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MICHELINI, DESDE EL RECUERDO SIEMPRE

En búsqueda de otra historia, DsD le puso en manos del editor de Congreso Abierto un imaginario sobre de notas sobre Zelmar Michelini, entre las cuales está ésta con la voz inolvidable del Canario Luna (1). 

Por Diario sobre Diarios

 La historia de Zelmar Michelini es conocida. Fue un activo político uruguayo formado en el Partido Colorado y miembro fundador del Frente Amplio. (NdE: ver abajo una nota de Roberto García y una acotación).

Con la llegada de la dictadura militar al Uruguay se exilió en la Argentina, en donde además de trabajar como periodista (cosa que ya había hecho en su país), se preocupó por buscar una salida democrática para la república oriental, como así también por difundir las violaciones a los derechos humanos en su país.

Se conoce también que un día como hoy, un 21 de mayo, pero de 1976 apareció asesinado en una avenida de Buenos Aires, luego de estar desaparecido por dos días (había sido secuestrado en un hotel céntrico delante de dos de sus hijos).

Su crimen se erigió como un paradigma del Plan Cóndor, por el cual las dictaduras latinoamericanas compartían información de inteligencia sobre sus supuestos enemigos y tenían la postestad de matarlos en cualquiera de los territorios del Cono Sur.

También engrosó la lista de los periodistas muertos durante la última dictadura militar.

Esta es la historia a grandes rasgos.

Los datos que hoy se encuentran a disposición tanto en la red como en los distintos libros que se ocuparon de su vida, destacan con mayor intensidad su actividad política y sus acciones como militante.

En cambio, no se conocen datos sobre su desempeño periodístico.

En este trabajo, Diario sobre Diarios apunta a desempolvar éso: la relación de Michelini con el periodismo (que la tuvo desde sus inicios, tanto en Uruguay como en la Argentina).

Para reconstruir este costado de Michelini, DsD recurrió en buena parte al libro Ni muerte ni derrota (Editorial Fin de Siglo) del periodista uruguayo César Di Candia, compañero de Zelmar en el diario Hechos.

Se trata de una excelente compilación de testimonios brindados por familiares, amigos, compañeros de militancia, colegas de distintas redacciones y políticos uruguayos y argentinos.

Di Candia fue, además, amigo de Michelini y su libro nunca se editó en la Argentina.

Por eso, es una buena oportunidad de conocer su pasado periodístico, acercando testimonios desconocidos en nuestro país.

Además se incluye una columna especial para Diario sobre Diarios de Roberto García, actual director de Ámbito Financiero (1), amigo de Michelini y destinatario de la carta póstuma del uruguayo.

Por último, también se recurrió al libro Maten al cartero (CADAL) del periodista de La Nación, Jorge Elías, la obra en donde mejor desarrolladas están todas las alternativas en torno al crimen de Michelini.

Se tomaron también extractos de la biografía Timerman (Sudamericana) de Graciela Mochkofsky y del libro Las palabras son acciones (Perfil) de Fernando Ruiz, que cuenta la historia del diario La Opinión.

 * El Flaco, periodista en Uruguay

Zelmar Michelini, El Flaco”para sus amigos o Pito para sus familiares, tuvo desde su juventud una relación estrecha con el periodismo.

Sus primeros pasos en la política los dio de la mano del viejo dirigente del Partido Colorado, Luis Batlle (padre de Jorge, quien sería presidente del Uruguay en el 2000 y que fue famoso aquí por su frase “los argentinos son todos ladrones, del primero al último”).

Las reuniones de ese grupo político se llevaban a cabo en la redacción del diario Acción.

Allí Zelmar comenzó a conocer los secretos tanto de la militancia como de la profesión periodística. Pero fue a mediados de la década del 60 cuando se volcaría hacia el periodismo.

En el año 1965 fundó el diario Hechos, que dirigió durante dos años.

Así lo recuerdan sus compañeros en esa aventura.

Danilo Arbilla, actual periodista de la revista Búsqueda, señala: “Yo empecé el periodismo en Hechos y creo que esa fue mi suerte. El diario tenía una característica esencial: era una redacción alegre. Ya no hay redacciones alegres. También era eficiente, con su toque de locura. Era el diario más pobre que había, se ahorraba hasta en papel higiénico”.

