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FALTÓ UN BUEN CRONISTA PARLAMENTARIO

Molesto por la ligereza del guionista de la película de Steven Spielberg sobre Abraham Lincoln -un papelón sin remedio- basada en la votación de la ley que significó el fin de la esclavitud en los Estados Unidos (enmienda XIII), el editor reivindica aquí a los buenos cronistas parlamentarios.

Por Armando Vidal

En cualquier ley pero más en aquellas que reclamen una mayoría especial –por ejemplo la inevitable para declarar en nuestro país la necesidad de una reforma constitucional- un cronista parlamentario difícilmente se vaya a equivocar acerca de cómo votó un bloque de legisladores en Diputados o los representantes de una provincia en el Senado. Y eso, en el día, en el correr de los hechos.

¿Cómo justificar entonces que la película Lincoln, de Steven Spielberg, haya incurrido en el grosero error de poner a un estado, nada menos que a Connecticut, en el bando de los que votaron en contra de la abolición de la esclavitud en la histórica sesión del 31 de enero de 1865?

Encima ni el guionista, Tony Kushner, ni el propio Spielberg, expresaron su pesar con la promesa de corrección, al menos en la versión en formato DVD, que fue lo que requirió en un comunicado un representante de Connecticut en el Congreso, Joe Courtney.

Connecticut fue una de las trece colonias que se rebelaron contra Londres y, desde 1776, es un estado considerado algo así como del padre de la constitución norteamericana,. Por lo tanto, coherente con esos antecedentes y por mantenerse en la Unión por ser además un estado del norte, sus cuatro representantes en 1865 votaron a favor de la enmienda XIII que consagró la libertad de los negros en los Estados Unidos, lo que no significaba en esa instancia la igualdad de derechos como el de elegir y ser elegido.

La promocionada película de Spielberg muestra la contrario.

¿Qué investigación hizo Kushner, el guionista que eligió Spielberg para la adaptación de un libro (Equipo de rivales: el Genio Político de Abraham Lincoln, de Doris Kearns Goodwin ) sobre el longilíneo presidente, nacido en 1809 en Kentucky y asesinado en Washington el 15 de abril de 1865?.

¿Quiénes consultaron las bibliotecas, comenzando por la del Congreso de los Estados Unidos, que se citan al final en la lsita de agradecimientos?

¿Cómo fue que nadie reparó en el grueso error? ¿Cómo es que ninguno de los cientos de hombres que intervinieron en la escena se dio cuenta? ¿Nadie sabía lo que estaban filmando?

Para un colmo que pone en vidriera esa manifiesta ignorancia, el representante de Connecticut es el primero en la película al que le piden desde el estrado de la Sala de Representantes que diga cuál era su voto.

- Nooo, gritó el actor.

Lincoln venía con todas grandes posibilidades de alzarse con el Oscar hasta el momento en que Courtney hizo el tibio planteo al que Kushner replicó con la soberbia desidia de decir que “por quince segundos” no se podía juzgar toda la obra, lo que al parecer sí hicieron los jueces a la hora del veredicto.

No hay película que tenga tan grueso error, al menos que uno sepa.

Por otra parte, el relato, que está centrado en una negociación parlamentaria para conseguir los votos - operación en la que, por supuesto, no podía dejar de participar el propio Lincoln-, es desordenado y confuso.

La guerra entre los estados industrialistas del norte (entre los cuales, habría que repetirle a Kushner, estaba Connecticut) y los del sur, demandantes de mano de obra esclava en la explotación de sus campos, es sólo un telón de fondo en esa negociación que transcurre en la Cámara equivalente aquí a la de Diputados. Ya el Senado había dado su sanción.

 Se requerían los dos tercios que de hecho eran los del total de miembros del cuerpo. Con una particularidad no aclarada: que dos representantes que votan por el sí lo hacen en ausencia por medio del conductor de la bancada oficialista, sin que nadie diga absolutamente nada, siendo que la sesión transcurría en un clima alborotado y por momentos escandaloso.

¿Cómo es que la dura oposición demócrata (que por entonces eran los malos de la película) no hace ningún planteo, después toda clase de ataques de su parte a Lincoln (el líder de los republicanos), a sus diputados oficialistas y los aliados de éstos, comenzando por los republicanos conservadores que respondían a Francis Preston Blair).

Había en el medio 64 demócratas que finalizaban su mandato y no habían sido reelegidos (los patos rengos lo llaman por allá), a quienes el propio Lincoln insta a captar porque en el nuevo gobierno (el de él porque sí había sido reelegido) iba haber, dijo, muchos puestos por ocupar.

La película muestra a los operadores de estas acciones de captación de votos que no significaban más que el clásico toma y daca, tanto allá como acá. También a los periodistas parlamentarios desde cuyo palco accionan esos personajes.

 “El Congreso no debe declarar iguales a aquellos a los que Dios hizo diferentes” dice en uno de sus discursos uno de los conductores de la bancada demócrata, Fernando Wood. De eso se trataba pero, primero, la abolición de la esclavitud porque para tener derecho a elegir y ser elegido faltaba mucho todavía.

El resultado fue de 119 a 56, sobre una Cámara de 175 miembros más de los dos tercios, datos en algún caso que hay que deducir porque la película no dice nada.

La votación fue el 31 de enero y el 15 de abril, a las 7.22, Lincoln moría como consecuencia del disparo a quemarropa recibido en la función del teatro Ford la noche anterior, asesinado por un actor, motivo de un pésimo chiste de uno de los conductores de la ceremonia de los Oscar.

Spielberger tuvo todo: la historia, el actor (¡un inglés!) (*) los recursos y muchos pergaminos, pero en Lincoln le faltó un buen cronista parlamentario.

(*) Ante observaciones recibidas, se aclara que Daniel Day-Lewis, ganador de su tercer Oscar en su carrera por esa película, nació en Londres en 1957 y a los 36 años adoptó la nacionalidad irlandesa, tierra en la que había nacido su padre, Cecil Day-Lewis, poeta y autor de conocidas novelas policiales con el seudónimo de Nicholas Blake, entre ellas La bestia debe morir).