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OTROS ARTÍCULOS

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NUEVA FORMA CAPITALISTA PARA ENGATUSAR VÍCTIMAS

Las practicas del capitalismo norteamericano van generando una especie de filosofía de la resignación feliz,  mientras la concentración de la riqueza es superlativa y se generaliza la supresión de derechos, la degradación de los valores y de la escuela pública, con represión, cárceles y "demonización de los pobres", dice el autor. En ese marco nace el llamado "mindfulness".
 
Por Ronald Puerser  

Según sus patrocinadores, estamos en medio de una «revolución de la conciencia». Jon Kabat-Zinn, recientemente apodado el "padre del mindfulness", llega a proclamar que estamos al borde de un renacimiento global y que es realmente la única esperanza que la especie y el planeta tienen para sobrevivir los próximos doscientos años.

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TURQUÍA, DE LA GUERRA Y EL GENOCIDIO A NOVELAS POR TV

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MITOS Y REALIDADES SOBRE LA AMAZONIA

Los árboles alimentan al suelo y no al revés en la inconmensurable extensión amazónica que hasta hace cincuenta años se mantenía intocable y hoy en Brasil está amenazada de muerte por el desmedido afán de lucro y la explotación sin miramientos que pregona el paracaidista Jair Bolsonaro. Un texto claro, corto y revelador sobre lo que es y no es la Amazonia.

 Por Leonardo Boff

 El Sínodo pan-amazónico que se celebrará en octubre de este año en Roma demanda un mejor saber sobre el ecosistema amazónico. Hay que deshacer mitos. Primer mito: el indígena como salvaje y genuinamente natural, y por eso en sintonía perfecta con la naturaleza. Se regularía por criterios no-culturales sino naturales.

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JUAN CARLOS PUGLIESE, UN RETRATO CON OJOS DE NIÑO

Esta nota de un periodista gráfico (La Razón, La Nueva Provincia, Noticias y Buenos Aires Herald, entre otros medios) y de la televisión de las grandes luces (Edición Plus, Telefé, programa pionero del periodismo de investigación) describe a Juan Carlos Pugliese, casi con ojos de niño. Retrato del gran político radical (1915/1994).

Por Néstor Machiavelli

Durante muchos años como cronista parlamentario en el Congreso dela Nación, entre legisladores y debates nos fuimos conociendo con colegas en medio de proyectos y sesiones maratónicas, compartiendo la sala y los palcos del primer piso, escribiendo a las corridas la síntesis de cada intervención, el color de cada debate.

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YA NO SE APODERA, AHORA EL IMPERIO SE EMPODERA

EMPODERAMIENTO Y DESAPODERACIÓN

Por Félix Herrero

Buenos Aires, 7 de mayo de 2019

A 100 años de un nacimiento memorable.

 

Hay palabras viejas que en sus flujos centenarios reaparecen. Una de ellas es la ahora tan utilizada empoderamiento.

Siempre usábamos apoderamiento, como toma del dominio de alguien (persona física o persona moral que en otro sentido no suele ser tan moral como el nombre lo dice) o de nadie. Ese alguien era una persona, una sociedad o un pueblo. El apoderamiento era práctica de imposición imperial cuando se hablaba de naciones o pueblos.

Pero ahora, gracias al inglés que en casi todas partes se impone o se empodera de las lenguas en casi todo el mundo, el apoderamiento, que antes se usaba también para la toma de poblaciones o recursos de otros pueblos, quedó en desuso.

Según los Wikileaks a fines del siglo pasado se introdujo en nuestra lengua a partir del empowerment  y del empower, que si bien en los diccionarios señalaba el aumento de la participación de los excluidos o marginados, sean personas, grupos sociales o población de países. También Wikipedia toma la definición del Diccionario Panhispánico de Dudas: “empoderar es conceder poderes a un colectivo desfavorecido socio-económicamente para que por medio de su autogestión mejore sus condiciones de vida.

Desde el principio se nota que la versión inglesa se anclaba fuertemente en la lucha por los derechos de la educación para todos y la lucha de género para la igualdad de la mujer.

La lucha de la participación de la mujer en el derecho no es muy antiguo, ya que sufrió largos tiempos sin derechos humanos y sociales, pero también sin derechos cívicos.  Si bien parecía que las “civilizaciones” occidentales y orientales la trataban como esclava, la lucha por el voto de la mujer tiene ya casi dos siglos. Los argentinos tienen el orgullo –como en la liberación de la esclavitud de hombres, mujeres y niños—de no haber quedado retrasado en la historia (1). Hoy, en una etapa superior a la igualdad cívica, el movimiento por los derechos de la mujer se extiende por todo el mundo. Es verificable que el término empoderamiento se impone en la lucha feminista.

La versión española, por ser la mayoría de sus países de carácter semicolonial, del empoderamiento o apoderamiento tiene mucha relación con la dependencia de pueblos por naciones más poderosas. Por eso, la marginación o denostación clasista se refiere a las prácticas, muchas veces ocultas o abiertas, que hay sociedades que consideran indeseables a otras personas.

En nuestro país hemos vivido el desprecio por los criollos, llamándolos cabecitas negras, o por los hermanos limítrofes paraguas o bolitas o chilotes. Los inmigrantes judíos también eran nombrados como rusos, y los árabes como turcos. Y también hubo desprecio para los gitanos. Se dice con razón, con el yrigoyenismo dio derechos a las clases sociales medias de origen inmigratorio, y el peronismo a los cabecitas negras o descamisados. 

No es curioso, pero algunos estudiosos de los vocablos y conceptos encuentran el empoderamiento en la Bolivia en las luchas de las feministas al comienzo de estas reivindicaciones de los pueblos originarios por sus derechos humanos y sociales. Por otra parte, nada es tan nuevo como se intenta convencer: el empoderar es un antiguo verbo castellano.

Ante las casi dos corrientes: la individual o la colectiva del término, es importante la función que realiza una socióloga (es en la sociología donde se desarrollaron emporwement y empower) y gran analista Amalia Villanueva.  (2)

Ante las prácticas desintegradoras  del machismo y por feminismos antimachistas, hay feministas que no analizan los problemas sociales que alcanza a todos pero que tienen que ver con prácticas desintegrados de género.  Frente a esto, hay importantes analistas feministas, como Villanueva y  Rafia Zakaria. La primera analiza el pensamiento de Zakaria, coautora del informe “Emissaries of Empowerment”, quien dice “que el término empoderamiento se ha convertido en una palabra de moda entre los profesionales del desarrollo en Occidente, eliminado su aspecto más relevante, el de la movilización política”.

