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AQUEL NIÑO, EN OTRO CLARÍN
Libros, diarios, ciertas causas, compañeros, amigos y redacciones unen, además del lazo de sangre, al editor con el firmante de esta nota. Comenta el libro de Martín Sivak sobre Clarín y lo hace partiendo de sus propios recuerdos de chico cuando el gran diario argentino era realmente otro. El testimonio al final de Alejandro Marti.
Por Emiliano Vidal (*)
Es la penúltima semana de junio de 2013 tomé el libro Clarín, el gran diario argentino, una historia de Martín Sivak y lo leí con la memoria de un niño de menos de diez años en esa redacción que fue para mí lo que el local del sindicato de los obreros textiles del abuelo fue para mi padre. Me veo de la mano de mi viejo salir de la escuela pública República de Bolivia, en Barracas, a pocas cuadras del diario, para acompañarlo a cobrar un día franco. O mejor, me veo los domingos, día de silencios de adultos y juegos de chicos en la redacción. Recuerdo –quizás el primer recuerdo- el grito de “Material”.
Se producía tras finalizar los jefes de sección la tarea de revisar y titular cada nota y mandarla al taller. Así llamaban al encargado de llevar esas carillas escritas en la Olivetti, con el título en otra hoja, al pequeño montacargas o “carrito” como le decían, que lo bajaba a la sección tipeo, primer paso de la composición en frío. Hacía tiempo que ya no estaba el taller con los trabajadores gráficos y las viejas linotipos.
Sivak lo menciona al pasar en la página 304, incluyendo una frase más poética que narrativa…“algunos se excitaban con el momento del cierre cuando se encendían las máquinas de las rotativas y el Clarín sonaba como un trasatlántico partiendo del puerto de Buenos Aires”.
Con el autor me une el lazo generacional y el gusto de dejarnos atrapar por el suplemento de Deportes en negro y blanco de ese Clarín que ya no es.
El libro es una especie de caracol que avanza desde el 28 de agosto de 1945, día de la aparición del diario poco antes de la irrupción del peronismo; primeros pasos de la criatura de Roberto Noble, su creador, hasta llegar a la etapa de mandos del desarrollismo, con Rogelio Frigerio como capitán y, luego, al reinado de Héctor Magnetto, como cierre de este primer tomo.
La etapa desarrollista se cerró un año inolvidable -1982- y fue antes de que comenzara la causa de las Malvinas y sus tragedias, obra de genocidas argentinos pero también de una asesina inescrupulosa como la Thatcher y de profesionales de la piratería colonial. Aún así, tuvimos nuestros héroes que nos honran y merecen nuestro eterno respeto y agradecimiento. Muchos de ellos descansan en esas islas que siguen aguardando justicia.
Volvamos al diario y al libro de Sivak.
Decía que fue ese año cuando en un discurso de gran impacto, la directora dijo que Clarín no tenía amigos. Ergo: adiós a los desarrollistas. Una elite que había tomado, con el beneplácito de Noble, el control ideológico del diario que detentaría durante 25 años.
La primera parte de este trabajo hace eje en el fundador de Clarín, un abogado y político sin votos, ex diputado del Partido Socialista Independiente y ex ministro de Gobierno en la provincia de Buenos Aires durante la gestión de Manuel Fresco, en tiempos del “…vos ya votaste”.
La segunda etapa pasa por la relación de este bivalente director con Juan Domingo Perón, y luego con los personeros de la revolución –fusiladora- Libertadora hasta su conversión al conocer a Frigerio en 1956.
Un Noble que se inspiró en Bartolomé Mitre, el de la Guerra de la Triple Infamia, quien en 1870 fundara La Nación , “tribuna de doctrina” para que velara por su nombre. Y cuidara sus estatuas, como alguien dijo.
Noble pretendía menos: “que se juzgara su legado parlamentario por sus aportes a la cultura; legislador de la cultura; la ley que lo ha trascendido –la de propiedad literaria y la de propiedad intelectual-que regula todos los aspectos de la propiedad científica, artística y literaria-”… (pág 35).
El libro está cargado de información.
Desde el origen de la frase en su portada: “Un toque de atención para la solución argentina de los problemas argentinos”, que remite al lema del gobernador Fresco en 1936: “Un gobierno argentino de soluciones argentinas para problemas argentinos” (Pág. 60) hasta la antesala de los pormenores de la mutua desilusión entre el gobierno de los Kirchner y el Grupo Clarín.
La clave no son los gobiernos para Clarín, la clave es la relación de Clarín con los gobiernos.
La debilidad del arranque fundacional obligó a Noble negociar de apuro con un conglomerado para todos los gustos, incluyendo empresarios germanófilos, la misma fórmula que Néstor Kirchner empleó en 2003, al llegar con apenas el 22% de los votos.
