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PERIODISTAS, NO POLÍTICOS

Para el 22 de noviembre se esperaba el juicio oral y público por la causa de los sobornos del Senado de hace once años.  Y ahora, cargando las valijas en su despedida, Julio Cleto Cobos organiza jornadas de periodismo parlamentario al margen del Círculo de Periodistas Parlamentarios. Nota, réplica y respuesta. Al número de lectores hay que sumarles 754 (*). 

Por Armando Vidal

Todo cometido de naturaleza periodística en el Congreso y más si es específicamente parlamentario, debe estar a cargo del Círculo de Periodistas Parlamentarios, hoy presidido por Miguel Jorquera (Página/12), entidad cercana a sus sesenta años de vida.

Pero el Senado del saliente Julio Cleto Cobos ha decidido, hacer lo contrario y, encima, ignorando al Círculo. No es tan extraño: este hombre que arrastra su sombra ha sido capaz de hacer cosas un tanto más graves.

Unas inminentes jornadas de periodismo parlamentario organizadas por el Senado violan por su origen el principio de distancia con el poder político que sólo el CPP puede garantizar al evitar que haya confusiones en el temario y en la elección de los panelistas ya que tiene bien definida la línea de frontera entre los periodistas y los legisladores en el Congreso de la Nación. Y también entre los periodistas.

Esta es una larga batalla en el Congreso dada por periodistas reconocidos como tales contra quienes creen que se puede ser periodista cobrando de sus fuentes.

Quien hurgue en esta página podrá encontrar algunos ejemplos. No es lo mismo un periodista que trabaja para un medio independiente de los senadores y diputados de otro que no lo es. No es lo mismo un periodista cuya limitación en ejercicio de su trabajo es la que impone el medio para el cual trabaja que el cobra su tarea del propio Congreso o cuyo medio vive del Congreso.

Ponerlos a todos en el mismo nivel, como hace ahora el Senado, es una tarea de premeditada confusión que solo favorece a quienes quieren ser confundidos.

¿Prepara Cobos su retirada invitando a jugar un partido contra los que vienen a sacudir su alfombra? ¿De quién es en realidad esta idea que subvierte las reglas del juego? ¿De una organización perversa y oculta? ¿O simplemente de la sin vergüenza de la ignorancia?

”Mirada federal sobre la agenda política parlamentaria”, dice, por ejemplo, en uno de los temas el programa con la participación de La Voz del Interior y Los Andes.

Artículos que quien esto firma escribió para Clarín y salieron al mismo tiempo en Los Andes , por citar a uno de esos dos medios, demuestran lo contrario, con el agravante de que en algún caso fue presentado como una producción del diario mendocino.

¿Eso van a enseñar cuando hablen de “federalismo”?

Esta opinión con otras palabras fue dada en pocos párrafos en el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) vía por la cual el autor de estas líneas tomó conocimiento del hecho y dejó un comentario en ese ámbito cerrado. Pero la difusión del texto (corto y diferente de éste) fuera del marco en el que fue formulado -acción a cargo de responsables y razones desconocidas-, generó la necesidad de ampliar y sostener la posición en este lugar.

Ha molestado que dijera que el Senado es la Cámara de los sobornos de hace diez años (para decirlo en número redondos porque en realidad se cumplieron once) lo cual obviamente se sostiene también aquí porque el hecho sucedió allí y no en Diputados, donde también en esa Cámara por la misma ley laboral respaldada por Luis Barrionuevo y Enrique Nosiglia sucedieron cosas extrañas de las que se dan cuenta en esta misma página con artículos de aquel momento de Carlos Eichelbaum (entonces en Clarín) y Mariano Obarrio (que sigue trabajando en La Nación), entre otros.

Que sean otros los legisladores y otras las autoridades hoy del Senado no altera el concepto, sin hacer cuestión –bien podría hacerse- respecto del titular del cuerpo y vicepresidente de la Nación, que no renunció al cargo contra el cual votó en contra en la aspiración de Cristina Kirchner de transformar en ley la inoportuna resolución 125 que puso al campo en pie de guerra contra el gobierno.

