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DANIEL SCIOLI FRENTE AL ENIGMA BONAERENSE

El autor lo escribió para Señal de Medios y lo ajustó acá en base a una única pregunta: ¿podrá Daniel Scioli, además de todo lo que se sabe que debe enfrentar, vencer el maleficio de que no habrá otro gobernador bonarense que llegue a Presidente, aparte del colaboracionista Bartolomé Mitre?

Por Emiliano Vidal

En un caluroso 29 de diciembre de 1877, una enfermedad renal terminó con la vida del entonces ministro de Guerra, Adolfo Alsina y con ello la certera posibilidad de que un hombre fuerte y ex gobernador de la provincia de Buenos Aires ocupase la presidencia de la República. La muerte llegó primero.

Era hijo y nieto de otros ex gobernadores bonaerenses, su padre Valentín y su abuelo materno Manuel Maza. Abogado y fundador del Partido Autonomista Nacional (PAN), tras su alianza con Nicolás Avellaneda, Adolfo presentía que en 1880 sería su turno de gobernar el país.

Su sucesor en el Ministerio de Guerra, en el partido y en la lucha contra el indio, el tucumano Julio Argentino Roca, sería ungido Presidente.

Comenzaría así el derrotero de gobernadores de la provincia que creyeron que podían ser y no fueron.

En consecuencia, desde hace más de un siglo y medio, incumbe a la provincia de Buenos Aires un dato que puede leerse como una maldición: quien haya sido su gobernador no alcanzará la presidencia de la República. ¿Logrará Daniel Scioli, su actual mandatario y candidato por el oficialismo, romper el maleficio?

* El lugar y los hechos

La provincia de Buenos Aires abarca una enorme porción de la Argentina. Parte clave de su territorio lo perdió en la guerra civil de septiembre de 1880–saldo de 3000 muertos entre los bandos de porteños y no porteños- por la creación del distrito federal con la ciudad de Buenos Aires como capital de todos los argentinos.

Eso significó también la creación de la gigantesca área metropolitana en la que hoy convive un cuarto de la población del país, con variadas realidades sociales.

Buenos Aires tiene campos, ríos, enormes playas y lagunas. Tiene pampa húmeda, pampa seca y es litoraleña y patagónica al sur del Río Colorado.

Un país dentro de otro.

La tierra de Dorrego, Rosas, Yrigoyen y Perón, que se separó del resto de las provincias en 1854, desde Bartolomé Mitre (1862/1868) nunca logró que un gobernador de su seno llegase a la Casa Rosada.

 Dos países emergieron cuando los porteños se rebelaron contra el caudillo entrerriano Justo José de Urquiza, el 11 de septiembre de 1852.

Así, con la separación de la Confederación urquicista, se proyectó hacia su destino un coronel de segundo plano: Mitre.

 La batalla de Pavón, en 1861, en la que para sorpresa ajena Urquiza se dio por vencido, devolvió a Buenos Aires a la Confederación, bajo condiciones impuestas por Mitre.

Debieron pasar más de veinte años para que el interioreral tuviera su revancha. Fue al final de la presidencia del tucumano Nicolás Avellaneda (1874/1880).

El gobernador de Buenos Aires era Carlos Tejedor, quien se alzó en armas contra la decisión de hacer de la capital de la provincia la capital de todos los argentinos.

Era una decisión de vieja data que Avellaneda decidió hacer cumplir.

Tejedor fue derrotado. Buenos Aires fue declarada Capital Federal del Estado unificado.

En ese escenario comienza esta especie de maldición todavía vigente.

* Los sueños y los yerros

Dardo Rocha fue el impulsor de la ciudad de La Plata, construida como rémora o represalia cerca de Buenos Aires, con una modernidad que todavía hoy la distingue. Y Rocha fue el primer gobernador de la provincia (1881/1884).

Por eso creyó que, por mérito propio, podía ser presidente de la Nación. Y por eso también no logró comprender por qué Julio Argentino Roca, presidente de la Nación (1880/1886) había optado por su concuñado, el cordobés Miguel Juárez Celman, cuyo corrupto gobierno generó una profunda crisis y hasta otra conmoción interna con la Revolución del Parque 1890 - desatada por quienes luego serían grandes figuras del radicalismo partido nacido tras esos hechos-, que lo echó del gobierno.

Rocha murió en 1921 sin llegar a comprender por qué Roca no lo apoyó.

