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EXCEPCION, NO RUTINA

El senador Ricardo Gomez Diez, del partido Renovador de Salta que en el 2007 se aliaría con un sector del peronismo para consagrar gobernador a Juan Manuel Urtubey, convoca en la sesión del 10 de noviembre de 2004 a terminar con la rutina de la declaración de la emergencia publica permanente y la delegación de facultades que los constituyentes de 1994 concibieron para circunstancias excepcionales. Evoca lo sucedido en 2002 cuando en medio de los incendios participó como diputado del rescate de la institucionalidad.

Sr. Gómez Diez. — Señor presidente: la ley 25.561, cuya prórroga propicia el proyecto que estamos debatiendo en este momento, fue sancionada por este Congreso entre el 5 y 6 de enero de 2002. Muchos de nosotros fuimos testigos y protagonistas directos de esos días realmente difíciles, de tanta incertidumbre respecto del futuro del país.

En la Cámara de Diputados, fue miembro informante el diputado Matzkin, quien trazó un panorama de lo que estaba sucediendo cuando dijo, entre otras cosas, que la crisis social y económica del país avanzaba a la velocidad del sonido. Hizo referencia a la desocupación y a la caída del producto bruto.

Dijo que la producción industrial se había venido abajo. Las importaciones habían disminuido un 40 por ciento; el consumo de energía eléctrica, un 6 por ciento; la venta de los supermercados había disminuido un 9 por ciento; la construcción, un 20 por ciento. También dijo que se habían fugado los depósitos y que la recaudación impositiva del último mes, diciembre de 2001, respecto de igual mes del año anterior, había caído nada menos que un 33 por ciento. En esta Cámara, el miembro informante fue el senador Lamberto —y este episodio queda para la anécdota—, a quien en la Cámara de Diputados le había tocado la responsabilidad de ser miembro informante de la Ley de Convertibilidad.

El destino quiso que también fuera miembro informante, pero de la ley que le puso fin al Régimen de Convertibilidad. Lamberto decía que las fábricas estaban cerradas, que no se podía competir y no porque nuestros empresarios no fueran eficientes, nuestros trabajadores diestros o nuestros técnicos capaces; el motivo -decía- es que hay una relación cambiaria que nos impide la relación con el resto del mundo. Así se aprobó la ley 25.561.

En noviembre de 2003, cuando se trata la prórroga, que se aprueba por ley 25.820, el miembro informante de la Cámara de Diputados, el diputado Gutiérrez finalizó su alocución diciendo "ojalá que ésta sea la última prórroga de la ley de emergencia que tengamos que votar y que, a fines del año que viene, podamos dejar vencer esta ley de emergencia y los argentinos transitar el camino de la normalidad y el crecimiento para todos".

 Cabe acá preguntarnos cuál es la situación actual. En este sentido, como lo ha hecho el señor senador por Mendoza, nada mejor que remitirnos a las palabras expresadas por quien tiene la responsabilidad más alta en la conducción de la política económica del país, que es el ministro Roberto Lavagna, que hace muy pocos días, el 5 de este mes, dio un mensaje en IDEA, en Mar del Plata, donde hizo referencia a la situación en la que se encuentra el país. Y entre otras cosas, sin simplificar ni ignorar la enorme tarea que hay por delante, dijo que la situación de hoy es radicalmente diferente a la de hace tres años. Hoy podemos hablar seriamente de mediano plazo.

El ministro decía que podemos hablar de asegurar para nosotros y para nuestros hijos un país que esta vez no deje escapar la oportunidad de ser durablemente normal. Al concluir, dijo que el desafío de este gobierno es de gestión. Textualmente decía: “Este es un momento de paz y de administración”, citando al presidente Roca. También agregaba: “La nuestra debe ser la gesta de la normalidad”.

