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LA CÁMARA INVESTIGA SÓLO PARA ENCUBRIR

Para una lectura sin apuro, se publica aquí el modo de actuar para encubrir que tuvo la comisión investigadora de Diputados. Un intento para ganar tiempo y cubrir las apariencias. Lo que debió hacer y no hizo.

Por Armando Vidal

A la semana siguiente del escándalo, la Cámara de Diputados anuló la sanción y creó una comisión investigadora de los hechos denunciados por la prensa.

La integraron los diputados Marcelo López Arias (PJ), Octavio Frigerio (PJ, ex MID), Nicolás Garay (PL, Corrientes), Federico Zamora (Ucedé) y Juan A. Gauna (UCR, Capital Federal), que nunca no participó por negativa de su propio bloque, entonces presidido por Fernando de la Rúa.

El presidente de este grupo fue López

Arias.

Cualquier propósito de López Arias de llevar la investigación a un punto que pudiera comprometer al oficialismo hubiera resultado un contrasentido tratándose de un miembro de la conducción de la bancada implicada en el hecho.

Su tarea consistió en dar respuesta inmediata a la sociedad y al mismo recinto agraviado, con lo cual pareció que, al menos, había justicialistas que no querían ser confundidos con quienes socavan las instituciones desde adentro.

A la luz de los resultados fue una acción de cosmetología, que tendría tramos grotescos en el momento de la fijación de la medida punitoria contra (Julio Manuel) Samid en el seno de la comisión de Asuntos Constitucionales, la que nunca llegaría a producirse.

Fue la tarea que cubrió las formas en el tramo inicial y donde López Arias, el otrora miembro de la APDH de Salta, asumió la cara del oficialismo con un (Jorge) Matzkin en un segundo plano.

Pero cuando lo actuado debió plasmarse en sanción concreta, que incluso podía ser una leve suspensión, se desnudó que el menemismo nunca estuvo dispuesto a pagar ningún precio. Y menos si había riesgos de que Samid rompiera su silencio (...).

Con algunas diferencias: todos habían demostrado de lo que eran capaces, comenzando por el oficialismo y la oposición, como dique de contención, resultó tan endeble que el impacto final terminó siendo contra los periodistas, la fuerza de choque de los historiadores.

En el primer mes, cuando arreciaban las criticas, fue López Arias el centro del interés, es decir hasta que finalmente suscribió una especie de predictamem de la comisión investigadora abriendo paso a eventuales castigos que debían provenir por otra vía.

Pero a esa altura era palpable que la estrategia de condenar a Samid no contaría con respaldo en el bloque peronista, nada dispuesto a repetir lo sucedido con Angel Luque, cuyas declaraciones a Clarín en medio de la explosión del crimen de María Soledad Morales, terminaron llevándolo a la exclusión de la banca por "inhabiidad moral", un año antes (21 de abril de 1991).

Había otra razón propia de los códigos de lealtades personales aunque fuera en detrimento de la institución parlamentaria.

Para quienes entendían esta clase de solidaridad con Samid lo hacían porque veían en él a la víctima de un plan en el que ese grandote hábil de puños había caído como un chorlito. Y por eso iban a defenderlo.

Samid callaba. Y hasta sus más firmes apaleadores admitieron ese código hecho de suburbio y marginalidad.

 "No soy botón", decía.

A partir de mayo, la expresión contraria a tomar medidas cobró la forma del rostro de Hugo Rodriguez Sañudo, presidente de la comisión de Asuntos Constitucionales. Éste fue quien tuvo a su cargo retener el tratamiento del tema hasta que descomprimiera el empuje radical que nunca tuvo una firme base de apoyo.

* ¿Quién era quién?

Si el perfil político y humano de López Arias permitió recuperar parte de la credibilidad perdida frente a la sociedad -o al menos procuró hacerlo- en el tramo de mayor presión para el esclarecimiento de los hechos, se ocuparía de lo contrario Rodríguez Sañudo, de quien se aseguraba que era manifiestamente incapaz de resolver algo sin consultarlo primero con Eduardo Menem, su padrino y respaldo político.