Agrega que “cuando entré en Hechos, empecé a trabajar como ayudante de la página gremial que dirigía Héctor Rodríguez. Normalmente, Zelmar llegaba al diario y se sentaba a la cabecera de esa mesa a conversar con él, por lo tanto, durante mucho tiempo yo asistí a las charlas entre él y Héctor Rodríguez y eso fue de las experiencias realmente importantes que me sucedieron. Fue un placer y un privilegio escucharlas”.

Arbilla recuerda que el edificio donde funcionaba el diario era “muy viejo y muy alto y en una punta del techo, donde sólo podían llegar las águilas, salía un caño como de medio metro con un remache en la punta que no se sabía de dónde venía ni para qué servía. Una noche, Zelmar estaba parado al lado mío y de pronto se quedó mirando hacia arriba, pensativo.

Luego me dijo: ‘Mi mujer siempre me pregunta por qué no la traigo a la redacción… ¡cómo la voy a traer!’.

Miro el caño y veo que debajo de él, en la pared, le habían dibujado dos enormes testículos”.

Arbilla cuenta otra anécdota para demostrar el sentido del humor de Michelini: “Una vez el diputado Rodney Arismendi acusó al diario Hechos de estar financiado por el comunismo de Pekín y de ser Héctor Rodríguez el intermediario”.

Relata que Michelini les contó a los periodistas del diario lo que ocurrió esa tarde con Arismendi: “Me acerqué a él y le dije: mire diputado, no va más. No puedo admitir que siga diciendo eso. ¿Sabe por qué? Por tres razones. Primero porque me duele por mí mismo, ya que es injusto y falso. Segundo porque me duele por usted que queda mal parado calumniando de esa forma. Y tercero por Héctor Rodríguez, porque voy a tener que desconfiar de él. No nos pasa nada de esa ayuda china, ¡se debe estar quedando con toda la plata!”.

Arbilla concluye: “Como en tantas oportunidades, Zelmar había logrado evitar la tormenta con una sonrisa”.

El protagonista de esa anécdota, Héctor Rodríguez (a cargo de la página gremial) recuerda: “En Hechos mi relación con Zelmar fue diaria porque permanentemente cambiábamos ideas acerca del trabajo que me había confiado, que era muy delicado. Habría que mirar ahora con más de veinte años de perspectiva, pero creo que hicimos un diario que asustó a la competencia. Y eso fue lo que incidió para que una empresa económicamente fundida pero de buen tiraje como Hechos, fuera comprada por otra próspera y seriamente consolidada. Fuimos a dar a ‘Seusa’ que editaba La Mañana y El Diario. Zelmar como redactor de política internacional y yo como simple cronista”.

El periodista uruguayo que compartió la redacción de Hechos con Michelini y hoy trabaja en AFP en París, Omar Prego, rememora: “Al terminar la aventura de Hechos, Zelmar empezó a hacer comentarios internacionales en El Diario y ahí se reveló con una faceta que yo desconocía: como un profundísimo conocedor de la realidad política internacional. Sus comentarios que salían en la página 2 eran sorprendentemente informados. Nunca supe de dónde sacaba el material para hacerlos. Conseguía datos que no venían ni siquiera por teletipo. Como me consta que era incapaz de tener un archivo, pienso que lo que tenía era una capacidad de lectura impresionante y una memoria prodigiosa”.

Prego afirma que el Frente Amplio, partido fundado por Michelini, nació en la redacción de un diario: “Una de las primeras reuniones para la constitución del Frente Amplio, la que tuvieron él y Juan Pablo Terra se llevó a cabo en mi despacho en la Secretaría de Redacción de El Diario. Luego de un acuerdo en este primer contacto, las siguientes se hicieron en el café El Vasquito. Pero la primera, tuvo lugar en el corazón de un diario”.

 * También periodista en la Argentina

 Pedro Michelini, hermano de Zelmar, recuerda que “estando en San Pablo me enteré del golpe de Estado (en Uruguay) y de la ida del Flaco a Buenos Aires. Después supe que Timerman le dio una mano y lo puso en la sección ‘cables’ de La Opinión”.

Rafael Michelini, hijo de Zelmar, afirma que “en Buenos Aires vivía del sueldo como cronista de La Opinión. Después empezó a hacer notas de análisis sobre política internacional en IPS y en Télam, dos agencias de noticias. Mi hermano Chicho, que ahora está en París trabajando en France Press aprendió con él en aquellos meses las primeras lecciones de esta técnica periodística”.

