A+ A A-

ASESINATO DE JOSÉ LUIS CABEZAS

El crimen de Cabezas fue el hecho más emblemático de un período signado por fuertes pujas políticas cruzadas y otras, menos visibles, en torno de la privatización del Correo que el ministro Cavallo -el hombre de las privatizaciones- no quería que fuera a manos del empresario Yabrán y si, en cambio, a las de la norteamericana Federal Express. El revuelo alcanzó de lleno al Congreso. Yabrán se suicidó, el Correo quedaría a la postre en la órbita del Estado, asesinos e instigadores fueron a parar a la cárcel y Cabezas permanece en el recuerdo. Víctima ajena en ese colosal choque de intereses, este es el retrato del horrendo crimen que apagó su cámara.

Por Armando Vidal

El 25 de enero de 1997, en una mañana de sol, aparecieron los restos calcinados de un cuerpo humano que sobresalían del interior de un automóvil todavía humeante en el fondo de una cava en las afueras de Pinamar.

Un policía apostado en la ruta le transmitió la novedad al entonces gobernador Eduardo Duhalde, cuando pasó por las cercanías como habitualmente hacía en esos días de descanso.

No había nombres, no se sabían las circunstancias, ni menos las razones. Era un crimen, horrendo, pero un crimen, no más.

Por eso Duhalde siguió su marcha en busca de ese rincón que le permitiera consumir con tranquilidad su afición por la pesca.

Per no era un crimen común. Era el crimen de un periodista. El número 112 de los crímenes de periodistas durante la dictadura y las sombras de la dictadura que se prolongaron en democracia. Era el crimen de José Luis Cabezas, fotógrafo de la revista Noticias.

El crimen de Cabezas, además, no fue un crimen que se agotó en ese mero acto. Primero lo secuestraron y esposaron. Después lo torturaron. Luego le quebraron el cuello. Al instante le pegaron dos tiros. Finalmente, lo incendiaron.

Cabezas, casado, una hija, murió cuando creía que ese día iba a ser uno más de los muchos por delante que tenía en su tarea de registrar pedacitos de la historia. Registró la Historia pero sin su cámara.

El martirio que padeció, el dolor de su familia y amigos, y la indignación colectiva que produjo el hecho, generó lo que no se había producido en otros episodios de comparable naturaleza.

¿Por qué un cambio  fue, entonces, con el crimen de Cabezas?

Hechos que pueden responder esa pregunta fueron:

* El 23 de agosto de 1995, el ministro Domingo Cavallo había denunciado que existían “mafias enquistadas en el poder” y señaló con nombre y apellido al empresario Alfredo Yabrán.

* Yabrán era un empresario que había cimentado su fortuna a lo largo de las tres etapas en que se dividía el poder en los últimos veinte años hasta entonces: dictadura, radicalismo y menemismo. Entre lo que tenía –una fortuna que se estimaba en unos 5.000 millones de pesos-, se contaba el control del negocio de los movimientos de mercaderías en los aeropuertos, así como empresas de correspondencia interbancaria y correos privados, rubro éste en el que concentraba su especialidad.

* Según Cavallo, Yabrán propiciaba que la ley de privatización del Correo estatal tuviera en su marco regulatorio –que es el que fija las características del servicio- la misma disposición constitucional de inviolabilidad de la correspondencia para los vehículos de transporte. O sea que esos vehículos, que circulan por todo el país, no pudieran ser interceptados ni requisados por la policía. Con este amparo podría, incluso, transportarse droga.

* Yabrán había nacido en Larroque, Entre Ríos, hijo de inmigrantes pobres y como otros triunfadores del empresariado nacional creció a las sombras del poder. Tenía conexiones políticas como las que impulsaron su proyecto de ley presentado en el Senado por un senador peronista salteño (Juan Carlos Romero, luego gobernador de esa provincia) y votado por justicialistas y radicales. Ese fue el proyecto que denunció Cavallo en su interpelación en Diputados. Esta denuncia coincidía con la permanente preocupación de los Estados Unidos por el tráfico de drogas y, además, el interés de la Federal Express, la empresa estatal del correo norteamericano, en la privatización del Correo estatal argentino.

* A Yabrán lo protegía un verdadero ejército de especialistas en seguridad. Un personal que, en buena parte, provenía de las fuerzas represoras de los tiempos de la dictadura. Cavallo presentó la lista de todos ellos en la querella que le hizo Yabrán, al igual que lo hicieron algunos diputados en la comisión antimafia que se creó en la Cámara baja.

* Pinamar era el asiento de los políticos en cada verano y era el lugar predilecto de Yabrán para el desarrollo de emprendimientos que transformasen esas playas atlánticas en un poderoso centro de atención para un turismo calificado. Nada le era ajeno, como tampoco la policía local.

 * Cabezas era un muy buen fotógrafo, destinado por esos días a seguir la temporada desde Pinamar. Conocía a Yabrán y por eso enfocó su cámara para retratarlo cuando caminaba con su esposa por la playa, que fue la celebre foto a la que Noticias le dedicó la tapa.

* Cabezas, en la madrugada del 25 de enero, salió solo de la residencia de otro empresario postal que daba una fiesta, y al rato en su propio auto y esposado apareció su cadáver en una cava ubicada a unos kilómetros.

 * Por este crimen, Duhalde habló después de “mafias” en la misma línea que lo hacía Cavallo y que le habían “tirado” el cadáver, en aparente alusión a su puja con Carlos Menen por la candidatura del PJ a presidente en 1999.

* Por este crimen, hubo condenas penales, como la del jefe de seguridad de Yabrán (Gregorio Ríos), la del oficial de la policía bonaerense que planeó el operativo (Gustavo Prellezo) y el grupo de matones (la banda de Los Hornos), que fue la que lo cumplió y, además, lo mató.

* También hubo otras condenas: la pública. Toda la luz de la atención periodística quedó centralizada en Yabrán que, desde el amparo inicial del virtual anonimato para hacer crecer sus negocios, terminó presa de un acoso, al ser requerida su captura por el juez de la causa José Luis Macchi, luego que la esposa de Prellezo, también policía, había declarado que él había sido el autor intelectual del crimen de Cabezas. Un acoso que al que el mismo Yabrán puso fin cuando tomó una escopeta y se mató de un disparo a la cabeza, en la estancia de San Ignacio, Entre Ríos, su tierra natal, el 20 de mayo de 1998.

 * Policías federales y bonaerenses, implicados en asesinatos, investigaciones serias y de las otras, suicidios oscuros, secuestros, crímenes y la costa bonaerense –desde Las Toninas a Villa Gesell- como territorio liberado para el delito parecen ser los denominadores comunes de los casos Sivak (Osvaldo, ver GRANDES ESCANDALOS) y Cabezas, dicen Enrique Sdrech y Norberto Colominas en su libro Cabezas, crimen, mafia y poder (Pistas/Atuel, 1997). El compromiso transformado en consigna por este caso fue: no se olviden de Cabezas. La frase iba más allá del espantoso crimen.

Fuente: Historia visual de la Argentina, Clarín. CD 4.