En la tarea de defensa, uno de los protegidos sería también Carlos Romero, otro de los estrechos allegados al senador.

"Mientras más presionen los diarios, más cajoneo habrá ", se ufanaba Rodriguez Sañudo.

La comisión investigadora había resuelto imputarle a Samid una responsabilidad política sin atenuantes debido a la acción cometida por Kenan. Pero la sanción correspondiente tenía que provenir de la comisión de Asuntos Constitucionales, donde los radicales reclamaban la expulsión del diputado basándose precisamente en el pronunciamiento de la comisión investigadora que ellos no quisieron integrar.

Con esa oposición debilitada debía lidiar Sañudo. No era una tarea agobiante tomando en cuenta la colaboración fluida que recibía de sus compañeros, más el regalo del intransigente Oscar Alende, que siempre estuvo en la vereda del gobernador Eduardo Duhalde, es decir en la de Pierri.

* Pase a comisión

El 27 de abril de 1992, el tema fue girado a esa comisión que entre 1983 y 1989 había presidido el radical Jorge Vanossi, luego Jorge Yoma hasta 1991 y en esa etapa el eduardista Rodriguez Sañudo.

No era un simple título: el expediente venía acompañado de un cuerpo principal de 316 fojas, además de las 578 que demandó la transcripción de los testimonios (días 14, 15,21, 22, 23 y 24 de abril), las 92 del expediente judicial hasta ese momento, las 95 del sumario administrativo también pendiente de resolución y las siete fojas con las conclusiones de Zamora, Frigerio y López Arias, a las que adhirió Garay tras su regreso de un paseo por el viejo mundo.

De todo, lo único concluido era la labor de la comisión investigadora que tuvo un plazo formal de diez días hábiles que prefirió no extender aunque en la práctica fueron más.

El sumario administrativo quedó sujeto al veredicto de la Justicia que revelaría en éste, como en otros casos, su relación con el poder político.

Podría aplicarse al fuero federal lo que alguna vez dijo el radical Juan Carlos Pugliese con relación a Diputados cuando se trataba de consagrar por ley la reparación jurídica y económica de Isabel Perón en 1984 al afirmar que la Cámara estaba para hacer política y no justicia.

Néstor Blondi que se mantuvo a cargo del juzgado nacional de primera instancia en lo criminal y correccional federal Nº 3 hasta marzo de 1993, luego fue ascendido a camarista y finalmente optó por el retiro de la Justicia.

Blondi nunca llegó a tomarle la declaración de Samid, pese a que el secretario de la causa, Martín Schwab, había recibido el 23 de junio de 1992, a las 17 y 30, la nota del abogado Juan Carlos Salese en la cual comunicaba que, tomando en cuenta las conclusiones de la comisión investigadora, el diputado se allanaba a la suspensión para ese fin de las prerrogativas que le concedía el fuero parlamentario.

En el momento que Blondi se aprestaba a iniciar su corto tramo de camarista y por tanto dejaba su juzgado, el fiscal realizó algunas observaciones tomando en cuenta lo que hizo y no hizo la investigación en Diputados, abriendo la posibilidad de que otros usurpadores hubieran participado de la misma acción en la que Kenan fue sorprendido in fraganti.

Uno de los requerimientos que, según el fiscal debía ser planteado al titular de la Cámara, se refería precisamente al método para contabilizar a los legisladores presentes.

* “Extraño” descubrimiento

La comisión investigadora calificó de "extraño" el descubrimiento de los periodistas pero admitió que, en efecto, Kenan ocupó una banca, con lo cual gravitó en la formación del quórum aunque sin votar a mano alzada, lo que dicho sea de paso carecía de trascendencia alguna a los fines de la investigación porque los mismos diputados suelen no levantar la mano para votar en determinadas circunstancias.

También desconsideró las explicaciones de Kenan, al que describió como un "individuo lúcido, en plena posesión de sus facultades, de actitud sagaz y de experiencia en el funcionamiento parlamentario y del recinto".