Zacaria en un artículo (3) revisa la evolución del término desde su origen político y transformador a su actual uso despolitizado. Hoy hay feministas que se quedan en el descomprometido campo de la costura, repostería y estética. Nos hacen acordar a algunos ambientólogos que, según el gran pensador oriental Eduardo Galeano, convierten a la ecología en inocente jardinería.

Dice Zakaria que el verbo empoderar “fue reconocido por las Naciones Unidas en 1995 pero hoy se lo ha pervertido y diluido hasta la ambigüedad.”

Recordamos otras literaturas coercitivas o desapoderantes, como aquella que condena el fracking pero no informa sobre el caos financiero que produce, de la ampliación del desapoderamiento petrolero de la nación argentina al abrir el mar propio a petroleras multinacionales y británicas y informar solo sobre cantidades extraíbles, de hablar mucho sobre el poder formal para ocultar más áun al ocultado poder real, de problemas económicos pero no del poder financiero internacional que todo lo desapodera,  así sigue una muy numerosa de situaciones. Apoderar lo nuestro o decolonizar, o desapoderar nos de los poderes e intereses extraños. 

 

(1) El comienzo del rechazo de la esclavitud se da con la Asamblea General del año XIII que dice:

            “Siendo tan desdoroso como ultrajante a la humanidad, el que en los mismos pueblo que  con tanto tesón y esfuerzo, caminan hacia su libertad, permanezcan por más tiempo en la esclavitud, los niños que nacen en todo el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, sean considerados y tenidos por libertos todos los que en dichos territorios hubieran nacidos desde el 31 de enero de 1813 inclusive en adelante, día consagrado a la libertad      por la feliz instalación de la Asamblea General Constituyente. Lo tendrá así entendido el Supremo Poder Ejecutivo para su debida observancia. Buenos Aires, 2 de febrero de   1813”.  

Además de la libertad de vientre, la Asamblea del Año XIII prohibió el tráfico de esclavos en todo el territorio de la nación. México fue el primer país del mundo en eliminar la esclavitud en 1810, Luego Argentina, y en Perú también se establece la manumisión por nacimiento en 1821 por acción del general San Martín. También Colombia y Ecuador lo hicieron ese año, Chile en 1823, Uruguay en 1825, Bolivia 1842, el Reino Unido en 1834, Estados Unidos en 1865 y Brasil en 1889. 

Por su parte, el comienzo de los derechos de la mujer argentina se inicia con el  primer Plan Quinquenal de 1947 con el proyecto de Ley que rápidamente consagró el derecho a votar de la mujer, enviado al Congreso el 19 de octubre de 1946 mujer, que en su artículo 1° de la Ley dice:

“Toda mujer argentina nativa o naturalizada tiene derecho, a partir de los 18 años de edad, de elegir y ser elegida, lo mismo que los varones, siempre que estén inscriptas en el padrón electoral”.

El artículo 2° dispone el otorgamiento del documento de identidad necesario para votar.

(2) Villanueva, Amalia, “La perversión del término empoderamiento”, Pikara Magazine, 7 de mayo de 2018.

(3) Zakaria, Rafia, “El mito del empoderamiento de las mujeres”. The New York Times, 10 de octubre de 2017.

EMPODERAMIENTO Y DESAPODERACIÓN

Por Félix Herrero

Buenos Aires, 7 de mayo de 2019

A 100 años de un nacimiento memorable.

 

Hay palabras viejas que en sus flujos centenarios reaparecen. Una de ellas es la ahora tan utilizada empoderamiento.

Siempre usábamos apoderamiento, como toma del dominio de alguien (persona física o persona moral que en otro sentido no suele ser tan moral como el nombre lo dice) o de nadie. Ese alguien era una persona, una sociedad o un pueblo. El apoderamiento era práctica de imposición imperial cuando se hablaba de naciones o pueblos.

Pero ahora, gracias al inglés que en casi todas partes se impone o se empodera de las lenguas en casi todo el mundo, el apoderamiento, que antes se usaba también para la toma de poblaciones o recursos de otros pueblos, quedó en desuso.

Según los Wikileaks a fines del siglo pasado se introdujo en nuestra lengua a partir del empowerment  y del empower, que si bien en los diccionarios señalaba el aumento de la participación de los excluidos o marginados, sean personas, grupos sociales o población de países. También Wikipedia toma la definición del Diccionario Panhispánico de Dudas: “empoderar es conceder poderes a un colectivo desfavorecido socio-económicamente para que por medio de su autogestión mejore sus condiciones de vida.

Desde el principio se nota que la versión inglesa se anclaba fuertemente en la lucha por los derechos de la educación para todos y la lucha de género para la igualdad de la mujer.

La lucha de la participación de la mujer en el derecho no es muy antiguo, ya que sufrió largos tiempos sin derechos humanos y sociales, pero también sin derechos cívicos.  Si bien parecía que las “civilizaciones” occidentales y orientales la trataban como esclava, la lucha por el voto de la mujer tiene ya casi dos siglos. Los argentinos tienen el orgullo –como en la liberación de la esclavitud de hombres, mujeres y niños—de no haber quedado retrasado en la historia (1). Hoy, en una etapa superior a la igualdad cívica, el movimiento por los derechos de la mujer se extiende por todo el mundo. Es verificable que el término empoderamiento se impone en la lucha feminista.

La versión española, por ser la mayoría de sus países de carácter semicolonial, del empoderamiento o apoderamiento tiene mucha relación con la dependencia de pueblos por naciones más poderosas. Por eso, la marginación o denostación clasista se refiere a las prácticas, muchas veces ocultas o abiertas, que hay sociedades que consideran indeseables a otras personas.

En nuestro país hemos vivido el desprecio por los criollos, llamándolos cabecitas negras, o por los hermanos limítrofes paraguas o bolitas o chilotes. Los inmigrantes judíos también eran nombrados como rusos, y los árabes como turcos. Y también hubo desprecio para los gitanos. Se dice con razón, con el yrigoyenismo dio derechos a las clases sociales medias de origen inmigratorio, y el peronismo a los cabecitas negras o descamisados. 

No es curioso, pero algunos estudiosos de los vocablos y conceptos encuentran el empoderamiento en la Bolivia en las luchas de las feministas al comienzo de estas reivindicaciones de los pueblos originarios por sus derechos humanos y sociales. Por otra parte, nada es tan nuevo como se intenta convencer: el empoderar es un antiguo verbo castellano.

