Logo

PARÁ JULIO, PARÁ

La inesperada muerte de Julio Manuel Samid, el responsable visible del escándalo del diputrucho, llevó al periodista que tanto lo acosó para que hablara a escribir esta nota con un grado de confianza que, por supuesto, nunca tuvo con él porque ni siquiera llegó a conocerlo bien. Era distinto a Alberto, su hermano mayor, siempre envuelto en alborotos que él mismo genera; Julio era más callado, más reservado, propio de un grandote que primero mira antes de entrar en acción, un pesado que infundía temores por simple presencia. El periodista probó su propio temple al ir a buscarlo en aquellos días que no cesaba de fustigarlo desde las páginas de Clarín hasta que se encontraron porque él también estaba buscando al causante que lo tenía en un rincón. Fue una charla en su despacho, en la que ninguno cedió: el periodista con sus preguntas, el diputado en su decisión de no decir nada. El periodista siguió en su brega y él todo lo aguantó, nunca se quejó y, en su ley, en la madrugada del 12 de septiembre de 1997 se llevó el secreto a la tumba.

Por Armando Vidal

Cuidado Julio, que vienen a buscarte. Rajalos, que te garcan, demasiados interesados en ser los alcahuetes de Menem. Pará, que te comés el garrón, que vos entendés de cuajos pero nada de todo ésto.

¿No ves que Paz Estenssoro quiere hacer lo mismo que su pariente boliviano, negocios con el poder; que YPY y Gas del Estado son primas hermanas, que las privatizaciones de ambas vienen de la mano? ¿Sabés quién es Paddy Perkins, ese de la valija que merodea por ahí?.

Pará Julio, que te metieron en el Congreso, como a la vaca en su viaje final. Cada uno está en la suya, Julio, y todos tienen una coartada. Fijate en el riojanito Carlos Romero, el vice del bloque. ¿No ves que está mandando a buscar fieles, con la idea de que todo se liquida en un santiamén, que es cuestión de sentarse y levantar la mano, que los radichas como siempre hablan de sus cosas encerrados en el bloque y que los periodistas están en Casablanca?

Ojo. Que se viene algo grande. Que una cosa fue a las cinco de la mañana del 5 de abril de 1990 cuando a Manzano le salió bien la votación trucha de la ampliación de la Corte. Y otra cosa hacerlo a las 4.30 de la tarde de este 26 de marzo de 1992.

¿Hablaste con Matzkin, que la va de callado? ¿Y con Pierri, que se hace el distraído?

Mejor pensá en tus dos pibas que se lucen en la escuela y en el pibe, con el que mejor un sábado de estos te vas a ver a Látigo Coggi y te olvidás de este balurdo. A ver si en una de esas terminás siendo el pato de la boda de un escándalo que por su gravedad institucional algunos van a comparar con el crimen de Enzo Bordavehere, en 1935, en el Senado.

Julio, decile a tu hermano Alberto, que la pare con tanto parloteo, que no te engatuce más, que vos ya cumpliste como cuando lo desparramaste de un cachetazo a Felipe Solá, apenas se sentó en el bloque recién llegado a la Cámara en diciembre del '91.

¿No te avivaste cómo gozaron los que envidian la pinta, la labia y el apellido de este cafierista pituco de la primera hora? Vos, además, ya votaste, al menos una vez, para atender a tu conciencia como cuando te opusiste a mandar las naves al Golfo.

¿O te creés que aquí, donde te trajeron, no se puede crecer siendo uno mismo?

Hacé la tuya, Julio. Se vos. O metete en el montón, sin levantar la cabeza y en la primera de cambio te mandás a mudar sin hacer historia. Que en política, también hay revancha.

 Pará Julio, no pidas ningún pase para Juan Abrahan Kenan que te vas a meter en un lío. Dejalo que haga bulto esta mañana para que el recinto no parezca vacío a la hora en que la Asamblea rinda tributo a la visita de Violeta Chamorro, la presidente de Nicaragüa.

¿Sabés que es la viuda de un periodista que mataron en Managüa y que al poco tiempo se desplomó el régimen de los Somoza?

Ojo con los periodistas Julio, que tienen aquí un montón de desaparecidos y ahora pelean en resguardo de las formas democráticas para que la historia no se repita.

 ¿Por qué no hablás con el Beto Imbelloni? Te va a enseñar mucho Julio.

No vayás, no crucés, no lo llevés a Kenan del brazo, mirá que los controles de seguridad van a decir la verdad a la hora de las declaraciones. No te sientes, mejor salí. Hacele una seña al viejo que justo se fue a ubicar en una punta, como Peter Seller en La Fiesta Inolvidable.

Mirá como junan desde el palco. Cuidado con ese de Clarín, que quiere entrar en la crónica parlamentaria como un cazador de truchos, calentito porque se morfó los de la Corte.

Corré‚ Julio. Corré‚ que te agarraron. Llevate a la rastra a Kanan y dejalo en el despacho de Pierri como un presente griego porque ésa será tu muda protesta por haber caído en la trampa.

Pobre Julio. Ni siquiera te concediste el derecho de hablar. Y cuando lo hiciste con el de Clarín, que tanto te dio, fue para decirle que respetabas su trabajo.

¿Viste que distinta fue la actitud de Pierri, que cuando en 1992 lo eligieron otra vez presidente, pese haber sido el que condujo la sesión de los diputruchos, se vengó con un escándalo en la Sala de Periodistas?

Está bien Julio. Hacé como te parezca.

¿No querés decir nada? No lo digas. ¿Querés llevarte el secreto a la tumba? Hacelo. ¿Querés que alguien diga que Julio Manuel Samid, 53 años, murió en su ley, que gracias a su sacrificio, porque se arrogaba códigos, se salvaron Pierri, Matzkin, Cavallo, Paz Estenssoro, Perkins, el partido y el bloque entero?

Que no fuiste mi fuente de información del libro que nadie leyó donde revelé ésas y otras trampas del Congreso. Y sí, Julio, sí te alcanza, lo digo, convencido que el escarnio que te tuvo como víctima y victimario nunca más volverá a repetirse mientras haya alguien que se ocupe de recordarlo.

Chau Julio, nos vemos. 

Fuente: Revista El Parlamentario, pocos días después de la muerte de Julio Manuel Samid, el 12/9/97.

Template Design © Joomla Templates | GavickPro. All rights reserved.