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EL VIEJO LIBRETO QUE HOY INTERPRETA MACRI

Los grandes medios hablan de la grieta cuando fustigan al gobierno anterior pero eluden hablar de la opción que signa el destino de la Argentina desde su cuna: Patria o colonia. Aquí, una visión que vincula hechos y pone a Macri de espaldas a la historia y a la historia en el mañana.

Por Emiliano Vidal (*)

No cesan las medidas de Macri contra la industria y la producción nacional, el regreso al libre cambio, la apertura de las importaciones y la promoción la Alianza del Pacífico, parte de una historia contra un pueblo que quiere ser libre, dueño de su economía y protector de sus recursos

naturales. Una vieja pelea.

“La historia argentina estuvo impulsada desde el principio por dos fuerzas matrices de signo divergente. En términos exclusivamente económicos, la divergencia esbozada se traduce en la lucha entre proteccionismo y librecambio”, explica el historiador Norberto Galasso.

Desde Política británica en el Rio de la Plata de Raúl Scalabrini Ortiz hasta La Historia Oculta del politólogo Marcelo Gullo, publicada en 2013, por citar dos referencias, la historia tras la batalla de Caseros en 1852, es el relato de las Provincias Unidas del Sur por liberarse de la dominación británica y su heredero natural, los Estados Unidos.

El abogado, periodista y escritor Juan Bautista Alberdi fue un adelantado al pergeñar que “entre el pasado y el presente hay una filiación tan estrecha que juzgar el pasado no es otra cosa que ocuparse del presente. La falsa historia es el origen de la falsa política”.

A días de asumir, Macri derogó y dio por finalizada la tarea del Instituto del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego, creado por Cristina Kirchner cuatro años atrás.

“La historia oficial argentina es una obra de imaginación en que los hechos han sido conscientes y deliberadamente deformados, falseados y concatenados”, sostuvo Scalabrini Ortiz en El Hombre que está solo y espera.

Está todo dicho.

* Allá y acá

Una vez creado el virreinato del Río de la Plata, el 1º de agosto de 1776, se profundizó la puja del puerto porteño contra las regiones donde nacía una industria manufacturera. Eran, entre otras, Cuyo, Tucumán, Salta, Santiago del Estero y Misiones, afectadas por el contrabando de una minoría porteña y pro británica.

Una minoría proclive a la ilegalidad y especulación, con la vista en Europa.

España no poseía el poder ni la capacidad para controlar y vigilar las aguas del Atlántico Sur que se atestaban de barcos piratas y traficantes de toda clase de mercaderías, incluyendo seres humanos, explicaba Manuel Belgrano, por ese entonces secretario del Consulado peninsular.

Los territorios que la actual Argentina, Bolivia, Paraguay, Perú y Uruguay, constituyentes del virreinato del Perú hasta 1776, conformaron un inmenso mercado interno en el que cada región se fue especializando en la producción de diferentes mercancías, con ciertas facilidades de transporte y ventajas comparativas.

Los habitantes de ese conglomerado no fueron víctimas del monopolio español sino sus principales beneficiarios.

Se reitera para una mejor comprensión: en términos actuales, el esquema político y económico perteneciente a la corona realista tenía pleno empleo.

El arribo de los Borbones al trono de España generó una contramarcha en la dirección económica de las producciones regionales e inclinó la balanza a favor de los intereses porteños tras la sanción del “Reglamento de Libre Comercio” del año 1778, que no por casualidad fue puesto en marcha dos años después de que las trece colonias inglesas de la América del Norte lograran su independencia de Inglaterra, a quien le era imprescindible la conquista de nuevos mercados y ya era conocida como “la fábrica del mundo”.

También vale precisar que el ingreso formal de la independencia nacional no tuvo lugar el 9 de julio de 1816, sino diez días después cuando el abogado Pedro Medrano, a pesar de ser diputado elegido por Buenos Aires para el Congreso de Tucumán, del que fuera fue su primer presidente, propuso hacerle un agregado al acta de la declaración, tras el compromiso de emanciparse “de los reyes de España, sus sucesores y metrópoli”. Fue añadir: “…y de toda otra dominación extranjera”.

Medrano no actúo solo: fue José de San Martín quien lo promovió, a instancias del proyecto de la monarquía inca de su principal aliado, Manuel Belgrano.

Empeñado en la lucha contra el colonialismo, el abogado devenido en militar urgía terminar definitivamente con todo lo que impidiera la independencia, a la vez que pugnaba por imprimirle un carácter continental a la tarea revolucionaria.

Con el decadente imperio Borbón a la cabeza, casi sin darse cuenta, la Hispanoamérica sureña comenzó a contramano de los ex estados ingleses y se fue transformando en una semi colonia británica. Para eso, Inglaterra había apoyado a los patriotas americanos de Mayo.

* Unitarios y Federales

La historia no es que se repite, continúa.

Proteccionismo económico o libre comercio, es la clave de la lucha actual entre los países, y más especialmente la Argentina ambicionada por sus riquezas naturales y amplio territorio.

