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¿SUICIDIO COLECTIVO EN EL PRIMER BALOTAJE?

Sin vuelta de hoja, de frente,  el escritor y pensador socialista  se diferencia de la conducción  oficial del PS, que se pronunció por el voto en blanco, y advierte por segunda vez en pocos días acerca de la dimensión de lo que está en juego el 22. Nada menos que la vida de la sociedad argentina.

Por Víctor Oscar García Costa

La historia registra varios casos de suicidio colectivo, unos concretados y otros con posibilidades de ejecución. El más antiguo y destacado es el de la población de Masada, situada en Judea, Israel, en el año 73 ó 74 de nuestra era como epílogo de la guerra judeo-romana, con 960 muertos voluntarios, encabezados por Eleazar Ben Yair.

Quedó viva una anciana, autorizada a sobrevivir para poder contar a los invasores las razones de la decisión colectiva, sacrificada y, en alguna medida, patriótica.

Sin llegar al suicidio, hay actos heroicos y patrióticos, como los éxodos, en los que la población emigra y destruye todos sus bienes materiales para que el enemigo invasor encuentre campo arrasado.

Así fue el éxodo jujeño (1812) conducido por el general Manuel Belgrano (1770/1820). El otro caso, más reciente, de suicidio colectivo, es el ocurrido en Jonestown, Guyana, el 18 de noviembre de 1978. como consecuencia de una decisión inducida y obligada por el pastor religioso de la secta el Templo del Pueblo, Jim Jones (1931/1978) y que dejó un saldo de 5 asesinados y 912 muertos por suicidio, entre ellos 200 niños, conducidos a la muerte por sus propios padres.

Fue una decisión enfermiza y perversa.

El suicidio colectivo que debemos impedir, no menos enfermizo y perverso, es el que podría ocurrir en Argentina el 22 de noviembre de 2015 y que tendría especiales características: como consecuencia de la decisión política de suicidio de una parte de la población, se arrastraría sin que lo desee al resto de la sociedad.

Se convertiría así en una muerte social, en una suerte de asesinato social colectivo, que sufriría el 99 por ciento de la población.

El 1 por ciento sobreviviente sería la oligarquía nativa, ligada a los intereses imperiales.

Sería prudente no tomar esta advertencia como una boutade. Muy por el contrario, es un aviso que tiene todo el respaldo de una larga experiencia.

Siempre hay perturbados mentales que inducen a estas masacres colectivas. Lo hacen por ignorancia o por perversidad. Y es común que haya personalidades débiles, influenciables, que muchas veces no alcanzan a comprender la significación social de sus actos, y tampoco que sus consecuencias pueden afectar al conjunto de la sociedad.

Los argentinos hemos empezado a salir de la crisis terminal en que nos hallábamos, a partir del año 2003.

Era una crisis social que nos arrastraba a la desaparición como Nación, con el pueblo en las calles y una violenta represión sobre los pobres, desocupados, robados, quebrados, desalojados y condenados a perder sus bienes materiales.

A partir de ese año una generación de argentinos se lanzó al cambio, hoy admirado en el mundo entero.

Así se produjo el mayor cambio de la historia argentina, con influencia y relación en Nuestra América. Quienes pregonan hoy el cambio lo que en realidad proponen es el retorno al 2001, esto es: al suicidio colectivo del pueblo argentino y a una verdadera tragedia nacional.

En pocas palabras: el 22 de noviembre de 2015 lo que estará en juego tras la confrontación Scioli-Macri es la vida o la muerte de la sociedad argentina.