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LA INDEPENDENCIA Y SUS CAMINOS

La historia como mapa de un camino es para un analista avezado explicarla aquí como un derrotero de la Argentina, contada a partir de la Independencia, con su frustrado y persistente intento de integrar su economía hacia adentro lo que la clase dominante impone desde Buenos Aires sea hacia las metrópolis afuera. Pugna que rompe rompe la unidad nacional, dice 

Por Gabriel Fernández (*)

En 1813, los representantes orientales fueron rechazados cuando intentaron participar de la Asamblea. Por entonces, el liderazgo de José Artigas era muy fuerte en las provincias y el proceso de concentración del poder en manos centralistas perjudicaba la unidad del Sur. En 1816 la Liga de los Pueblos Libres, conducida por la Banda pero con fuerte incidencia sobre Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe, tampoco estuvo en el Congreso de Tucumán.

Córdoba y Paraguay respaldaban a Artigas, pero mientras los mediterráneos evitaban el cruce agudo con el centro, los guaraníes resolvían su sub independencia para concretar un proyecto autocentrado.

Si en 1813 Artigas elaboró en diálogo abierto con su gente, pueblo por pueblo, las Instrucciones, en 1815 concretó el Congreso de Oriente en Arroyo de la China, territorio que hoy pertenece a Entre Ríos. José de San Martín, conminado por el Directorio que gobernó Buenos Aires con pretensión nacional entre 1814 y 1816, a reprimir las experiencias revolucionarias interiores, desdeñó esas órdenes y envió misivas reivindicando la lucha de los caudillos, con menciones especiales para Artigas y Güemes. Estaba naciendo con potencia la división nacional que costaría tantas décadas de batallas intestinas y cuyos ejes se prolongan al presente.

Mientras uno de los proyectos renegaba de la economía interior y se vinculaba a través del puerto con intereses externos, el otro buscaba el desarrollo de las manufacturas locales y el empleo de los recursos naturales en beneficio de las provincias que los poseían. No había posibilidad de síntesis, y no lo hubo. Pero tampoco relación de fuerzas que definiera la contienda en uno u otro sentido. La Independencia declarada en 1816, con todo su valor como pronunciamiento de las provincias más o menos desunidas del Río de la Plata, fue incompleta.

Podemos indicar, arbitrariamente, que desde entonces esta región del planeta no logra desequilibrar la pugna. Es que el contraste resulta profundo.

No es lo mismo tironear hacia fuera que hacia dentro. Los dos grandes proyectos existentes son tan contradictorios que los llamados a la unidad resultan esbozos de buenas intenciones sin asentamiento práctico. Más tarde o más temprano alguno tendrá que vencer; de otro modo, el Sur continental se seguirá debatiendo en periodos excepcionalmente diferenciados que impiden el despliegue de una gran nación.

La influencia británica en primer término y la norteamericana con posterioridad, se asentaron en una acción dual: dividir las Provincias Unidas en paisitos y bregar dentro de cada uno de ellos por imponer el modelo portuario aperturista que obtura el desarrollo de una economía productiva sana y genuinamente nacional.


(*) Área Periodística Radio Gráfica / Director La Señal Medios / Sindical Federal

Fuente: http://nomeolvidesorg.com.ar