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UN PALO EN LA RUEDA

Tomar resoluciones en una sesión en minoría en contra del principal bloque del  Senado es  una expresión más de la crisis  que afecta a ese brazo del Congreso. A diferencia de Diputados, donde todos son iguales, en la Cámara alta hay un palo en la rueda. 

Por Armando Vidal

Aunque previsible tras el resultado electoral del 28 de junio, lo que está pasando en el Senado de la Nación es grave pero también un desafío de imaginación para hallar la forma de superar la parálisis de uno de los dos brazos del poder de la República. Contra la primera impresión que suscita la crisis, es el gobierno de la Nación el principal afectado porque la Presidente sabe  lo que ello significa en el plano internacional.

La crisis está anidada en el Senado, no en Diputados donde las fuerzas se hallan en pugna en un choque entre iguales. En el Senado no, hay un intruso: el vicepresidente de la Nación, que es el titular nato de la Cámara pero no es senador, un híbrido cargo institucional que Alberdi no promovió. Y que en el caso de Julio C. Cobos, además, no es ni siquiera de la fuerza política del gobierno sino de todo lo contrario.

 

El Senado es la expresión de las provincias, por ende de los gobernadores y hoy tiene mayor poder con relación al pasado gracias a la reforma constitucional de 1994 que le concedió a esa Cámara –en desmedro de la Cámara de Diputados- ser el origen de la ley mayúscula de los impuestos, como es la de coparticipación federal.

Cristina y Néstor Kirchner fueron dos de esos convencionales constituyentes –él gobernador de Santa Cruz, ella legisladora provincial- que impulsaron ese cambio.

Por lo tanto, no hay que ir al Senado conservador y antipersonalista radical que tanto perturbó al presidente Hipólito Yrigoyen, entre 1916 y 1922, para hurgar en antecedentes sobre lo que está transcurriendo para placer de los grandes medios a dieciocho meses de las futuras elecciones presidenciales.

En este Senado, el radicalismo y sus aliados ocasionales han equiparado su poder con relación a los radicales y sus aliados de 1983, con la diferencia de que entonces eran gobierno y ahora son oposición. Hoy sólo necesitan el apoyo de Carlos Menem –la ausencia como estrategia- para tomar el control pleno de la Cámara, con lo cual el depreciado riojano volverá a recibir los saludos que muchos le niegan.

Al margen de este factor incidental, el eje de la cuestión pasa por los dos partidos políticos populares que han ejercido el gobierno en nuestro país –radicales y peronistas-, relación donde la única novedad respecto del pasado es un vicepresidente de la Nación que rompió la lealtad institucional que impone ser parte del Poder Ejecutivo. Y no tanto por el voto contra la resolución 125, lo que de por sí fue un hecho altamente serio, sino por haberse quedado en el cargo después, como si nada hubiera pasado. Encima, ahora, como piloto de la oposición en el Senado. ¿Acaso piensa en hacer llevar por la fuerza pública a los senadores K a sus bancas? Ridículo resulta hasta imaginarlo.

Son normales las sesiones en minoría en el Congreso pero las que se vienen sucediendo en el Senado, conducidas por Cobos –con una cara dura a toda contrición interior- no conducen a facilitar un puente de entendimiento, por delgado que sea, entre oficialistas y opositores sino todo lo contrario.

Julio Cleto Cobos es esa pieza que atasca el funcionamiento de una Cámara donde la oposición, comenzando en primer lugar por el radicalismo, quiere debatir a cara o cruz los proyectos con el oficialismo.

Hace casi diez años –faltan seis meses- la confusa lógica de construcción política en su momento de Chacho Álvarez lo llevó a renunciar al cargo que ocupa Cobos e irse a su casa en medio del escándalo por los sobornos en el Senado que involucraban al mismo presidente radical Fernando de la Rúa. Lo que sobrevino después lo encontró libre de culpa y cargo.

 ¿Cree Cobos que la situación que lo tiene como emisario de quienes lo echaron del partido o de los peronistas anti K va en apoyo de su imagen? No sólo por el apellido parece que va creciendo en el seno radical la figura de Ricardo Alfonsín.

La renuncia de Cobos -que la sujeta al calendario en función de su exclusivo interés político particular- no alteraría la paridad de las fuerzas y permitiría al radicalismo el margen de serenidad que no tiene para la reorganización plena del viejo partido cuyo papel es central en los momentos críticos. Además, destrabaía de hecho la situación en Diputados.

El gobierno, a su vez, se sacaría una espina que el mismo gobierno se ocupó de clavarse.

Va llegando la hora de hablar. Va llegando la hora de que Cristina le ponga otro sello a su gobierno, diferenciador de la gestión de Néstor, como hizo con la ley de medios, y se ocupe personalmente de la Cámara que ella integró varios años sin pasar nunca inadvertida.

Esa Cámara de las trampas y las coimas de hace diez años, esa Cámara hoy atascada, puede transformarse en la Cámara de los acuerdos, incluso en torno de los desacuerdos. Es imprescindible para el mismo sistema y para bien del gobierno y de buena parte de la oposición. Los radicales tienen al senador Ernesto Sánz, presidente del partido. El gobierno tiene a Cristina y a Néstor, titular del PJ (quién hubiera dicho) que, por ahora, está callado.

Al final del camino –que quizás no sea tan largo- habrá diálogo entre radicales y peronistas, en primer lugar, como lo hubo siempre desde el abrazo de Balbín y Perón.

La situación del Senado y por ende del Congreso depende de Cristina, de los radicales y de Cobos, el palo en la rueda.