Sostuvo que estaba demostrada la vinculación de Kenan con Samid y destacó en el punto siguiente la conclusión central:  La aludida vinculación, lo inimaginable de que Kennan haya procedido motu propio y no, en cambio, inducido, los elementos probatorios que hacen presumir que Kenan ingresó al recinto acompañando al diputado Samid, actitudes y manifestaciones del señor diputado anteriores y posteriores al hecho investigado, así como el aporte de diversos testimonios, obligan a adjudicar al diputado Samid, sin atenuantes, la responsabilidad política de lo ocurrido en la sesión del día 26 de marzo. Sobre este particular –prosigue la comisión-, el diputado Marcelo López Arias hace notar que a efectos de garantizar el derecho de defensa debe permitírsele al diputado Samid en su momento, formular el descargo y ofrecer las pruebas correspondientes tanto en lo referente a la materialidad de los hechos como a la intencionalidad, a cuyo efecto debería darse intervención a la comisión de Asuntos Constitucionales”.

En el punto siguiente se expresa que la comisión intentó establecer la veracidad de diversas versiones publicadas por la prensa o vertidas en el curso de declaraciones testimoniales, según las cuales habrían existido en la sesión del 26 de marzo otro u otros intrusos.

Agrega después: La intención de avanzar en esta línea de investigación tropezó con el obstáculo de no poder acceder al nombre de los presuntos testigos presenciales, que los citados periodistas no proporcionaron, alegando razones atendibles de secreto profesional, sin que arrojaran resultados positivos las pruebas complementarias producidas. El resto es insustancial.

* Ratifican lo sabido

En el mejor de los casos el veredicto de la comisión no fue otra cosa que la ratificación de la versión periodística producida en el calor del hecho, sólo que un mes y un día después y luego de numerosas diligencias, bien orientadas algunas y otras todo lo contrario.

El objetivo central fue poner a prueba lo que habían dicho, escrito y comentado los periodistas, y de ningún modo partir de lo sabido para profundizar con más medios y posibilidades la investigación que reclamaba el decoro del Congreso en su conjunto.

No se trataba de demostrar que Kenan había estado sentado para lo cual bastaban los testimonios de los cuatro periodistas y del personal de seguridad que así lo afirmó.

A partir de allí, la comisión debía abrir su propio terreno investigador que fue lo que no hizo.

La comisión omitió: Interrogar y reclamar que el director de Asuntos Institucionales y Protocolo, Juan Carlos Cora, pusiera de relieve cómo procedió a confeccionar la lista de los presentes en esa sesión del 26 de marzo de 1992. Por qué, incluso, el funcionario omitió responder en su informe quiénes eran los presentes a la hora de la votación Cómo se desglosaba el número de 132 que en un momento acusó el tablero, luego de los 130 con los que el presidente Pierri puso el dictamen a votación

¿No constituyó una extrañeza para la comisión que Cora les remitiese una nómina con 145 asistentes al plenario, contando entre ellos a los radicales que fueron a realizar la denuncia de lo que pasaba?

El 26 de marzo, Pierri rechazó como una ofensa la denuncia de los periodistas pero al día siguiente declaró, por medio de un comunicado, y sin asistir a la Cámara, que había ocurrido una "grave anomalía".

 ¿En qué se basó para tan drástico cambio?

A la comisión investigadora no le interesó conocerlo.

No hubo modo de que Pierri respondiese a los reclamos periodísticos en idéntico sentido. La falta de precisión en los mecanismos de verificación de las asistencias ha sido parte de las irregularidades en el funcionamiento del cuerpo. Mientras hay legisladores que asisten a las sesiones, otros no lo hacen, pese a lo cual aparecen en los registros como si hubieran estado. Es lo mismo un legislador que permanece horas en su banca que otro que asoma la cabeza y se va.

El poder discrecional del funcionario a cargo de la tarea es absoluto.

La misma sesión dedicada a la ley del gas estaba íntimamente relacionada con las presiones del Poder Ejecutivo y del ministro Cavallo.

El presidente Menem le había pedido a Matzkin que extremase los recursos e, incluso, lo había instado a tomar medidas disciplinarias que el jefe de bloque soslayó, cuando poco antes un paquete impositivo por poco sucumbe -pese a que se había quitado de encima el controvertido Impuesto al Excedente Primario de las Empresas (IEPE)- por falta de legisladores oficialistas.