Entonces, si el ministro de Economía nos dice que la gesta que tenemos por delante los argentinos y el gobierno es la de la normalidad, ¿cómo podemos nosotros hablar de prorrogar una emergencia, de volver a declararnos en emergencia, que es un presupuesto fáctico que hoy no existe en la realidad, y que es el que requiere el artículo 76 de la Constitución Nacional para circunstancias excepcionales, como las que vivimos en aquel principio de 2002, que pudieron haber justificado la delegación de facultades que se hizo en el Poder Ejecutivo nacional? Por lo tanto, me pregunto cómo podemos hablar de emergencia cambiaria.

¿Sensatamente podemos hablar de que el país está en emergencia cambiaria? Tengamos presente que el Banco Central tiene que intervenir para mantener en 3 pesos el tipo de cambio. ¿O es que alguno de nosotros teme una corrida cambiaria en estos días?

Yo no he escuchado a ninguna persona sensata hacer una apreciación de estas características. ¿Cómo podemos hablar de emergencia financiera, si los bancos están desarrollando su actividad en forma totalmente normal? El Estado tiene un superávit único en cincuenta años, que a fines de 2004 será de alrededor de 20 mil millones de pesos. ¿Cómo podemos hablar de emergencia administrativa? ¿Podemos hablar de emergencia económica, cuando este año la economía va a crecer un 7,4 por ciento; y el 24 de este mes votaremos un proyecto de ley de presupuesto que prevé un crecimiento de entre el 4 y el 4,5 por ciento para el año que viene?

 No hay emergencia económica en un país que crece al 7,4 por ciento. Alguien podrá decir que en la Argentina hay una cantidad importante de pobres y que vivimos una situación social difícil. Al respecto, diría que esto tal vez tendríamos que haberlo debatido un poco más cuando se produjo la devaluación. En este sentido, cuando sobrevino la devaluación yo era consciente de que era insostenible la convertibilidad.

 Pero yo voté en contra de la ley 25.561, con el argumento de que primero había que poner sobre la mesa un plan económico, que no se podía construir una casa sin planos, porque abierta la compuerta sin un programa económico iba a dispararse el tipo de cambio, entonces, no íbamos a tener una devaluación del 20, 30 ó 40 por ciento sino una del 200 por ciento como finalmente sucedió.

Acá hubo una gran transferencia de riqueza en la Argentina. Esta es la realidad. Se benefició el sector exportador, el campo, el Estado. Hoy el Estado cobra retenciones. Y se incrementó la recaudación impositiva, entre otras razones, por el aumento de los precios. Hay impuestos como el IVA que se tributan sobre el consumo, entonces, si suben los precios, sube la recaudación del IVA.

La verdad es que hay conciudadanos nuestros en una situación difícil, pero que no es la del Estado. El Estado actual es rico, solvente y con un superávit de 20 mil millones de pesos. En consecuencia, no se puede hablar de emergencia cambiaria, financiera, administrativa y económica porque no existen esas situaciones. La semana próxima haremos una asamblea legislativa para recibir al presidente de China, ¿y qué noticia podemos darle? Que el Congreso se reunió la semana pasada y declaró que el país se encuentra en emergencia cambiaria, financiera y económica. Pero eso no es sensato.

 Por lo tanto, considero que hay que ayudar al gobierno para que la Argentina se reencuentre con el camino de la normalidad institucional. No nos clausuremos nosotros mismos. Ayudemos al gobierno con un Congreso en funcionamiento. Si el Congreso funciona, no es necesario el dictado de decretos de necesidad y urgencia. Además, no existen situaciones excepcionales que autoricen la implementación de este tipo de instrumentos.

 El destino ha querido que el oficialismo tenga una mayoría generosa en ambas cámaras legislativas, lo que hace que pueda gobernar tranquilo. De hecho, no se le ha negado ninguna de las leyes que necesitó. Por lo tanto, no tiene sentido la delegación de facultades en un contexto de esta naturaleza. Por esta razón, ayudando al gobierno con la mejor de las buenas voluntades, nosotros vamos a votar por la negativa porque creemos que de esta forma hacemos nuestra contribución al futuro de la Argentina.

Fuente: senado.gov.ar