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DEL BUEN VOCERO

Los voceros son un puente de información entre el político y el periodista y su labor es muy valiosa si la verdad es la que rige esa relación. Hubo grandes periodistas que en algún momento de sus vidas fueron voceros, entre ellos José Ignacio López (Raúl Alfonsín), Osvaldo Pepe (Antonio Cafiero) y Carlos Campolongo (Ïtalo Argentino Luder). Y también quienes hicieron el camino desde la política en sentido contrario como Fabián Doman (Alvaro Alsogaray) y Raúl Kolman (Luis Zamora). Aquí algunas reflexiones de quien cree en ese trabajo que conoció siempre desde su condición de receptor y que jamás fue defraudado por la labor de un buen vocero.

Por Armando Vidal

Un vocero o encargado de prensa es una fuente de información. Muchos periodistas se ocupan de esta tarea y tienen con sus colegas una relación basada en el mutuo respeto. Los identifica en el cometido la relación con la verdad. Lo mismo se puede extender a quienes realizan esa función sin ser periodistas pero conocen el oficio y sobre todo sus reglas.

Un periodista que trabaja para un político aspira volver o ingresar por primera vez a una redacción. Y quien no es periodista, siempre que no aspire a serlo porque seguramente habrá de conseguirlo, podrá preservar y acrecentar su papel de vocero/a.

En tal caso, habrá sabido valorar en todo momento la importancia que el dato fidedigno tiene para quien hace de la información la materia del día y también la de sus días.

Un buen vocero/a, para un caso e, incluso, para el otro, puede en alguna ocasión llegar a tornar innecesario que el periodista consulte directamente a quien contrató a ese colaborador que atiende, cuenta y explica a veces mejor que el representado.

Un buen vocero es aquel que estuvo donde el periodista no estaba; el que sabe lo que él ignora y el que en todo momento valora la verdad como un bien común. Es un auxiliar necesario para todo periodista, su propia avanzada y en alguna ocasión también sus ojos.

Difícilmente haya un buen vocero/a para un mal político porque estaría condenado al silencio y por ende duraría poco en la función. Los malos políticos no necesitan voceros sino, más bien, cómplices. Nada que ver por lo tanto con ese pequeño mundo de voceros y periodistas.

Un vocero, que fue periodista y que no admite ni tolera a un periodista, al extremo de agredirlo físicamente como también ha pasado, es un inepto para la función y seguramente una mala persona cualquiera sea el lugar del mostrador en el que haya elegido estar.