Ante las casi dos corrientes: la individual o la colectiva del término, es importante la función que realiza una socióloga (es en la sociología donde se desarrollaron emporwement y empower) y gran analista Amalia Villanueva.  (2)

Ante las prácticas desintegradoras  del machismo y por feminismos antimachistas, hay feministas que no analizan los problemas sociales que alcanza a todos pero que tienen que ver con prácticas desintegrados de género.  Frente a esto, hay importantes analistas feministas, como Villanueva y  Rafia Zakaria. La primera analiza el pensamiento de Zakaria, coautora del informe “Emissaries of Empowerment”, quien dice “que el término empoderamiento se ha convertido en una palabra de moda entre los profesionales del desarrollo en Occidente, eliminado su aspecto más relevante, el de la movilización política”.

Zacaria en un artículo (3) revisa la evolución del término desde su origen político y transformador a su actual uso despolitizado. Hoy hay feministas que se quedan en el descomprometido campo de la costura, repostería y estética. Nos hacen acordar a algunos ambientólogos que, según el gran pensador oriental Eduardo Galeano, convierten a la ecología en inocente jardinería.

Dice Zakaria que el verbo empoderar “fue reconocido por las Naciones Unidas en 1995 pero hoy se lo ha pervertido y diluido hasta la ambigüedad.”

Recordamos otras literaturas coercitivas o desapoderantes, como aquella que condena el fracking pero no informa sobre el caos financiero que produce, de la ampliación del desapoderamiento petrolero de la nación argentina al abrir el mar propio a petroleras multinacionales y británicas y informar solo sobre cantidades extraíbles, de hablar mucho sobre el poder formal para ocultar más áun al ocultado poder real, de problemas económicos pero no del poder financiero internacional que todo lo desapodera,  así sigue una muy numerosa de situaciones. Apoderar lo nuestro o decolonizar, o desapoderar nos de los poderes e intereses extraños. 

 

(1) El comienzo del rechazo de la esclavitud se da con la Asamblea General del año XIII que dice:

            “Siendo tan desdoroso como ultrajante a la humanidad, el que en los mismos pueblo que          con tanto tesón y esfuerzo, caminan hacia su libertad, permanezcan por más tiempo en la            esclavitud, los niños que nacen en todo el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, sean considerados y tenidos por libertos todos los que en dichos territorios hubieran             nacidos desde el 31 de enero de 1813 inclusive en adelante, día consagrado a la libertad        por la feliz instalación de la Asamblea General Constituyente. Lo tendrá así entendido el         Supremo Poder Ejecutivo para su debida observancia. Buenos Aires, 2 de febrero de   1813”.  

Además de la libertad de vientre, la Asamblea del Año XIII prohibió el tráfico de esclavos en todo el territorio de la nación. México fue el primer país del mundo en eliminar la esclavitud en 1810, Luego Argentina, y en Perú también se establece la manumisión por nacimiento en 1821 por acción del general San Martín. También Colombia y Ecuador lo hicieron ese año, Chile en 1823, Uruguay en 1825, Bolivia 1842, el Reino Unido en 1834, Estados Unidos en 1865 y Brasil en 1889. 

Por su parte, el comienzo de los derechos de la mujer argentina se inicia con el  primer Plan Quinquenal de 1947 con el proyecto de Ley que rápidamente consagró el derecho a votar de la mujer, enviado al Congreso el 19 de octubre de 1946 mujer, que en su artículo 1° de la Ley dice:

            “Toda mujer argentina nativa o naturalizada tiene derecho, a partir de los 18 años de edad,       de elegir y ser elegida, lo mismo que los varones, siempre que estén inscriptas en el           padrón electoral”.

El artículo 2° dispone el otorgamiento del documento de identidad necesario para votar.

(2) Villanueva, Amalia, “La perversión del término empoderamiento”, Pikara Magazine, 7 de mayo de 2018.

(3) Zakaria, Rafia, “El mito del empoderamiento de las mujeres”. The New York Times, 10 de octubre de 2017.

EMPODERAMIENTO Y DESAPODERACIÓN

Por Félix Herrero

Buenos Aires, 7 de mayo de 2019

A 100 años de un nacimiento memorable.

 

Hay palabras viejas que en sus flujos centenarios reaparecen. Una de ellas es la ahora tan utilizada empoderamiento.

Siempre usábamos apoderamiento, como toma del dominio de alguien (persona física o persona moral que en otro sentido no suele ser tan moral como el nombre lo dice) o de nadie. Ese alguien era una persona, una sociedad o un pueblo. El apoderamiento era práctica de imposición imperial cuando se hablaba de naciones o pueblos.

Pero ahora, gracias al inglés que en casi todas partes se impone o se empodera de las lenguas en casi todo el mundo, el apoderamiento, que antes se usaba también para la toma de poblaciones o recursos de otros pueblos, quedó en desuso.

Según los Wikileaks a fines del siglo pasado se introdujo en nuestra lengua a partir del empowerment  y del empower, que si bien en los diccionarios señalaba el aumento de la participación de los excluidos o marginados, sean personas, grupos sociales o población de países. También Wikipedia toma la definición del Diccionario Panhispánico de Dudas: “empoderar es conceder poderes a un colectivo desfavorecido socio-económicamente para que por medio de su autogestión mejore sus condiciones de vida.

Desde el principio se nota que la versión inglesa se anclaba fuertemente en la lucha por los derechos de la educación para todos y la lucha de género para la igualdad de la mujer.

La lucha de la participación de la mujer en el derecho no es muy antiguo, ya que sufrió largos tiempos sin derechos humanos y sociales, pero también sin derechos cívicos.  Si bien parecía que las “civilizaciones” occidentales y orientales la trataban como esclava, la lucha por el voto de la mujer tiene ya casi dos siglos. Los argentinos tienen el orgullo –como en la liberación de la esclavitud de hombres, mujeres y niños—de no haber quedado retrasado en la historia (1). Hoy, en una etapa superior a la igualdad cívica, el movimiento por los derechos de la mujer se extiende por todo el mundo. Es verificable que el término empoderamiento se impone en la lucha feminista.

La versión española, por ser la mayoría de sus países de carácter semicolonial, del empoderamiento o apoderamiento tiene mucha relación con la dependencia de pueblos por naciones más poderosas. Por eso, la marginación o denostación clasista se refiere a las prácticas, muchas veces ocultas o abiertas, que hay sociedades que consideran indeseables a otras personas.

En nuestro país hemos vivido el desprecio por los criollos, llamándolos cabecitas negras, o por los hermanos limítrofes paraguas o bolitas o chilotes. Los inmigrantes judíos también eran nombrados como rusos, y los árabes como turcos. Y también hubo desprecio para los gitanos. Se dice con razón, con el yrigoyenismo dio derechos a las clases sociales medias de origen inmigratorio, y el peronismo a los cabecitas negras o descamisados. 

