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JUAN CARLOS PUGLIESE, UN RETRATO CON OJOS DE NIÑO

Esta nota de un periodista gráfico (La Razón, La Nueva Provincia, Noticias y Buenos Aires Herald, entre otros medios) y de la televisión de las grandes luces (Edición Plus, Telefé, programa pionero del periodismo de investigación) describe a Juan Carlos Pugliese, casi con ojos de niño. Retrato del gran político radical (1915/1994).

Por Néstor Machiavelli

Durante muchos años como cronista parlamentario en el Congreso dela Nación, entre legisladores y debates nos fuimos conociendo con colegas en medio de proyectos y sesiones maratónicas, compartiendo la sala y los palcos del primer piso, escribiendo a las corridas la síntesis de cada intervención, el color de cada debate.

De aquellos años del comienzo de la democracia siempre me quedó el recuerdo cálido de un hombre que apodaban "el maestro" y que cautivaba con su discurso, que decía lo que pensaba sin adjetivos despectivos ni agresiones verbales. Nos separaban muchos años, podía ser mi padre y quizá por eso también siempre anduve tras sus pasos, entre la admiración y esos vacíos imposibles de llenar.

Los primeros discursos que escuché en el recinto de Juan Carlos Pugliese fueron entre el 1974 y 1976, recién llegado al Congreso, en tiempos que para informar a una radio del interior, se pedía llamada de larga distancia y a las dos horas el operador de central con clavijas avisaba que podíamos hablar.

Pugliese era senador y con don Vicente Saadi se sacaban chispas en el recinto. Pero Juan Carlos además era de Tandil, y eso me generaba el plus de afecto por proximidad con el pueblo de mi infancia. Sus intervenciones eran un deleite, para escuchar sin ruidos alrededor. Pronunciaba los puntos y comas. Usaba la pausa, tenía un sentido, ese espacio de silencio que dejaba entre un párrafo y otro. que pronunciaba sin leer, costumbre que se fue perdiendo y es profundamente anti reglamentaria.

Con el golpe del 76 lo perdí de vista y lo reencontré en diciembre del 83 con el retorno de la democracia. Hasta entonces Juan Carlos compartió un modesto departamento con Raúl Alfonsín.

Los caminos diferentes que emprendieron, Alfonsín creando su propia corriente y Pugliese en la otra orilla, con la Linea Nacional, no conmovió la amistad que los unía, siguieron compartiendo el mismo techo frente a la plaza Congreso.

Y esa amistad sin fisuras hizo que Juan Carlos asumiera la presidencia de la Cámara de Diputados hasta finales del mandato de Alfonsín, cuando con la hiperinflación imparable, le pidió que asumiera el ministerio de Economía.

De los años al frente de la Cámara recuerdo las veces que le pedía a su bella secretaría para ir a conversar a solas a su despacho. El me tuteaba, yo ni por asomo; le decía Juan Carlos a secas, pero la charla era íntima, de contarle temas personales y él escucharme con atención y darme consejos.

Voy a recrear casi al pie de la letra como era el diálogo que se repetía cada vez que llegaba y me sentaba frente a Juan Carlos en el escritorio:

-Qué querés tomar? - me preguntaba
-Lo que tenga Juan Carlos... que hay?-

Pugliese levantaba del piso una cartera muy parecida a las de los años nuestra primaria, con dos bolsillos al frente, manija arriba, de cuero marrón claro, ajeada por el uso.

Abría el portafolios, revisaba el interior y ofertaba diferentes saquitos : "tengo cachamai, te común, mate cocido, boldo..."

Una vez elegido llamaba al mozo para pedirle dos tazas agua caliente y volvía a la carga:

- ¿Qué querés comer?

- ¿Qué tiene en la cartera?- le preguntaba

- Criollitas y cerealitas....

Cuento esto en detalle para graficar la austeridad de Juan Carlos, que abrevó en la escuela de Don Arturo Illia cuando formó parte de su gobierno.
Pugliese hablaba de sus hijos y de Soledad, su esposa.

- ¡Hay que levantarle un monumento a nuestros mujeres!!- exclamaba cada vez que recordaba las largas ausencias por viajes y actividades partidarias.

Le gustaba jugar al ajedrez y era un apasionado de los crucigramas. Cuando regresaba de una visita a Olivos, siempre quería visitarlo para tener off the récord alguna información del encuentro.

No había caso, Pugliese no soltaba prenda.

Por eso siempre pensé que era un verdadero hombre del Presidente, que es el que le lleva información, que lo asesora, y no otros que pasaban por Olivos solo a escuchar y sacaban chapa contando a colegas detalles del encuentro.

Recuerdo el momento que Alfonsín lo convocó al ministerio de Economía. Era como estar ahogándose y que te tiren un salvavidas de plomo. Que podía hacer aquel hombre acostumbrado a dirigir y moderar debates frente al galopante costo de la vida y el dólar imparable, un cuadro del pasado con tanta vigencia en nuestros días.

Un mediodía, la producción del programa La Vida y el Canto, que conducía Antonio Carrizo por Radio Rivadavia, me invitó junto al querido y admirado colega Armando Vidal para que compartiéramos un reportaje esa misma tarde con el flamante ministro de Economía.

Juan Carlos llegó agobiado al estudio. Entró con el dólar a 2 y cuando salió estaba a 2.5. No se si fue la primera vez que pronunció aquella frase que hoy todavía resuena: "les hablé con el corazón y me respondieron con el bolsillo..."

El año pasado estuve en Tandil y fui al cementerio a llevarle una flor. Descansa en un lugar apacible, de arboles frondosos y melodía de pájaros. La otra cara de la moneda del convulsionado país que transitó a lo largo de su vida.

De la columna que escribí para el diario Buenos Aires Herald cuando juró como ministro de Economía, recuerdo el párrafo final: 
"Algún día nos acordaremos de aquel hombre que descendió del sillón del reino de la Cámara de Diputados para ir a catequizar a pecadores de dólares y plazos fijos cuyo dios es el dinero". 

Gracias por la amistad y las lecciones, querido Juan Carlos...

Fuente: Facebook, abril, 2019. 

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