Zelmar Michelini, el hijo homónimo del periodista rememora que “cuando llegué a Buenos Aires en febrero de 1974, Argentina vivía el fin del camporismo (…) Papá estaba en plena actividad. Trabajaba en una radio, en el diario Noticias y colaboraba con la agencia Télam. Desde su llegada a Buenos Aires su primera preocupación fue trabajar”.

A mediados de 1973, Michelini ingresó oficialmente como redactor de la sección Internacionales de La Opinión.

Su primera nota la firmó el 29 de septiembre de ese año y se tituló “Mágicamente, el gobierno uruguayo descubre en su Iglesia al comunismo internacional”, según consta en el libro Las palabras son acciones.

*El tiro del final

En la madrugada del 18 de mayo, Zelmar Michelini fue secuestrado del hotel Liberty, en la avenida Corrientes al 600, en donde se alojaba junto a dos de sus hijos, que tapados con mantas, lograron escuchar que uno de los secuestradores le dijo “Zelmar, te llegó la hora”.

Esa misma noche también fue secuestrado el ex presidente de la Cámara Baja de Uruguay, Hugo (sic) El Toba Gutiérrez Ruiz. Ambos, acusados de participar del grupo guerrillero Tupamaros.

El libro Las palabras son acciones afirma que “La Opinión movilizó públicamente sus fuerzas. Editorializó en tapa, tituló frontalmente, informó sobre el inicio de una campaña internacional en su defensa y, en especial, sugirió la vinculación de sectores del poder con el secuestro”.

El libro recuerda que “los periodistas de La Opinión habían redactado una serie de notas ‘a manera de última apelación por su vida’ cuando la policía difundió la noticia de la muerte. Una estaba firmada por Roberto García y la otra por Timerman. García difundió una nota que Michelini había escrito donde le decía que temía por su vida.

Explicó que las denuncias eran habituales, pero que esta vez se había preocupado, pues ‘los anónimos no tenían relación con el tiempo: era como si él volviera a ser un combativo defensor de los Derechos Humanos, cuando en rigor, desde su modesto escritorio de periodista, abuelo ya, la lucha era más por la subsistencia que por la libertad’.

El redactor de La Opinión (García) y amigo de Michelini terminó su carta de un modo enigmático, que luego enfatizaría el mismo Timerman: ‘Esta nota no debe ser firmada solamente por mí, sino por todos aquellos que hoy entran a la redacción, miran la silla vacía y preguntan: ¿No hay novedades? Ellos también son sus amigos y, como yo, tristemente, apelan más por su vida que por su libertad’”

Timerman, en tanto, afirmó en una Carta al presidente Videla: “Conozco muy bien -y después de 30 años de periodismo no puedo ser ingenuo- los riesgos que corre mi vida por dar esta batalla. Pero es el mismo riesgo que corrió Ud. al denunciar el año pasado al entonces ministro de Defensa las actividades de la Triple A, y los riesgos que corren hoy los miembros de las Fuerzas Armadas que luchan contra la delincuencia subversiva y la corrupción”.

Ruiz interpreta en la obra que “el caso Michelini y Gutiérrez Ruiz fue uno de los momentos en que ésa estrategia de incriminar mediante la información y absolver mediante la interpretación adquirió mayor intensidad.

Según la crónica publicada, a los atentos lectores del diario no les podía quedar ninguna duda de una participación oficial en los crímenes (…) Pero en su análisis interpretativo y editorial de los hechos, el diario evitó adjudicar esa violencia al gobierno. Al contrario, prefirió sostener que esa violencia esa producto de los enemigos del gobierno”. Mochkofsky en Timerman aporta más datos al respecto.

Señala que “Timerman le escribió una carta pública a Videla, como la hubiera escrito a Lanusse. Apeló, por un lado a su enfrentamiento a ‘los duros’ y, por el otro, a la idea de que la opinión pública podía ejercer presión sobre los militares.

Daba por sentado que Videla no era el responsable directo del secuestro, pero le pedía que, en nombre de la lucha común contra los enemigos internos, forzara el ‘blanqueo’ (la legalización) de Michelini como preso político (una vez legalizados, por lo general, los presos conservaban la vida)”.

* Silencio de diario

En un tramo de la “carta pública” Timerman le dice a Videla: “¿Por qué me dirijo a usted? Simplemente, señor presidente, para impedir que el miedo nos lleve a la prensa complaciente que usted señaló como un peligro para la reconstrucción argentina. Diarios que no tuvieron miedo de denunciar las tropelías del anterior gobierno, a pesar de las bandas armadas de José López Rega y Lorenzo Miguel, como Clarín, La Razón y La Nación, han silenciado este dramático episodio”.