Menem, en pleno aquelarre, llegó a hablar de diputados "ñoquis" por no acudir a las sesiones.

Matzkin mismo imputó lo sucedido ese 26 de marzo a los diputados radicales por no haber acudido a sesionar.

Nada de esto ignoraban los miembros de la comisión y no solo por ser diputados: también porque la preocupación estaba en los diarios.

Dos días después del hecho, Clarín dedicó un espacio destacado en la página dos, con una volanta que decía: "Presentes y ausentes en la Cámara de Diputados". Y un título a cinco columnas que resumía todo: "A la hora de pasar lista".

Allí mismo, en caliente, se puso en evidencia aquello que no interesó a la comisión y que se resumía en tres preguntas:

"¿Cuátos legisladores asisten a las sesiones? Cuántos aparecen como presentes? ¿Cómo se mide esa presencia?".

Se citaba lo sucedido el 11 de marzo en el tratamiento de ese paquete impositivo cuando, según el parte oficial, hubo 242 presentes sobre un total de 257, lo cual no surgía de los mismos números provenientes de la planilla oficial ya que la diferencia de ausentes (enfermos, licencias y viajeros en misión oficial) no era 15 sin tres menos (1).

"Si las cuentas no cierran se debe a razones que no explican las planillas del registro oficial", decía el párrafo en negrita.

* El mayodormo Cora

También se analizaban los registros de la Cámara sobre los presentes el día de los diputruchos, otra muestra de la falta de rigor en el modo como se consignan, exactamente lo que llamó la atención al fiscal de la causa un año después pero no a los investigadores en ese momento.

La planilla está presentada bajo el título de Registro de Asistencia a las Sesiones, de ese jueves 26 de marzo de 1992, una sesión que venía de un cuarto intermedio del día anterior y que debía reanudarse a las 15.

Eso es lo que la comisión eludió evaluar.

¿Cómo iba a llegar a la verdad si no se encaraba lo que era una parte sustancial del fondo del asunto?

Tomando en cuenta la lista que remitió "el mayordomo Cora", como lo llamó en su informe en la causa el principal de la Federal que realizó una inspección del recinto para la causa judicial, ¿por qué la comisión no remitió fotocopia del recinto a cada diputado para que la devolviera en un plazo perentorio indicando el lugar dónde se había sentado?

¿Acaso no le interesaba saber cuántos había sentados a las 16 y 39 cuando se votó en general la ley del del marco regulatorio para la privatización de Gas del Estado?

Como se dijo, según el informe que el responsable del contralor del presentismo elevó a la comisión investigadora, fueron 145 los diputados sentados en sus bancas.

Los cálculos basados en datos oficiales verificados indican que eran mucho menos, al extremo de no contar con los 130 reclamados para votar reglamentariamente.

Contra lo que dice Cora, no estuvieron presentes: Carlos Chacho Alvarez, peronista disidente; los radicales Marcelo Bassani, Victorio Bisciotti, Noel Breard, Héctor Di Tulio, Ricardo Marcos y Miguel Angel Ortiz Pellegrini; los riquistas Guillermo Fernández Gil, Martín Mendoza y Orlando Gallo; el federal manriquista Andrés Fescina; la disidente Marta Martín de Nardo (bloque Afirmación Peronista) y los oficialistas Gerardo Cabrera, Ramón Saadi, Abel Hernández y Humberto Romero.

* Romero, espera

La actitud de (Humberto) Romero oficia de muestra. El era uno de los 154 diputados que estaban en el Congreso, lo cual no quiere decir que estuviera en el recinto. Permanecía en su despacho. Estaba convencido de que no habría sesión porque sabía que no acudirían los radicales y que los diputados sindicalistas se encontraban en Parque Norte con el presidente Menem.

De todos modos, dejó indicado a su secretaria que le avisara el momento en que comenzase la sesión mientras en la oficina del décimo piso atendía otros asuntos.

Muchos legisladores no quieren perder tiempo aguardando la formación del quórum y continúan con sus trabajos hasta que cese de llamar el timbre señal de que comenzó la sesión o se levantó por falta de número. Era el caso del ex ministro de Defensa.

