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PERON Y EL FMI (2)

En esta segunda parte, el autor se ocupa del FMI desde su irrupción merced a la "Libertadora", con la colaboración del economista funcional Raúl Prebisch y del entonces ministro Adalbert Krieger Vasena, y la sumisión posterior de otras dictaduras y gobiernos civiles,  salvo Perón y (y luego los K) hasta el 2001.

Por Jorge F. Cholvis

Fueron las autoridades de facto las que siguiendo las recomendaciones imperativas del Plan Prebisch solicitaron el ingreso de la Argentina al FMI y al Banco Mundial. Adhesión a los Acuerdos de Bretton Woods, que Perón consideraba un engaño (Alain Rouquié, Poder militar y sociedad política en Argentina, Emece, 1981, págs. 131/133).

Así es que cuando cayó el gobierno de Perón, la Argentina era el único país latinoamericano que no había ingresado a esos organismos pese a las presiones internacionales para lograr nuestra adhesión.

Por decreto-ley Nº 7.103, del 19 de abril de 1956 -uno de los firmantes y propulsores era Krieger Vasena, entonces ministro de Hacienda de Aramburu-, el gobierno inicia los trámites para obtener el ingreso de la República Argentina a ambas instituciones.

El 31 de agosto de ese año mediante el decreto-ley Nº 15.970 (B.O., 12. IX.56) se dispuso formalmente la adhesión a esa instituciones financieras, asignando carácter de ley nacional al convenio constitutivo del FMI y de tal modo se efectivizó el ingreso de la Argentina. A partir de ese momento se operó un cambio total en nuestra política económica.

La Nación quedaba rendida antes los intereses financieros orquestados desde esos organismos, denunció entonces Arturo Enrique Sampay (Conf., Alberto González Arzac, Convenciones Constituyentes, en Nueva Constitución de la República Argentina, Editorial Negri, Buenos Aires, 1994, pág. 279).

La primera operación se efectúa también por el gobierno de facto en el año 1957. Casi dos años después, se formalizaron con el Fondo y organismos oficiales y privados de los Estados Unidos, acuerdos de créditos destinados a apoyar el plan de Estabilización adoptado por el gobierno.

En enero de 1959 se firmó el primer acuerdo stand-by, aplicándose oficialmente en nuestro país las medidas monetaristas elaboradas por el Fondo, e impuestas a los más diversos países, con poca consideración por sus particularidades autóctonas.

Esta nueva relación que la Argentina institucionalizaba con los organismos financieros internacionales fue lo que a éstos “les permitió dar al país sus contundentes recomendaciones” (Luís Alberto Romero, Breve historia contemporánea de la Argentina, 2ª edición, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2001, pág. 137).

“La Argentina ingresa así en la última escala de los países subdesarrollados, en los que la asistencia técnica de los organismos internacionales termina configurando una verdadera intervención extranjera” (Arturo Jauretche, El retorno al coloniaje. La segunda década infame: de Prebish a Krieger Vasena, Ediciones del Mar Dulce, Buenos Aires, 1969, pág. 99).

Después, salvo muy contados y breves períodos, tanto los gobiernos constitucionales como los gobiernos de facto que se fueron intercalando en el devenir institucional de la República Argentina, dieron continuidad a dichas relaciones y a las condicionalidades  que implicaban.

El FMI “ha dejado muy atrás, si es que alguna vez la ejerció efectivamente, su función de protagonista y regulador del sistema monetario internacional. En cambio, mantiene su firme cometido de vigilancia y condicionamiento de las políticas económicas de los países deficitarios y especialmente de los subdesarrollados” (Samuel Lichtensztejn/Mónica Baer, Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial, Editorial Nueva Sociedad, Caracas, 1989, pág. 34).

La principal palanca mediante la cual se produce la regulación de las economías nacionales por el FMI es por la vía de los acuerdos con los países receptores. Es precisamente a través de los mecanismos de crédito y de las condiciones vinculadas a ellos como logra imponer sus políticas.

“El FMI., por supuesto, aduce que nunca dicta sino que negocia las condiciones de cualquier préstamo con el país prestatario, pero se trata de negociaciones desiguales en las que todo el poder está en manos del FMI., básicamente porque muchos de los países que buscan su ayuda necesitan desesperadamente el dinero (Joseph E. Stiglitz, “l malestar en la globalización” Taurus, Buenos Aires, 1ª edición, 2002, pág. 75).

