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LA HORA DE LOS SAPOS EN LA CAMARA JÓVEN

El 13 de abril de 2010, la Cámara de Diputados rechazó el primer DNU de Cristina Kirchner con ayuda de los diputados de centro izquierda, entre ellos el autor de lo que aquí se publica, quien por formar parte de un acuerdo con duhaldistas, cívicos y radicales parece hacer lo que realmente no quiere.

Por Eduardo Macaluse (*)

Las reservas no son sagradas; no sacralizamos las reservas, deben servir en la medida en que se cumpla lo pactado en una ley que es la que rige la Carta Orgánica del Banco Central, reglamentación que consideramos deberá ser reformada oportunamente ya que estamos en absoluto desacuerdo con la mayoría de las atribuciones que ella contiene.

En este punto quiero hacer una observación respetuosa. Muchas veces desde el gorilismo más concentrado se ha achacado al general Perón la distribución del ingreso descomunal como nadie ha hecho en la Argentina y muy pocos en esta región: tomó los lingotes de oro del Banco Central y los repartió.

En este caso las reservas del Banco Central van para pagar una deuda externa que en su mayoría es espuria, y he ahí la diferencia que nosotros encontramos entre el peronismo más genuino y algunas de las decisiones que se están tomando, y quiero explicar por qué.

Hoy, mañana o pasado mañana,

por lo menos nosotros todavía no lo sabemos, se va a llevar a cabo el canje de deuda, que es consecuencia de esa reapertura del canje que se votó acá y que la enorme mayoría de esta Cámara levantó la mano para votar autorizando al Poder Ejecutivo en los términos del artículo 65 de la ley de administración financiera, que es claramente inconstitucional.

Porque si nos vamos a desgarrar las vestiduras por las violaciones de un solo lado, veamos qué dice la Constitución.

Se otorgan facultades privativas del Congreso al Poder Ejecutivo para que defina en qué términos va a hacer el canje, observando que tiene que mejorar una sola de las tres variables, aunque las otras dos variables a tener en cuenta para el canje sean tremendamente perjudiciales en el resultado final. Y esto se votó acá y tuvo mayoría.

Primera pregunta, ¿el oficialismo no pudo, ya que tenía aquiescencia de enorme cantidad de opositores, haber traído acá una ley que se discutiera, constituyendo una mayoría holgadísima para sacar esto?

Segundo, ¿los opositores que votaron esto, de dónde pensaban que se sacaba la plata?

Si habíamos discutido un presupuesto del que se decía que estaba en rojo, que estaba dibujado y que no preveía dinero, ¿de dónde se iba a sacar la plata para hacer ese canje que autorizaron a hacer en términos inconstitucionales?

Otra cuestión: en estos momentos se va a hacer este canje y ninguno de nosotros, ni ninguno de los senadores, ni ninguno de los habitantes de la Nación, conoce en términos específicos en qué consiste este canje.

Pero sí lo conocen la SEC de los Estados Unidos, la banca extranjera, la banca coordinadora del canje y el Fondo Monetario Internacional.

Es decir, la Constitución también ahí es clara. Artículo 75 de la Constitución: el Congreso es el que arregla la deuda externa.

No voy a hacer mención a lo de la Banca Barclays, que es vergonzoso y ya lo planteó el diputado (Claudio) Lozano.

Sí voy a hacer mención al decreto 1953, que acompaña al decreto 2010 y al sustituto del 298. Todavía no hemos podido discutir el decreto 1953, porque acá hubo vehemencia, adjetivos y descalificaciones, pero hasta ahora nadie hizo mención de las cuestiones de fondo.

Se establece la prórroga de la jurisdicción reconociendo competencia en los tribunales de Nueva York en detrimento de los tribunales argentinos.

Segundo, se establece la renuncia a oponer la inmunidad soberana, y también junto con esto hay otra cosa que es sugestiva. Cuando el Fondo Monetario Internacional dice en sus documentos, en los años 2004, 2005 y 2006, que está sobrexpuesto en la Argentina, el gobierno nacional decide desendeudarse –entre comillas y pagarle todo lo que le debe por adelantado. Cuando el Fondo Monetario Internacional observa que hay exceso de liquidez e incentiva la toma de préstamos, el gobierno en los considerandos del decreto dice que es bueno endeudarse para mover el mercado de la economía.

Lo dice en todos los decretos que firma. Esto es sugestivo.

Ahora, con el calentamiento global hemos visto cosas que creíamos no ver nunca. Y permítanme observar la rareza.

¿No resulta extraño que después de estos decretos se reciban los beneplácitos del Fondo Monetario Internacional, de los fondos de inversión, de la banca extranjera y de la Secretaria de Estado de los Estados Unidos, que no iba a venir a la Argentina y cruzó el charco para felicitar por esto? ¿Alguna vez vieron que todas estas instituciones saludaran y felicitaran una medida soberana de la Argentina? ¿No nos cabe, por lo menos, la duda respecto de esto?

Así somos compelidos a votar y se nos dice que si no votamos, le hacemos el juego a la derecha.

Entonces, se presenta una paradoja, pues para no hacerle el juego a la derecha vernácula, deberíamos votar para que se le pague a la plutocracia internacional más concentrada, que encima actúa como un supra gobierno en los últimos tiempos.

Nosotros no queremos entrar en ese juego. Le reconocemos al gobierno que ha hecho cosas beneficiosas, aunque ello nos perjudique electoralmente, y lo hemos acompañado con el voto. Pero esto, sinceramente, no lo podemos acompañar, porque siempre hemos estado en contra de este tipo de medidas.

La deuda externa es un problema político gravísimo, y hasta que no lo desentrañemos no podremos resolver el resto de los problemas ni ninguna de la ristra de reivindicaciones que se plantearon aquí, como la inflación, la pobreza o la desigualdad. La deuda externa no es un problema financiero, sino un sistema de dominación y de enervamiento de la soberanía jurídica y económica argentina.

Por eso decimos que hay que revisarla y auditarla. No intentamos deteriorar ni lijar al gobierno. No deseamos que se entre en un callejón sin salida, y pagar sin revisar la legitimidad es hacerlo. La auditoría no es una chicana que planteamos al gobierno, sino un problema enorme de la democracia argentina, que deberíamos resolver entre todos.

En primer lugar, la auditoría permite conocer la verdad. En segundo término, permite castigar a los culpables y responsables. Es bueno que se juzgue a los autores de un genocidio, pero los autores intelectuales de ese genocidio –por el que se mataron 30 mil personas en la Argentina y se violaron los derechos de muchísimos más-, están libres y han dejado las huellas en el origen de la deuda externa.

Como Congreso tenemos la obligación de auditarla. Frente a la posibilidad de un canje y una reestructuración, no podemos dejar de revisarla. Eso permitiría disminuir la deuda y concretar todas las cosas que queremos hacer. Esta no es una cuestión del pasado. Alcanza con mirar los vencimientos de este año: 22 mil millones de dólares. Son iguales a los del próximo año. También están los de la década que viene y los que van de 2030 a 2040, que alcanzan a 33 mil millones de dólares. Esta es una cuestión que está vinculada con el futuro.

Aquí estamos votando por la coyuntura, por la elección de 2011 y, fundamentalmente, por si dejamos a las generaciones futuras una herencia que no podrán resolver y que hará que se vayan a enredar como nosotros. Entonces, con la verdad deberíamos comenzar a aliviarles esa carga.

(*) Presidente del bloque SI. 

Fuente: diputados.gov.ar