Cuando su secretaria le avisó que había dejado de sonar el timbre, bajó extrañado por el milagro de que se hubiera alcanzado, incluso sin él, la marca del quórum para votar.

Hecho este descuento, los presentes se reducen a 129.

Pero nadie vio a la hora indicada a Julio Acevedo, siempre ubicado en su banca 215 y que no hubiera pasado tampoco inadvertido porque las siete butacas que lo separaban de Kenan -sin nadie sentado entre ellos- habría permitido reparar en el parecido físico entre ambos.

En tal caso, la asistencia mermaba a 128 diputados, dos menos que el número para el quórum reglamentario.

Acevedo enfrentaba un cáncer terminal que finalmente lo llevaría a la muerte y lo hacía con una firmeza de espíritu reflejada en su presencia silenciosa en la banca de la última fila cuando podía hacerlo.

Si Kenan se hubiera corrido unos asientos hacia el interior de esa fila habría sido confundido con Acevedo por más de un diputado.

Hechas las cuentas encaradas por el lado de cada bloque serían: 92 oficialistas (cuatro menos que la lista oficial tomando en cuenta las ausencias de Acevedo, Cabrera, Hernández y (Humberto) Romero en el instante de votar que es lo que finalmente interesa).

El resto de los bloques que asistieron fueron: Fuerza Republicana (cuatro presentes), demócratas progresistas (tres), Liberal de Corrientes (uno), UCeDe‚ (nueve), Blanco de los Jubilados (uno), Acción Chaqueña (uno), bloquista (uno), ulloístas salteños (tres), Movimiento Popular Fueguino (dos), Afirmación Peronista (dos), Unidad Socialista (uno), MID (uno), intransigentes (dos), Movimiento Popular Jujeño (dos) y Movimiento Popular Neuquino (dos), en total 35 diputados que sumados a los 92 oficialistas suman 127 diputados, tres menos del mímimo requerido para votar.

El recinto está conformado por 256 bancas (la restante es la de la Presidencia).

Sin los radicales, que ocupan el sector derecho, no hay detalle que pueda escaparse ni para el presidente a cargo de la sesión ni para los colaboradores que lo asisten frente a ese abanico que se observa desde el estrado presidencial a más de dos metros de altura.

Esa tarde el abanico de bancas aparecía parcialmente ocupado: desde la mitad, hacia la izquierda del presidente.

Asistían a Pierri la secretaria parlamentaria, Esther Pereyra Arandía de Pérez Pardo y el secretario administrativo, Horacio Picado, así como los prosecretarios Ariel Puebla, Juan Carlos Stavale y Norberto Bruno.

* Funcionario que no cumplió

Desde 1983, desde cuando era director de Relaciones Oficiales y Protocolo nombrado por Pugliese hasta diez años después, Juan Carlos Cora fue el encargado de verificar quién estaba o no en su banca.

Con Pierri ascendió de categoría: prosecretario general de la Presidencia y director de lo que pasó a llamarse Relaciones Institucionales y Protocolo. Lo asistían Marta Luchetta, subdirectora de Labor Parlamentaria y Publicaciones; Carlos Espósito, subdirector de Ceremonial y Aníbal Vecino, encargado del turno tarde de Ceremonial.

Él tenía que realizar lo que en la jerga íntima de los funcionarios se conoce como manyamiento, que si bien evoca algún verso de Celedonio Flores o Julián Centeya, no es más que pasar permanente revista sobre los diputados, tarea que debía ser particularmente atenta por tratarse de la tercera sesión y porque a nadie escapaba que en el bloque de Matzkin se quería sacar la ley a como diera lugar.

 ¿Qué hizo la comisión frente a este cuadro de situación?

Eludió hurgar el modo en que se verifican los controles del presentismo, aunque uno de sus primeros requrimientos a la presidencia de la Cámara fue la remisión de un informe de la lista de los diputados presentes el 26 de marzo en todo su transcurso (dato irrelevante, por otra parte) y específicamente en el momento de producirse la votación, que era lo único que importaba.

¿Qué le enviaron?

La lista de los 145, que no eran tales como se demostró.

