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EL NACIONALISMO DE LA TIERRA QUE NOS UNE

Un libro de Marcelo Gullo sobre el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, motiva este comentario del conocido pensador boliviano, ex ministro de Evo Morales y uno de los pocos que, entre quienes han bregado por la unidad latinoamericana, menciona al socialista Alfredo Palacios. 

Por Andrés Soliz Rada (*)

En momentos en que parece imposible evitar catástrofes ecológicas por la contaminación ambiental y el cambio climático, emerge, como una de las pocas propuestas racionales, la de fortalecer a las naciones continente, a fin de neutralizar la dictadura de la banca mundial y de sus paraísos fiscales.

La idea bolivariana de nación continente fue reinventada por la Generación del 900, a través de Rodó, Ugarte, Vasconcelos, Ingenieros y Palacios, quienes actuaron en los primeros lustros del siglo XX.

Su prédica tuvo eco en la Reforma Universitaria de Córdoba, de 1918, la que abrió el camino del Mercosur, Unasur, el Alba y la Celac.

En esa visión panorámica se tiende a olvidar el papel de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), fundada en México, en 1924, por el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre, en la renovada demanda por construir la Patria Grande.

El aprismo fue el primer movimiento en América Latina que convocó a multitudes identificadas con el ideal bolivariano.

En efecto, en un acto político, al que asistieron alrededor de 100 mil personas, realizado en la plaza San Martín, de Lima, el 15 de agosto de 1931, para proclamar la candidatura presidencial de su líder, flamearon banderas de Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Ecuador, Colombia, Panamá y de las demás repúblicas del continente balcanizado, junto a la bandera indoamericana, creada por Haya.

Si bien estos hechos han sido registrados por investigadores, como Jorge Basadre y Luis Alberto Sánchez, ha correspondido al académico argentino Marcelo Gullo destacar en su libro: Haya de la Torre: La Lucha de la Patria Grande (Editorial UNLa, Buenos Aires, septiembre de 2013), la importancia actual de las tesis y fuentes ideológicas del aprismo.

La investigación de Gullo se inicia en 1918, cuando Haya es elegido presidente de la Federación de Estudiantes del Perú, y termina en 1931, año en que, a su juicio, se completa el perfil ideológico del APRA.

Haya recoge la defensa de la identidad de nuestra América, proclamada por José Enrique Rodó.

Asimila de Manuel Ugarte la urgencia de unir a nuestros Estados DES unidos de centro y Sudamérica para contener la expoliación de los Estados Unidos del norte.

Hace suyo el valor del mestizaje como eje aglutinador de la América morena, proclamado por José Vasconcelos.

De Alfredo Palacios adoptó sus sugerencias de unificar programas de enseñanza, oficinas aduaneras, crear una ciudadanía común y desarrollar una similar democracia antiimperialista.

Ugarte fue el mentor ideológico de la gesta universitaria de Córdoba, la que a través del APRA se convirtió en fuerza política en el Perú, para luego servir de guía a otros movimientos nacionales en la región, como el peronismo argentino y el "emenerrismo” boliviano.

El APRA se inspiró también, dice Gullo, en el Kuo Ming Tang, el vasto movimiento de liberación chino, dirigido por Sun Yan Sen, del que recogió la importancia de articular a las clases oprimidas por el imperialismo.

El APRA tuvo que enfrentar a la Tercera Internacional Comunista que lo condenó por no plantear la dictadura del proletariado.

En junio de 1929, la primera conferencia comunista latinoamericana, reunida en Buenos Aires y financiada por Moscú, rechazó el ideal de "Patria Grande” y llamó a la formación de las repúblicas étnicas quechua y aymara, en el Perú, y de 13 estados indígenas en Bolivia, totalmente independientes, como lo hace hoy el ultraindigenismo, financiado por las ONG.

Simultáneamente, el notable intelectual peruano Carlos Mariátegui discrepó con Haya en la valoración de la "Generación del 900”.

Tampoco respaldó las propuestas industrialistas de Ugarte, para las que, en su opinión, su país no estaba preparado.

Sin embargo, mientras Ugarte defendió el neutralismo en la Segunda Guerra Mundial, el APRA prefirió sumarse al bloque imperialista "democrático” encabezado por Washington.

Éste es otro antecedente que hace de la investigación de Gullo un libro de lectura obligatoria en la turbulenta América bolivariana de hoy.

(*) Andrés Soliz Rada fue ministro de Hidrocarburos en el primer tramo del gobierno de Evo Morales. Es un intelectual que ejerció el periodismo en la Argentina (diario La Opinión, de Buenos Aires, bajo la dirección de su fundador Jacobo Timerman) y a quien el editor de Congreso Abierto, le estará eternamente agradecido por haberlo salvado de la pandilla de fascistas que lo buscaban por La Paz. Fue en marzo de 1980, por haber denunciado como periodista de Clarín,  mientras transcurriría la presidencia de Lidia Gueiler, que se avecinaba un sangriento golpe militar  financiado con 400 millones de dólares aportados por un importante país vecino, tradicionalmente amigo de Bolivia, lo cual se concretó el 20 de julio de ese año. Era cuando Videla gobernaba la Argentina y Martínez de Hoz era su ministro de economía. Marcelo Quiroga Santa Cruz, querido político socialista de ese país, fue asesinado ese día, en la Central Obrera de Bolivia, primer asalto de las tropas del Gral. y luego presidente, Luis García Meza, quien todavía, a los 86 años, no ha saldado su larga condena y a la cual se añade ahora la denuncia de la Corte Suprema de ese país por delitos de corrupción contra él y sus tres hijos.

Volanta y título: Patria Grande/ El nacionalismo continental

Fuente: http://www.paginasiete.bo, 18/6/14.