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ARCHIVO PERSONAL

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  • Escrito por Armando Vidal
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POR ESA VÍA, NO

La revista El Parlamentario concede distinciones anuales a legisladores y periodistas pero en lugar de hacerlo por decisión propia lo hace en función de supuestas votaciones a cargo de la comunidad parlamentaria sin ninguna clase de trasparencia y fiscalización. En el caso de los periodistas, por ejemplo, no hay modo de que resulten elegidos por esa vía los acreditados de las agencias, verdaderos motores de la información que produce el Congreso, ya que no son conocidos como los de los grandes medios. Por estas razones, aquí, el entonces jefe de la sección Parlamentarias de Clarín renuncia a su postulación.

Buenos Aires, 16 de diciembre de 1998

 Sres. Oscar Benini y José Di Mauro

 Estimados colegas:

Como ustedes saben no participo en el mecanismo de votación para escoger a los legisladores “del año”. No lo comparto por la complejidad para hallar justicia, incluso en el supuesto de que hubiera máxima rigurosidad en las valoraciones y que uno como periodista estuviera facultado para consagrar o desestimar. Mejor, en mi opinión, es preservar el papel para el cual uno está acreditado ante el Congreso. No es poco.

La razón de estas líneas la motiva haber sido yo uno de los beneficiados por ese procedimiento en el que no creo como oportunamente anticipé a esa revista. Y es por ello que me veo en la obligación de decirles que prescindan de incluirme en esa terna en la que aparezco junto a Laura Serra y Juan Carlos Bartolotta, dos crecientes valores del periodismo parlamentario.

Confío en que no queden dudas de mi posición ni tampoco acerca del sentido de estas líneas, cuya publicación solicito.

Atentamente,

Armando Vidal

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GESTO DE FOPEA

El lunes 8 de junio de 2009, en la sede del Centro Cultural Caras y Caretas, Fopea festejó el día del periodista. En esta ocasión, además del tradicional brindis con socios y amigos, se homenajearon las trayectorias de Guillermo Alfieri (padre) y Armando Vidal, quienes fueron nombrados socios honorarios de Fopea y recibieron una caricatura realizada por el artista Rep. A continuación se publican las palabras pronunciadas por Daniel Santoro con relación a quien fuera su compañero en Clarín y mucho antes compañero de su padre cuando el ahora consagrado periodista era una criatura. Al final, la cobertura de la cálida reunión que hizo Diario Sobre Diarios.

Para aquellos miembros de Fopea que conocen poco a Armando Vidal, con su sonrisa de Gene Hackman, uno de nuestros homenajeados de hoy, es el decano de los periodistas parlamentarios, título que retiene después de su retiro a principios de año del diario Clarín, en el que trabajó más de 42 años.

Durante la dictadura, obviamente con el Congreso cerrado, se especializó en política latinoamericana, lo cual lo llevó a viajar y cubrir hechos resonantes como el principio del fin del nicaragüense Anastasio Somoza, el ocaso de la Revolución Peruana y los sangrientos golpes de Bolivia.

Fue uno de los cuatro periodistas argentinos que acompañaron la Misión de Paz del cardenal Antonio Samoré en el dramático conflicto con Chile, en 1978, y que estuvo con Nacho López cuando le sacó a Samoré la famosa frase “hay una lucecita”, para evitar la guerra. Es autor del libro "El Congreso en la trampa" y coautor de "Rieles de lucha".

 Mandi empezó trabajando en una oficina de Segba, donde conoció a Teódulo Dominguez, otro periodista luego de Clarín y maestro de muchos de los que estamos aquí con su famosa Pragmática Periodística.

Quiso el destino que Mandi trabajara en Segba con mi padre, el Pelado Santoro, delegado de su sección. En esa época  cursaba también el primer año del Grafotécnico. De Contaduría de Segba pasó a la oficina de Selección y Archivo de Prensa donde conoció a Osvaldo Bayer y luego a Marcos Cytrymblum, quien lo llevo a Clarín. Era el 13 de agosto de 1966.

Yo lo conocí en 1990, cuando entré a Clarín y rápidamente comprobé su calidad periodística pero sobre todo su valor humano. Recuerdo que yo cubría Cancillería y en 1991 tuve lo que habría sido un conflicto si me tocaba con un colega celoso y egoísta. Los dos habíamos escrito una nota sobre el conflicto por los Hielos Continentales. En el apuro del cierre, me tocó sintetizar los dos textos. Al día siguiente volví a la redacción para esperar una queja de Armando. Todo lo contrario, me llamó para felicitarme.