¿Cómo reaccionó la comisión? No dijo ni hizo nada.

¿A quién había visto el diputado justicialista Rafael Flores a su derecha? ¿Quién era esa persona que instantes antes de la votación se zambulló a su lado entrando por la segunda puerta de la izquierda y sentándose –llave en ristre- en la banca 218, después de cruzar casi toda la hilera de butacas en la que en ese momento, en el extremo de su derecha, estaba sentado Kenan?

A la comisión pareció no interesarle. Habría necesitado para ello convocar a Cora para que viniera con las fotografías de los diputados presentes ese día (un álbum manual de uso en las sesiones por parte del funcionario).

De haberlo hecho, Flores no hubiera reconocido entre ellos a esa persona que describió en su declaración como bien vestida de "edad media, de pelo canoso, no se si tenía bigotes o no".

¿No le llamó la atención a la comisión que mientras Flores diera esa aproximación del personaje y dijera que prefirió hablar con Dante Camaño, sentado a su izquierda, éste en su declaración escrita omitiera mencionar al santacruceño Flores entre los que recordaba presentes para hacerlo, en cambio, con otros alejados del lugar?

¿Ni siquiera cuando el mismo Camaño aparecía declarando a un diario "yo no soy policía"?

Si la comisión hubiera ofrecido ver a Flores la fotografía de Daniel Locaso tomada en el momento que acudió a declarar ante la comisión, otra habría sido seguramente la respuesta del diputado.

¿No era acaso lo que estaba sugiriendo pero eludía decir? ¿Desconocía este diputado santacruceño de gran labor parlamentaria al colaborador de un diputado fueguino de su partido?

* Meras apariencias

Artículos periodísticos que la comisión dice haber evaluado pero que sin embargo omitió incorporar a las actuaciones daban nombres de otros eventuales diputruchos.

Si la comisión hubiera puesto la atención en ellos hubiese quebrado la conspiración de silencio.

El mismo día del escándalo circularon esos nombres que estuvieron en boca de más de un diputado del bloque de López Arias, lo cual tornaba más que aconsejable -desde la perspectiva oficialista- circunscribir la investigación a lo que ya estaba comprobado por los periodistas parlamentarios.

Esta disposición a contener más que a penetrar en los senderos de la verdad se nota en la misma metodología empleada.

Dos de los sospechados, Luis Balaguer y Sebastián Brenda, contestaron por nota.

Otro, Fernando Ocampo, ni siquiera fue requerido y un cuarto, Francisco Ayán, dejó de ser buscado apenas dijeron en la oficina de Carlos Romero que no lo conocían.

El quinto, Daniel Locaso, no le preguntaron ni siquiera si juraba decir la verdad. La verdad, toda la verdad, no interesaba.

La comisión dijo que las presunciones le permitían concluir que Samid era políticamente responsable por la obra de su colaborador y con los testimonios aportados -periodistas y personal de seguridad- sostuvo que era "inimaginable" que Kenan hubiera procedido por las suyas, con lo cual dio pie a que la defensa del diputado señalase la subjetividad del informe de sus acusadores.

"Y así, entonces, a partir de imaginaciones, elucubraciones, presunciones y prejuicios, se ha llegado a decir que todo ello (...) obliga a adjudicar al diputado Samid, sin atenuantes la responsabilidad política de lo ocurrido", decía el legislador en uno de sus descargos dirigidos a la titular de la subcomisión de Desafueros y Privilegios, Emma Tacta de Romero, de la cual formaban parte también el menemista Carlos Branda y el intransigente Oscar Alende.

Previamente, se había dirigido al presidente de la comisión de Asuntos Constitucionales, de la cual aquella era un grupo de trabajo, con otro escrito que distorsionaba los testimonios de los periodistas y eludía mencionar que Kenan había admitido que ocupó una banca, confesión que desbarataba cualquier argumentación en sentido contrario.

Pero esto mismo concedía especial sentido a lo que un asesor cercano a ese sector –enojado con Kenan- le dijo en esos días calientes en la Cámara al cronista que llegó primero a lado de usurpador y le hizo la pregunta crucial.