Según Sivak, él y ella coincidieron en que el Grupo fue “un pilar para el gobierno de Néstor pero después un desestabilizador para el gobierno de Cristina”… (Pág. 12).
Algo llevó a Noble a que en la edición siguiente al 17 de octubre de 1945, Clarín no consignase el crimen de un joven que recibió un balazo disparado desde el diario Crítica contra la columna que avanzaba por Av. de Mayo.
¿Primer antecedente de los gritos de indignación de siete décadas más tarde contra la Corpo...?
Cuando empezó la campaña electoral para las presidenciales de febrero de 1946, Noble volcó el diario a favor de la Unión Democrática integrada por liberales, conservadores, radicales, socialistas, comunistas, más la Sociedad Rural, la Iglesia y la embajada yanqui como apoyo. Ignoró por completo la campaña impulsada por el candidato Juan Domingo Perón quien desde las páginas del Libro Azul y Blanco describió a Noble como “ex organizador del movimiento neutralista durante la presidencia de Castillo; amigo del señor Braden –por el embajador estadounidense- y admirador ferviente del ex dictador fascista italiano Mussolini” (Pág. 65).
Entre los aportes de la investigación de Sivak, surge que “Perón se inspiraba en la agenda de Fresco. Y no era el único: según contó el ex gobernador en una entrevista en “Leoplan”, en marzo de 1963, Perón le dijo que su presidencia se inspiraba en su gestión como gobernador de la provincia de Buenos Aires. Noble buscaba las similitudes entre ambos gobiernos, es decir conciliar capital y trabajo a través de un Estado fuerte" (Pág. 67).
Noble supo leer los cambios que se estaban gestado como cuando un falo judiciala en 1946 obligó a La Nación y La Prensa a indemnizar a periodistas despedidos.
Además, a poco de haber llegado al Gobierno, Perón remitió al Congreso el proyecto que daría lugar a la ley 12.908 de protección a los periodistas como trabajadores con una indemnización especial en caso de despido.
Para Perón una cosa eran los periodistas y otra las empresas para los que trabajaban.
A partir de allí, Clarín comenzó a realinearse al punto de terminar sirviendo al gobierno hasta su caída en 1955. El matutino estrenaría en enero de 1949 un slogan para referirse a si mismo: “un diario que se empieza a leer en la calle y se termina en el hogar”. Algunos creyeron ver una alusión al apotegma de Perón de 1945: “De casa al trabajo y de trabajo a casa”… (Pág. 75).
La expropiación de La Prensa, que pasó a manos de la CGT, en 1951, fue otro impulso para Clarín que herederó sus avisos clasificados y multiplicó sus lectores.
El libro desnuda la relación que tuvo Noble con el jefe del aparato comunicacional del peronismo y aliado fundamental, Raúl Apold, ex periodista deportivo y mentor entre otros de la consigna “Perón cumple, Evita dignifica” (Pág. 79).
Apold fue fundamental para Clarin porque le garantizaba papel y ayudas estatales. Al morir, el 22 de agosto de 1980, el diario lo despidió con una necrológica que describe el libro: “las únicas negritas conceptuales de la nota –remarca Sivak- destacaban que Apold había sido absuelto de las acusaciones por su gestión como funcionario” (Pág. 384).
Sivak deduce que Perón y Noble se reunieron varias veces, “pero faltan registros oficiales de sus encuentros. En la percepción de Noble, Perón lo respetaba y Eva Duarte lo denostaba. Después del golpe de 1955, contó cómo lo caracterizaba la primera Dama: ese cajetilla metido a peronista” (Pág. 109).
La relación con la Libertadora no fue diferente. Al principio de esa relación, Aramburu y compañía no aceptaron pagarle a Clarín una reparación económica por la falta de papel… “cuando lo vendían directamente los fabricantes extranjeros y no a través del Estado argentino, se convertía en un negocio personal para Noble” , asegura Sivak (Pág. 131). Pero después hubo armonía de intereses.
Noble respaldó la política económica desde el primer momento de la gestión de Frondizi basada en el desarrollo de las industrias básicas como la fabricación de acero y la explotación del petróleo, con concesiones dadas por decreto a empresas extranjeras.
Cuando quiso reconocer al peronismo que, para su sorpresa, ganó las elecciones en la provincia de Buenos Aires en marzo de 1962, cayó el Gobierno y Frondizi, quien no había querido anular las elecciones y que luego se negó a renunciar, terminó preso en la isla Martín García. No obstante, ayudó a que su sucesor fuera el entonces senador radical José María Guido, parodia de presidente porque el poder lo tenían los golpistas antiperonistas.
El 12 octubre de 1963, el radical del pueblo Arturo Illia asumió la primera magistratura al vencer en las elecciones al ex golpista Pedro Eugenio Aramburu. Ganó con solo el 25% de los votos. Cumplió su promesa electoral y de inmediato anuló por decreto los contratos petroleros firmados por Frondizi.
