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PEPE MUJICA, LEÓN HERBÍVORO COMO PERÓN

Detrás de la horrible Botnia, hay una vieja y perversa corriente política: los colorados. Son los que enfrentaron a Artigas y en este siglo los del ex presidente Jorge Batlle, el  mismo del exabrupto contra los argentinos y el que impuso la pastera contra el tratado del río Uruguay. La otra cara oriental, Pepe.

Por Armando Vidal

Pepe Mujica es un hombre a quien uno puede tenderle un brazo sobre el hombro y decirle “véngase don Pepe un poco para esta orilla, sea el Enzo en la política de este lado, ayude a los argentinos a abuenarnos un poco” y él responder “gracias compañero pero bastante tengo con mi paísito”.

Nunca nadie igual podrá surgir desde donde él provino con sueños y luchas hasta llegar casi sin querer al máximo sitial de la nación que ve y siente formando parte de la gran nación sudamericana. Lo dijo aquella noche en el salón Azul del Congreso –fue hace más de dos años- a la audiencia que esperaba su palabra. Fue en una visita organizada por orientales en esos primeros pasos de su carrera a la presidencia.

Lo dijo a su estilo: Uruguay "bien podía ser un mostrador" en alusión a una existencia al estilo de los paraísos fiscales. “ Pero eso –enfatizó- sería una traición a los Libertadores”.

Palabras de Pepe, casi quince años preso por pensar y actuar en esa misma dirección.

Julio María Sanguinetti, dos veces presidente del país hermano, a diferencia de Pepe, proviene de una historia más lejana, de un partido, el Colorado, de simiente pro lusitana, pro británica y, después, pro norteamericana, histórico primo hermano del mitrismo en la Argentina.

Entre Pepe y Sanguinetti existen las mismas diferencias que entre Raúl Sendic, numen de los tupamaros y Juan María Bordaberry, el presidente colorado del Uruguay que devino en dictador en junio de 1973, no por casualidad una semana después del retorno definitivo de Juan Domingo Perón a la Argentina.

De nuevo, la historia tomaba de la mano a las dos orillas como había pasado con Juan Manuel de Rosas y con Perón en sus dos presidencias previas, que transformaron al Uruguay en los cuarteles golpistas unitarios y, un siglo después, en el de los contreras y criminales marinos de los bombardeos del ´55.

Sanguinetti tuvo con Carlos Menem la perfecta relación de quienes carecen de cargos de conciencia por lo que uno pudo pedirle al otro los indultos para los asesinos de Zelmar Michelini y de Héctor Gutiérrez Ruiz, dos políticos asilados en la Argentina, donde fueron secuestrados, torturados y ultimados en mayo de 1976 por un comando de policias y militares uruguayos con complicidades locales.

Zelmar, senador del Frente Amplio, ex Colorado (lista 15) y estrecho amigo en la juventud de Sanguinetti ("mi hermano", diría éste). Gutiérrez, blanco, presidente de la Cámara de Diputados, obligados ambos a huir del Uruguay en ese fatídico ´73 como también lo fue para Chile. No en vano, tampoco, pasó lo de Ezeiza.

Sanguinetti, en 1989, quería complacer la presión militar interna, siguiendo la sumisión a los cuarteles de Bordaberry. Y el otro, el riojano, corresponderle el favor recibido ya que antes de asumir él la presidencia, el 8 de julio, le había pedido a Sanguinetti que hiciera la vista gorda con un par de importantes montoneros escondidos en el Uruguay y buscados por Interpol, que luego también integrarían la larga lista de procesados indultados. Colaboraciones económicas en su campaña electoral que  también había que corresponder.

En cambio, a Mujica y a Sangunetti nada los une, ni siquiera el enojo del pueblo de Gualeguaychú, cuya cruzada, con todos los trastornos y daños que ocasiona, se halla dentro de la estirpe sin orillas ni ríos divisorios, del mismo pueblo por el que peleó Artigas y no en vano traicionado por Fructuoso Rivera, el padre de los Colorados.

Fueron los Colorados los que instalaron Botnia, los que ignoraron el tratado del río Uruguay de 1975, los que negaron con ello el tratado del Río de La Plata, el tratado que sirvió de molde de aquél y con el que Perón, en 1973, en su tercera presidencia, aceptó delimitación de las aguas que proponía Montevideo a cambio de poner en su texto la responsabilidad compartida que asumían ambos países sobre el cuidado de sus aguas.

Perón llegaba a la presidencia desde su largo destierro en Europa, al año siguiente de la primera cumbre ecológica realizada en Estcolomo y en la influyó con su mensaje previo "A los pueblos", tal como sostiene el ex diputado peronista Héctor Dalmau, un especialista ambiental.

Perón no quería problemas con Uruguay porque ya los había tenido durante la primera y segunda presidencia con Luis Battle Berres, un colorado de la gran legión de colorados que dirigieron al país hermano desde el siglo XIX, un republicano al estilo yanqui, padre de Jorge Battle, el mismo que en 2002 calificó a los argentinos de “una manga de ladrones del primero al último” mientras autorizaba la construcción de Botnia y violaba con premeditación el tratado.

Colorados traidores a Artigas, colorados golpistas, colorados que traicionaron a Zelmar y al Toba y ampararon a sus asesinos, colorados de leyes del olvido, colorados de Washington, colorados de negocios que dividen pueblos, perversos colorados que ahora harán lo imposible para frustrar los sueños de Pepe, querido y querible "león herbívoro" como Perón.