De tal forma, como lo había advertido inicialmente el presidente Perón, los organismos financieros internacionales y con distinta intensidad según los períodos, fueron condicionando las políticas económicas de nuestro país, llegando a su mayor expresión en la década de los noventa. El FMI forma parte de la crisis de nuestro país.

Utilizando el marco establecido por los estatutos del FMI, -en el artículo V, Sección 3ª y artículo XXXb-, las políticas económicas que sostiene el organismo se implementan a través del acuerdo de crédito contingente, conocido comúnmente como stand-by. Subordina la conclusión del acuerdo stand-by a la realización por parte del gobierno solicitante de un plan económico de estabilización y de ajuste interno inserto en una Carta de Intención y en un Memorando de Entendimiento, entre el país que solicita el crédito y el FMI.

Fue en el curso de la primera década que prosiguió a los Acuerdos de Bretton Woods que “el Fondo sentó las bases del esquema de condicionalidad. Siempre por vía de interpretación el Fondo comenzó por explicitar en forma de condiciones la declaración que aparentemente como simple formalidad, mencionaba el articulo V, Sección 3ª.

El paso siguiente para abrir el camino al examen del FMI de la política económica del país miembro que pretende una asistencia financiera de este organismo, fue dado en 1952, con la decisión del 13 de febrero de 1952 -v, I.M.F. Annual Report 1952- Posteriormente otras decisiones fueron determinando los criterios de condicionalidad (conf., Ileana De Giovanni Battista. Acuerdos entre el Gobierno Argentino y el Fondo Monetario Internacional. Aspectos Jurídicos, La Ley 1990-C- 1139).

De esa manera el FMI ejerce una influencia decisiva en el funcionamiento de la economía de los países que solicitan su “asistencia”. Ello, aún en violación al “texto” de sus funciones originarias, que según el articulo 1º del Convenio Constitutivo consisten en promover la cooperación monetaria internacional, facilitar el comercio, fomentar la estabilidad cambiaria, contribuir a establecer un sistema multilateral de pagos, infundir confianza a los países miembros y aminorar el desequilibrio de las balanzas de pagos.

Como establece la letra del Convenio, ninguna de las atribuciones originarias autoriza al FMI a intervenir en la política económica interna de los países miembros. “Sin embargo, el FMI abandonó esos fines y siguió otras estrategias: sobre la base de una relación de fuerzas -la del acreedor frente al deudor insolvente-; la comunidad financiera internacional dicta a los países cómo extraer excedentes fiscales y externos para honrar sus obligaciones (ajuste coyuntural); pero además decide cómo deben estructurar sus economías y sus sociedades, sin que tenga nada que ver con la deuda original ni con circunstanciales dificultades de pagos externos.

Es el aprovechamiento de una crisis de balanza de pagos para imponer el ajuste estructural (achicar el Estado, privatizar, restringir el gasto público y el crédito, abrir la economía a las mercaderías y capitales externos, flexibilizar el mercado laboral), que a su vez deriva
cuantiosos recursos hacia el sector financiero internacional y local. Esta es la receta inconmovible del FMI, que se aplica en todas las circunstancias bajo todas las latitudes, incluso en los casos de recesión o depresión económica” (Alfredo Eric Calcagno y Eric Calcagno, “Argentina derrumbe neoliberal y proyecto nacional”, ver Le Monde Diplomatic, Buenos Aires, 2003, págs. 29/30).

No se puede dejar de mencionar que el FMI utilizó a la deuda externa como principal instrumento de su influencia sobre los países que no han podido poner en marcha un proyecto de desarrollo económico independiente.

De tal modo, la Nación continúo su trayecto al ritmo que le fijaban las Cartas de Intención y los Memorandos de Entendimiento. Sobre la base de dichos instrumentos el FMI., asume una función de co-redacción y vigilancia del cumplimiento de los programas económicos de “ajuste”. El país por esas vías sufrió una limitación sustancial en el ejercicio de su soberanía, con la transferencia de la decisión nacional en la confección y ejecución de los programas económicos.

Así, el FMI ha procedido a reestructurar las economías de los países económica y políticamente débiles, abriendo sus fronteras a las exportaciones de los países de alto desarrollo y a los flujos de capital de los centros financieros internacionales en los períodos de expansión mundial; por el contrario, es la puerta que conduce a la extracción y transferencia de recursos de los países del Tercer Mundo a los de alto desarrollo durante las épocas de crisis y de la asfixiante deuda externa que les imponen; origen de ello, las políticas económicas aplicadas en nuestro país facilitaron la fuga de capitales y la transferencia de divisas en concepto de intereses, amortizaciones, dividendos, royalties, fletes, seguros, y con el irresuelto problema del deterioro de los términos del intercambio exterior se constituyeron en una constante aspiradora que va chupando el producto del trabajo argentino.

