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NO ES "EL RELATO", ES, SÍ, EL MODELO VIGENTE

Un periodista especializado en economía, defiende aquí el modelo impuesto por el kirchnerismo en el gobierno, acentuado en la gestión de la actual Presidente. Habla de realizaciones y confronta su mirada con las lapidarias críticas de lo que llama el establishment y la prensa tradicional.

Por Norberto Colominas

La década última marcó un cambio sustancial en el manejo de la economía nacional, si es cierto aquello de que la política es economía concentrada. El punto central de la política económica kirchnerista fue el ensanchamiento del mercado interno, base para sostener el consumo y el empleo.

Un buen nivel de sueldos mediante las paritarias y un razonable ingreso básico para los jubilados, vía un doble aumento anual de los haberes, marcó el punto central de esa política, base también generar recursos impositivos que, sumados a los superávits del comercio exterior, permitieron obtener los medios necesarios para impulsar la salud, la educación, las obras públicas y para sostener los planes sociales, además de solventar el funcionamiento del estado.

Este círculo virtuoso ha sido atacado sistemáticamente por el establishment y sus voceros, los grandes medios corporativos de comunicación, por ser favorables a la mayoría de la población, aunque “perjudicial” para sus intereses, extremo este que podría ser largamente discutido.

Basta ver las ganancias anuales después de impuestos del campo mediano y grande y de los bancos para estar en desacuerdo.

Por ejemplo, en los primeros nueve meses de 2014 la banca ganó un 82,7 por ciento más que en el año anterior.

Eso fue posible porque las políticas kirchneristas recuperaron la producción, el consumo y el empleo, redujeron severamente la deuda externa, cancelaron sus compromisos con el FMI y acordaron el pago al Club de París (una vieja deuda de la dictadura), amén de sostener un aceptable nivel de salud y educación, realizar obras públicas como nunca antes en los 30 últimos años, construir viviendas, desarrollar la ciencia y la tecnología nacionales, recuperar las grandes empresas públicas que habían sido privatizadas durante el período liberal y ofrecer subsidios al consumo mediante numerosos planes sociales.

Este diagnóstico es objetivo, no ideológico ni político.

Otro asunto es que el grueso de la población comprenda las razones por las cuales debería sostener firmemente, en defensa de sus propios intereses, la continuidad de este modelo.

Esta sí es una cuestión política, y de primer orden, en un país donde la opinión de la clase media decide la orientación de la opinión pública.

Ocurre que el establishment no soporta que se le arrebate el poder político, aunque esta pérdida no se traduzca en una disminución de sus ganancias.

Hay dos siglos de experiencia histórica detrás de esta afirmación.

Desde 2003 el kirchnerismo le discute al establishment la conducción política, económica, social y cultural de la sociedad, es decir, pelea palmo a palmo por la hegemonía, cuyo objetivo es lograr que la mirada propia sobre la realidad siga siendo --o se convierta-- en mayoritaria.

El establishment no puede digerir que le disputen la hegemonía.

De esto se trata la política, es decir la lucha por el poder (cuyo trasfondo es la lucha de clases), como la definiera el filósofo italiano Antonio Gramsci. Se pelea para eso, y con ese objetivo se emplean todos los medios disponibles, legales y de los otros.

En el escenario argentino hay dos proyectos en pugna.

Uno es el actual, que ha logrado separar la economía (y por ende la política) de los intereses del establishment. Y otro es el que busca unir esas partes de nuevo.

El primero es un proyecto nacional y popular, mercado internista, distribucionista en términos de ingreso e igualitarista en cuestiones sociales, que ahora es representado por el kirchnerismo como antes lo fue por Perón, el fundador de esta ideas.

El otro es el viejo plan reaccionario acomodado a las necesidades rentísticas de los distintos sectores de la burguesía (el financiero, el agropecuario y el de la industria más concentrada), que fueron representados históricamente por el Partido Conservador, por los seis golpes militares del siglo 20, por el peronismo de Menem (que no se presentó a la segunda vuelta en 2003 por temor al repudio) y por el radicalismo reaccionario de De la Rúa (que huyó de la casa Rosada en helicóptero dejando una estela de 30 muertos).

Por eso la coalición PRO-UCR-CC se parece cada vez más a la Unión Democrática de 1946, que reunió a conservadores, liberales, radicales, demo progresistas, socialistas, comunistas e independientes.

Perón los enfrentó en las urnas y les dio una paliza electoral, a todos ellos y a su menor, el embajador de Estados Unidos, Spruille Braden.

Aquellos dos últimos períodos de dominio hegemónico burgués-corporativo (Menem y De la Rúa) terminaron mal.

Todo indica que el proyecto en curso terminará bien, sin la crisis fenomenal y sin los muertos que dejaron a su paso los otros dos. Porque disciplinadas las fuerzas armadas al poder político y neutralizado el conservadurismo de la Iglesia, sólo el poder económico más concentrado y sus portavoces mediáticos (que no es poco) son rivales de peso.

En ese sentido mucho es lo que se ha avanzado desde la muerte de Perón hasta hoy.

Al trípode Establishment-Fuerzas Armadas-Iglesia le queda una sola pata.

Los tanques han sido reemplazados por lo medios.

Con eso les alcanza para pelear, pero no para ganar.

Cuando la Ley de Medios complete sus objetivos sólo quedará en pie el poder económico, que aunque será mucho ya no será tanto.

Los argentinos estamos ante una oportunidad histórica que nunca tuvimos hasta ahora: prolongar por veinte años o más un proyecto nacional y popular al servicio de la mayoría, torcerle la mano al capital más concentrado. y a sus voceros.

Recientemente La Nación y Clarín, entre otros, hicieron una denuncia que es un elogio al kirchnerismo: el gobierno distribuye aportes a 17 millones de personas entre jubilaciones (6,5 millones) y planes sociales de distinto tipo (10,5 millones).

Eso cubre a más de un tercio de la población del país.

Decisiones como estas son las que hacen la diferencia; toda la diferencia.

NdE: La actualización del 12/5/15 fue para corregir el espacio de sobra que habia en el corte de líneas cuando con el Leer más se pasaba a la lectura del texto después del copete de la nota.

Título: Razones para sostener el modelo, no "el relato"