El 23 de mayo, acompañó a un artículo de García en la página 13 de La Opinión un recuadro titulado “Carta de Michelini a García”.

Allí Zelmar comentaba: “Amigo Roberto: en estos días he recibido amenazas telefónicas anunciándome un posible atentado y, además, mi traslado por la fuerza a Montevideo. Me llega asimismo la información de que el ministro uruguayo Blanco plantearía ante las autoridades argentinas la necesidad de que se me aleje de este país. No sé cuál puede ser el curso futuro de los acontecimientos, pero en previsión de que efectivamente un comando uruguayo me saque del país, le escribo estas líneas para que usted sepa que no tengo ni he tenido ninguna intención de abandonar la Argentina, y que si el gobierno uruguayo documenta mi presencia en algún lugar del territorio uruguayo, es porque he sido llevado allí, en forma arbitraria, inconsulta y forzada. No sería la primera vez que se intenta hacer pasar por voluntaria lo que es una actitud impuesta por la prepotencia y el salvajismo. Disculpe esta molestia y le agradezco el uso que usted haga, si es necesario, de esta confidencia. Su amigo, Zelmar Michelini”.

Su hijo Luis Pedro, uno de los que presenció el secuestro recordaría más tarde: “Cuando se lo llevaron estoy seguro de que no creyó que lo fueran a matar. Lo dejaron vestirse, ir al baño, llevar sus medicamentos. Creo que si hubiera tenido la certeza del peligro habría tomado ciertas previsiones. La única carta que escribió fue al periodista Roberto García, de La Opinión y sólo ante la sospecha de su secuestro”.

En tanto, otro amigo de Zelmar, Héctor Menoni, actualmente director de la agencia UPI, recuerda que fue a verlo una semana antes de su secuestro y “me confesó que estaba recibiendo constantes amenazas de muerte”.

Michelini le dijo a Menoni, según relata éste: “Me han ofrecido asilo en diversas embajadas pero no voy a aceptar porque estoy trabajando acá y tengo que seguir mandando dinero para mantener a mi familia. Lo que sí hice fue escribir una carta que entregué a un periodista de La Opinión que, perdóneme la palabra, tiene cojones por si me llega a pasar algo”.

Hablaba de García.

El “comando uruguayo” finalmente fue más cruel de lo que imaginó Michelini. No lo llevó a Uruguay de manera forzada. Lo asesinó en Buenos Aires.

* Desde la cima del dolor

Para finalizar, algunos sentimientos expresados por tres intelectuales uruguayos sobre la muerte de Zelmar.

El periodista Di Candia, del mencionado libro Ni muerte ni derrota dice en el prólogo: “No podré olvidar nunca su vejez prematura ni aquella terrible pena que lo agobiaba: cada vez que hacía una gestión internacional a favor de su país, la dictadura torturaba a su hija Elisa. Caminamos las tres cuadras que nos separaban del diario La Opinión, donde trabajaba y casi al final me hizo su última confesión: tenía miedo de terminar asesinado. El recuerdo de Zelmar ha sido siempre un sumar de tristezas. Desde esa cima, estoy escribiendo”.

En tanto, el escritor uruguayo Eduardo Galeano, en una cita que consta en el libro Maten al cartero, expresó: “País de paradojas, digo, donde los asesinos de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz pueden pasearse tranquilamente, impunemente, por las calles que llevan el nombre de Zelmar Michelini y de Hugo (sic) Gutiérrez Ruiz”.

Mientras que el poeta uruguayo Mario Benedetti escribió en su poema “Zelmar” en mayo de 1976, días después del asesinato de Michelini. “Convoquemos aquí a nuestros zelmares/ en ellos no hay ceniza ni muerte ni derrota ni tierno descalabro/ nuestros zelmares siguen tan campantes/ señeros, renacidos/ únicos y plurales/ fieles y hospitalarios/ convoquemos aquí a nuestros zelmares/ y si aun así fraternos/ así reunidos en un duro abrazo”

Por último y para quienes gustan de la música, queda aquí el video de la canción de Jaime Roos Brindis por Pierrot cantada por Washington Canario Luna y la murga Falta y Resto. En el minuto 2:45 del clip se puede ver como Canario grita “¡Este brindis por Zelmar!” mientras la cámara muestra una foto de Michelini. Ver en www.youtube.com Canario Luna, Brindis por Pierrot, especial para Telecataplum, canal 12 de Montevideo, video en el que aparecen Jaime Roos, Edu Pitutto Lombardo y Bananita González, jóvenes figuras orientales.