Muchos años después Perón ratifica la posición que sostuvo desde un principio y que fue una constante en su pensamiento político. En 1967 expresó que “en casi todos los países adheridos al famoso Fondo Monetario Internacional se sufren las consecuencias y se comienzan a escuchar lamentaciones. Cuando en 1945 me hicecargo del gobierno, la primera visita que recibí fue la del presidente del Fondo
Monetario Internacional, que venía a invitarnos a que nos adhiriéramos al mismo.

Prudentemente le respondí que necesitaba pensarlo y, enseguida, destaqué a dos jóvenes técnicos de confianza del gobierno para investigar a este <monstruo tan peligroso>, nacido según tengo memoria en los sospechosos acuerdos de Brettón Woods. El resultado de este informe fue claro y preciso: en síntesis, se trataba de un nuevo engendro putativo del imperialismo” (del libro “La economía social según Juan D.Perón- 1947/1974”, compilado por Juan J. Balati, Editorial de Belgrano).

Durante 1970, en declaraciones que efectúo en una entrevista periodística que difundía prensa del Partido Justicialista, con su estilo coloquial y ameno de viejo criollo, Perón ratifica su opinión sobre los acuerdos de Bretton Woods y otras interioridades del sistema financiero internacional, y expresaba además, que “nosotros dejamos el país en 1955 sin deuda externa. Repatriamos toda la deuda”.

A partir de la coyuntura por lo cual el gobierno de facto de Aramburu en 1956 ingresa en los organismos financieros internacionales -agrega-. “desde ese momento el que gobierna la Republica Argentina es el FMI” .(Página 12, junio 9 de 2002).

Pensamiento que integra su testamento político, expuesto pocos días antes de morir en su discurso ante la Asamblea legislativa el 1º de mayo de 1974, luego de reasumir como Presidente de la Nación, casi al iniciarse el último cuarto del siglo XX.

Allí señaló los temas esenciales del accionar político: liberación o dependencia, el año 2000 nos hallará unidos o dominados. “Nuestra tarea común es la liberación”. Perón ve claramente el escenario en el cual se hace notoria la práctica del FMI de imponer políticas económicas, de promover ministros y equipos de gobierno. 

* Críticas hasta en Estados Unidos

Sin embargo, corresponde señalar que las políticas del FMI fueron impugnadas también en los EE.UU. La llamada Comisión Meltzer del Congreso, integrada por economistas cercanos al actual gobierno de los EEUU (NdE: alusión al gobierno de Bill Clinton), en su informe de
mayoría, afirmó que el FMI no responde al fin para el cual fue creado.

Dice la Comisión: “La transformación del FMI en una fuente de préstamos condicionados de largo plazo ha empobrecido a las naciones dependientes del FMI de modo creciente y le ha dado un grado de influencia sobre la política de los países miembros que no
tiene precedentes en las instituciones multilaterales. Algunos acuerdos entre el FMI y sus miembros especifican metas y requieren políticas como condiciones para la continuidad de los desembolsos. Estos programas no aseguraron el progreso económico.

Han socavado -prosigue- la soberanía nacional y a menudo han trabado el desarrollo de instituciones democráticas responsables que pudieran corregir sus propios errores y adecuar los cambios a las condiciones externas”. 

(Véase, Congreso de Estados Unidos, International Finance Institutión Advisory Comisión. Comisión Report,  Washington, 2000, págs. 28 y 30- www.hoyse.gov/jec/imf/imfpage.htm).

Ahora se puede observar el acierto de los términos del mensaje que el presidente Perón remitiera al Congreso de la Nación en 1948, solicitando dejar sin efecto el decreto-ley Nº 3.185/46, y que analizamos en la primera parte. Más, cuando vimos que el Fondo asumió facultades políticas de intervención o control que los estatutos no le atribuían, con lo cual impone una doctrina económica cuya aceptación y aplicación es ineludible por los países que en razón de atravesar dificultades económicas recurren al Fondo.

Pero, es imprescindible remarcar que la influencia del FMI no es en todas partes y en todas las épocas la misma: se aplica máxima presión en aquellos casos en que los países han agotado sus facilidades de pago y crédito, lo que les impone una mayor necesidad de refinanciación; cuanto mayor es su dependencia de la financiación exterior se agiganta su vulnerabilidad al programa de estabilización del FM..

