A+ A A-

  • Categoría de nivel principal o raíz: ROOT
  • Categoría: PERIODISTAS
  • Visto: 7

MARIO STILMAN, LOS SECRETOS DE UN VALIENTE

Lo que no decía su cuerpo enjuto, lo decía su mente voluntariosa. Parecía haber nacido para pensar en su muerte, mientras vivía en silencio. Fue en buena parte también lo que aquí alguien de Clarín escribió, probablemente sin conocerlo. Nadie sabía que era casi quilmeño y que sus padres tuvieron una mueblería en la calle Alem. Quien escribe estas líneas, el editor de Congreso Abierto, y hace más de cuarenta años su compañero en la sección Internacionales, de Clarín, tampoco lo sabía. Un día se lo dijo Mario, como un secreto, y así quedó en la memoria de ambos. Era extraño pero sólo para los extraños. Fue incapaz de hacer mal. Fue solidario y buen compañero, muy capaz de defender a quien no podía hacerlo, rasgo de valentía mayor en él, no apto para las refriegas físicas. Y, sin embargo, dueño de gran osadía como ver las balas de frente en alguna de sus coberturas periodísticas del Caribe. Recordar a Marío Stilman, es recordar su coraje, su sonrisa, su abrazo.

Por Clarín

El periodista Mario Stilman era un cronista “todo terreno”, un loco apasionado por la profesión capaz de ir a cubrir con el mismo entusiasmo un partido de fútbol como la caída de un dictador en Centroamérica.  Murió el lunes (NdE: 3/5/2020), a los 74 años, en el Sanatorio Otamendi, donde permaneció internado por problemas respiratorios. 

"Marito”, como muchos lo llamaban en Clarín -donde entró a trabajar un caluroso día de diciembre de 1977- tuvo un inalterable y único compromiso durante toda su vida. Fue con el periodismo. Con la adrenalina del cierre, con el vértigo de conseguir una primicia, por llegar primero y ser el primero.

Era meticuloso en la búsqueda de información; preciosista a la hora de buscar la palabra justa que le diera vida a sus crónicas.

Comenzó en la sección Deportes del diario Crónica. Allí, recuerdan quienes lo vieron correr con su libreta de apuntes, se llevaba el mundo por delante. En las temporadas veraniegas de Mar del Plata que le tocaron cubrir, abarcaba todo lo que pudiera pasar en esa ciudad, más allá de los partidos de fútbol. Vivía al calor del verano sin pisar la playa ni un solo día. Porque metía las narices en la política, en el espectáculo y, por supuesto, el deporte.

Luego pasó por La Opinión, en sus épocas doradas y por el diario Noticias.
Llegó a Clarín bien preparado.

Había crecido lo suficiente como para ocupar un espacio importante. Entró en la sección Internacionales. Las coberturas de la guerrilla centroamericana fueron su fuerte. Allí puso el cuerpo y el alma para después contar anécdotas tejidas entre la vida y la muerte.

Estuvo en Nicaragua cuando cayó el dictador Anastasio Somoza. Las crónicas sobre el proceso que derivó en la toma del poder por parte del sandinismo son hasta hoy tomadas como ejemplo de agudeza y precisión en las clases de periodismo.
Sus historias, sus anécdotas ricas en contenido entusiasmaban a cualquiera.

Con el paso de los años, su torbellino apasionado por el oficio de contar se fue atenuando. De la línea de choque de la Redacción pasó a una sección más tranquila, como Turismo. También estuvo un tiempo en la Mesa de Cierre del diario.

En 2002 volvió a su primer amor, a la sección Deportes, donde todo comenzó. Y allí revivió: pero la alegría no fue completa porque se acrecentó su deterioro de salud y ya no pudo sostenerse frente a una computadora para hacer lo que tan bien hizo durante mucho tiempo. Se fue encerrando lentamente en la soledad y el silencio.

Se fue de Clarín en enero de 2012. A mediados del año pasado anticipó la fecha de su muerte. Dijo que iba a ser el 26 de diciembre de 2019. Se equivocó por 39 días. Un margen de error imperdonable para quien había buscado, con obsesión, en toda su vida, únicamente certezas. ■

Título: Mario Stilman, el cronista que vio caer a Anastasio Somoza

Fuente: Clarín, 5/2/2020