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PERFILES PARA PENSAR CON OJOS EN OCTUBRE

Una frase de contención a una bancada opositora, lanzada por el entonces diputado alfonsinista Raúl Baglini, en el debate sobre la deuda externa, da pie para analizar las diferencias entre los políticos y los empresarios que, como en la ocasión, llegan al gobierno por asuntos de negocios.

Por Emiliano Vidal

En política, rara vez se habla de teorías. Sin embargo, en 1986, a dos años y meses del regreso de la democracia,  el entonces diputado alfonsinista Raúl Baglini, dejó grabado un apotegma en un largo debate sobre la deuda externa, que el peronismo quería investigar y fracasó en el intento.

La frase del llamado Teorema de Baglini fue: “cuanto más lejos se está del poder, más irresponsables son los enunciados políticos; cuanto más cerca, más sensatos y razonables se vuelven”.

Es decir, en otras palabras, el sustento que nutre las convicciones de un político, es proporcionalmente opuesto a su cercanía al poder. El que está lejos promete todo, total no va a ganar; y el que está convencido de su victoria, se modera porque, luego, tendrá que cumplir lo prometido.

 Vale la pena detenerse en los potenciales perfiles presidenciales – PPP- con miras a las elecciones de octubre de este año.

Luis Zamora, Nicolás del Caño o la indomable Elisa Carrió, por citar algunos nombres, son fidedignos exponentes de quienes ven como un ensueño dirigir el gobierno de la República, y en consecuencia, suelen prometer lo imposible.

El ex senador nacional Eric Calgano explica que dentro de los  motivos que pueden inspirar esa posición, además de la intención de seducir a un potencial electorado con sus propuestas óptimas pero irrealizables, existe también el propósito de desestabilizar al gobierno por izquierda o por derecha. Cuanto peor, mejor para sus intereses.

Al asumir la primera magistratura, Néstor Kirchner incubó en aquel apotegma de Baglini otra vertiente: cuanto más cerca se está del poder y/o en el ejercicio del gobierno, más deben afianzarse los principios por los que se luchó.

 “Formo parte de una generación diezmada, castigada con dolores y ausencias. Me sumé a la lucha política creyendo en valores y convicciones a los que no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada”, dijo.

“Vengo a proponerles un sueño -agregó-, que es el de volver a tener una Argentina con todos y para todos. Les vengo a proponer que recordemos los sueños de nuestros patriotas fundadores y de nuestros abuelos inmigrantes y pioneros, y de nuestra generación que puso todo y dejó todo pensando en un país de iguales”.

Lo dijo al jurar y asumir la presidencia de la Nación, ante la asamblea legislativa del Congreso de la Nación, aquel 25 de mayo de 2003.

Kirchner  procuró trabajar en la recuperación de la soberanía económica nacional, desligando las relaciones con el Fondo Monetario Internacional  al  cancelar la deuda e impedir así que intervenga en la política económica nacional.

Su sucesora en el cargo, Cristina Fernández, cuatro años después, transitó ese mismo camino, porque saldó la deuda con el Club de París y enfrentó incluso al final a los fondos buitres.

Fueron parte de una misma gestión la defensa de los derechos humanos y sociales y, con ese rumbo, la sanción de leyes como la modificación de la Corte Suprema de Justicia; anulación de las leyes de obediencia debida y Punto Final, derogadas en el 2000; la no represión a los reclamos populares; la recuperación de YPF y del sistema jubilatorio solidario; la Asignación Universal por Hijo; la promoción del empleo y capacitación laboral; la ley de medios audiovisuales; el fútbol para todos, matrimonio igualitario, etc.

Dos presidentes y una misma política.

Raúl Alfonsín y el kirchnerismo, por un lado y Carlos Menem y Fernando de la Rúa, por otro, expresaron concepciones políticas antagónicas. Alfonsín antecedió la versión neoliberal del converso Menem, continuada por su correligionario De la Rúa, cuya crisis final terminó con el que "se vayan todos" del cual emergió el kirchnerismo que, tras doce años de gestión, le entregó el gobierno al neoliberalismo de Mauricio Macri.