No es curioso, pero algunos estudiosos de los vocablos y conceptos encuentran el empoderamiento en la Bolivia en las luchas de las feministas al comienzo de estas reivindicaciones de los pueblos originarios por sus derechos humanos y sociales. Por otra parte, nada es tan nuevo como se intenta convencer: el empoderar es un antiguo verbo castellano.

Ante las casi dos corrientes: la individual o la colectiva del término, es importante la función que realiza una socióloga (es en la sociología donde se desarrollaron emporwement y empower) y gran analista Amalia Villanueva.  (2)

Ante las prácticas desintegradoras  del machismo y por feminismos antimachistas, hay feministas que no analizan los problemas sociales que alcanza a todos pero que tienen que ver con prácticas desintegrados de género.  Frente a esto, hay importantes analistas feministas, como Villanueva y  Rafia Zakaria. La primera analiza el pensamiento de Zakaria, coautora del informe “Emissaries of Empowerment”, quien dice “que el término empoderamiento se ha convertido en una palabra de moda entre los profesionales del desarrollo en Occidente, eliminado su aspecto más relevante, el de la movilización política”.

Zacaria en un artículo (3) revisa la evolución del término desde su origen político y transformador a su actual uso despolitizado. Hoy hay feministas que se quedan en el descomprometido campo de la costura, repostería y estética. Nos hacen acordar a algunos ambientólogos que, según el gran pensador oriental Eduardo Galeano, convierten a la ecología en inocente jardinería.

Dice Zakaria que el verbo empoderar “fue reconocido por las Naciones Unidas en 1995 pero hoy se lo ha pervertido y diluido hasta la ambigüedad.”

Recordamos otras literaturas coercitivas o desapoderantes, como aquella que condena el fracking pero no informa sobre el caos financiero que produce, de la ampliación del desapoderamiento petrolero de la nación argentina al abrir el mar propio a petroleras multinacionales y británicas y informar solo sobre cantidades extraíbles, de hablar mucho sobre el poder formal para ocultar más áun al ocultado poder real, de problemas económicos pero no del poder financiero internacional que todo lo desapodera,  así sigue una muy numerosa de situaciones. Apoderar lo nuestro o decolonizar, o desapoderar nos de los poderes e intereses extraños. 

 

(1) El comienzo del rechazo de la esclavitud se da con la Asamblea General del año XIII que dice:

            “Siendo tan desdoroso como ultrajante a la humanidad, el que en los mismos pueblo que          con tanto tesón y esfuerzo, caminan hacia su libertad, permanezcan por más tiempo en la            esclavitud, los niños que nacen en todo el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, sean considerados y tenidos por libertos todos los que en dichos territorios hubieran             nacidos desde el 31 de enero de 1813 inclusive en adelante, día consagrado a la libertad        por la feliz instalación de la Asamblea General Constituyente. Lo tendrá así entendido el         Supremo Poder Ejecutivo para su debida observancia. Buenos Aires, 2 de febrero de   1813”.  

Además de la libertad de vientre, la Asamblea del Año XIII prohibió el tráfico de esclavos en todo el territorio de la nación. México fue el primer país del mundo en eliminar la esclavitud en 1810, Luego Argentina, y en Perú también se establece la manumisión por nacimiento en 1821 por acción del general San Martín. También Colombia y Ecuador lo hicieron ese año, Chile en 1823, Uruguay en 1825, Bolivia 1842, el Reino Unido en 1834, Estados Unidos en 1865 y Brasil en 1889. 

Por su parte, el comienzo de los derechos de la mujer argentina se inicia con el  primer Plan Quinquenal de 1947 con el proyecto de Ley que rápidamente consagró el derecho a votar de la mujer, enviado al Congreso el 19 de octubre de 1946 mujer, que en su artículo 1° de la Ley dice:

            “Toda mujer argentina nativa o naturalizada tiene derecho, a partir de los 18 años de edad,       de elegir y ser elegida, lo mismo que los varones, siempre que estén inscriptas en el           padrón electoral”.

El artículo 2° dispone el otorgamiento del documento de identidad necesario para votar.

(2) Villanueva, Amalia, “La perversión del término empoderamiento”, Pikara Magazine, 7 de mayo de 2018.

(3) Zakaria, Rafia, “El mito del empoderamiento de las mujeres”. The New York Times, 10 de octubre de 2017.

EMPODERAMIENTO Y DESAPODERACIÓN

Por Félix Herrero

Buenos Aires, 7 de mayo de 2019

A 100 años de un nacimiento memorable.

 

Hay palabras viejas que en sus flujos centenarios reaparecen. Una de ellas es la ahora tan utilizada empoderamiento.

Siempre usábamos apoderamiento, como toma del dominio de alguien (persona física o persona moral que en otro sentido no suele ser tan moral como el nombre lo dice) o de nadie. Ese alguien era una persona, una sociedad o un pueblo. El apoderamiento era práctica de imposición imperial cuando se hablaba de naciones o pueblos.

Pero ahora, gracias al inglés que en casi todas partes se impone o se empodera de las lenguas en casi todo el mundo, el apoderamiento, que antes se usaba también para la toma de poblaciones o recursos de otros pueblos, quedó en desuso.

Según los Wikileaks a fines del siglo pasado se introdujo en nuestra lengua a partir del empowerment  y del empower, que si bien en los diccionarios señalaba el aumento de la participación de los excluidos o marginados, sean personas, grupos sociales o población de países. También Wikipedia toma la definición del Diccionario Panhispánico de Dudas: “empoderar es conceder poderes a un colectivo desfavorecido socio-económicamente para que por medio de su autogestión mejore sus condiciones de vida.

Desde el principio se nota que la versión inglesa se anclaba fuertemente en la lucha por los derechos de la educación para todos y la lucha de género para la igualdad de la mujer.

La lucha de la participación de la mujer en el derecho no es muy antiguo, ya que sufrió largos tiempos sin derechos humanos y sociales, pero también sin derechos cívicos.  Si bien parecía que las “civilizaciones” occidentales y orientales la trataban como esclava, la lucha por el voto de la mujer tiene ya casi dos siglos. Los argentinos tienen el orgullo –como en la liberación de la esclavitud de hombres, mujeres y niños—de no haber quedado retrasado en la historia (1). Hoy, en una etapa superior a la igualdad cívica, el movimiento por los derechos de la mujer se extiende por todo el mundo. Es verificable que el término empoderamiento se impone en la lucha feminista.

La versión española, por ser la mayoría de sus países de carácter semicolonial, del empoderamiento o apoderamiento tiene mucha relación con la dependencia de pueblos por naciones más poderosas. Por eso, la marginación o denostación clasista se refiere a las prácticas, muchas veces ocultas o abiertas, que hay sociedades que consideran indeseables a otras personas.

