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LAS TAPAS DE CLARIN, RECORTES CON ANTOJOS

Tapas amables en dictadura, tapas duras en democracia, las tapas de Clarín son toda una historia dentro de su historia de casi setenta años. El Gobierno de CK, blanco predilecto de ese recorte de la realidad. Segundo, A. Illia.

Por Armando Vidal

Las tapas de Clarín en democracia tienen una historia que mientras transcurre martiriza a algunos políticos y complace a otros. Desde hace seis años son parte de una guerra contra el Gobierno. Todo un récord.

Las tapas son en sí una síntesis de un relato contra el cual -el relato y su síntesis- el Gobierno no puede luchar. No puede. No sabe. Es más: encima que no logra una a favor, colabora con sus yerros. Eso sí: protesta, se enoja, se mufa. O Cristina se descarga contra algún periodista. Con 6,7,8, ni la prensa fiel, ni la favorable ni con el mismísimo Víctor Hugo alcanza.

Clarín no miente. Simplmene, no dice. O dice a su modo la verdad que le interesa, la que le conviene en su plan, ahora, de extirpación del kirchnerismo como un mal maldito, equivalente al maldito peronismo para los gorilas de antaño. Es que el peronismo de los setenta en el gobierno o le envió un interventor de redacción, que estaba pintado o aupó un ataque de la derecha adicta que pretendió darle un escarmiento de fuego. Cristina hizo algo peor: la ley de medios.

Complejo lugar de trabajo para sus periodistas, varios de los cuales vienen haciendo mutis por el foro, sin que ello signifique pasarse a las filas del poder oficialista. Algunos lo han hecho.

El que escribe estas líneas fue el primero cuando, con el arranque del gobierno de Néstor Kirchner, aceptó ser vicepresidente de Télam, ganando la mitad de lo que ganaba en en el diario. Eran tiempos de muto respeto entre el Gobierno y Clarín.

Duró nueve meses.

La falta de apoyo, por decirlo suavemente, del entonces jefe de Gabinete, Alberto Fernández -máximo jefe del área- a la gestión de Alberto Dearriba, presidente de la agencia,  lo devolvió al palco de Clarín en el Congreso. Ese Fernández quiso y finalmente logró, tiempo después, imponer a un ciego obediente en lugar de Dearriba. Era un aspirante a político y, por ende, a la escalera del poder que no alcanzó, por lo cual volvió al periodismo favorable. En contraste con ël, Fernández ojeroso se pasó a la oposición. Antes, dejó en evidencia que era el hombre de Clarín en el Gobierno.

Volvamos a las tapas de Clarín, que cualquiera puede ver en la web porque desde el  28 de agosto de 1945 hay unas 25.000 a disposición.

Difícil será encontrar un título como "perdió Boca" -porque hasta los canillas de la banda roja lo lamentarían los lunes- o la mención de Israel mezclada con sus belicosas reacciones, pasa ahora con los despiadados ataques a la Franja de Gaza, especie de villa miseria pegada a un mar azul, con un premier como Benjamín Netanyahu, tan brutal hoy como hace veinte años. Ninguna condena contra los fondos buitres, de los cuales Clarín parece portavoz.

Tapas de Clarín, tapas ganadas,  sea antes con personajes tetraleros como Guillermo Moreno, recordado secretario de Comercio o con su sucesor en ese cadalso, el vicepresidente y titular del Senado, Amado Bodou, quien desde que propuso estatizar las generosas publicitarias AFJP ha hecho todos los méritos para merecerlo. Por uno de esos méritos lo tiene procesado la Justicia.

Tapas que son producto de un bisturí manejado a puro arbitrio porque recorta hechos y los pone en la vidriera del producto para captar compradores como cualquier comercio tradicional, viejo concepto un tanto desactualizado.

Boudou, es la segunda piedra con la que tropezó Cristina, después de la dura lección aprendida con el desleal Julio Cleto Cobos.

Visto desde el Congreso, aparte de Ciccone y otras causas, grande es el contraste de trato por parte del mismo diario entre Boudou, el hombre que cerró el Museo del Senado, con Julián Domínguez, presidente de la Cámara de Diputados, el que organizó e implementó un drástico cambio en el edifico anexo que lleva el nombre de Juan Carlos Pugliese.

No todos los kirchneristas padecen con Clarín, porque más de uno se salva de su guadaña, especialmente en tiempos de seria falta de figuras con proyección que hoy no parecen pero que, mañana, pueden ser.

Las campañas de Clarín no son contra los gobiernos cuando empiezan, sino más bien cuando finalizan.

Hay dos claras excepciones.

Una,contra el radical del 25 por ciento de los votos Arturo Illia,  lo que pavimentó el golpe del general fascista Juan Carlos Onganía. Bajo la dirección de Roberto J. Noble, fue un duro opositor entre el 12 de octubre de 1963, día de la asunción, hasta el 28 de junio de 1966. día de su caída.

La restante contra la propia Cristina, que ha superado en extensión y persistencia a Illia. Comenzó en 2008 con las retenciones frustradas y continuaron por haber logrado la ley de medios audiovisuales al año siguiente y pese a haber sido reelecta con el 54 por ciento en 2011.

De esas 25.000 tapas hay una muy especial. Y es la que le baja tanto el tono a un grave hecho como si pretendiera negar su existencia, en contraste con lo que dice la crónica de dos páginas. Fue en el Congreso, en una sesión de privatización de una importante empresa del Estado.

¿A qué no sabe cuál es?

Sí, claro, la del diputrucho.

NdE: El texto no sufrió modificaciones en su versión original. Sólo se corrigió un espacio de línea en exceso, generado al grabar con ese error el Leer más...