 - Si soy yo primero te acomodo una trompada y después empiezo a gritar ¡qué hacés radical hijo de puta que me querés sobornar!

 * Los que estuvieron

Traducido esto a nombres y apellidos, a las 16 y 39 estuvieron en sus bancas:

Justicialistas: Florencio Aceñolaza, Néstor Alcala, Héctor Claudio Alvarez, Eduardo Amadeo, Jorge Argüello, César Arias, José Arrechea, Juan Carlos Ayala, Alberto Edgardo Balestrini, Miguel Alberto Balestrini, Eliseo Barbera, Daniel Baum, Nicolás Becerra, Carlos Beltrán, Oscar Blanco, Hugo Bordín Carosio, Carlos Branda, Ovidio Calleja, Dante Camaño, Eduardo Camaño, Graciela Camañoo, Leonor Casari de Alarcia,José Corchuelo Blasco, Hugo Cramaro, Juan Carlos Crostelli, Washington Cruz, Miguel D'Alessandro, Jorge Daud, Marcela Durrieu, Fernando Caimmi, Luis María Echeverría, Eduardo Endeiza, Eduardo Fellner, Roberto C. Fernández, Roberto Enrique Fernández, Rafael Flores, Octavio Frigerio, Fernando Gan, José LuisGioja, José Ernesto Gómez, Roque Julio Gómez, Juan González Gaviola, Oscar González, Tomás González Cabañas, Gustavo Green, Bernardo Herrera, Manuel Herrera Arias, Raúl Humada, César Iturre, Oscar Lamberto, Dámaso Larraburu, Marcelo L¢pez Arias, Juan Alberto Maggi, Carlos Manfredotti, MiguelMarcoli, Juan Carlos Maqueda, Jorge Matzkin, Claudio Mendoza, Salomón Machitte, Marcelo J. Muniagurria, Jorge Niño, Alberto Parada, Oscar Parrilli, Lorenzo Pepe, Daniel Pesce, Alberto Pierri, Alberto Piotti, Arturo Puricelli, Ricardo Re, Jorge Rodriguez, Hugo Rodríguez Sañudo, Carlos Alberto Romero, Irma Roy, Carlos Ruckauf, Angel Ruiz, Luis Saadi, Manuel Julio Samid, Carlos Scelzi, Víctor Sodero Nievas, Felipe Solá, Carlos Soria, Neyef Sucaria, Emma Tacta de Romero, Miguel Angel Toma, Francisco Toto, Silvia Troyano, Luis Uriondo, Juan Carlos Valcarcel, Néstor Varela, Eduardo Varela Cid, Gualberto Venesia y Jorge Yoma. Opositores:

Fuerza Republicana (Tucumán, bussitas): Alberto Germanó, Raúl Topa, Julio César Ibarreche y Fernando López de Zavalía.

Demócrata Progresista: Alberto Natale, Rafael Martínez Raynmonda y Mario Verdú..

Liberal (Corrientes): Ricardo Leconte.

UCeDe: Alberto Albamonte, Alvaro Alsogaray, Jorge Aguardo, Federico Clérici, Ignacio García Cuerva, Luis Fernando Herrera, José María Ibarbia, Juan José Manny y Federico Zamora.

Blanco de los Jubilados: Juan Carlos Sabio.

Acción Chaqueña: Atilio E. Barbotti.

Bloquista (San Juan): Carlos Gómez Centurión.

Renovador (Salta): César Loutaif, Ernesto Alabi y Jorge Folloni.

Movimiento Popular Fueguino: Roque Sánchez Galdeano y Enrique Bischof.

Afirmación Peronista: Eduardo Ferreira y Raúl Rodriguez.

Unidad Socialista: Guillermo Estevez Boero.

MID: Aníbal Hardy.

Intransigente: Oscar Alende y Pedro García.

Movimiento Popular Jujeño: Cristina Guzmán y Pedro Figueroa.

Movimiento Popular Neuquino: Luis Jalil y Julio Falleti.

Fuente: El Congreso en la trampa, Armando Vidal, Planeta, 1996. Pags. 145 a 151, donde se ofrecen mayores datos que los que aquí se publican. .