Y a comenzar de nuevo.

Frente a lo que decía Baglini -hoy, un silencioso sostén del radicalismo macrista en Mendoza-, el alfonsinismo fundacional y el kirchnerismo  expresan afinidades y enemigos comunes, con diferencias entre sí en cuanto a su poder orgánico. Mientras el alfonsinismo carece de peso alguno dentro de la UCR, el kirchnerismo de Cristina es la fuerza mayor del PJ  y, encima, comanda otro partido, que incluye alfonsinistas destacados como el diputado Leopoldo Moreau, Gustavo López y Mempo Giardinelli.

Cristina Kirchner, hoy, resume lo que han expresado Néstor y Alfonsín, más allá de las diferencias que el peronismo tuvo con el líder radical. Un proceso muy rico en matices y cuya importancia superó a otros actores, mientras se formalizaba esa amalgama en el respeto y el afecto cuando el ex presidente enfrentaba la enfermedad que lo llevaría a la muerte, de la que este 31 de marzo año  se cumplirán diez años.

Agustín Rossi, el presidente de la bancada del PJ/FpV en Diputados, hombre con aspiraciones presidenciales, no olvida que el mismo día en que Alfonsín iba a ser homenajeado por Cristina en la Casa  Rosada, pocas horas antes la pasión por un debate lo llevó a castigarlo. De inmediato pidió perdón y desde entonces, como todo k, sintió un aliado en cada alfonsinista. Y viceversa.

A Cristina con Alfonsín le pasó lo mismo que a Perón con Balbín. Y ahora que la acosan, más todavía.

"El límite es Macri" dijo Alfonsín a la hora de los acuerdos, expresamente rechazado por el radicalismo de Ernesto Sanz y Gerardo Morales, en Gualeguaychú, cuando fueron convencidos o se convencieron solos que podrían sobrevivir el peso de tamaña claudicación.

Frente a esa comunión de sueños e intenciones entre peronistas K, radicales no macristas, socialistas no alineados y conservadores populares, ¿qué representan el macrismo y sus exponentes?. ¿La misma u otra versión de la Alianza Pro/UCR para un nuevo mandato neoliberal?

Cuenta el escritor y economista Alfredo Zaiat, que los investigadores Gregory Stevens, del Departamento de Psicología de la Universidad de Auburn; Jacqueline Deuling, del Departamento de Psicología de la Universidad Roosevelt, y Achilles Armenakis, de la Universidad de Auburn, investigaron la relación entre la psicopatía y la toma de decisiones no éticas.

Escribieron diversos informes para indagar cómo responden los CEO y otros altos ejecutivos corporativos a los dilemas éticos en contextos de negocios y vieron una relación entre la psicopatía y la toma de decisiones no éticas. El psicópata se carga de codicia y se relaciona con el mundo a través del poder. Y en el papel de político puede afirmar estar del lado de los  oprimidos cuando sólo tiene por dentro vacío.

La ceocracia es una caracterización del gobierno de la Alianza Cambiemos Pro/UCR.  “Tengo que estar tranquilo, porque si me vuelvo loco les puedo hacer mucho daño a todos ustedes”, se despachó Mauricio Macri en una recordada entrevista en Mendoza.

Potenciales perfiles presidenciales hay varios y están en camino, todos mencionados en los diarios como aspirantes a conducir a la República pero las diferencias son claras, públicas y notorias entre los que son políticos y los que aparentan serlo.

Lo que dijo Baglini en aquel debate lo dijo pensando en los políticos, que son los que pelean, están en la calle, gobiernan, caen, los persiguen, vuelven.

Baglini hablaba de los políticos, como el izquierdista Luis Zamora, el peronista Antonio Cafiero, entonces diputado que lo escuchaba o el radical Juan Carlos Pugliese, presidente de la Cámara, que conducía la sesión. 

No hablaba de empresarios, ni de delincuentes.

 

Título: PPP:  Potenciales perfiles presidenciales