Clarín reaccionó con furia y fustigó al gobierno hasta que lo volteó el golpe del Gral. Juan Carlos Onganía.
Una anécdota del editor de este portal, resume la dimensión del enojo que Sivak cuenta sin la adecuada precisión (Pág. 183). Lo mejor sería que lo aclare el propio protagonista en el momento que corresponda.
Noble, quien murió en 1969, no es Magnetto, quien llegó al diario en 1972, llevado por Frigerio. Era un empleado de una concesionaria de autos en La Plata.
La administración y el manejo financiero de la empresa no era el fuerte de los políticos puestos a periodistas en la era desarrollista del diario, razón de la aparición de Magnetto y luego de dos amigos de los años estudiantiles en La Plata: José Aranda y Lucio Pagliaro, responsables absolutos de la Gerencia. (Pág. 210).
La parte financiera comenzará a estar a cargo de este tridente que se perpetuará hasta nuestros días,
En el capítulo 8 específico del Papel Prensa –más en página 286- se presenta al lector el poder de Magnetto: “quien recibió un mandato de Clarín según consta en una acta de la empresa del 15 de octubre de 1976, por el que la directora Ernestina Herrera de Noble propuso en una reunión de directorio que se autorice expresamente a proseguir las tratativas de compra al señor Héctor Horacio Magnetto, lo cual es aprobado por unanimidad”.
Entre 1965 y 1974 la Redacción estuvo a cargo de tres orgánicos frigorista: Oscar Camilión, Octavio Frigerio –hijo de Rogelio- y Carlos Zaffore.
Después llegaría Marcos Cytrynblum, a quien le negaron el título de jefe de Redacción, tarea que ejerció como secretario de Redacción, sin preocuparse demasiado. El capítulo 9 (Pag. 301) está prácticamente dedicado a él, justo reconocimiento, porque fue quien generó un antes y un después con relación a la ventas del matutino al llevarlo al millón de ejemplares los domingos. Magnetto lo echó en 1990, junto con su segundo, Joaquín Morales Solá, entre otros.
La Redaccion, por fin, quedó en sus manos.
Entre las curiosidades, está la aparición de periodistas llegados desde La Opinión, de Jacobo Timerman, en 1972, cuando el peronismo se estaba acercando a volver al gobierno para desesperación de los golpistas de 1955, 1962 y 1966.
Entre ellos, Horacio Verbitsky, quien llegó por Frigerio y se fue por Mario Firmenich quien le ordenó ir al diario monto Noticias, según revela Sivak de una fuente calificada
Periodistas, políticos, empresarios, sindicalistas, negocios espurios, todo en torno del gran diario argentino en una obra de 444 páginas -y prometen más- de recomendable lectura.
Clarín se lo merecía: un exponente de la generación del periodismo del nuevo siglo le está contando su historia de casi siete décadas. Si calla, otorga.
(*) Abogado y periodista.
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Aporte de Alejandro Marti
Este texto es de un amigo desde los tiempos en que éramos de estudiantes en el Grafo, reencontrados luego en Clarín:
Hola Mandi. Estuve viendo como siempre tu impecable sitio Congreso Abierto y me topé con la entrañable evocación de Emiliano sobre sus visitas infantiles a la vieja redacción. Me sacudió un montón de recuerdos que ya estaban medio perdidos en mi disco rígido, que con los años va teniendo cada vez menos capacidad de almacenamiento. Me impactó que mencionara el detalle de los gritos de ¡Material! y la evocación de aquel carrito por el que bajaban los originales a composición. Cosas que ya tenía medio olvidadas.
¡Que épocas! Y todo esto también refrescó en mí la historia del día que atajé a Emiliano en la redacción de Clarín. Seguro, él ni se debe acordar. Estábamos nosotros charlando en lo que era la vieja sección Internacionales y él subido sobre uno de aquellos escritorios de hierro, indestructibles, con la tapa rebatible porque guardaban adentro las viejas y queridas Olivetti que usábamos.
De pronto, acaso sintiéndose Batman, Superman o el Hombre Araña, saltó sin decir ahí voy. Tuve la suerte y los reflejos como para agarrarlo antes de que golpeara contra el piso. Después del susto no reímos un buen rato con ese episodio. En fin, quería recordarles esta historia y agradecerles el lindo momento que me hicieron pasar con lo que escribió tu hijo.
Un abrazo grande para vos y cariños para el resto de tu familia, Alejandro Marti
Nota: El padre, que la iba de arquero, ya lo había atajado una vez en la sede de la Asociación de Periodistas, luego UTPBA, cuando Emiliano salió corriendo hacia la escalera pero aquel día, parado él en el escritorio, no atinó a nada estando incluso al lado, cuando de pronto tomó envión, se zambulló y se encontró antes del piso con los brazos y el abrazo de Alejandro. Los dos reían; el padre respiraba. ¡Gs otra vez querido Ale!