En nuestro país hemos vivido el desprecio por los criollos, llamándolos cabecitas negras, o por los hermanos limítrofes paraguas o bolitas o chilotes. Los inmigrantes judíos también eran nombrados como rusos, y los árabes como turcos. Y también hubo desprecio para los gitanos. Se dice con razón, con el yrigoyenismo dio derechos a las clases sociales medias de origen inmigratorio, y el peronismo a los cabecitas negras o descamisados. 

No es curioso, pero algunos estudiosos de los vocablos y conceptos encuentran el empoderamiento en la Bolivia en las luchas de las feministas al comienzo de estas reivindicaciones de los pueblos originarios por sus derechos humanos y sociales. Por otra parte, nada es tan nuevo como se intenta convencer: el empoderar es un antiguo verbo castellano.

Ante las casi dos corrientes: la individual o la colectiva del término, es importante la función que realiza una socióloga (es en la sociología donde se desarrollaron emporwement y empower) y gran analista Amalia Villanueva.  (2)

Ante las prácticas desintegradoras  del machismo y por feminismos antimachistas, hay feministas que no analizan los problemas sociales que alcanza a todos pero que tienen que ver con prácticas desintegrados de género.  Frente a esto, hay importantes analistas feministas, como Villanueva y  Rafia Zakaria. La primera analiza el pensamiento de Zakaria, coautora del informe “Emissaries of Empowerment”, quien dice “que el término empoderamiento se ha convertido en una palabra de moda entre los profesionales del desarrollo en Occidente, eliminado su aspecto más relevante, el de la movilización política”.

Zacaria en un artículo (3) revisa la evolución del término desde su origen político y transformador a su actual uso despolitizado. Hoy hay feministas que se quedan en el descomprometido campo de la costura, repostería y estética. Nos hacen acordar a algunos ambientólogos que, según el gran pensador oriental Eduardo Galeano, convierten a la ecología en inocente jardinería.

Dice Zakaria que el verbo empoderar “fue reconocido por las Naciones Unidas en 1995 pero hoy se lo ha pervertido y diluido hasta la ambigüedad.”

Recordamos otras literaturas coercitivas o desapoderantes, como aquella que condena el fracking pero no informa sobre el caos financiero que produce, de la ampliación del desapoderamiento petrolero de la nación argentina al abrir el mar propio a petroleras multinacionales y británicas y informar solo sobre cantidades extraíbles, de hablar mucho sobre el poder formal para ocultar más áun al ocultado poder real, de problemas económicos pero no del poder financiero internacional que todo lo desapodera,  así sigue una muy numerosa de situaciones. Apoderar lo nuestro o decolonizar, o desapoderar nos de los poderes e intereses extraños. 

 

(1) El comienzo del rechazo de la esclavitud se da con la Asamblea General del año XIII que dice:

            “Siendo tan desdoroso como ultrajante a la humanidad, el que en los mismos pueblo que          con tanto tesón y esfuerzo, caminan hacia su libertad, permanezcan por más tiempo en la            esclavitud, los niños que nacen en todo el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, sean considerados y tenidos por libertos todos los que en dichos territorios hubieran             nacidos desde el 31 de enero de 1813 inclusive en adelante, día consagrado a la libertad        por la feliz instalación de la Asamblea General Constituyente. Lo tendrá así entendido el         Supremo Poder Ejecutivo para su debida observancia. Buenos Aires, 2 de febrero de   1813”.  

Además de la libertad de vientre, la Asamblea del Año XIII prohibió el tráfico de esclavos en todo el territorio de la nación. México fue el primer país del mundo en eliminar la esclavitud en 1810, Luego Argentina, y en Perú también se establece la manumisión por nacimiento en 1821 por acción del general San Martín. También Colombia y Ecuador lo hicieron ese año, Chile en 1823, Uruguay en 1825, Bolivia 1842, el Reino Unido en 1834, Estados Unidos en 1865 y Brasil en 1889. 

Por su parte, el comienzo de los derechos de la mujer argentina se inicia con el  primer Plan Quinquenal de 1947 con el proyecto de Ley que rápidamente consagró el derecho a votar de la mujer, enviado al Congreso el 19 de octubre de 1946 mujer, que en su artículo 1° de la Ley dice:

            “Toda mujer argentina nativa o naturalizada tiene derecho, a partir de los 18 años de edad,       de elegir y ser elegida, lo mismo que los varones, siempre que estén inscriptas en el           padrón electoral”.

El artículo 2° dispone el otorgamiento del documento de identidad necesario para votar.

(2) Villanueva, Amalia, “La perversión del término empoderamiento”, Pikara Magazine, 7 de mayo de 2018.

(3) Zakaria, Rafia, “El mito del empoderamiento de las mujeres”. The New York Times, 10 de octubre de 2017.

EMPODERAMIENTO Y DESAPODERACIÓNEL 

Por Félix Herrero

Buenos Aires, 7 de mayo de 2019

A 100 años de un nacimiento memorable.

 

Hay palabras viejas que en sus flujos centenarios reaparecen. Una de ellas es la ahora tan utilizada empoderamiento.

Siempre usábamos apoderamiento, como toma del dominio de alguien (persona física o persona moral que en otro sentido no suele ser tan moral como el nombre lo dice) o de nadie. Ese alguien era una persona, una sociedad o un pueblo. El apoderamiento era práctica de imposición imperial cuando se hablaba de naciones o pueblos.

Pero ahora, gracias al inglés que en casi todas partes se impone o se empodera de las lenguas en casi todo el mundo, el apoderamiento, que antes se usaba también para la toma de poblaciones o recursos de otros pueblos, quedó en desuso.

Según los Wikileaks a fines del siglo pasado se introdujo en nuestra lengua a partir del empowerment  y del empower, que si bien en los diccionarios señalaba el aumento de la participación de los excluidos o marginados, sean personas, grupos sociales o población de países. También Wikipedia toma la definición del Diccionario Panhispánico de Dudas: “empoderar es conceder poderes a un colectivo desfavorecido socio-económicamente para que por medio de su autogestión mejore sus condiciones de vida.

Desde el principio se nota que la versión inglesa se anclaba fuertemente en la lucha por los derechos de la educación para todos y la lucha de género para la igualdad de la mujer.