La situación llega a ser terminal si los sectores dirigentes no logran articular una alternativa de poder efectivo nacional que pueda sostener políticas socioeconómicas acordes a las posibilidades e intereses de la Nación. Pues, “la institución clave que decide la introducción e implantación de las políticas del FMI es el Estado: la colaboración o la resistencia de las fuerzas nacionales es decisiva para modelar el impacto del FMI” (James Petras, “Estado y régimen en Latinoamérica”, Editorial´Revolución, Madrid, 1987, pág. 152).

Como es sabido, por sus frutos los conocereis.

* Reformas que no sirvieron

Retornando al pensamiento de Perón, también podemos afirmar que las reformas posteriores a la estructura orgánica de dichas instituciones financieras  y su ulterior funcionamiento en esta realidad “globalizada”, tampoco dieron los resultados que se pudo tener (...). 

Luego de transcurrido tan largo período desde que se ingresa a la órbita de los organismos financieros internacionales, con la constante aplicación que se hizo de sus recomendaciones y que llevaron al país a la situación socioeconómica que nos llevó a la crisis del 2001/2002, no pueden caber dudas sobre el rotundo fracaso de esas políticas económicas que en mayor o menor medida se nos impuso y no por “errores” en su aplicación sino por su trama perjudicial a los intereses de los países que deben luchar por lograr su desarrollo.

Lamentablemente su aplicación colocó a la Argentina en una condición mucho peor a la que se hallaba en el momento de ingresar al FMI.

Por ello, no es cuestión de cambiar la imagen de estos organismos, sino de que ellos terminen de promover políticas como las que han impuesto a gobiernos débiles. El FMI es gran parte del problema.

No puede resignarse la soberanía nacional, tanto en el plano político como en el económico. Los países no pueden andar al ritmo que le marcan las Cartas de intención o los Memorandos de entendimiento.

Un nuevo Proyecto Nacional y Popular es el camino.

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Documento anexo

Proyecto de ley enviado al Congreso Nacional por El Presidente Juan Perón, el 22 de julio de 1948, solicitando se deje sin efecto el decreto-ley N°3.185/46, por el cual se resolvió adherir a las conclusiones de la Conferencia  Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas realizada en Bretón Woods, en el mes de julio de 1944 (v. Diario de Sesiones de la Cámara de Diputados, año 1948, tomo 3, página 2100).

Buenos Aires, 22 de julio de 1948.
Al Honorable Congreso de la Nación.

El Poder Ejecutivo tiene el honor de dirigirse a vuestra honorabilidad para someter a su consideración el texto del proyecto de ley anexo, por el que se deja sin efecto la adhesión del gobierno argentino a las conclusiones de la Conferencia Monetaria y Financiera de las
Naciones Unidas realizada en Bretton Woods en el mes de julio de 1944, y la incorporación de la República al Fondo Monetario Internacional y al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, dispuesta por el decreto ley, del 31 de enero de 1946.

El gobierno argentino ha tenido por norma de conducta la de cooperar con los organismos internacionales que tienden a la realización de acciones conjuntas de interés general para beneficio de todos los pueblos y, si bien se halla de acuerdo con los elevados propósitos
que han conducido al establecimiento del Fondo Monetario Internacional y del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, estima que estos organismos, mientras conserven su actual estructura, no se hallan en condiciones de cumplir con las finalidades de
reorganización financiera internacional para las cuales fueron creados y por ello el Poder Ejecutivo considera que debe dejarse sin efecto la adhesión expresada por el antes citado
decreto ley 3.185/46.

Por los fundamentos expuestos, el Poder Ejecutivo aguarda de vuestra honorabilidad quiera prestar su aprobación al adjunto proyecto de ley.

Dios guarde a vuestra honorabilidad.

Juan Perón
Juan Atilio Bramuglia

PROYECTO DE LEY
El Senado y Cámara de Diputados, etc
.
Artículo 1° - Déjase sin efecto el decreto ley 3.185, del 31 de enero de 1946, por el que el gobierno argentino adhirió a las conclusiones de la Conferencia Monetaria y Financiera de las Naciones Unidas, realizada en Bretton Woods, en el mes de julio de 1944, y que dispone
asimismo la realización de las gestiones necesarias para la incorporación de la República al Fondo Monetario Internacional y al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento.

Artículo 2° - Comuníquese al Poder Ejecutivo.
Juan Perón
Juan Atilio Bramuglia