Todos conocen sus grandes notas y perfiles de los argentinos que pasaron por el Congreso –su segunda casa- y también su revelación del diputrucho, aquel asesor que invadió una banca de un diputado para dar quórum a la hora de votar la privatización de Gas del Estado. Pero pocos saben que Mandi es un hombre cabal y completamente ético. Nunca aceptó pensiones graciables y otras dádivas que suelen ofrecer algunos legisladores a los periodistas con tal de que su nombre aparezca en los medios. Y es más, eso fue motivo de debate en el Círculo de Periodistas Parlamentarios. Pocos saben que es un gran bailarín de tango pero todos comprobamos durante estos años que es un periodista incorruptible, a prueba de balas, y mejor ser humano. Gracias.

Textos y fuente: fopea.org /Página del Foro de Periodistas Argentinos)


 El Foro del Periodismo Argentino (Fopea) realizó ayer su brindis por el Día del Periodista.

El presidente de la entidad, Gabriel Michi, en su discurso relató un informe sobre las malas condiciones en que se desempeñan hoy los periodistas. Además anunció que promoverán el periodismo de investigación a través de un centro que funcionará dentro de Fopea.

En el encuentro, que se llevó a cabo en el Centro Cultural Caras & Caretas, se realizó un emotivo homenaje a los veteranos periodistas Armando Vidal y Guillermo Alfieri (padre).

Daniel Santoro fue el encargado de recordar la extensa trayectoria de Vidal, sus principales coberturas, su título de “decano de los periodistas parlamentarios” y sus 42 años en la redacción de Clarín (se jubiló a principios de este año).

En tanto, el director de la revista Análisis de Entre Ríos, Daniel Enz, fue el encargado del homenaje a Alfieri, quien en sus palabras recordó que así como el recientemente fallecido Mario Benedetti hizo un “Padre Nuestro latinoamericano”, él se encargó de escribir “un Padre Nuestro de Fopea”.

La lectura del texto originó momentos divertidos y emotivos por igual. Alfieri recordó a su colega y amigo ya fallecido, Alipio “Tito” Paoletti, fundador del diario El Independiente de La Rioja, entre otros méritos profesionales.

Ambos periodistas (Vidal y Alfieri) fueron distinguidos como “socios honorarios” de Fopea y se les entregó unos presentes de Miguel Rep (Página/12), quien tambien asistió al brindis. Numerosos periodistas saludaron con afecto a Vidal y a Alfieri, un reconocimiento profesional que no es habitual en el medio periodìstico porteño.

Fuente: diariosobrediarios.com.ar, 9/6/09

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ADIÓS A CLARÍN

El periodista Armando Vidal, un histórico de Clarín, acaba de desvincularse del diario al llegar a la edad de jubilación. Mandi, como es conocido en el ambiente, puso fin así a una trayectoria de 42 años dentro del diario, llegando a ser uno de los periodistas más respetados de la redacción. (*)

Es el periodista que más años pasó en el diario (lo sigue Horacio Pagani, al que le faltan dos años para igualar el récord).

 En su extensa trayectoria, Mandi generó uno de los hechos políticos que mayor repercusión mediática tuvo durante el gobierno de Carlos Menem. El 26 de marzo de 1992, descubrió que el bloque justicialista de diputados había realizado una maniobra para la aprobación de la privatización de Gas del Estado, que incluyó sentar en una banca a un asesor del bloque que no era legislador.

Se llamaba Juan Kenan, pero quedó denominado, para la posteridad “el diputrucho”. La anécdota y los manejos del menemismo en la cámara quedaron plasmados en el libro El Congreso en la trampa.

Vidal entró en Clarín en agosto de 1966 y comenzó su carrera en la sección Interior (en donde se publicaba información sobre las provincias). En 1971 pasó a la sección Política, en donde cubrió, entre muchas cosas, la fuga las cúpulas guerrilleras de la cárcel de Rawson, en 1972. También editó la sección Opinión del diario hasta que en el regreso de la democracia en 1983 se dedicó al periodismo parlamentario, del que es decano.

Vidal cree hoy que “los periodistas seguimos estando. El problema hoy son los medios, que se diferencian mucho de los principios básicos con los que fueron creados: modificar la realidad en beneficio del pueblo”.

En los últimos días, Mandi se despidió de sus amigos y compañeros del diario a través de distintos correos electrónicos. El periodismo extrañará su pluma.

(*) Todo el texto, incluida esta introducción, pertenece a DsD.

