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LA LOCURA DE TACCHI

En una interpelación en Diputados a Domingo Cavallo, a las que el entonces ministro era propenso, se produjo un escándalo de proporciones pero no por él, pese a so vocación para protagonizarlos,, sino por un funcionario de su gabinete con espíritu de ángel que, de repente ,se transformó en un demonio. Era Carlos Tacchi, secretario de Ingresos Públicos, que al día siguiente de ese 2 de noviembre de 1994 logró salir con foto en las tapas de los diarios.

Por Armando Vidal 

- Me parece que me mandé una cagada, confesó Carlos Tacchi ante los ojos del primer diputado que lo miró tras el exabrupto.

- ¿Cagada? !Flor de recagada!, le respondió.

El secretario de Ingresos Públicos no había podido contenerse ante el persistente hostigamiento del diputado radical santacruceño Héctor Di Tulio, especialista en atacar como un búfalo a los mememistas que sobreactuaban su paso por la historia chica de la política.

Tacchi, un hombre que en el trato personal era cálido y considerado, ucedeísta y conservador de raíz, aparecía en la lista de los beneficiados con las jubilaciones de privilegio.. Suficiente para oficiar de blanco con un centro bien marcado: había sido colaborador de José Alfredo Martínez de Hoz.

Pero el escándalo no fue por un puñetazo inesperado como veinte años atrás sufrió el diputado desarrollista Marcos Merchensky, aliado del peronismo, propinado por el radical Nicolás Salvador que como quien va camino hacia una salida en la otra punta pasó al lado de la banca del respetado periodista que se hizo político y, repentinamente, le sacudió la cabeza.

Tampoco el contexto tenía que ver con entreveros tipo hinchada enemigas de fútbol como diez años atrás había desatado la discusión de la ley gremial  en ese mismo lugar, ni siquiera con el vaso de agua que voló contra la mesa de los interpelados arrojado 1992 por otro radical, el vehemente correntino Noel Breard.

Lo espectacular provenía de era la primera vez que un alto funcionario´perdía el control de sus actos en el Congreso.

Veamos la escena en detalle.

Plena tarde, pleno recinto, plena interpelación, plenos planos de la televisión y plena sorpresa para todos cuando Tacchi salta del fragor de las discusiones con un gesto grosero y obsceno de otra época dirigido a los radicales: enardecidol dedo índice  de punta entrando y saliendo en un circulo formado por dos dedos de la mano izquierda.

En otros tiempos seguramente por él añorados  pudo haberle costado en pedazo de plomo o un sablazo

O en los actuales pudo haber sido detenido en ese mismo momento por agravio a la Cámara, potestad que tiene el presidente de la sesión pero a la cual Alberto Pierri ni por asomo pensó acudir dado que, por otra parte, él había colaborado a otros escándalos desde ese mismo alto sitial que ocupaba. Procuró, lógico, calmar los ánimos y continuar con la sesión, lo cual ocurrió sin que la sangre, en definitiva, llegase al río.

 -Tacchi se nos escapó del collar-, dijo amistosamente uno de los seis funcionarios que rodeaban al ministro en la mesa del riñón.

Poco antes, el secretario se había escapado del recinto al baño, donde, aprovechando la ocasión, un comedido empleado del Congreso, de esos más vinculados con las tribunas de la política que con sus librosl, lo había encarado con la propuesta de  resolver la crisis previsional creando casinos y agencias de juego atendidas por jubilados.

Ante tamaño dislate, en plena tarea de mingitorio, Tacchi fue contemplativo: “No hay que perder la calma, amigo”, le respondió.

Justo lo contrario de lo que haría él al volv er al recinto.