La lucha de la participación de la mujer en el derecho no es muy antiguo, ya que sufrió largos tiempos sin derechos humanos y sociales, pero también sin derechos cívicos.  Si bien parecía que las “civilizaciones” occidentales y orientales la trataban como esclava, la lucha por el voto de la mujer tiene ya casi dos siglos. Los argentinos tienen el orgullo –como en la liberación de la esclavitud de hombres, mujeres y niños—de no haber quedado retrasado en la historia (1). Hoy, en una etapa superior a la igualdad cívica, el movimiento por los derechos de la mujer se extiende por todo el mundo. Es verificable que el término empoderamiento se impone en la lucha feminista.

La versión española, por ser la mayoría de sus países de carácter semicolonial, del empoderamiento o apoderamiento tiene mucha relación con la dependencia de pueblos por naciones más poderosas. Por eso, la marginación o denostación clasista se refiere a las prácticas, muchas veces ocultas o abiertas, que hay sociedades que consideran indeseables a otras personas.

En nuestro país hemos vivido el desprecio por los criollos, llamándolos cabecitas negras, o por los hermanos limítrofes paraguas o bolitas o chilotes. Los inmigrantes judíos también eran nombrados como rusos, y los árabes como turcos. Y también hubo desprecio para los gitanos. Se dice con razón, con el yrigoyenismo dio derechos a las clases sociales medias de origen inmigratorio, y el peronismo a los cabecitas negras o descamisados. 

No es curioso, pero algunos estudiosos de los vocablos y conceptos encuentran el empoderamiento en la Bolivia en las luchas de las feministas al comienzo de estas reivindicaciones de los pueblos originarios por sus derechos humanos y sociales. Por otra parte, nada es tan nuevo como se intenta convencer: el empoderar es un antiguo verbo castellano.

Ante las casi dos corrientes: la individual o la colectiva del término, es importante la función que realiza una socióloga (es en la sociología donde se desarrollaron emporwement y empower) y gran analista Amalia Villanueva.  (2)

Ante las prácticas desintegradoras  del machismo y por feminismos antimachistas, hay feministas que no analizan los problemas sociales que alcanza a todos pero que tienen que ver con prácticas desintegrados de género.  Frente a esto, hay importantes analistas feministas, como Villanueva y  Rafia Zakaria. La primera analiza el pensamiento de Zakaria, coautora del informe “Emissaries of Empowerment”, quien dice “que el término empoderamiento se ha convertido en una palabra de moda entre los profesionales del desarrollo en Occidente, eliminado su aspecto más relevante, el de la movilización política”.

Zacaria en un artículo (3) revisa la evolución del término desde su origen político y transformador a su actual uso despolitizado. Hoy hay feministas que se quedan en el descomprometido campo de la costura, repostería y estética. Nos hacen acordar a algunos ambientólogos que, según el gran pensador oriental Eduardo Galeano, convierten a la ecología en inocente jardinería.

Dice Zakaria que el verbo empoderar “fue reconocido por las Naciones Unidas en 1995 pero hoy se lo ha pervertido y diluido hasta la ambigüedad.”

Recordamos otras literaturas coercitivas o desapoderantes, como aquella que condena el fracking pero no informa sobre el caos financiero que produce, de la ampliación del desapoderamiento petrolero de la nación argentina al abrir el mar propio a petroleras multinacionales y británicas y informar solo sobre cantidades extraíbles, de hablar mucho sobre el poder formal para ocultar más áun al ocultado poder real, de problemas económicos pero no del poder financiero internacional que todo lo desapodera,  así sigue una muy numerosa de situaciones. Apoderar lo nuestro o decolonizar, o desapoderar nos de los poderes e intereses extraños. 

 

(1) El comienzo del rechazo de la esclavitud se da con la Asamblea General del año XIII que dice:

            “Siendo tan desdoroso como ultrajante a la humanidad, el que en los mismos pueblo que          con tanto tesón y esfuerzo, caminan hacia su libertad, permanezcan por más tiempo en la            esclavitud, los niños que nacen en todo el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, sean considerados y tenidos por libertos todos los que en dichos territorios hubieran             nacidos desde el 31 de enero de 1813 inclusive en adelante, día consagrado a la libertad        por la feliz instalación de la Asamblea General Constituyente. Lo tendrá así entendido el         Supremo Poder Ejecutivo para su debida observancia. Buenos Aires, 2 de febrero de   1813”.  

Además de la libertad de vientre, la Asamblea del Año XIII prohibió el tráfico de esclavos en todo el territorio de la nación. México fue el primer país del mundo en eliminar la esclavitud en 1810, Luego Argentina, y en Perú también se establece la manumisión por nacimiento en 1821 por acción del general San Martín. También Colombia y Ecuador lo hicieron ese año, Chile en 1823, Uruguay en 1825, Bolivia 1842, el Reino Unido en 1834, Estados Unidos en 1865 y Brasil en 1889. 

Por su parte, el comienzo de los derechos de la mujer argentina se inicia con el  primer Plan Quinquenal de 1947 con el proyecto de Ley que rápidamente consagró el derecho a votar de la mujer, enviado al Congreso el 19 de octubre de 1946 mujer, que en su artículo 1° de la Ley dice:

            “Toda mujer argentina nativa o naturalizada tiene derecho, a partir de los 18 años de edad,       de elegir y ser elegida, lo mismo que los varones, siempre que estén inscriptas en el           padrón electoral”.

El artículo 2° dispone el otorgamiento del documento de identidad necesario para votar.

(2) Villanueva, Amalia, “La perversión del término empoderamiento”, Pikara Magazine, 7 de mayo de 2018.

(3) Zakaria, Rafia, “El mito del empoderamiento de las mujeres”. The New York Times, 10 de octubre de 2017.

EMPODERAMIENTO Y DESAPODERACIÓN

Por Félix Herrero

Buenos Aires, 7 de mayo de 2019

A 100 años de un nacimiento memorable.

 

Hay palabras viejas que en sus flujos centenarios reaparecen. Una de ellas es la ahora tan utilizada empoderamiento.

Siempre usábamos apoderamiento, como toma del dominio de alguien (persona física o persona moral que en otro sentido no suele ser tan moral como el nombre lo dice) o de nadie. Ese alguien era una persona, una sociedad o un pueblo. El apoderamiento era práctica de imposición imperial cuando se hablaba de naciones o pueblos.

Pero ahora, gracias al inglés que en casi todas partes se impone o se empodera de las lenguas en casi todo el mundo, el apoderamiento, que antes se usaba también para la toma de poblaciones o recursos de otros pueblos, quedó en desuso.

Según los Wikileaks a fines del siglo pasado se introdujo en nuestra lengua a partir del empowerment  y del empower, que si bien en los diccionarios señalaba el aumento de la participación de los excluidos o marginados, sean personas, grupos sociales o población de países. También Wikipedia toma la definición del Diccionario Panhispánico de Dudas: “empoderar es conceder poderes a un colectivo desfavorecido socio-económicamente para que por medio de su autogestión mejore sus condiciones de vida.

