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FERMÍN CHAVEZ, MUCHOS LIBROS Y UNA CAUSA

A los 81 años,  en 2006, murió Fermín Chávez, el historiador de la causa nacional y popular, como aquí sintetiza el autor. Combatió las mentiras con las que Mitre y aliados construyeron la historia oficial. Fue también poeta y periodista. Autor de muchos libros, tuvo una causa política, la de Perón.

Por  Roberto Baschetti (*)

 “Contra esta maquinaria del FMI lo único que se puede hacer es aguantar, resistir. Pero ya van a venir otros momentos de la historia. No las tienen todas consigo y el capitalismo tiene sus propias crisis. El capitalismo es deshumanizador y tarde o temprano tiene que estallar. El mercado no alcanza, contagia a muchos, compra voluntades, pero con eso no le alcanza.... Y las crisis tienen dos caras: la mala es el sufrimiento de la gente; la buena, es que crea conciencia nacional clara”. (Fermín Chávez. 13 de abril de 2000).

El 28 de mayo pasado (2006) falleció a la edad de 81 años el historiador de la causa nacional y popular Fermín Chávez. Había nacido en Nogoyá, Entre Ríos, el 13 de julio de 1924. El saber que había acumulado desde muy jovencito era tan fascinante como heterogéneo, si se recuerda que estudió Humanidades en Córdoba, Filosofía en Buenos Aires y nada menos que Teología en Cuzco.

Ese bagaje intelectual bien podría haberlo depositado en una torre de cristal, recompensado por el sistema, y al mismo tiempo alejado de la realidad y de la gente.

Por el contrario, sus conocimientos lo llevaron a cuestionar la historia oficial, que condena y oculta las luchas de liberación nacional en nuestra patria y el permanente y consuetudinario enfrentamiento entre la oligarquía y el pueblo, entre el imperio y la nación.

Sobre este tema supo decir por ejemplo que caudillos federales como el Chacho Angel Vicente Peñaloza y Ricardo López Jordán fueron víctimas del odio, ya que tanto Sarmiento como Mitre manipularon la historia para presentar como bandidos y forajidos a quienes representaban a las masas del interior, para luego identificar a las mismas con la Barbarie, en tanto que paradójicamente, el capital extranjero y sus agentes nativos eran la Civilización.

Muchos intelectuales de la década del ‘60 en adelante, entre los que me incluyo, le debemos a él, a Pepe Rosa, a Rodolfo Puiggrós y a Hernández Arregui, casi la totalidad de nuestra formación política e histórica. Ellos fueron de esos pensadores que escribieron verdades ocultas y que con su cuerpo sostuvieron, lo que dejaba leer su pluma esclarecedora.

Por eso nunca arrugaron y fueron parte de la Resistencia Peronista, se sumaron a la sublevación de Valle, fueron perseguidos por el Conintes de Frondizi y brindaron siempre desinteresado apoyo a los miles de jóvenes que se sumaron con el Luche y Vuelve a la epopeya más grande que protagonizó el pueblo argentino en toda su historia: el regreso de Perón a la Patria.

Fermín escribió a lo largo de su vida más de cuarenta libros entre los cuales se pueden citar a riesgo de ser injusto con los otros: Civilización y barbarie, Perón y el peronismo en la historia contemporánea, Eva Perón sin mitos, El diputado y el político (John William Cooke) y La chispa de Perón, este último sobre anécdotas graciosas que tuvieron como protagonista al Líder justicialista, a lo largo de su vida.

También brilló como recopilador: en el año 2004, publicó Historia y antología de la poesía gauchesca donde reúne la prosa de más de ochenta poetas olvidados. Al respecto, contra lo que se podía esperar de un hombre de su edad, siempre estuvo abierto a los cambios y no se refugió en lo tradicional; por el contrario, supo amalgamar lo mejor de las diferentes épocas: “Debemos releer la gauchesca para comprobar como su espíritu reaparece en el tango –cuando el gaucho de las orillas urbanas se transforma en el compadrito-, pero también en la música joven hecha aquí. El rocanrol retoma la tradición gauchesca ligada a la denuncia social y política, además de las historias de amor, la picardía, el humor ácido y la crítica de la vida cotidiana”.

Por mi trabajo en la Biblioteca Nacional tuve oportunidad de entrevistar para un documental fílmico al maestro Fermín Chávez.

Con la calidez y la humildad que lo caracterizaba me contó que cuando tenía 26 años la conoció a Evita, porque todos los viernes a la noche, la primera dama, concurría a una peña de poetas que llevaba su nombre y que se reunía en El Hogar de la Empleada, en Avenida de Mayo 869, edificación que hoy aún subsiste tal cual era por entonces.

Allí cenaban y recitaban para los comensales, sus escritos en rima.

Fermín me contaba que esa mujer era única y que transmitía una fuerza y una fe en la causa que defendía, sin parangón, sin igual, sin equivalencias, en el resto de los mortales.

Es decir, me confirmaba de primera mano lo que yo intuí desde siempre y gritaba a voz de cuello con millares de semejantes, en las manifestaciones de la JP setentistas, cuando el Brujo López Rega y sus secuaces me querían hacer pasar gato por liebre: “¡No rompan más las bolas, Evita hay una sola!”.

Se nos fue Fermín Chávez. Su lucidez ya por momentos lo abandonaba a lo largo del día y su corazón sufrió un grave desgarro cuando dos meses atrás perdió un hijo en un accidente de aviación.

Pensó que era hora de partir, de volver a las fuentes, de reencontrarse con tantos compañeros que lo precedieron en un camino eterno, pero que para él, además, será lleno de gloria.

Hago mías las palabras con las que lo despidió de éste mundo mi amiga Ana Lorenzo, una intelectual y educadora brillante: “Nosotros los peronistas y los compañeros del campo nacional, hemos perdido al último maestro. El país, a uno de sus grandes pensadores y a uno de sus más rigurosos desmitificadores de la historia oficial”.

Descanse en paz compañero, seguiremos su tarea.

(*) Este artículo del Lic. Baschetti está fechado el  14 de julio de 2006.