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LEBENSHON, EL GRAN RADICAL

En 1953, falleció una de las figuras radicales de mayor prestigio, pese a no haber ocupado cargos públicos: Moisés Lebenshon. Al cumplirse los 50 años, este artículo lo evocó con pesar.

Por Armando Vidal

Se acaban de cumplir 50 años de la muerte de Moisés Lebensohn, el más profundo pensador en acción del partido radical, figura hoy en el olvido.

Murió el 13 de junio de 1953, tan prematuramente como rápida fue su vida alumbrada en Bahía Blanca el 12 de agosto de 1907.

Abogado a los veinte años, fue periodista en Junín, donde fundó el diario Democracia, hoy bajo la conducción de su único hijo, Héctor Moisés Lebensohn, quien mantuvo siempre distancia de los asuntos partidarios.

Distinto fue el caso de Moisés.

Judío y pobre, nacionalista y rico en ideas que sacudieron las estructuras reaccionarias del comando del partido de Leandro N. Alem, Lebensohn resumió en los valores de la libertad y la justicia —ambos términos deben leerse en su sentido social— la raíz y el destino de "la Argentina soñada", expresión con la que definía su utopía.

Tenía quizá como nadie entre sus correligionarios una visión que profundizaba la simiente yrigoyenista, lo cual explica los motes de "comunista" que le disparaban desde el ala alvearista en el preámbulo de los años treinta, equivalentes a las imputaciones de "peronista" a comienzos de los cincuenta.

No fue, naturalmente, ni una cosa ni la otra.

Fue profundamente radical, convencido de que "la democracia es una simulación si en los partidos pequeñas minorías en posesión de los engranajes señalan las soluciones", lo que hoy se comprende en plenitud.

Redactor del programa de la Juventud Radical de 1944, coautor del programa de Avellaneda de 1945 y del documento de la Convención Nacional del 48, Lebensohn fue la encarnación de la Intransigencia y Renovación, línea interna contraria a toda expresión de contubernio con el poder real como aconteció tras el golpe de 1930.

La reforma agraria para terminar con la inequidad plasmada por ley en 1876, con la que el gobierno de Avellaneda repartió 15 millones de hectáreas entre 250 apellidos rancios; la nacionalización de la economía, incluyendo el petróleo, y el fin de los monopolios, eran para él las banderas de lucha, además de la libertad como garantía de la vida humana.

Fue diputado y brilló en el llamado bloque "de los 44" durante la primera gestión de Juan Perón. (NdE: error que corresponde ser corregido. Lebenshon no fue diputado sino un secretario destacado de la mesa de conducción de la bancada; si fue constituyente en la convención de 1949, de la cual se retiraría la representación radical).

De Alem a Yrigoyen, Lebensohn pudo ser la otra gran estación del viaje del partido iniciado en 1891. Murió a los 45 años cuando por convicción quizás hubiera evitado que el radicalismo quedase vinculado al golpe de 1955.

Víctima del autoritarismo del régimen peronista, Lebensohn, amigo personal de Evita —con quien se encontraba a la luz del día en una confitería de la calle Corrientes—, el 26 de julio de 1952 lloró de profundo dolor su muerte.

Al año siguiente, tras la locura del 15 de abril por los atentados radicales con bombas en Plaza de Mayo y la quema en represalia de sedes partidarias, incluyendo la radical, Lebensohn, presidente de la UCR, defendió la necesidad de no incurrir en la abstención electoral que preconizaban las corrientes internas antiperonistas.

No quería asociar al partido con ninguna aventura cuartelera.

Ganó su posición, pero ante tantos abucheos no pudo terminar el discurso, una de las piezas de su gran oratoria, equivalente a aquélla con la que en 1949 atacó la reelección indefinida que buscó y consiguió Perón.

No es Lebensohn el que paga el precio de tanto olvido en torno de su lucha y ejemplos. Lo paga la política, la más dignificante de las misiones cuando la asumen seres de esa estatura ética, inteligencia y entrega.

Volanta y título: A 50 años de la muerte del político radical/ Lebensohn, ejemplo del pensador en acción

Fuente: Clarín, 16/6/03