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PEPE TREVIÑO, SOÑÓ, AMÓ, LUCHÓ Y SUFRIÓ

Tras una corta enfermedad, a los 84 años se apagó ayer el corazón de Pepe Treviño, un periodista de viejas redacciones y sueños juveniles. Socialista por identidad política, liberal progresista y miembro activo del pensamiento nacional, Treviño fue un precursor en la defensa de los derechos humanos cuando todavía no existía plena conciencia de lo que ello significaba en nuestro país.

Fue autor, entre otros trabajos, de La carne podrida, un libro basado en un escándalo en la comercialización de las carnes a comienzos de los setenta, especie de segunda vuelta de lo acontecido en los treinta. Y dejó una larga obra —incluyendo novelas inéditas— de la que dan cuenta sus notas en diarios como Crítica, La Prensa y El Cronista Comercial.

En este último matutino cumplió un destacado papel como periodista parlamentario en el Congreso de la Nación, donde desarrolló su inmensa capacidad docente, en particular para las nuevas generaciones de periodistas.

Fue el esposo de Carmen Rivarola, también periodista ya fallecida. Su muerte es inevitable dolor para su hija, Juliana, familiares y sus viejos amigos.

NdE: hasta aquí, lo publicado en Clarín, el diario en el que había colegas que lo habían conocido como, sin ir más lejos, el jefe de Redacción, Ricardo Kirschbaum, en su paso por El Cronista Comercial.  Esta referencia con la informacíón de la muerte de Pepe, omite mencionar un duro capítulo central en su vida y en la de Carmen, su mujer, como fue el caso de la hija de ambos, legalmente adoptada.

Firmes sostenedores de lo que se expresa como derechos humanos, violados salvajemente en dictadura y no tan consagrados al comienzo de la recuperación de la democracia en 1983, llevaron a la pequeña hija a las Abuelas de Plaza de Mayo en tiempos en que todavía no se había descubierto el ácido revelador de identidades (ADN) para dejar constancia de la voluntad de saber si se trataba de una criatura hija de desaparecidos, decisión que derivó en una cadena de errores culmimada con la resolución apresurada de un juez que se la quitó poco menos de las manos para dársela a una familia ajena por completo a la situación y origen de la niña.

Pepe y Carmen lucharon incansablemente contra esa arbitrariedad hasta que tiempo después se comprobaría que el error cometido con lo cual la pequeña volvió a brazos de sus padres.

Toda la historia está en los diarios de la época, en especial en el mismo diario, Clarín, porque desde otro, tam,bién matutino, la obstinación de un periodista hizo del caso una bandera personal en desmedro de esa familia.

Hoy, aquella pequeña es una mujer, cuyo origen no proviene de crímenes ni secuestro de niños y la familia, que en un momento creyó que provenía de su seno, encontraría gracias a la labor de las Abuelas y los beneficios del ADN a su nieto.

Primero Carmen y después, Pepe, murieron en paz.

En esta evocación, los nombres se omiten para olvidar dolores surgidos de la improvisación y la ignoracia.

En poco más se cumplirán diez años de la muerte de Pepe, querido Pepe.

Volanta y título: Tenía 84 años/ Murió Pepe Treviño, periodista y soñador