Para que quede en claro la relatividad del calendario en la política argentina vale recordar que fue por la ley de los sobornos en el Senado que el frepasista Carlos Chacho Alvarez renunció y se fue a su casa dado que el delito se había consumado estando él al frente de la Cámara que integraban Emilio Cantarero, Augusto Alasino, Alberto Tell, Remo Constanzo, todos justicialistas y el radical José Genoud, ex presidente de su bloque, quien se suicidó de un disparo al corazón hace tres años, más su colaborador, amigo y ex secretorio de la Cámara, Mario Pontaquarto, mejor conocido ahora como “el arrepentido”.

¿Puede ignorarse que ante las mismas puertas del juicio oral y público para sus responsables, incluyendo al ex jefe de Estado Fernando de la Rúa –hijo predilecto del Senado- la Cámara de Cobos organiza jornadas de periodismo parlamentario cuando los periodistas tuvieron mucho que ver en el esclarecimiento de los hechos? ¿Con qué autoridad traspasa esa línea? ¿Nadie recuerda que hasta un diario amante de las estatuas echó a su acreditada ante el Senado e integrante del Círculo de Periodistas Parlamentarios después que ella reveló las confesiones de un senador que el diario consignó como correspondía en tapa, reservando la fuente, principio elemental que de inmediato violó con escasa valentía al día siguiente cuando los senadores justicialistas, obviamente, desmintieron la versión?

Quien esto escribe no tiene nada que ver con otras manifestaciones contra de esas jornadas formuladas por parte de quienes siempre se han opuesto al Círculo de Periodistas Parlamentarios.

Las suyas son observaciones que le duelen formular porque pueden lastimar a queridos compañeros que aceptaron la invitación que, en su opinión, debieron rechazar de plano con la misma enjundia que se lo hace contra el gobierno.

Es una cuestión de periodistas, no de los medios, de los periodistas que se sienten los ojos y oídos de un público invisible y al que deben llegar –les guste o no a los medios para los que trabajan- de la mejor forma que fuera posible.

Ningún diario puede evitar la publicación de una gran noticia aunque sea ajena y hasta violente sus intereses. El caso del diputrucho oficia de ejemplo.

La posición del firmante ha sido la misma desde el restablecimiento de la democracia: los periodistas parlamentarios (no los medios que tienen otros intereses) son los primeros controles de la actividad parlamentaria y por ello no deben ser confundidos, ni pueden tener ninguna clase de relación laboral, con los legisladores, Cámaras o bloques, lo cual está específicamente consignado en el estatuto del Círculo de Periodistas Parlamentarios.

Si por él hubiera sido jamás una Cámara hubiera violado una sala de periodista a cambio de comodidades que atenúan el estado de indignación de un periodista. Los viejos y pobres gimnasios son los que en el boxeo le recuerdan siempre al campeón sus orígenes.

Por eso escribe esto con furia y lágrimas secas sintiéndose parte del equipo de periodistas llenos de sueños y derrotas pero dignos trabajadores contra la prepotencia de los medios y del poder político.

La confusión siempre juega en contra de los honestos, razón por la cual este viejo cronista lamenta la participación de hermanos de tantas luchas por la misma causa, que decidieron dar realce una decisión política, oportunista, aviesa y ajena al Círculo de Periodistas Parlametarios.

Un antecedente en una Cámara con malos antecedentes.


                                                                                       PALO AL EDITOR

Textos de los mensajes entre el periodista Gustavo Ybarra, acreditado por el diario La Nación ante el Senado de la Nación y el editor de esta página.

Estimado Armando:

Espero que publiques esta respuesta. Insistís en cuestionar unas jornadas de periodismo con el argumento de que el periodismo es cuestión de periodistas y no de políticos por el simple hecho de que las organiza la Dirección de Prensa del Senado y no el Círculo de Periodistas Parlamentarios. Lamento tener que contradecirte pero el CPP no tiene la franquicia exclusiva del periodismo parlamentario y cada cual es libre de organizar lo que se le de la gana, siempre y cuando lo haga con buenas intenciones y con total transparencia.