Desde el principio se nota que la versión inglesa se anclaba fuertemente en la lucha por los derechos de la educación para todos y la lucha de género para la igualdad de la mujer.

La lucha de la participación de la mujer en el derecho no es muy antiguo, ya que sufrió largos tiempos sin derechos humanos y sociales, pero también sin derechos cívicos.  Si bien parecía que las “civilizaciones” occidentales y orientales la trataban como esclava, la lucha por el voto de la mujer tiene ya casi dos siglos. Los argentinos tienen el orgullo –como en la liberación de la esclavitud de hombres, mujeres y niños—de no haber quedado retrasado en la historia (1). Hoy, en una etapa superior a la igualdad cívica, el movimiento por los derechos de la mujer se extiende por todo el mundo. Es verificable que el término empoderamiento se impone en la lucha feminista.

La versión española, por ser la mayoría de sus países de carácter semicolonial, del empoderamiento o apoderamiento tiene mucha relación con la dependencia de pueblos por naciones más poderosas. Por eso, la marginación o denostación clasista se refiere a las prácticas, muchas veces ocultas o abiertas, que hay sociedades que consideran indeseables a otras personas.

En nuestro país hemos vivido el desprecio por los criollos, llamándolos cabecitas negras, o por los hermanos limítrofes paraguas o bolitas o chilotes. Los inmigrantes judíos también eran nombrados como rusos, y los árabes como turcos. Y también hubo desprecio para los gitanos. Se dice con razón, con el yrigoyenismo dio derechos a las clases sociales medias de origen inmigratorio, y el peronismo a los cabecitas negras o descamisados. 

No es curioso, pero algunos estudiosos de los vocablos y conceptos encuentran el empoderamiento en la Bolivia en las luchas de las feministas al comienzo de estas reivindicaciones de los pueblos originarios por sus derechos humanos y sociales. Por otra parte, nada es tan nuevo como se intenta convencer: el empoderar es un antiguo verbo castellano.

Ante las casi dos corrientes: la individual o la colectiva del término, es importante la función que realiza una socióloga (es en la sociología donde se desarrollaron emporwement y empower) y gran analista Amalia Villanueva.  (2)

Ante las prácticas desintegradoras  del machismo y por feminismos antimachistas, hay feministas que no analizan los problemas sociales que alcanza a todos pero que tienen que ver con prácticas desintegrados de género.  Frente a esto, hay importantes analistas feministas, como Villanueva y  Rafia Zakaria. La primera analiza el pensamiento de Zakaria, coautora del informe “Emissaries of Empowerment”, quien dice “que el término empoderamiento se ha convertido en una palabra de moda entre los profesionales del desarrollo en Occidente, eliminado su aspecto más relevante, el de la movilización política”.

Zacaria en un artículo (3) revisa la evolución del término desde su origen político y transformador a su actual uso despolitizado. Hoy hay feministas que se quedan en el descomprometido campo de la costura, repostería y estética. Nos hacen acordar a algunos ambientólogos que, según el gran pensador oriental Eduardo Galeano, convierten a la ecología en inocente jardinería.

Dice Zakaria que el verbo empoderar “fue reconocido por las Naciones Unidas en 1995 pero hoy se lo ha pervertido y diluido hasta la ambigüedad.”

Recordamos otras literaturas coercitivas o desapoderantes, como aquella que condena el fracking pero no informa sobre el caos financiero que produce, de la ampliación del desapoderamiento petrolero de la nación argentina al abrir el mar propio a petroleras multinacionales y británicas y informar solo sobre cantidades extraíbles, de hablar mucho sobre el poder formal para ocultar más áun al ocultado poder real, de problemas económicos pero no del poder financiero internacional que todo lo desapodera,  así sigue una muy numerosa de situaciones. Apoderar lo nuestro o decolonizar, o desapoderar nos de los poderes e intereses extraños. 

 

(1) El comienzo del rechazo de la esclavitud se da con la Asamblea General del año XIII que dice:

            “Siendo tan desdoroso como ultrajante a la humanidad, el que en los mismos pueblo que          con tanto tesón y esfuerzo, caminan hacia su libertad, permanezcan por más tiempo en la            esclavitud, los niños que nacen en todo el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, sean considerados y tenidos por libertos todos los que en dichos territorios hubieran             nacidos desde el 31 de enero de 1813 inclusive en adelante, día consagrado a la libertad        por la feliz instalación de la Asamblea General Constituyente. Lo tendrá así entendido el         Supremo Poder Ejecutivo para su debida observancia. Buenos Aires, 2 de febrero de   1813”.  

Además de la libertad de vientre, la Asamblea del Año XIII prohibió el tráfico de esclavos en todo el territorio de la nación. México fue el primer país del mundo en eliminar la esclavitud en 1810, Luego Argentina, y en Perú también se establece la manumisión por nacimiento en 1821 por acción del general San Martín. También Colombia y Ecuador lo hicieron ese año, Chile en 1823, Uruguay en 1825, Bolivia 1842, el Reino Unido en 1834, Estados Unidos en 1865 y Brasil en 1889. 

Por su parte, el comienzo de los derechos de la mujer argentina se inicia con el  primer Plan Quinquenal de 1947 con el proyecto de Ley que rápidamente consagró el derecho a votar de la mujer, enviado al Congreso el 19 de octubre de 1946 mujer, que en su artículo 1° de la Ley dice:

            “Toda mujer argentina nativa o naturalizada tiene derecho, a partir de los 18 años de edad,       de elegir y ser elegida, lo mismo que los varones, siempre que estén inscriptas en el           padrón electoral”.

El artículo 2° dispone el otorgamiento del documento de identidad necesario para votar.

(2) Villanueva, Amalia, “La perversión del término empoderamiento”, Pikara Magazine, 7 de mayo de 2018.

(3) Zakaria, Rafia, “El mito del empoderamiento de las mujeres”. The New York Times, 10 de octubre de 2017.

EMPODERAMIENTO Y DESAPODERACIÓN

Por Félix Herrero

Buenos Aires, 7 de mayo de 2019

A 100 años de un nacimiento memorable.

 

Hay palabras viejas que en sus flujos centenarios reaparecen. Una de ellas es la ahora tan utilizada empoderamiento.

Siempre usábamos apoderamiento, como toma del dominio de alguien (persona física o persona moral que en otro sentido no suele ser tan moral como el nombre lo dice) o de nadie. Ese alguien era una persona, una sociedad o un pueblo. El apoderamiento era práctica de imposición imperial cuando se hablaba de naciones o pueblos.