Título: Se fue de Clarín el periodista que en 1992 descubrió al “diputrucho”

Fuente: diariosobrediarios.com.ar

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HOMENAJE A LUIS LEÓN, ÚLTIMA NOTA EN CLARIN

Luis León, una las debilidades radicales del autor de este artículo, comenzó a morir a medida que perdía su valiosa memoria hasta que el implacable mal se apiadó de su cuerpo, motivo de este nota de doble despedida. Su querido Chaco, Malvinas, la integración de América latina, el tronco yrigoyenista, correliginarios, muchos peronistas y ambas Cámaras del Congreso nunca deberían olvidar a un hombre de bien que luchó por sus sueños.

Por Armando Vidal

Luis León lucía su saco blanco, pantalón oscuro y su mirada sin tiempo cuando a mediados de diciembre del 2001 volvió al Congreso para una nota con motivo de haber cumplido su último mandato de senador nacional, cierre de su larga carrera de legislador en ambas Cámaras.

Ayer, tras una enfermedad que en los últimos años le robó algo más que todos sus recuerdos, murió a los 84 años el político radical que más esfuerzos hizo para diferenciarse de las otras corrientes internas del viejo partido.

Fue un hombre respetado y querido, con un verbo de tinte balbinista -lo era hasta que tras la muerte de Ricardo Babín creó el Movimiento de Afirmación Yrigoyenista- y un sentir que trascendía fronteras, aunque sin salir de la región. Fue el radical de mayor convicción al hablar de la integración latinoamericana. También fue el único de los dirigentes que se involucró a fondo en la causa Malvinas, en palpable diferencia con, por ejemplo, Raúl Alfonsín.

Puso alma y músculo en internas por la candidatura a presidente que perdió sin perder las ganas de volver a intentarlo. Con excepción de Juan Carlos Pugliese, León se sentía más bien lejos de destacados correligionarios como Fernando de la Rúa, Eduardo César Angeloz y el propio Alfonsín. En política, no en afectos. No tuvo odios ni enconos. Y hasta se dio el gusto de un mano a mano con Juan Domingo Perón para hablar de los tiempos duros que habían terminado con su carrera de bioquímico en una dependencia estatal en tiempos de intolerancia.

Igual que Balbín y Pugliese, León transmitía comprensión por el último Perón, que 1973 sería presidente de los argentinos por tercera vez. Y que un año antes había venido a la Argentina con la decisión de entenderse con Balbín.

León estuvo con Balbín -también Pugliese- aquella tarde en que todos saltaron la tapia de los fondos de la casona de Gaspar Campos.

Ese salto -incomprendido por encumbrados radicales- fue el fin de las antinomias que en 1950 habían llevado a Balbín de una banca de diputados a la cárcel.

Este chaqueño (aunque nacido en Yapeyú, Corrientes) amigo de peronistas -comenzando por Felipe Bittel- enfrentó desde su banca al menemismo.

Y en 1994, cuando se avecinaba la convención constituyente de Santa Fe, fue el primero que divulgó entre sus allegados que venía desde sus pagos alguien que iba a dar que hablar. Lo decía porque igual que la visita que anunciaba, él estaba en contra del Pacto de Olivos que había suscripto Alfonsín con Menem. Ese látigo, por entonces de seda, era Elisa Carrió, radical.

A diferencia de Carrió, Angel Rozas surgido de su propia línea interna significó para León una profunda decepción cuando fue gobernador del Chaco, cargo al cual él nunca pudo acceder.

Diputado en dos mandatos, senador en tres, cuánto para hablar con León, que allí viene, con su pinta, su saco blanco y, fatalmente, con ese mal de Alzheimer que todo, todo, lo borra.

Volanta, título y bajada: A los 84 años, por el mal de Alzheimer/ Falleció el ex senador Luis León, un radical del "yrigoyenismo" histórico” / Fue precandidato presidencial, dos veces diputado y tres senador por Chaco

Fuente: Clarín, 9/1/09.

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PERIODISMO Y TAREA

El autor está convencido de que no hay mejor destino para un periodista que el Congreso de la Nación para el comienzo y el final de su carrera porque en un extremo aprende y en el otro  compara. Grandes y reconocidos periodistas hubieran sido aún mejores de haber pasado alguna tiempo por el poder que es todo lo contrario a una torre de marfil. Para los políticos, el otro está allí y para los periodistas, sus criticados y a veces denunciados políticos, también. Cara a cara, cuerpo a cuerpo.

Por Armando Vidal

El periodismo parlamentario es el más diferenciado en la gama del periodismo político. Su lenguaje es el que recoge mayores términos establecidos en la Constitución: Cámara, sesión, quórum, asamblea, dos tercios, juicio político, etc. Y es el que más participa en la cobertura de las discusiones que la República se reserva para el Poder Legislativo, cuya sede mayor es el Congreso de la Nación.

