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CAZAR UN FANTASMA

Reportaje de un diario salteño al periodista que en la sesión de votación de la privatización de Gas del Estado logró la confesión del diputrucho Juan Abraham Kenan, uno de los responsalbes de la máxima vergüenza hasta ahora de la Cámara de Diputados de la Nación en su historia.

Por Guido

El 26 de marzo de 1992, el Congreso de la Nación experimentó uno de los episodios históricos más bochornosos de su historia, cuando en medio de la votación por la aprobación del marco regulatorio de la privatización de Gas del Estado, el oficialismo logró los votos necesarios con un puñado de asesores que se hicieron pasar por diputados.

A veinte años, entrevistó a Armando Vidal, el periodista del diario Clarín que descubrió la maniobra y logró desenmascarar a uno de los históricamente llamados diputruchos.

E.I: ¿Cómo vivió ese 26 de marzo de 1992?

A.V: Alrededor de las cuatro y media de la tarde del 26 de marzo de 1992, el oficialismo en la Cámara de Diputados de la Nación, que no llegaba al número suficiente para conformar quórum y votar, estaba en sus bancas en espera de llegar al número necesario, que en ese entonces era de 130 miembros. Yo estaba en el palco porque tenía como registro lo que había ocurrido dos años antes con una ley importante, que fue la ley de ampliación de los miembros de la Suprema Corte de Justicia.

E.I: ¿Qué había pasado en esa oportunidad?

A.V: Hubo irregularidades al final de la larga sesión, ya cuando los periodistas no estábamos en el recinto. Yo me había ido a las cuatro y media de la mañana del 5 de abril de 1990, y poco después se votó con algunas irregularidades. Por eso, recordando ese episodio, el 26 de marzo de 1992 estuve doblemente atento a lo que podía pasar, porque ni los radicales ni gran parte de la oposición estaba presente en esa sesión. Los radicales estaban discutiendo en el bloque acerca del orden del debate, y el oficialismo quería sacar la ley si o si, y tenía que lograr el número de 130 para alcanzar el quórum.

E.I: ¿Y el oficialismo no tenía ese número asegurado?

A.V: Sí, el número lo tenía, pero los diputados no estaban, porque había muchos pertenecientes al gremialismo que estaban en un encuentro en Parque Norte. Entonces, en una operación rápida, hicieron sentar a gente con traje y corbata en la banca de los diputados, entre los que estaban Juan Abraham Kenan, que fue el único identificado. Recuerdo que Diego Mandelman, joven periodista que estaba conmigo en el palco (actualmente vocero del ministro de trabajo de la Nación), me lo señaló y me dijo: “ese no es diputado”. Me dijo que lo conocía del despacho del diputado Samid y que no era diputado, que era un asesor. Me paré en el palco para marcar la maniobra y fue ahí cuando intentaron encubrirlo. Entonces corrí y llegué primero a encarar a Kenan, le pregunté si era diputado y me dijo que no, que se había sentado en la banca porque estaba descompuesto. Ese fue el hecho, y de ahí se destapó el escándalo.

E.I: ¿La ley se llegó a votar?

A.V: Claro, y todo el descubrimiento surgió a partir de la votación. Alberto Pierri, presidente de la Cámara de Diputados, cuando vio que el tablero marcaba 130 diputados, puso a votación el proyecto que pedía sólo que fuera votado a mano alzada. Y después de la votación, empiezan a querer tapar a Kenan porque yo me había dado cuenta. Y fue cuando corrí y lo atrapé justo, porque si no, se nos hubiera escapado como lo hicieron los otros.

E.I: ¿Cuántos diputruchos había en esa sesión?

A.V: En ese momento, con Kenan había cinco. Estaban Luis Balaguer, asesor de Nicolás Becerra; Fernando Campos, asesor de Felipe Solá –a quién Solá echó de inmediato por desleal-. Yo creo que muchos entraron sin conocer la dimensión real del acto que estaban cometiendo. Hoy sería muy difícil hacerlo porque hay controles muy rigurosos para entrar al recinto. (NdE: no aparece el resto de los intrusos como Daniel Locaso, que trabajaba para el diputado Carlos Mandredotti  y Hugo Fuad Ayan, colaborador de Carlos Romero, vicepresidente de la bancada justicialista y principal responsable de esta operación ilícita). 

E.I: A pesar de los controles que se implementaron, ¿cree que cambió la idea política de conseguir un objetivo a cualquier precio?

A.V: Eso es parte de la política, buscar los resultados a cualquier precio o buscando cualquier tipo de arreglo. Desde un diputado que vota una ley a cambio de que el gobierno cumpla algunas promesas en su provincia hasta presiones de todo tipo para que un diputado vote una ley que se negaba. Pero esto de sentar a extraños a votar es algo muchísimo más grave.

E.I: ¿Cuál es su sensación personal de ese episodio histórico que le tocó vivir?

A.V: En general, para ser un periodista de un diario importante, y de un Congreso como el que tenemos en Argentina, no hay que tener ninguna relación extra laboral con los miembros del cuerpo. En mi caso, como no debía nada ni trabajaba para ninguno, pude actuar. Otros no pudieron. A mí me tocó, además, en un momento de mi vida con la experiencia que me permitió medir la gravedad del asunto. Porque el mismo Mandelman, que me marcó que Kenan no era diputado, no dimensionaba la magnitud del hecho. Porque se trataba de cazar un fantasma, cosas que siempre se habían hablado en los pasillos del Congreso. Y esa tarde se logró, porque cazar un fantasma era entrar en la historia.

Volanta, título y bajada: Entrevista exclusiva de El Intransigente/ Armando Vidal: "Esa tarde cacé un fantasma y entré en la historia"/ El Intransigente entrevistó al periodista que descubrió a los "diputruchos" en el Congreso de la Nación el 26 de marzo de 1992

Fuente: El Intransigente, Salta, 26/3/12.