Las elecciones siguieron siendo una parodia de fraude, aprietes y voto cantado hasta la sanción en 1912 de la ley promovida por Roque Sáenz Peña del voto universal, secreto y obligatorio (sólo votaban los hombres).

Pero el cambio de sistema, tampoco ayudó a que un gobernador bonaerense fuera presidente del país.

Pasó con el conservador Marcelino Ugarte (1902/1906) y cuyo vice, dicho sea de paso, fue Adolfo Saldías, honesto mitrista que se constituiría en el primer historiador revisionista del relato…mitrista.

Ugarte volvió a ocupar el mismo cargo (1914/1917), tiempo en que los caricaturistas lo llamaban El petiso orejudo por características físicas que lo asemejaban al célebre asesino de niños de comienzos de ese siglo.

En 1916, el presidente elegido fue el radical Hipólito Yrigoyen. Y dos años después, luego de una corta intervención a la provincia, el radical yrigoyenista José Camilo Crotto fue elegido gobernador.

Autor del decreto 3/1920 que permitía a los peones rurales a viajar gratis en los trenes cargueros, a los que se comenzó a llamarse crotos, Crotto –uno de los radicales combatientes en la Revolución del Parque- renunció a su cargo en 1921 debido al enfrentamiento que tenía con el presidente Hipólito Yrigoyen que lo había llevado a las filas opositoras internas del partido. Había sido un potencial sucesor de Yrigoyen pero lo fue Marcelo Torcuato de Alvear. (1)

No le fue mejor a los conservadores.

  “Un toque de atención para la solución argentina de los problemas argentinos”, consigna que sigue proclamando Clarín a setenta años de su fundación, remite al lema del gobernador Manuel Fresco, en 1936.

Y que decía respecto de su gestión: “Un gobierno argentino de soluciones argentinas para problemas argentinos” pergeñado por quien era su ministro de Gobierno y, después. fundador del matutino, el abogado Roberto Noble, ex socialista independiente (línea Federico Pinedo, el abuelo del actual diputado macrista).

Fresco tampoco logró ser Presidente al culminar su mandato en 1940.

Noble, que alguna vez pensó en serlo, prefirió, en cambio, colaborar a “hacer presidentes”. Y hasta podría decirse que lo logró en el caso del radical intransigente Arturo Frondizi (1958/1962) , que era correntino y Noble había mutado en industrialista bajo la influencia de un por entonces desconocido Rogerlio Frigerio.

 * El caso de Mercante

En 1946, Juan Domingo Perón llegó a la presidencia de la Nación y el coronel Domingo Alfredo Mercante a la gobernación bonaerense.

 “El corazón de Perón”, como alguna vez lo llamó Evita, fue el presidente de la convención constituyente que en 1949 modificó la Constitución - virtualmente hizo otra- y que incluyó a último momento una modificación fuera de programa: la reelección presidencial.

No sólo Mercante no pudo ser el candidato natural para continuar a Perón, en 1952, sino que, además, el elegido por Perón para reemplazarlo a él en La Plata fue Carlos Aloé, un edecán de oscura figura, que se transformó en duro perseguidor de Mercante en pleno peronismo.

Con el peronismo censurado y perseguido por la “Libertadora”, en 1958, el radical intransigente Arturo Frondizi accedió a la primera magistratura tras un pacto con Perón (Caracas, 21 y/o 22 de enero de ese año), con la participación de John W. Cooke, Rogelio Frigerio y Enrique Oliva como mecanógrafo).

En esos comicios sin el peronismo, que estaba proscripto, llegó a la gobernación de Buenos Aires el médico y diputado Oscar Alende, hasta que otro golpe cívico/militar eyectó a ambos de sus respectivos cargos.

Durante las tres décadas siguientes, Alende intentó llegar por las urnas a la Presidencia.

Primero, en 1963 – siempre con el peronismo proscripto-, pero el más votado fue el radical del Pueblo, Arturo Illia, cordobés, que obtuvo el escaso 25 por ciento de los votos.

La segunda vez fue en 1973, al final del régimen militar llamado Revolución Argentina que había echado a Illia, en 1966, y cuya última etapa, encabezada por el Gral. Alejandro A. Lanusse, estuvo signada por negociaciones y un duro choque al final con Perón, a quien prácticamente proscribieron al imponerle que estuviera en el país seis meses antes de las elecciones, a lo cual el exiliado líder con asilo en Madrid, naturalmente, rechazó.