Por esta tarea los cronistas parlamentarios pueden ser vistos como una especie de gran jurado –naturalmente, no al estilo de la escenificación del mal gusto de algunos programas de la televisión argentina- porque elaboran sus opiniones en base también a sus muchas experiencias.

Su mejor lugar de observación es el palco que tienen asignado en ambas Cámaras y no la pantalla de la TV, en las respectivas salas de periodistas, si bien este placer no es bien disfrutado por todos.

En un caso u en otro, son horas de constante observación y atenta escucha. Pero es allí, en el palco, donde más golpean sobre el transmisor las ondas del combate.

Por todo ello, un periodista parlamentario termina siendo un buen conocedor del funcionamiento de los poderes republicanos, del sistema democrático y además, obviamente, del papel de los grandes medios de comunicación con relación al Congreso.

Destacados periodistas políticos de la Argentina serían aún mejores de haber tenido experiencia parlamentaria. Para todos ellos, el Congreso no es otra cosa que la casa de los políticos a la que se alcanza con saber lo que pasa y con algunos llamados.

Pero el Congreso es más que eso: es aprender el valor de las diferencias; es considerar al otro como parte de lo mismo, y es intentar construir en medio de las pujas sectoriales, partidarias, limitaciones, miserias y ambiciones personales. No resulta un cometido fácil; más fácil es, lógicamente, criticarlo.

El periodista ve, cuenta y explica. Es un agente de la verdad, un auxiliador de la historia, la fuerza de choque de los historiadores. Está frente a la realidad y su puja personal es ser objetivo, la objetividad es un término subjetivo para la condición humana. Pero el periodista lo intentará siempre, a cada momento, cada vez que se halle frente a un teclado o un micrófono.

El periodista no es un correveydile –y menos que nadie el periodista parlamentario cuyas fuente de información están siempre cerca- porque debe expresarse a través del medio para el cual trabaja. No puede renegar de su intermediación entre el hecho y el público porque en ese nexo está su función.

Llegar a la gente, pese a la lógica interposición de quien lo contrata para su tarea, no siempre alcanza su meta pero sabe que lo que hoy no es posible mañana podrá ser, motivo por el cual deberá ser constante y persistente. Y si la puerta no se abre, habrá que empujar en otras. El periodista debe trascender al propio empleador para el cual trabaja  que se reserva el derecho de publicar o no su material pero que no podrá nunca impedir su difusión por otros medios, lo cual dependerá exclusivamente de él.

Años atrás se podía con facilidad bloquear a un periodista, con la revolución tecnológica hoy eso es imposible. Abrir un micrófono o poner una cámara de TV con la idea de que la realidad se exprese por ella misma no es hacer periodismo porque el periodista elige y evalúa la importancia de lo que para él tiene lo que pasó o cree que pasará.

Como decía un querido profesor de quien esto escribe "no es Historia” que se haya caído el general porque su caballo perdió una herradura al salírsele un clavo, a menos que por ese clavo el general haya perdido la batalla. Si no fue noticia, menos aún podía ser historia.

Con fuerzas políticas relativamente equilibradas en el Congreso de la Nación y sin urgencias siempre habituales en las crisis económicas, el debate adquiere relevancia y, por eso, crece el papel del periodismo parlamentario. Eso pudo comprobarse entre 1983 y 1987 y también veinte años después.

El Bicentenario llegaba con paridades políticas que trasladadas al Parlamentos ponían a prueba a los que fueron número cuando comenzaba la hora de sostener las posiciones con las palabras, ideal para la tarea de los periodistas parlamentarios amantes de los debates. Y no disminuían las pujas -de antes y después de la aprobación de la ley de medios audiovisuales- en las que el Gobierno no diferenciaba a trabajadores de los patrones, cuyos intereses, igual que el de los poderes políticos, no son sacrosantos. Una cuestión de espejo, que no embellece cuando se lo mira, ni menos cuando se lo niega. Un espejo que, en la lucha por esa ley, comenzaba a enturbiarse en algunos medios.

Entre 1973 y 1976, el oficialismo controlaba ambas Cámaras; entre 1963 y 1966, había peronistas en el Congreso pero el peronismo estaba proscripto; entre 1958 y 1962, no sólo estaba proscripto sino por momentos perseguido; entre 1946 y 1955, la sociedad estaba dividida y el Congreso era un escenario de la batalla; y hacia atrás el Congreso del fraude entre 1930 y 1943, el Congreso de la división entre 1916 y 1930 y al comienzo del siglo XX el Congreso de la elite proveniente de los años ochenta con la organización nacional.

Muchos cambios para un único modo de contarlo y explicarlo cada día: el de los periodistas. Guste o no guste a políticos transitorios o a patrones más bien permanentes.

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