Debo informarte que hoy, los miembros del Círculo, como periodistas activos que somos, no tenemos tiempo para organizar este tipo de jornadas. Estamos haciendo, y con éxito, las conferencias de prensa de los candidatos presidenciales (que arrancó con una conferencia del ministro del Interior, Florencio Randazzo, explicando el sistema de primarias en la semana previa a las elecciones), como actividad del CPP.

Creo, además, y te lo dije telefónicamente, que es una falacia poco digna de vos mezclar los sobornos del Senado con estas jornadas. Nada tiene que ver una cosa con la otra y sí que es un factor fundamental el hecho de que no se trate de la misma composición de aquel cuerpo que tan mal le hizo a las instituciones el que organiza las jornadas. Con tu concepto, el Senado debería haber sido cerrado para siempre por la mancha que le infringieron unos cuantos facinerosos que, como bien decís, hoy están siendo juzgados (¿juzgados?) por la Justicia.

Lo peor de todo es que, como escribiste en tu mensaje a Fopea, revolcás en el lodo de los sobornos a los periodistas que de muy buena onda y totalmente ad honorem participaremos de las Jornadas. Lo que sí se desprende de tu diatriba (porque de eso de trata tu artículo) es que estás muy enojado con la conducta del vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, en el debate de la resolución 125; actitud que de manera evidente empaña tu vista y campea a lo largo de toda tu crítica a las jornadas.

Vuelvo a repetirte lo que te dije cuando hablamos por teléfono: una de las razones por las que acepté participar es, precisamente, porque Cobos no podrá hacer uso político de estas Jornadas, ya que no es candidato a nada. Otra vez te digo que te volvés a equivocar y a cometer una falacia imperdonable para alguien al que, hasta ahora, respetaba como periodista y como persona.

Por último, explico aquí la razón por la cual acabo de perderte el respeto como periodista (las personales me las guardo para decírtelas en persona cuando quieras): cometiste un error de principiante, ya que te largaste a escribir sobre algo sin haber consultado a las fuentes. Debí llamarte yo para tratar de aclararte algo la cuestión (no tenías ni idea de cómo se había organizado cuando escribiste el mail a Fopea) y así y todo redactás una columna en tu página tomando los argumentos que te vertí en esa charla para responderlos.

Sólo encuentro una explicación a tanta mala leche y mal periodismo: el retiro te tiene aburrido y de algo tenés que escribir. O, tal vez, extrañás viejas épocas de protagonismo ya perdido. Sinceramente.

Gustavo Ybarra


                                                                                       RESPUESTA DEL EDITOR      

Estimado Gustavo:

Dejás muestra de una gran intolerancia frente a una opinión basada en hechos del pasado y conversaciones del presente, incluyendo la de tu llamado que vos revelás, no yo. Hablé, además con otros miembros también del CPP.

¿No puedo opinar en mi propia página y con el cuidado de no molestar a mis compañeros?

Tu tempestuosa réplica desborda tu derecho a criticar. No creo que me haya transformado en tu enemigo por fustigar a Cobos, tal como hice en otras tantas notas que he escrito. Cuidá tu temperamento que te hace perder el equilibrio.

Dije y amplío ahora que no pongo en duda la honradez de los periodistas y lo digo específicamente por quienes pertenecen al Círculo de Periodistas. No es mi intención perturbar a nadie que no se lo merezca –de allí que me extrañe tu desmesura- sino señalar que los campos de los periodistas y políticos tienen una frontera. Y que en este caso el Senado la ha atravesado.

Por otro lado, vos creés que el Senado no es el mismo que el de los sobornos, lo cual es formalmente así pero en mi visión –insisto, en la mía- creo que lo será en plenitud cuando lave su honor tras el veredicto judicial que será, esperemos, el próximo año.

No te preocupes por mi vida: estoy bien, trabajo y escribo lo que quiero. No extraño ningún protagonismo, en todo caso comienza a extrañarme el tuyo.

La batería que descargás sobre mí no me enoja, me duele por provenir de vos. Yo no me olvido quiénes somos. 

Por eso no respondo en el mismo tono y doy por cerrada esta lamentable cuestión.

Armando

                                                                                                  oo000oo

(*) Son los registrados en total con la anterior versión de Congreso Abierto, página ahora estandarizada para su mejor navegación.