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SIVAK, GRABADOR Y CRIMEN

La sesión de interpelación en Diputados por el llamado Caso Sivak, que a la postre significaría la renuncia del ministro del Interior, Antonio Tróccoli - Cámara en la que el radical había sido presidente de su bloque en 1973- estuvo cargada de ingredientes  insospechados. Un precedente fue la interpelación que culminó con el crimen de un senador electo en 1935.

 Por Armando Vidal

Fue en la sesión del 22 de mayo de 1986. Se trataba de una interpelación a los ministros del Interior, Antonio Tróccoli y de Defensa, Germán López, respuesta a un proyecto de Roberto Digón y José Luis Manzano sobre la seguridad pública. La sesión continuó el 28 y 29 y arrojó como resultado renuncias en distintos planos, incluyendo la de López.

El caso del secuestro extorsivo del empresario Osvaldo Sivak, finalmente asesinado, fue uno de los ejes. La ofensiva terminó con la ca¡da de las cúpulas policiales y reflejó la falta de conociento pormenorizado de los altos planos del gobierno con relación a los servicios de inteligencia.

En ese embate, el peronista Digón demostró que el ministro escamoteaba la verdad.

Por primera vez, en una interpelación se empleó sin aviso previo un pequeño grabador junto al micrófono amplificador de la voz del legislador en su banca, lo que desairó por completo al funcionario quien ven¡a sosteniendolo contrario.

Se trataba de una conversación del ministro con la esposa del desaparecido empresario, Martha Oyhanarte.

La cinta hab¡a llegado a manos de Digón, a modo de prueba de la colaboración de los familiares de la víctima con las autoridades para el esclarecimiento del secuestro y la recuperación con vida de Sivak, que años atrás había pasado por lo mismo.

Digón venía asesorado y conoc¡a a fondo el tema.

En la sesión, primero habló Tróccoli con un informe sobre la situación en general que quedaría en segundo plano, luego de la intervención de los diputados. El ministro hab¡a impuesto conocer antes las preguntas, lo cual en ese caso supuso que primero debían ser leídas por los legisladores.

Por tratarse del autor del proyecto de interpelacíón, Digón lo hizo primero  y al llegar a la última preguntó si el ministro reconoc¡a su voz, tras lo cual -sin que nadie lo imaginara ni del propio palco los periodistas lo previeran porque la banca aparecía cubierta de papeles y carpetas- apretó el botón del grabador junto al micrófono de la banca. Todo el recinto escuchó el diálogo entre Tróccoli y la mujer de Sivak, que el ministro había negado porque no quería dejar a la vista que el gobierno estaba buscando una vía de negociación con los secuestradores que, se presumía, él sabía que estaban dentro de "sos pliegues y repliegues de la democracia", de la cual hablaba.

Después de esa osadía de Digón, Tróccoli semejó un a un boxeador que continúa en combate después de recibir un golpe de knock out.

Así, en un pasaje, frente a una de sus afirmaciones que fuern vistas como manotazos al aire, Jorge Sivak, hermano de Osvaldo, sumaría a la sesión  otra alta cuota de dramatismo al saltar como un resorte del palco bandeja ubicado a la derecha del estrado y mirando de frente a Tróccoli, gritarle "miente, miente" en medio del sonido de la campana, gritos y un clima de desorden general.

Como parte del mismo tema, aparec¡a el comando paralelo organizado, se presumía, con el aval del subsecretario de la Presidencia, Dante Giadone, con epicentro en Alem 218, donde desde donde irradiaba su actuación Raúl Antonio Guglielminetti, encargado de tareas sucias durante la dictadura y luego custodio de Alfons¡n, y a quien el diputado Norberto Imbelloni fue el primero en denunciar en el Congreso porque el agente de la SIDE hab¡a seguido a Herminio Iglesias en un viaje a Europa.

Otro diputado que incomodó a Tróccoli con sus preguntas fue el intransigente Raúl Rabanaque Caballero.

Hubo gestiones de buenos oficios para  "pararlo" a Rabanaque, quien promet¡a preguntas todav¡a más comprometedoras pero que finalmente no hizo con lo cual colaboró a la estabilidad pasajera de Tróccoli. Hab¡a gran expectativa pero Rabanaque dejó pasar su turno en el tramo de la sesión del 29.

Esa interpelación puede ubicarse como escolta, aunque a gran distancia, de la que hubo el 23 de julio de 1935 en la otra Cámara, que merece unas l¡neas al margen del eje del tema. Fue la interpelación a los ministros de Agricultura, Luis Duhau y de Hacienda, Federico Pinedo, acargo del senador demoprogresista santafecino Lisandro del a Torre por los negociados de los frigor¡ficos ingleses con la comercialización de las carnes al explotar a los productores con la complicidad del gobierno de Agust¡n P. Justo y el beneplácito de los ganaderos de la Sociedad Rural beneficiados del monopolio.

* En el Senado

En plena sesión y en el medio del recinto fue asesinado (dos disparos por la espalda y uno en el pecho) el senador electo por Santa Fe, Enzo Bordabehere, que también hab¡a sido electo diputado  en 1922 y 1932. El autor material fue el ex comisario bonaerense Ramón Valdez Cora, un matón nafiliado al partido Demócrata y al servicio de caudillos conservadores de la provincia de Buenos Aires, quien apareció como parte de una maquinaria de demolició contra De la Torre.

La filmación de la pel¡cula que dirigió Juan José Jusid, interpretada por Pepe Soriano en el papel de De la Torre y Arturo Bon¡n en el de Bordabehere, es contemporánea con el cap¡tulo que llevó a la interpelación a Trócoli en la Cámara de Diputados.

Tropezar con los actores y extras en un pasillo, en horas de la mañana, sin hallarse prevenido, era como hacerlo con personajes descolgados de un cuadro de época.

Hubo otras sorpresas pero para uno solo de los presentes de aquel 22 de mayo de 1986. Fue al ingresar el ministro Trócoli a la Cámara de Diputados, acompañado por su secretario Facundo Suárez Lastra y también por el ministro de Defensa, Germán López y su secretario José Jaunarena, para ir a sentarse ante la mesa de las interpelaciones.

Con ellos ingresó también por la entrada principal de Diputados un ex asaltante, que estaba por salir de la cárcel y había escrito a Clar¡n en búsqueda de un trabajo honrado. Todos coincidieron al pasar juntos por el pasillo que conduce al Salón de Pasos Perdidos ante cuya puerta se hallaba el autor de estas líneas dispuesto a ir a ocupar su palco en el recinto, quien recibió al paso un saludo de Tróccoli con sonrisa y movimiento de cabeza. Pero al final del cortejo, alguien se detuvo.

Era un hombre delgado, de muy buen aspecto, traje azul, camisa blanca, corbata al tono, zapatos con brillo, el último de la comitiva que caminaba hacia el recinto.

- ¿Señor Armando Vidal?

- Sí-, respondió el alulido un tanto sorprendido.

- Soy... (y dio el nombre)

- ¿El preso?

- Sí, acabo de salir y quería agradecerle lo que hizo porque tengo posibilidades de encontrar trabajo.

- ¿Y cómo entraste al Congreso?

- Por la puerta, igual que todos.

Fuente: Texto escrito para El Congreso en la trampa, Ed. Planeta, 1995