente afirmo que seis obras cambiaron y seguirán cambiando el pensamiento popular sobre esta técnica diabólica: tres son estudios publicados por la prensa, y otros tres son películas documentales.

Los editoriales del The New York Times aparecidos en 2009 y 2011, y el artículo sobre la estafa del esquisto de Le Monde Diplomatique publicado en el presente año. Los documentales de Fox Josh –Gasland Part One (2010) que tiene varios años– y su Part Tworecientemente inaugurada, como el de Pino Solanas, La Guerra Del Fracking, próximo a estrenarse, influyeron e influirán fuertemente en la opinión nacional. La guerra de opinión del fracking ha sido ganada por los numerosos argentinos que han marchado, firmado solicitudes, parado, baleados, y enseñado que si el fracking fuera oro es apenas para hoy, pero seguro hambre para nuestros hijos y nietos.

(*) Este artículo acompañaba otro del mismo autor, que también se reproduce aquí en otro archivo aparte.

Fuente: infobae.com

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PETRÓLEO, CON CAMBIOS GEOPOLÍTICOS

Una no convencional explotación de los hidrocarburos en EE.UU va alterando los cuadros del pasado, lo cual se reflejará, dice el autor, en el campo geopolítico. Así será cuando la potencia del norte se transforme en exportadora de gas y carbón. Lo que hacen Europa, Japón y China.

Por Ricardo Arriazu

Los vaivenes en los mercados energéticos han ocupado un lugar central en los desarrollos económicos y geopolíticos mundiales durante el último medio siglo.

Los recientes avances en la explotación “no convencional” de hidrocarburos, en su recuperación terciaria mediante el uso de CO2, en el uso de fuentes renovables, en la potencial explotación de los cristales de metano, y en el uso más eficiente de los recursos disponibles, presagian nuevos cambios profundos en la economía y en la geopolítica mundial.

Observando el pasado comprobamos que el consumo mundial de energía parece no tener límites, al haberse más que triplicado desde 1965.

Este incremento estuvo explicado exclusivamente por el crecimiento de la población y de la actividad económica mundial, puesto que las mejoras en eficiencia han disminuido la demanda de petróleo por unidad de PBI.

Estados Unidos fue siempre el principal consumidor de energía en el mundo (más del 34% del total mundial en 1965) pero, desde 2009, fue superado por China.

Europa y Japón comenzaron hace ya varios años a disminuir el consumo energético, comportamiento que se observa en Estados Unidos desde el año 2007.

De este modo, el incremento en el consumo mundial de energía de los últimos tiempos está explicado exclusivamente por los países emergentes. Estas tendencias reflejan el mayor crecimiento relativo de los países emergentes, la disminución en la participación de Estados Unidos y Europa en el PBI mundial como así también las mejoras en la eficiencia en el consumo energético en este último conjunto de países.

Entre 1965 y 2012, el precio del petróleo pasó de 1,80 a 111 dólares el barril, incrementando 204 veces el valor de la producción mundial de energía en este período, al pasar de 49,3 mil millones a 10,1 billones de dólares en el año 2012).

El resultado de esta dinámica fue que varios países se volvieron inmensamente ricos (la mayoría en Medio Oriente) mientras que a los importadores de energía los afectó negativamente.

Los efectos económicos y geopolíticos de estos desarrollos fueron enormes, estando muchos conflictos diplomáticos y bélicos asociados a ellos.

La economía de Estados Unidos se debilitó al declinar su producción de petróleo crudo y gas natural a partir de 1972 y aumentar su dependencia de las importaciones las que casi se triplicaron en volúmenes entre 1972 y 2007, mientras que en valor aumentaron 78 veces.

Este incremento de los costos energéticos no sólo afectó sus cuentas externas, sino que volvió inviables las operaciones en muchos sectores productivos.

Un último comentario con respecto al pasado se relaciona con las energías renovables no hidráulica. Si bien su crecimiento en términos absolutos es impresionante, su importancia relativa en el consumo mundial sigue siendo insignificante (pasó del 0,03% al 1,9%).

El consumo total de combustibles fósiles se incrementó de 3,5 a 11 millones de toneladas equivalentes de petróleo por año, aunque su participación en el consumo mundial bajó del 94,2% en 1965 al 86,9%.

Esta dependencia de los combustibles fósiles agravó los problemas ambientales, al elevar la emisión de CO2. China es el país con mayor emisión de CO2, tanto en términos absolutos como en términos relativos (27% de las emisiones mundiales) como se lo comprueba al visitar sus principales ciudades.

