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GRECIA, LA HISTORIA FRENTE AL MIEDO TOTAL

Un escritor helenista español que vive en Atenas  lanzó un llamado imperdible al mundo (al final de este artículo está la dirección precisa  en Youtube). Aquí, el tramo inicial de uno de sus libros. La única civilización posible, dice, es la que une a los hombres contra la barbarie.

 Por Pedro Olalla

Sin duda con cierta ingenuidad, siempre he pensado que el fin de la historia es ayudar a mejorar el mundo. Y precisamente con esa ingenuidad –que me gusta creer que es la misma que ha impulsado a otros hombres a acciones desprendidas y valientes– está escrito este libro, esta Historia de Grecia.

Se llama menor porque no es una historia de los grandes personajes y hechos (o, al menos, no trata de ellos en la forma en que suele tratarse): esta Historia Menor es una colección de gestos humanos en los que se demuestra la grandeza, la vileza o la contradicción.

La idea de la obra es recorrer la historia rastreando en esos gestos la gestación y la supervivencia de una actitud vinculada a lo griego desde los lejanísimos días en que Homero comenzó la búsqueda de lo universal: la actitud humanista.

Una actitud que, por supuesto, no es exclusivamente griega, que incluso ha sido reiteradamente traicionada por los griegos, pero que, sin duda, ha sido conceptuada, cultivada, defendida y recuperada, una y otra vez a lo largo de la historia, apelando de manera especial a lo griego.

Esta actitud de confianza en el hombre, en su capacidad y su conciencia para elegir libremente lo bueno, ha sido la fuerza que ha alumbrado la ética y ha defendido el pensamiento.

Quienes la han cultivado, no han defendido sólo lo que creyeron defender en su momento, sino la libertad y la dignidad de otros aún no nacidos, su posibilidad futura de conocer un mundo diferente y una realidad distinta al perverso efecto de la represión y la mentira.

Como es de suponer, esta actitud ha sido siempre de unos pocos: una actitud de resistencia frente a un entorno adverso y bárbaro.

Sin embargo, cada vez que ha brillado a lo largo del tiempo en medio del abuso, de la desmesura o el oscurantismo, la humanidad ha dado un paso hacia la sensatez, hacia la ponderación, hacia la dignidad del hombre por encima de credos o intereses.

Esta actitud humanista le debe mucho a Grecia, pero también es cierto que la imagen de Grecia le debe mucho a esta actitud humanista.

Grecia como ideal es una patria espiritual eternamente joven, una creación in fieri, un reto abierto que atraviesa la historia como una revolución permanente, o más aún, como una permanente seducción hacia lo mejor.

Esa Grecia es, sin duda, la que ha atraído siempre a los espíritus valiosos que han ido perpetuándola en el tiempo.

Pero ¿en qué lugar de su historia habita ese ideal?

Su historia –como la de todos los pueblos– no ha sido siempre luminosa y radiante: está llena de gestos de soberbia, de irracionalidad, incluso de barbarie.

¿De dónde, pues, ha conseguido levantarse ese espíritu capaz de seducir a los más generosos y a los más preocupados por lo humano?

Yo creo que de gestos aislados, ni siquiera de seres ejemplares: sólo gestos aislados, destellos de nobleza que han dejado su huella unida tanto al éxito como al fracaso. En esos gestos ha sobrevivido ese espíritu. Por ello, contra lo que cabría esperar, Historia Menor de Grecia no es en el fondo la historia de un país, de un pueblo o de un territorio.

Al igual que en la Historia escrita por Heródoto, los protagonistas no son los griegos ni los persas: son los hombres, todos los hombres.

Escribiendo este libro me he vuelto aún más consciente de que nuestra imagen habitual de la historia pide ser replanteada con menor ímpetu y mayor humildad.

La historia que nos cuentan aborrece a menudo los matices; y, sin embargo, los necesita para acercarse a la verdad. Una lectura personal de lo ocurrido, alejada del ruido de ideologías y fundamentalismos, debiera ser como un refugio grato donde poder volver a ser sinceros.

No es fácil escribir historia: lo más frecuente es que lo que teníamos por cierto se tambalee o resquebraje al penetrar un poco más a fondo en ello.

