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SAN JUAN, SUS HORAS Y LAS ESPERAS

A los 63 años,  el gobernador sanjuanino José Luis Gioja actúa para el presente y calla para el mañana. Siempre estuvo cerca de Cristina y el busto de Néstor en el flamante Centro Cívico lo presenta como un amigo de San Juan. Notas de un viaje a la tierra de un caudillo manso. 

Por Armando Vidal

Por primera vez San Juan siente tener un peso que el pasado y sus pobrezas le negaron. No es sólo por la explotación minera que diseña el futuro con sus técnicas de depredación e ilumina al presente en sus áreas urbanas, como su bella capital, sino también por factores políticos.

Factores que tienen al gobernador José Luis Gioja, como el caudillo que Sarmiento seguramente hubiera consentido. Con sus tres gobernaciones al hilo desde 2003 –reforma constitucional mediante- y una multiplicidad de obras, Gioja cuenta con un respaldo tan grande como la incertidumbre acerca de lo que sobrevendrá sin él en el poder.

Una semana recorriendo la provincia como turista, reduce toda posibilidad de un análisis riguroso pero lo que se ve, se lee y sobre todo se escucha en San Juan permite arriesgar que este hombre de 63 años –nació el 4 de diciembre de 1949-, de impecable estado físico, casado, católico, ingeniero, padre de cuatro hijos (entre ellas una monja de clausura y un muchacho especial, amor compartido que siempre lo acompaña), no concluirá aquí su carrera.

“Muy duro, muy duro, esto es como jugar dos partidos seguidos contra los All Blacks”, confesó Serafín Dengra, aquel fuerte y enrulado pilar de Los Pumas de fines de los ochenta, tras el cruce en un verano reciente de los Andes a caballo, por la senda de San Martín, comandados por Gioja, quien alienta a los demás en la travesía.

Tipo dúctil, simple y campechano este gobernador que erradicó todas las villas, construyó represas, creó decenas de escuelas, promovió el turismo y defendió en todo momento la explotación minera a cielo abierto.

Recursos que captan las arcas y que en la ciudad capital puede percibirse a simple vista como un estado de bienestar y que en las rutas hacia la precordillera explican el paso de los camiones en fila de seis cuando pasan con sus cargas precedidos por sus escoltas al bajar y volver a las minas. Otro mundo, distante pero no ajeno, centro de la campaña agresiva de Greenpeace, su modo de despertar conciencia. "Que vengan y vean" dice Gioja. Y sigue.

También por el norte se ven los trabajos de la ruta 150 que en San Juan será el tramo final del corredor bioceánico que promueve Brasil para unir Porto Alegre con el puerto de Coquimbo, en Chile, túnel mediante de Agua Negra, todavía en estado de proyecto (se espera el comienzo de la obra, cuya extensión será de 14 kilómetros, para el próximo año).

“La obra más importante de la historia de San Juan”, dice Gioja.

Para San Juan seguramente pero no para la Argentina, según la opinión de algunos especialistas, porque parte el país por el medio y lo transforma en un mero dinamizador de negocios ajenos.

Un asunto que, como con las consecuencias de la minería,  se verá en el futuro. Ahora,  es presente; mañana quién sabe lo que depara el destino, quizás un terremoto.

Hay mucha gente con apremios que buscan al gobernador, especie de Papa Francisco, porque es bueno y atiende a todos. Y sabe escuchar, dicen.

Uno no ha querido ni enterarse siquiera pero un padre desesperado quiere hacerle saber al gobernador que aquella nota con el pedido de ayuda para su hija de 16 años, oboista que tocó una vez en San Juan con Gustavo Santoalla (Exp.600-6061-C), que Gioja de inmediato giró Desarrollo Humano, fue enviado al archivo sin siquiera citar a la incipiente estrella.

En el Parque Provincial Ischigualasto –desde donde el 25 de mayo del Bicentenario se cantó el himno nacional-, en el que se halla ese depósito petrificado de dinosaurios, pegado al límite con La Rioja, los buenos guías con formación de guardaparques cuidan hasta la más mínima piedrita de ese escenario del triásico  y claman mínimas comodidades que cuyas faltan se perciben a primera vista. Los responsables de tamaño tesoro de la humanidad parecen estar muy lejos.,

En esos terrenos intocables por lo que tienen guardado a pocos centímetros de profundidad desde hace millones de años, el Ministerio de Cultura y Turismo organiza una carrera nacional de bicicletas de montaña, con todo lo que ello trae aparejado en materia de infraestructura,, como camiones, autos y gente interesada en la competencia.

 ¿El Dakar de 2014 que el 7 de enero pasará por San Juan lo hará por esos lugares?

“Una piedra con forma de bocha de este Parque se está vendiendo por Internet desde Estados Unidos en 5.000 dólares” dice un guía informado al contigente de turno que lo escucha y sigue sus explicaciones en cada parada.

Gioja no puede desconocer lo que allí está pasando, razón de cambios que se anticipan de manos de quienes vienen generando esta situación de cierto abandono de los controles. Se verá. Por ahora Ischigualasto exhibe diferencias en su contra tomando en cuenta el contraste con el Parque Nacional de Talampaya, del otro lado, en La Rioja, que forma parte del mismo fenómeno, pero que allí está en manos de la Nación, que son mucho más rigurosas.

Entre las relaciones surgidas con motivo del viaje por la provincia, dos ex soldados conscriptos eron movilizados en 1982 para entrar en combate, lo que finalmente no se produjo, piden que la Nación los reconozca. En Buenos Aires, unos violentos sobre los que hay dudas acerca de quiénes son lo reclaman a los gritos y protestas . En San Juan, en cambio, dejaron saber que comparten la idea de que el gobierno de la provincia haga llegar a la Casa Rosada el padrón real de esos soldados, como parte de un detalle exhaustivo para hacer justicia.

La restante no es ninguna novedad para Gioja (ver nota aparte) pero lo cierto es que don Domingo Castro hace rato que está esperando al gobernador. Está solo, lo han atacado, baleado y robado y a la Municipalidad de Zonda parece no importarle un rábano la gran obra de ese hombre. Que lo único que pide es que la provincia reciba esa riqueza y que inauguren su museo.

Si el que escribe hubiera encontrado a Gioja en algún lugar del centro sanjuanino tomando un café con sus amigos, seguro que algo le decía porque es un hombre que sabe escuchar.

La última vez que estuvo con él fue en plena Av. 9 de Julio a metros del Obelisco cuando el propio Gioja andaba entre los automovilistas repartiendo volantes de promoción de la gigantograía de Ischigualasto (Valle de la Luna, según la llamó un periodista de la provincia), obra de Roberto Ríos, otro sanjuanino, fotógrafo del diario Clarín.

Fue en 2007, año de su primera reelección.

¿Dónde estará Gioja dentro de dos años? ¿En Buenos Aires o en San Juan?