MICHELINI, TE SIGO VIENDO

Por Roberto García (2)

Del Flaco, del Pito, de Zelmar Michelini en suma, no me puedo acordar -a pesar de las décadas- solamente en el aniversario de su crimen.

Aunque hoy ese nefasto recuerdo sirva para escribir unas líneas.

Se me aparece el Flaco en distintas esquinas, Corrientes y Florida por ejemplo, donde vivía, a veces vagaba, atendía quejosos de su tierra o se internaba en un club de ajedrez.

Breve radio céntrico de vida (a tres cuadras, además, supo estar la primera redacción de La Opinión, donde trabajábamos, él infaltable en la sección exterior de 2 a 9 de la noche), también de muerte: allí lo levantaron de un cuarto de hotel, frente a los ojos de un hijo adolescente que lo acompañaba.

También se me aparece en la avenida Las Heras, por Palermo, cuando dos o tres veces por semana ayudaba en las noches a su hija para ordenar en un negocio las tarjetas del Prode de los clientes.

O al pasar por Montevideo cerca del cementerio que lo alberga o, más lejos, en Parque del Plata, donde tenía una casita de fin de semana para su numerosa familia.

Siempre con la misma sonrisa demoledora, con la misma edad, invariable en el consejo, con las mangas largas de su camiseta blanca debajo de la camisa celeste de mangas cortas.

Ni siquiera podía ser una moda uruguaya, más bien la distraida diversión de quien en eso no pensaba, miraba los aprontes de Maroñas en los diarios o leía negras policiales para darle otro caracter a las convencionales notas que escribía de política exterior.

Del otro lado del río, el dolor ajeno y el propio, casi culpable, por el maltrato a su hija presa en Montevideo, rehén de su exilio porteño, donde él vivía como un abuelo achochado aunque entonces las bandas iletradas lo secuestraron para torturarlo y acribillarlo como si fuera un activista peligroso. A él, justo, que solo ejerció la palabra.

Nota

(1) Amigo de Zelmar Michelini, compañero en el diario La Opinión y destinatario de la carta póstuma de Zelmar Michelini. En el momento de la publicación en DsD de esta nota, García era el director periodístico de Ámbito Financiero.

* Comentarios de Armando Vidal

Por la memoria de Zelmar y El Toba, porque los tengo presente, porque los conocì y traté en el Congreso, porque me duele y averguenza lo que les pasó en Buenos Aires, sólo por eso les recuerdo que hay un libro, El Congreso en la trampa, editado por Planeta en 1995 y presentado en la confitería El Molino con la presencia de Felipe, uno de los hijos de Zelmar. Allì se cuenta -sin que nadie pudiera desmentirlo- cómo Sanguinetti canjeó la libertad de los asesinos de Michelini y Gutierrez Ruiz a través del pedido de indulto que el entonces presidente uruguayo le hizo a Menem. Y que éste cumplió incluyendolos en la larga lista de los procesados, antes del que firmaría concedido a los ex comandantes. Todo porque Sanguinetti le había hecho el favor requerido por Menem de no detener en Uruguay a (Fernando) Vaca Narvaja y (Roberto Cirilo) Perdía buscados por Interpol y que estaban camino a Buenos Aires para formar parte de esos mismos indultos una vez que Menem asumiera. Armando Vidal, autor del libro mencionado dedicado a esos mártires orientales. 

Título y bajada: Zelmar Michelini, periodista/ Mayo de 2008. Se cumplen hoy 32 años del asesinato del político uruguayo. Diario sobre Diarios recuerda aquí su pasado como periodista, tanto en Uruguay como en nuestro país. El recuerdo de sus compañeros del diario Hechos que fundó en 1965 en Montevideo. Su paso por La Opinión de Jacobo Timerman. Qué dijo el mítico director del diario luego de su asesinato. La “carta pública” que le escribió al dictador Jorge Videla. Un emotivo recuerdo de Roberto García, hoy director de Ámbito Financiero y entonces compañero de Michelini en La Opinión. La carta póstuma que le dejó Zelmar. Y el recuerdo de intelectuales de la república oriental

Fuente: Diario sobre Diarios, Zona Dura, 21/5/08.