En esa ocasión el peronismo logró el 49,46 por ciento de los votos representado por la fórmula de Héctor J. Cámpora y Vicente Solano Lima, dos bonaerenses.

El candidato de la UCR, Ricardo Balbín, obtuvo el 21,28 y reconoció el triunfo de Cámpora, pese a no haber logrado el 50 por ciento que establecía la reforma constitucional por decreto que había hecho Lanusse. En esas elecciones, Alende salió cuarto con sólo el 7,3 por ciento, la mitad de los que había cosechado el ex marino golpista Francisco Manrique.

Su tercer y último intento fue en 1983 cuando Raúl Alfonsín, el candidato radical, venció con el 51,75 por ciento al justicialista ïtalo Argentino Luder, con 40,16.

Alende salió tercero pero con un magro 2,33.

* De Cafiero a Duhalde

Antonio Cafiero fue elegido gobernador en 1987 al derrotar al ex ministro radical de Trabajo de la Nación, Juan Manuel Casella. Quien fuera el funcionario más joven de Perón y ministro de Isabel, aspiraba suceder a Alfonsín.

Producto de la renovación peronista de 1985, Cafiero era el candidato natural para la elección presidencial de 1989. Pero el entonces gobernador de La Rioja, Carlos Menem,  lo derrotó en la histórica interna de 1988.

Se sabía que quien ganara la interna sería presidente de la Nación y así Menem lo fue.

Tampoco le fue bien al ex vicepresidente de Menem, Eduardo Duhalde, luego gobernador bonaerense en 1991, cargo al que accedió empujado por el propio Menem.

Todo indicaba que en 1995 sería el continuador del riojano en la Casa de Gobierno Menem pero éste lo sorprendió con la reforma constitucional para introducir de nuevo, el derecho a la reelección.

De ese modo, Menem logró un mandato por cuatro años porque el cambio implicaba el recorte a cuatro de los seis establecidos sin reelección en 1853.

En 1999, Duhalde fue derrotado por el radical Fernando de la Rúa, cuya incapacidad de gestión terminó con la crisis social, política e institucional de fin de 2001 de la cual huyó en helicóptero.

Fue esa crisis que obligó al Congreso a emparchar como podía los daños que ese mismo poder podía había producido al convalidar la política privatizadora de Menem-Cavallo.

De esa crisis el entonces senador Eduardo Duhalde por decisión de la Asamblea Legislativa y no de las urnas, llegó a la presidencia de la Nación para cumplir el resto del mandato que le quedaba a De la Rúa. No lo logró y como De la Rúa –y antes Alfonsín- tuvo que entregar anticipadamente el gobierno.

Así fue como el 25 de mayo de 2003 le puso la banda presidencial a Néstor Kirchner, que había perdido las elecciones contra el ambicioso Menem (22 y 24 por ciento, respectivamente) pero que no tuvo segunda vuelta, como correspondía, porque el riojano no quiso perder en la segunda vuelta y abandonó la batalla.

* Desafío

Un país en sí mismo, la provincia de Buenos Aires otorga un poder tan grande que devora a quien lo ejerce.

Un lugar conflictivo, donde vive casi el 40 por ciento de la población del país.

Un territorio en el conviven villas recargadas de miseria y barrios cerrados recargados de sospechas, campos ahora bajo las aguas, campos cubiertos de soja,  fábricas de ayer renacidas en la era K y miedo a lo que se avecina.

Desde esa tierra de votos más que de trigo por la reforma del 94 porque el resultado de las presidenciales proviene directamente de los votantes y no del número de representantes de los distritos, sale su actual gobernador, Daniel Scioli para romper la exclusividad que ostenta Mitre.

Ocho días después de cuando este 17 de octubre cumpla setenta años de aquel que cambió la historia, se sabrá si Scioli venció al malelficio.

 (1) El camino inverso lo hizo Bernardo de Irigoyen, quien luego de no conseguir ser elegido presidente entre 1885 y 1891, a los 76 años se convirtió en gobernador de Buenos Aires (1898/1902). Ni José Luis Cantilo, gobernador (1922/1926) durante la presidencia de Alvear, ni el médico Alejandro Armendáriz (1983/1987), manifestaron deseos de ser presidente de la Nación.