Pero ahora, gracias al inglés que en casi todas partes se impone o se empodera de las lenguas en casi todo el mundo, el apoderamiento, que antes se usaba también para la toma de poblaciones o recursos de otros pueblos, quedó en desuso.

Según los Wikileaks a fines del siglo pasado se introdujo en nuestra lengua a partir del empowerment  y del empower, que si bien en los diccionarios señalaba el aumento de la participación de los excluidos o marginados, sean personas, grupos sociales o población de países. También Wikipedia toma la definición del Diccionario Panhispánico de Dudas: “empoderar es conceder poderes a un colectivo desfavorecido socio-económicamente para que por medio de su autogestión mejore sus condiciones de vida.

Desde el principio se nota que la versión inglesa se anclaba fuertemente en la lucha por los derechos de la educación para todos y la lucha de género para la igualdad de la mujer.

La lucha de la participación de la mujer en el derecho no es muy antiguo, ya que sufrió largos tiempos sin derechos humanos y sociales, pero también sin derechos cívicos.  Si bien parecía que las “civilizaciones” occidentales y orientales la trataban como esclava, la lucha por el voto de la mujer tiene ya casi dos siglos. Los argentinos tienen el orgullo –como en la liberación de la esclavitud de hombres, mujeres y niños—de no haber quedado retrasado en la historia (1). Hoy, en una etapa superior a la igualdad cívica, el movimiento por los derechos de la mujer se extiende por todo el mundo. Es verificable que el término empoderamiento se impone en la lucha feminista.

La versión española, por ser la mayoría de sus países de carácter semicolonial, del empoderamiento o apoderamiento tiene mucha relación con la dependencia de pueblos por naciones más poderosas. Por eso, la marginación o denostación clasista se refiere a las prácticas, muchas veces ocultas o abiertas, que hay sociedades que consideran indeseables a otras personas.

En nuestro país hemos vivido el desprecio por los criollos, llamándolos cabecitas negras, o por los hermanos limítrofes paraguas o bolitas o chilotes. Los inmigrantes judíos también eran nombrados como rusos, y los árabes como turcos. Y también hubo desprecio para los gitanos. Se dice con razón, con el yrigoyenismo dio derechos a las clases sociales medias de origen inmigratorio, y el peronismo a los cabecitas negras o descamisados. 

No es curioso, pero algunos estudiosos de los vocablos y conceptos encuentran el empoderamiento en la Bolivia en las luchas de las feministas al comienzo de estas reivindicaciones de los pueblos originarios por sus derechos humanos y sociales. Por otra parte, nada es tan nuevo como se intenta convencer: el empoderar es un antiguo verbo castellano.

Ante las casi dos corrientes: la individual o la colectiva del término, es importante la función que realiza una socióloga (es en la sociología donde se desarrollaron emporwement y empower) y gran analista Amalia Villanueva.  (2)

Ante las prácticas desintegradoras  del machismo y por feminismos antimachistas, hay feministas que no analizan los problemas sociales que alcanza a todos pero que tienen que ver con prácticas desintegrados de género.  Frente a esto, hay importantes analistas feministas, como Villanueva y  Rafia Zakaria. La primera analiza el pensamiento de Zakaria, coautora del informe “Emissaries of Empowerment”, quien dice “que el término empoderamiento se ha convertido en una palabra de moda entre los profesionales del desarrollo en Occidente, eliminado su aspecto más relevante, el de la movilización política”.

Zacaria en un artículo (3) revisa la evolución del término desde su origen político y transformador a su actual uso despolitizado. Hoy hay feministas que se quedan en el descomprometido campo de la costura, repostería y estética. Nos hacen acordar a algunos ambientólogos que, según el gran pensador oriental Eduardo Galeano, convierten a la ecología en inocente jardinería.

Dice Zakaria que el verbo empoderar “fue reconocido por las Naciones Unidas en 1995 pero hoy se lo ha pervertido y diluido hasta la ambigüedad.”

Recordamos otras literaturas coercitivas o desapoderantes, como aquella que condena el fracking pero no informa sobre el caos financiero que produce, de la ampliación del desapoderamiento petrolero de la nación argentina al abrir el mar propio a petroleras multinacionales y británicas y informar solo sobre cantidades extraíbles, de hablar mucho sobre el poder formal para ocultar más áun al ocultado poder real, de problemas económicos pero no del poder financiero internacional que todo lo desapodera,  así sigue una muy numerosa de situaciones. Apoderar lo nuestro o decolonizar, o desapoderar nos de los poderes e intereses extraños. 

 

(1) El comienzo del rechazo de la esclavitud se da con la Asamblea General del año XIII que dice:EL INGLÉS SE

            “Siendo tan desdoroso como ultrajante a la humanidad, el que en los mismos pueblo que          con tanto tesón y esfuerzo, caminan hacia su libertad, permanezcan por más tiempo en la            esclavitud, los niños que nacen en todo el territorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata, sean considerados y tenidos por libertos todos los que en dichos territorios hubieran             nacidos desde el 31 de enero de 1813 inclusive en adelante, día consagrado a la libertad        por la feliz instalación de la Asamblea General Constituyente. Lo tendrá así entendido el         Supremo Poder Ejecutivo para su debida observancia. Buenos Aires, 2 de febrero de   1813”.  

Además de la libertad de vientre, la Asamblea del Año XIII prohibió el tráfico de esclavos en todo el territorio de la nación. México fue el primer país del mundo en eliminar la esclavitud en 1810, Luego Argentina, y en Perú también se establece la manumisión por nacimiento en 1821 por acción del general San Martín. También Colombia y Ecuador lo hicieron ese año, Chile en 1823, Uruguay en 1825, Bolivia 1842, el Reino Unido en 1834, Estados Unidos en 1865 y Brasil en 1889. 

Por su parte, el comienzo de los derechos de la mujer argentina se inicia con el  primer Plan Quinquenal de 1947 con el proyecto de Ley que rápidamente consagró el derecho a votar de la mujer, enviado al Congreso el 19 de octubre de 1946 mujer, que en su artículo 1° de la Ley dice:

            “Toda mujer argentina nativa o naturalizada tiene derecho, a partir de los 18 años de edad,       de elegir y ser elegida, lo mismo que los varones, siempre que estén inscriptas en el           padrón electoral”.

El artículo 2° dispone el otorgamiento del documento de identidad necesario para votar.

(2) Villanueva, Amalia, “La perversión del término empoderamiento”, Pikara Magazine, 7 de mayo de 2018.

(3) Zakaria, Rafia, “El mito del empoderamiento de las mujeres”. The New York Times, 10 de octubre de 2017.