Predicar y aplicar la protección de la propia economía significa bregar por la liberación nacional, mientras que encarar políticas de libre comercio sería trabajar en una semi colonia del imperio inglés ayer, los Estados Unidos, hoy.

Tras la declaración de la Independencia, los proteccionistas de la economía local recibieron como primer mote el de “federales”, mientras que los librecambistas fueron llamados “unitarios”.

Los primeros contaban con el apoyo de las masas populares y principales caudillos provinciales, y los unitarios porteños, tenían de su lado una oligarquía contrabandista funcional a los intereses ingleses y demás potencias extranjeras.

De eso se trató. Y de eso se trata.

Con la caída de Rosas en 1852 en la batalla de Caseros y, diez años después, tras la batalla de Pavón cuya victoria Justo José de Urquiza se la regaló al unitario Bartolomé Mitre, la flamante Argentina volvería a caer en una nueva sumisión tras la emancipación de España: la sumisión  con Inglaterra.

Una vez aniquilados los caudillos federales, los ingleses y demás potencias coloniales -que habían sufrido derrotas militares en 1806, 1807 y resistencias heroicas en 1845- supieron promover la colonización económica y política con la complicidad de quienes traicionaron sus propias raíces por dinero y poder.

Criollos colaboracionistas con el imperio británico, simiente de la oligarquía porteña. Criolllos también que se quedaron con las tierras del indio y que especularon con la ley de tierras del gobierno de Nicolás Avellaneda para quedárselas ellos y no repartirlas entre colonos inmigrantes como disponía la norma.

La dependencia mental venia de lejos.

 Fue el propio Beresford el que nombró al frente de la Aduana porteña a un tal José Martínez de Hoz.

Un Martínez de Hoz sin hijos pero con un sobrino que llamó a España, vino siendo un chico y que luego tuvo once.

Con la independencia de los Estados Unidos, el ahogo económico obligó a Inglaterra a extremar sus pretensiones sobre las colonias españolas de la América del Sur.

Pero el plan del general William Carr Beresford y el almirante Home Riggs Popham de ocupar el virreinato del Río de la Plata no tuvo en cuenta la decidida voluntad de ese pueblo - con la salvedad de la clase alta porteña-, de resistir firmemente la invasión de un enemigo histórico.

 “No hay un solo ejemplo en la historia, me atrevo a decir, que pueda igualarse a lo ocurrido en Buenos Aires, donde, sin exageración, todos los habitantes, libres o esclavos, combatieron con una resolución y una pertenencia que no podía esperarse ni del entusiasmo religioso o patriótico, ni del odio más inveterado o implacable”. La frase pertenece al general inglés John Whitelocke, la cara visible del segundo y también frustrado intento de ocupación. Las invasiones inglesas de 1806 y 1807 motivaron el primer ensayo por la libertad, profundizado pocos años después por José de San Martín, Manuel Belgrano y Simón Bolívar. Sueños por la Patria Grande. Valga esta referencia. En plena contienda y al mando del llamado “Héroe de la Reconquista”, el francés Santiago de Liniers, el pueblo de Buenos Aires y sus aledaños, sorprendido y expectante recibía enromes cargamentos de pólvora, de armas de pertrechos provenientes del Perú, de la ciudad de Huánuco, de Arequipa, de Cusco, de Andahuaylas. También, milicias de paraguayos, orientales y alto peruanos, al decir de hoy, bolivianos, muchos al comando de José Gervasio Artigas y los peruanos Ignacio Álvarez Thomas y los hermanos Toribio, Manuel y Francisco de Luzuriaga. Esa misma solidaridad de hermanos se manifestaría en 1982 en la guerra de las Malvinas. * Conclusiones La muerte de Santiago de Liniers era inminente en esa alejada Córdoba por acción de las huestes revolucionarias de Mariano Moreno en Buenos Aires. Ese crimen fue paralelo a las primeras medidas económicas adoptadas el mismo 25 de mayo de 1810 a favor de Inglaterra. Si lo popular pasa por lo nacional en palabras de Arturo Jauretche, el cariño de un pueblo no pasaba por Mariano Moreno o Juan José Castelli, apoderados dicho sea de paso de las finanzas de la British Comission, la Cámara de Comercio que representaba a los británicos. Cuando Hipólito Vieytes se negó a cumplir la orden de fusilar al ex Virrey, Castelli no dudó en ponerse al frente del pelotón. El Castelli benevolente de Beresford pesó más que la voz impulsora de la Revolución. La muerte del gran soldador francés no sería la última ofrenda que los porteños más sanguinarios tributarían alegremente a la corona inglesa. El 13 de diciembre de 1828, el “padrecito de los pobres”, Manuel Dorrego sería acribillado en la ciudad bonaerense de Navarro y, tras el triunfo de los anglo brasileños en Caseros en 1852, Justo José de Urquiza se encargaría de terminar con la vida del patriota Martiniano Chilavert. Una oleada neoliberal y entreguista se acomoda en la Argentina. Viejas olas de perversidades elitistas y resistencias populares.

 (*) Abogado