Por lo que hace a este libro, todo lo que en él se cuenta ha sucedido. Y si no sucedió exactamente así, al menos sí ha influido en la historia posterior como si hubiera sido de este modo, lo cual es asimismo una forma de suceder. Las fuentes son por lo general escasas, y las informaciones de contexto que yo he podido recabar no siempre me han favorecido de igual modo en el propósito de aproximar al máximo intuición y vivencia.

Este libro, que ha pretendido ser rigurosamente histórico en cuanto al contenido, ha querido ser rigurosamente literario en cuanto a la forma.

No ha pretendido, sin embargo, ser una novela histórica.

Si esta obra hubiera sido escrita en otra época, podría haber sido muy bien una tragedia, o un poema épico, o un diálogo, o una colección de cuentos ejemplares. Pedirle cuentas hoy como novela para hacerle probar su literariedad me parece una actitud injusta, propia de una época que magnifica el valor de la novela como género artístico ignorando la historia de la literatura.

Es más, escribirla en estos tiempos evitando que sea una novela me ha parecido un reto tentador. Por otro lado, aun tratándose de un discurso marcadamente literario, he querido incluir las fuentes documentales al pie de cada texto para hacer más consciente el hecho de estar leyendo historia e invitar al lector a contrastar lo dicho.

Tal vez así, la historia vuelva a ser de algún modo esa aventura indagadora aprendida de Heródoto.

He querido también incluir imágenes actuales de los lugares que fueron escenario de los hechos, evocar lo ocurrido desde nuestra geografía de hoy, explorar la dimensión cultural de nuestro espacio; de este modo, tal vez se haga patente que la historia no es sólo parte del pasado, sino que configura activamente el presente y es asimismo parte de la cosmovisión que dejaremos al futuro.

He querido, en fin, hacer un libro que permita sentir y pensar al mismo tiempo: sentir hondo, pensar alto, y también hablar claro. Nada más le pido a la historia ni a la literatura. Por último, hablando de intenciones, no es seguro que con estos esfuerzos logremos ayudar a mejorar el mundo.

No es seguro que la actitud humanista que esta obra explora y defiende acabe triunfando sobre el abuso y la barbarie.

Pero sí es absolutamente seguro que el abuso y la barbarie triunfarán con más dificultad entre quienes han hecho suya esta actitud que entre quienes la ignoran o la menosprecian.

Trabajando en esta obra, creo haber aprendido que lo que ha hecho mejor al mundo es la voluntad y la integridad de algunos individuos; y que si hoy el mundo es en algo mejor que en el pasado, es porque ha habido hombres que en algún momento han preferido hacer lo que consideraban bueno, aunque hayan fracasado o sucumbido, o, por mejor decir, aunque en ocasiones su victoria haya sido tan sólo moral.

Hoy, al igual que siempre, son progresistas quienes luchan contra la injusticia y la ignorancia, y son retrógrados quienes las favorecen por alguna razón.

Escribir este libro me ha hecho consciente de la fragilidad de la civilización, me ha recordado que sus conquistas son efímeras y han de ser defendidas cada día que amanece, me ha ayudado a entender que la única civilización posible y digna de tal nombre es la que une a los hombres contra la barbarie, y me ha enseñado de un modo extraordinario a ser humilde, la única lección que nos repite de continuo la Historia.

 

Nota: Una cita precede el texto: “... oÜte ta‹j ™pifanest£taij pr£xesi p£ntwj œnesti d»lwsij ¢retÁj À kak…aj, ¢ll¦ pr©gma bracÝ poll£kij kaˆ ?Áma kaˆ paidi£ tij œmfasin ½qouj ™po…hse m©lon À m£cai muriÒnekroi kaˆ parat£xeij aƒ mšgistai kaˆ poliork…ai pÒlewn.” “… pues no es en las acciones más ilustres donde se manifiesta la virtud o la vileza, sino que, muchas veces, algo breve, un dicho o una trivialidad, sirven mejor para mostrar la índole de los hombres que sangrientas batallas, nutridos ejércitos o asedios de ciudades.” (Plutarco Vidas Paralelas Alejandro 1.2)

Ir a: (http://www.youtube.com/embed/jX7Kqb21b44 

Fuente: pedroolalla.com