Todas estas tendencias comenzaron a cambiar luego de que Estados Unidos iniciara la explotación de sus recursos de hidrocarburos “no convencionales” y que la EIA (Agencia Internacional de Energía) publicara su primer cálculo de la magnitud de estos recursos a nivel mundial.

Más aún, podrían cambiar más si las nuevas tecnologías destinadas a “capturar” el CO2 en el proceso de generación eléctrica contribuyen a un nuevo incremento de la producción de petróleo mediante su uso en el proceso de extracción, al mismo tiempo que contribuye a la reducción de la emisión de CO2.

* Lo que hace EE.UU

En el caso particular de Estados Unidos, la producción de petróleo y gas se incrementó un 26% entre 2007 y 2012 (crecimiento explicado en su totalidad por el uso de esta nueva tecnología) y este año se está incrementando otro 14%.

Este crecimiento le permitió convertirse en el segundo productor mundial de petróleo y reducir en forma significativa sus importaciones de petróleo y su consumo de carbón. Sus importaciones netas de energía primaria bajaron 48%, el precio interno del gas se desplomó, y el gas pronto reemplazará al carbón como la principal fuente de energía para la generación de electricidad.

Todas las proyecciones muestran que se convertirán en exportadores netos de gas y carbón, y que bajarán a menos de la mitad sus importaciones de petróleo.

Los más optimistas consideran que si se expande el uso de CO2 en la producción de petróleo, también se convertirían en exportadores netos de petróleo, al mismo tiempo que contribuirían a la reducción de las emisiones de este gas.

Los efectos económicos y geopolíticos de estos desarrollos serían enormes, al mejorar la competitividad de la economía estadounidense (ya se están produciendo inversiones en sectores intensivos en energía que habían sido abandonados hace ya varias décadas) y reducir su dependencia de los recursos de Medio Oriente.

Estos efectos deberían también reflejarse en los precios del petróleo y del gas, y en las cuentas externas de los países exportadores e importadores (favoreciendo a Europa, Japón y China).

No hace falta entrar en detalles para percatarse de las enormes repercusiones geopolíticas de estas tendencias.

En los estudios de la EIA nuestro país figura en segundo lugar por la magnitud de sus recursos gasíferos no convencionales y en cuarto lugar en petróleo.

Los impactos del desarrollo de estos recursos serán enormes, y plantean grandes oportunidades y peligros.

Esto me llevó a mencionar en mis charlas públicas la necesidad de encarar profundos estudios de todos estos efectos, en lo que llamé un “Gran Debate” que se encuentra pendiente. Espero incluir algunos de estos temas en una futura columna.

Sección, volanta, presentación y título: Opinión/ Columnista invitado/ Los impactos de la explotación "no convencional" de hidrocarburos serán vastos y plantean grandes oportunidades y enormes peligros/ La geopolítica, al pulso de las nuevas energías

Fuente: Clarín, 8/9/13.

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FRACKING, RUINAS Y TRISTEZAS

Un sistema conocido como fracking para obtener gas exige largas perforaciones verticales y horizontales, así como la inyección de agua química a presión para romper la roca, criterio destructivo equivalente a la voladura de la montaña en minería. Análiisis y propuestas de lucha.

Por Félix Herrero

Cuando Mick Jagger, coautor de la canción con referencia directa al fracking (*), encuentra ruina y la melancolía (Doom & Gloom) que vendrá después, da letra a la canción y se pone a la vanguardia de la conciencia antifracking, a la que empleados de las petroleras ahora denominan simplemente estimulación hídrica.

Las noticias sobre el fracking y Chevron, cómplice de YPF y del gobierno nacional en mantener secuestrado el texto del acuerdo para Vaca Muerta, siguen llegando sin pausa.

Mientras Chevron roba en Argentina, mal que les pese a ciertos funcionarios y algunos políticos que dicen lo contrario a lo que piensan, el fracking debe retirarse de la Cantabria española y, en Rumania, Chevron debe paralizar sus actividades de fracking.

Cinco o más son las formas e instrumentos que manifiesta el movimiento antifracking en el mundo.

Todas ellas se manifiestan en Argentina menos los plebiscitos electorales, porque seguimos siendo una democracia imperfecta, de carácter representativo pero lejos está de ser participativa.

Al pedido de que la aplicación de la técnica del fracking sea aprobada o rechazada por la población, las petroleras, los políticos que les responden y los funcionarios, que parecen empleados de ellas, ponen el grito en el cielo.

Las manifestaciones posibles que se me ocurren mencionar como método de lucha contra el fracking son las siguientes:

a) Normas decididas por los poderes administrativos y legislativos en todos los niveles (congresos, legislaturas, concejos deliberantes),

b) Recursos ante el Poder Judicial,

c) Sufragios populares,

d) Movimientos populares de reclamos y

e) Debate y esclarecimiento.

