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LA SEMILLA DE LAS LICENCIAS

Lo que en el caso de las licencias pretendió ser una excepción se transformó en una regla en la Cámara de Diputados, motivo por el cual nunca debería generarse una norma con nombre y apellido, aunque fuera merecida como lo era en este caso para el radical Juan Carlos Pugliese.

Por Armando Vidal

La semilla de la proliferación y abuso de licencias de los diputados para ocupar otros cargos, en particular en el Poder Ejecutivo surgió de una distinción. Fue el premio al radical Juan Carlos Pugliese, presidente de la Cámara de Diputados desde 1983 hasta ese momento, planteado desde el bloque peronista por su conductor, José Luis Manzano, cuando propuso el rechazo a la renuncia a la banca que había presentado el respetado balbinista para transformarla en ese permiso.

Pugliese había decidido suceder al ministro de Economía Juan Vital Sourrouille en febrero de 1989 e inmolarse en esa cartera, como realmente sucedió, en nombre de su obligación partidaria. Un gesto fuera de lo comúin que la oposición valoró y quiso premiar dejándole la posibilidad del retorno.

Pugliese, que había sido ministro de Economía de Arturo Illia, no pudo con los mercados y la especulación (“les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo” fue su frase que lo pintó en espíritu y estilo) y pasó a ocupar el ministerio del Interior, mientras el joven diputado Jesús Rodríguez lo seguía en Economía (José Dumón fue a Educación) mientras se avecinaba la gigantesca ola de la hiperinflación.

Pero lo que nació de una grandeza para un grande como Pugliese, se transformó por rutina en una vergüenza de la que el menenismo en el Gobierno (1989/1999/) dio también sus destacadas lecciones. Y así esa práctica llegó como degradación hasta el caso de la ex arista Graciela Ocaña que, con sus licencias renovadas, impedía la ocupación de una banca que ya no le pertenecía hasta que finalmente renunció y no volvió más al Congreso, por lo menos hasta el 2011. 

El autor del proyecto de resolución que le otorgó a Pugliese una licencia hasta el 10 de diciembre de ese año  fue el ucedeísta Francisco Durañona y Vedia.  Jesús Rodríguez y José Dumón se encuadraron después en la misma situación. Y así siguiendo.