* Las acciones contra el fracking

a. Las leyes u ordenanzas han tenido desde Cinco Saltos en Río Negro un importante desarrollo, sobre todo en provincias como Neuquén, Entre Ríos, Río Negro, Mendoza, Santa Fe, etcétera. En estos momentos hay 30 municipios o partidos que han declarado o están en proceso de establecer la prohibición del fracking en nuestro país, con las consignas No Al Fracking, o Territorio Libre de Fracking.

b. Los recursos de amparo frente a la fractura de nuestro subsuelo también se han presentado en el país, sobre todo en Entre Ríos (Paraná y Concordia) y Neuquén. En el orden nacional son importantes los recursos introducidos por Pino Solanas con la asistencia de Alejandro Olmos, en los que pide la anulación del decreto 929 -publicado en el Boletín Oficial el día anterior al de la firma del acuerdo YPF/Chevron-; la juez se dirigió al gobierno de Neuquén para que le entregue el acuerdo Provincia/YPF, y el otro recurso, contra el secretismo del acuerdo YPF/Chevron e YPF/Dow está en espera de decisión en el juzgado a cargo del Dr. Enrique Lavié Pico. La importancia del segundo recurso lo señala el hecho de que el fordista CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) presidido por Horacio Verbisky lo toma como materia de estudio, aceptándolo de hecho como un leading case en causa judicial contra el fracking.

c. El plebiscito popular es el colosal instrumento democrático que utiliza gran parte de la población estadounidense para prohibir el fracking: más de 300 condados, ciudades o municipios han votado contra la aplicación frackinera. Sin duda, este derecho es el que debe conseguir el pueblo argentino, quien debe ser el principal decisor acerca de la aplicación de técnicas peligrosas para la salud, la soberanía y el ambiente. Mientras tanto, la discutida constitución nacional de 1994 queda como mero papel en el campo de los derechos de usuarios y consumidores.

d. Los reclamos populares son los únicos que el gobierno nacional y el de la provincia de Neuquén consideran de fuerte voluntad para el quebrantamiento del negocio del fracking. Los resultados electorales de octubre pasado son muestra de ello. Es precisamente en esta provincia donde los sectores sociales, como los mapuches, las universidades, los partidos políticos no oficialistas, como la dirección provincial de Proyecto Sur cuyo secretario es el histórico Ramón Negro Medina, el partido Libres del Sur, sectores radicales, movimientos de defensa del ambiente, del petróleo y la energía, fruticultores, productores agrícolas y laneros se han hecho oír y creado un nivel de conciencia popular que podrá retraer los ocultos contratos con las multinacionales petroleras.

e) La conciencia de la necesidad de obviar energías dañinas como el fracking, que alimentan el trabajo de intelectuales, políticos como los concejales en la Cuenca del Claromecó unidos con ediles del Uruguay, cineastas como Josh Fox en Estados Unidos (Gasland I y II), la criolla Guerra del fracking, músicos como los propios Rolling Stones, visitantes del Papa Francisco que muestra los emblemas antifracking son formas de la lucha que se multiplican, sin dinero pero con mucha esperanza. El debate y análisis de este tipo ponen en evidencia las mentiras que se usan para justificar el fracking, y así ahora se conocen como tales la introducción del doradismo, del burbujeo (muchos pozos y poco petróleo en cada pozo), la estimulación hídrica y los argumentos a favor de la inocuidad de los solventes utilizados para la fractura. La mentira en energía supera a los datos del INDEC: en plena crisis eléctrica las empresas afirmaban que daban pérdida. No obstante los papeles, ADR-Edenor tuvieron en 2013 una ganancia del 159% y su valor bursátil creció en 234%, segunda luego de la belga Indupa Solvay (El Cronista, Buenos Aires, 31 de diciembre de 2013). La operación suba de las tarifas es consecuencia de las pérdidas imaginadas del sector.

Volanta, título y bajada: Es abogado y economista, especializado en energía. En los '70, estuvo al frente de las represas de Yacyretá, Salto Grande y Corpus Christi. Es miembro fundador de Proyecto Sur. /Chevron roba en el país mientras la echan de Europa/ Todo lo que escuchó es condena y tristeza… Un profundo fracking para sacar el petróleo que no está en el pozo. Hay niños recogiendo todos los desperdicios del basurero. Me estoy quedando sin agua así que mejor vigilo el chorro. The Rolling Stones, “Doom and Gloom”, 2012, letra de M. Jagger y K. Richards

 Fuente: infobae.com